CRONICA: La política. Por M. Jiménez Quílez

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CRONICA: La política. nº 92

Por M. Jiménez Quílez

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CRONICA: La política

Como tema único tratamos el gravísimo problema de la inminente disgregación nacional. Ningún otro de los importantes, y en algún caso acuciantes problemas nacionales supera, ni siquiera alcanza, al de la explosión nacionalista de la que somos testigos. Es evidente que en gran medida han conseguido sus propósitos los sectores nacionalistas catalanes y vascos más hostiles a la unidad nacional española. Y lo han logrado con su perseverancia y su utilización a fondo de los medios que poseen, pero especialmente por la debilidad del sistema político vigente en España, sobre todo desde 1978 cuando la Constitución definió a España como Estado de las Autonomías. Los constituyentes de entonces se lanzaron a improvisar una nueva configuración de España acuciados por la inminente posibilidad de que desapareciera la monarquía. A cambio de la Corona se instauró el Estado de las Autonomías en medio de la inconsciencia general.
El Estado de las autonomías no es producto de un estudio profundo. Durante veinte años se han cantado sus excelencias si bien resultaban evidentes las enormes dificultades. Para las llamadas «nacionalidades históricas», Cataluña y el País Vasco el Estado de las autonomías no era otra cosa que un escalón para acceder a la autodeterminación. Durante estos veinte años catalanes y vascos, con diferentes estilos y con métodos a veces contradictorios no han dejado de luchar por esta causa.
En octubre de 1998, el Gobierno y las Instituciones nacionales han iniciado conversaciones tendentes a aceptar ese «trágala» de la autodeterminación. El Gobierno se defiende con palabras, mientras los nacionalistas se anotan hechos.
Se ha planteado brutalmente ante el pueblo español el problema de su propia existencia. Se niega a España su condición de nación. Vayamos por partes.

