El caso Pinochet

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El caso Pinochet

Por The Wall Street Journal

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El caso Pinochet

Un magistrado español ha inducido a Gran Bretaña a poner bajo arresto a Augusto Pinochet, el ex hombre fuerte cuyo Chile es ahora próspero y democrático. Estando en Londres para recibir tratamiento médico, el general de 82 años fue detenido bajo los estatutos europeos contraterroristas y acusado de violaciones de los derechos humanos durante su mandato. Muy bien, pero si ésta ha de ser la regla general, España debe detener a Fidel. Sus asesinatos y violaciones de los derechos humanos dejan en mantillas las acusaciones más exageradas contra el general Pinochet. En realidad, fue el programa de Castro para subvertir iberoamérica la verdadera raíz de la brutalidad que azotó la región durante los setenta. sus intentos de propagar la revolución dieron lugar a las dictaduras militares.

Durante los últimos veinticinco años, los marxistas románticos han estado buscando venganza en particular contra el general Pinochet, el hombre que probablemente más hizo en Iberoamérica para hacer retroceder su revolución. Con la elección del presidente marxista Salvador Allende en 1970, se suponía que Chile se iba a convertir en la cuna del comunismo castrista en el continente iberoamericano. Para el propio Chile, la experiencia no fue tan romántica.

Elegido con sólo el 36 por 100 de los votos populares, Allende no pretendío otra cosa que convertir la que había sido una de las democracias más estables de Iberoamérica en un Estado comunista. Comenzó a confiscar propiedades, a desvalorizar el dinero, a hundir económicamente a la prensa de la oposición y a permitir que bandas de revolucionarios armados invadiesen hogares y fábricas.

En 1972, la URSS ya había concedido el Premio Lenin a Allende y la sociedad chilena ya estaba dividida en bandos armados. Los camioneros estaban en huelga; las armas de casa comenzaron a organizar caceroladas en las calles para protestar por la aparición de las colas comunistas. En un intento por mantener el control del poder, fue el propio Allende quien ordenó a los tanques patrullar las calles a instaló a oficiales militares en lo que había sido un Gabinete civil. En septiembre de 1978, Pinochet encabezó el golpe que salvó al país. Murieron unas 300 personas, entre ellas el presidente Allende, que según algunas fuentes se suicidó con un arma regalada por Castro.

Lo que desde entonces ha causado el rencor de la izquierda radical es que, con Pinochet, Chile se trasformara de cabeza de playa comunista en un ejemplo de reforma de libre mercado venturosa. El general Pinochet se basó en el libre mercado, privatizó la industria y reparó los daños de un gobierno al estilo castrista, produciendo una economía que inspiró las reformas en otros lugares del continente y, en general en el mundo en desarrollo. Luego, en 1989, el general celebró pacíficamente selecciones y se retiró. Chile volvió a ser una democracia. Para cualquiera que deseara convertir Chile en otra Cuba, se trató del insulto definitivo.

Lo que ahora tenemos en su lugar es una nación libre y próspera. La decisión que se tomó en Chile fue dejar en paz el pasado y seguir adelante. Alemania tomó una decisión idéntica, por supuesto, con los archivos de la Stasi.

Si el mundo comienza a programar una venganza contra los dictadores que bajaron sus defensas, habrá menos dispuestos a entregar sus Gobiernos a sus compatriotas democráticos. Y más si quienes se aferran brutalmente al poder, como Fidel, se pavonean jactanciosos de ello. En los últimos años EEUU ha tenido que escuchar frecuentes lecciones europeas sobre extraterritorialidad. La verdadera cuestión que suscita la detención de Pinochet es si quedan adultos en las cancillerías europeas. Si es así, es hora de que se manifiesten. (20-X-98).



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