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El 16 de septiembre Eta declaraba una tregua indefinida en su acción terrorista. Explicaba su decisión en una larga nota. Las condiciones para hacer irreversible la paz derivada de esta propuesta se reflejaban en un extenso documento que se hizo público al mismo tiempo que su decisión.
En este comunicado, Eta declaró un alto al fuego «total e indefinido» y sin condiciones previas, que entraría en vigor a partir del día 18.
El comunicado, de cuatro folios escrito integramente en euskera, agrega que «serán los acontecimientos de respuesta a esta tregua los que determinarán la continuidad definitiva de la misma». En su nota, Eta se refiere a las nuevas mayorías políticas que se han formado en Euskadi en relación con la llamada Declaración de Estella -que había sido suscrita el anterior sábado por los integrantes del llamado Foro de Irlanda- lo que confirma la coordinación entre esta Declaración y la acción de Eta. Eta califica de «ocasión única para avanzar hacia la soberanía nacional impulsada por la correlación de fuerzas políticas y sociales vascas». Don Felipe González se apuntó el triste tanto de haber anunciado el 18 de mayo anterior esta tregua en un artículo publicado en «El País».
El momento elegido para lanzar su propuesta fue excepcionalmente oportuno. El Presidente del Gobierno se encontraba en viaje oficial a Colombia. El lanzamiento de la noticia estaba perfectamente calculado. No es que, como ha dicho Felipe González, el Presidente estuviera haciendo el Tarzán en el Amazonas; era que los servicios de información gubernamental habían fallado y Aznar se encontraba inoportunamente lejos del territorio nacional.
Desde Lima, el Gobierno español lanzó su primera respuesta a la decisión de Eta. Tras un regreso precipitado, el Gobierno se consagró al estudio del documento y recaló la opinión de todos los partidos. Una respuesta muy medida, redactada a golpes de teléfono entre Madrid e Iquitos fue la primera reacción del Presidente. En Madrid el Gobierno se mostró escéptico alegando que «se trataba de una tregua trampa», consecuencia por otro lado de la presión policial y judicial a la que últimamente había sido sometida la organización terrorista y su entorno. El Ejecutivo consideraba que Eta debe dar muestras inequívocas de que quiere dejar el terrorismo y recordaba que en Irlanda el Ira había guardado un año de tregua.
La historia de esta operación viene de lejos porque es evidente que nunca han cesado los contactos entre HB, PNV y ETA. Siempre hubo entre estas tres organizaciones relación fluída y en el PNV ha primado la obsesión de mantener esta relación para coordinarse en cierto modo con las finalidades últimas de la organización terrorista. La negociación, la tregua, ha estado siempre en los labios de Arzallus.
Paradójica conducta la del PNV: largos años aliado al Psoe, que incluso le cedió una victoria electoral (Felipe González se lamenta ahora: «aquella cesión fue un error») a cambio de la cual el Psoe recibió carteras en el Gobierno del PNV y colaborando con él ha permanecido en los sillones de Ajuria Enea más de una decena de años.
A raíz del triunfo electoral del PP, el PNV pactó con Aznar un leonino apoyo parlamentario en Madrid, pacto que todavía está vigente y que ha permitido al PP capear algunas tormentas parlamentarias, y a los vascos mantener al Ejecutivo nacional por lo menos en silencio ante algunas de sus graves piruetas y sobre todo ante su relación evidente con las organizaciones «arbetzales».
Este ha sido el error mayúsculo de los partidos no vascos en toda la negociación del problema: incluir al PNV en la nómina, como socio en un caso, como testigo en otro, de todas las decisiones gubernamentales socialistas y populistas atinentes a aquel territorio. El PNV no ha dejado de estar en todas ellas y se fue envalentonando hasta ver plasmados sus anhelos en la proposición de tregua por parte de Eta. Tregua que va acompañada de una exigencia de negociación.
Es quimérico pensar que va a prevalecer la posición del Gobierno de separar la tregua y la negociación política. En sí misma, la tregua será negociación política pura y dura.
El conjunto de partidos nacionalistas vascos e IU, llamado Foro de Irlanda, suscribió un comunicado que se conoce con el nombre de Declaración de Estella, en el que rompen con el acuerdo antiterrorista de Ajuria Enea que agrupaba a todos los partidos democráticos frente a Eta. La Declaración invita a Eta a negociar sin exigir nada a cambio; califica el contencioso vasco como un conflicto histórico de origen y naturaleza políticos, en el que se ven implicados los Estados español y francés. La Declaración afirma que la negociación debe ser global en el sentido de abordar y dar respuesta a todas las cuestiones que determinan el conflicto así como con las que son consecuencia de éste; propugna franca y abiertamente la independencia de Euzkadi, en contra de la Constitución.
Arzallus comentó esa Declaración con las siguientes palabras: «cada vez nos interesa menos el Gobierno de ahí abajo».
Los grupos vascos que habían negociado con Eta la tregua se comprometieron a romper con los partidos estatales; ni el PP ni el Psoe estarán en el futuro Gobierno vasco. También se comprometieron a la ruptura de los pactos y alianzas actuales: las Mesas de Ajuria Enea, Madrid y Navarra. A cambio acordaron crear una Mesa vasca. PNV y EA gobernarían en minoría, pero con el apoyo parlamentario de HB en los asuntos relativos «a la construcción nacional»; se agilizaría la confrontación política con el Estado español; se profundizaría en una democracia exclusivamente vasca mediante el derecho de autodeterminación en Alava, Guipuzcoa, Navarra, Vizcaya y los territorios en suelo francés; se autodisolvería Eta y se defendería un Estado confederal como base previa a la independencia.
Lo cierto es que el Estado de las autonomías se ha venido abajo y que la teoría sobre el mismo que ofreció el Rey ante el Parlamento italiano no es sino fuego de artificio. Después de la Declaración de Barcelona, después de la Declaración de Estella, después de la muy estudiada y coordenada oferta de tregua de Eta, nada relativo a la organización territorial de España podrá volver a ser como antes.
La autodeterminación sucede a la autonomía. Una autodeterminación de lindes difusos con la independencia.
Hay que recordar que el PNV no votó la Constitución y siempre se ha jactado de mantenerse fuera de ella, lo que nunca fue obstáculo para los pactos y alianzas y para recibir los abrazos reales en visitas oficiales, tomas de posesión, etc. Por cierto, conviene recordar que en la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao, los Reyes fueron recibidos a los sones del himno oficial de Euzkadi; los de la Marcha Real española se dejaron para mejor ocasión.

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Esta tregua no es la primera declarada por Eta, que ya declaró otra en 1981. Se proclamó tregua de un año sin condiciones, aprobada por la 7.ª Asamblea, lo que condujo a la desaparición de la rama «polimili» de la organización terrorista y a la vuelta a casa de la mayor parte de sus militantes, excepto aquellos que se integraron en Eta militar. Esta decisión de entonces guarda similitudes y diferencias con la anunciada el pasado 16 de septiembre; buena parte de los componentes de la actual dirección etarra procede del sector de los que no quisieron desaparecer como activistas en 1982.
Se sabe ahora que durante los últimos meses el PNV, EA y HB suscribieron acuerdos secretos con Eta en el Sur de Francia que, en parte son el origen de la declaración de tregua y de la declaración de Estella, firmada por estos mismos grupos. El periódico «El Mundo» aseguraba que al menos dos de los dirigentes nacionalistas vascos firmaron en Pau (Francia) un documento de compromisos políticos con el máximo responsable político de Eta.
Durante estos últimos veinte años siempre hubo en Bilbao hombres de enlace a través de los cuales podían establecerse relaciones con Eta. Es decir, Eta ha mantenido siempre buzones abiertos para en cualquier momento contactar. Y ha mantenido durante todo este tiempo una bandera, la del acercamiento de sus presos. Bandera a la que luego se sumaron otros políticos.
Durante treinta años, ETA ha sido protagonista de toda clase de crimenes en el País Vasco, incluso en el resto de España, ya que jamás limitó sus actividades terroristas al territorio de Euzkadi. Por el contrario, en ETA prevalecía el deseo de evitar que los problemas se planteasen en territorio vasco. Hay que recordar que su actividad terrorista se inició en agosto de 1968 con el asesinato del Comisario Melitón Manzanas en Irún. Fue su primer asesinato.
Actualmente se da la paradoja de que mientras permanece en la cárcel la Mesa nacional de HB, políticos corren detrás de los suplentes de los que están en la cárcel para entenderse con ellos.
Fueron famosas las conversaciones de Argel que tuvieron como prolegómenos dos anuncios de tregua: una en enero de 1988 por un período de dos meses; otra un año después con una duración de tres meses. El Gobierno socialista aceptó el envite. Rafael Vera, Secretario de Estado mantuvo ocho encuentros con los etarras Eugenio Etxebeste «Antson», Belén González «Carmen» e Ignacio Aracama «Macario», que no fructificaron. El corto período de paz quedó frenado en abril de ese mismo año con el envío de una carta bomba. Las conversaciones continuaron en la República Dominicana sin éxito.
Ya Aznar en el poder, Eta siguió prodigando sus ofertas. El último año se ha caracterizado por el acoso policial y judicial a la estructura militar, política y financiera de la organización, lo que permite a muchos afirmar que a este acoso obedece el actual ofrecimiento de tregua.

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La reacción catalana a las noticias del País Vasco, en cierto modo estaba ya marcada por la declaración de Barcelona suscrita conjuntamente por el Bloque Nacionalista Gallego, el PNV y CIU en la que acuerdan los tres partidos coordinar su actuación en el Congreso y en el Senado con la advertencia al PP y Psoe de que la segunda transición ya ha empezado. El acuerdo comprende el establecimiento de grupos de trabajo comunes y, como escribe Lorenzo Contreras, ha permitido a los nacionalistas abrir con absoluta y definitiva claridad el melón de sus intenciones y objetivos.
A la Declaración de Barcelona se han unido la Unión del Poble Valenciá, el Partido Socialista de Mallorca, y están en trámite las adhesiones de Coalición Canaria y el Partido Andalucista. En el número anterior de esta revista calificábamos de gran zarpazo a la Constitución este Acuerdo.
Claro es que Ciu diluyó enseguida las propuestas más radicales aprobadas en dicha asamblea nacionalista de Barcelona con interpretaciones amables para sus actuales aliados PP y sus siempre amigos, Psoe.
Pujol sostuvo desde el primer momento que, pese a todas sus coincidencias, la Declaración de Barcelona, la Declaración de Estella y la tregua de Eta eran «puras casualidades», y explicó que las fuerzas nacionalistas de Cataluña y la Generalitat tienen unos determinados propósitos que discurren por cauces propios y sin perjuicio de que se apoyase el desenvolvimiento del proceso que se iniciaba con la Declaración de Estella y con la tregua: «nosotros tenemos nuestro propio pleito y reivindicaciones».
Acto seguido aceleró cuanto pudo la radicalización de su «autonomismo». El Parlamento catalán aprobó el derecho a la autodeterminación de Cataluña y Pujol insistió en una «nueva lectura» de la Constitución: Cataluña reune los requisitos para ser considerada como una nación, España no lo es. Hace ya 52 años que viene diciendo esto.
Pujol está logrando hacer de Cataluña un círculo aparte de la vida española. De sus problemas específicos, financieros, económicos o simplemente poblacionales, no tiene apenas conocimiento el resto de España. Transcurre sin asomarse al exterior la vida del Parlamento catalán, en tanto los diecisiete diputados de Ciu en Madrid intervienen en todos los temas de la política española, y no sólo dan su opinión sino que en virtud de pactos influyen decisivamente en la solución de grandes problemas nacionales.
El Gobierno de Madrid es para Pujol un punto débil que necesita de los votos de Ciu para salir adelante. Los presta pero el peaje que exige es tremendo.
La verdad es que Pujol solo engaña al que no quiere ver. Así ha llegado: a un límite difícil de franquear sin llegar al independentismo.
Con ser muy importante para Pujol la gestión económica, impuestos, participación de Cataluña en el PIB español, etc. la gran batalla se ha dado en el terreno de la lengua; y la verdad es que frente a su tenacidad y a su audacia, las autoridades nacionales han reaccionado con debilidad y timidez. Hoy el catalán se está «comiendo» al castellano ante la indiferencia del pueblo español. Cuando la «inmersión» finalice, Cataluña será, ya casi lo es, un país aparte, insolidario, concentrado sobre si mismo, en posesión de una independencia «sui generis» que le permitirá vivir al margen, pero participando lo más posible de la tarta.
Pujol ha creado escuela. El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Pascual Maragall ha propuesto que el catalán sea una lengua oficial en toda España. En su opinión «no es ninguna tontería este planteamiento». Se muestra partidario de que el catalán se enseñe en las universidades teniendo en cuenta que la cuarta parte del país, lo habla, o bien lo entiende. Maragall aboga por modificar el método de regateo de Pujol y ofrece lealtad a España a cambio de un modelo de Estado federal, idea que defienden también los socialistas catalanes.
Dentro de la escuela de Pujol está Molins, portavoz de Ciu en el Congreso, quien, ante el asombro de todos, ha afirmado que los partidos estatales no se han dado cuenta de que la declaración de Barcelona representa un gran servicio a España, porque si bien exige un cambio en el Estado, ni se cuestiona el Estado en sí mismo, ni es independentista.
La lista de las actuaciones de la Generalitat para imponer su lengua es inacabable. Ha fijado o fijará las cuotas de catalán en cine y radio; se ha opuesto a la plausible idea de la ministra de Educación, en función de las circunstancias, de crear un Colegio español en Cataluña con el propósito de que un bilingüismo se mantenga. Pero el dinero es la gran obsesión de Pujol. Su autonomía es la otra gran endeudada: arrastra un déficit de casi un billón y medio de pesetas que pretende que la Administración central coadyuve a amortizar.
La pujanza del idioma catalán se comprueba al conocer los datos de 1997. Cataluña se situa de nuevo a la cabeza de España en producción editorial, en las dos lenguas. Esta escalada deja a Madrid en segundo lugar.

* * *

Da profunda pena comprobar que ante el ímpetu independentista de los nacionalistas, el Gobierno reaccione mal y torpemente. El Vicepresidente, Sr. Alvarez Cascos ha reivindicado los pactos con los nacionalistas como cauce de convivencia y todo el argumento esgrimido desde la Administración central ha sido la de que España era una nación antes de que naciese el Sr. Pujol.
A veces CIU juega con la idea de la soberanía compartida. Durán y Lleida propugna un modelo confederal como el de Suiza, y Convergencia busca el apoyo del PNV y el Bloque Nacionalista Gallego a su fórmula de soberanía compartida.
Solemnemente ha declarado el Sr. Pujol que considera agotado el Estado autonómico. Estimación que le permite reclamar más poder político y económico para la Generalitat, y aboga por la apertura de un período constituyente.
¿Qué papel debería jugar el partido nacional por excelencia, el PP, en esta encrucijada catalana? Ha marginado la actitud rigurosa y oposicionista a las tesis de Pujol de Vidal Cuadras, y la actual organización populista en Cataluña busca el entendimiento y no el enfrentamiento, desea no aparecer opuesta a las posturas de Ciu, pretende entenderse, no excita a los sectores no catalanistas de Cataluña a oponerse al profundo catalanismo en marcha. Se trata de una fuerza de suave e ineficaz oposición a Ciu.
Del Psoe es mejor no hablar. Actitudes contradictorias y oportunistas. Ojalá que al final entienda su camino verdadero: defender la unidad de España.
Esta es una crónica escrita bajo el signo de la tristeza y de la amargura. Siento no poder ofrecer una visión más optimista de la grave situación española actual. Nada me gustaría más que equivocarme.




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