CRONICA: La
política
Como
tema único tratamos el gravísimo problema de la
inminente disgregación nacional. Ningún otro de los
importantes, y en algún caso acuciantes problemas
nacionales supera, ni siquiera alcanza, al de la
explosión nacionalista de la que somos testigos. Es
evidente que en gran medida han conseguido sus
propósitos los sectores nacionalistas catalanes y vascos
más hostiles a la unidad nacional española. Y lo han
logrado con su perseverancia y su utilización a fondo de
los medios que poseen, pero especialmente por la
debilidad del sistema político vigente en España, sobre
todo desde 1978 cuando la Constitución definió a
España como Estado de las Autonomías. Los
constituyentes de entonces se lanzaron a improvisar una
nueva configuración de España acuciados por la
inminente posibilidad de que desapareciera la monarquía.
A cambio de la Corona se instauró el Estado de las
Autonomías en medio de la inconsciencia general.
El Estado de las autonomías no es producto de un estudio
profundo. Durante veinte años se han cantado sus
excelencias si bien resultaban evidentes las enormes
dificultades. Para las llamadas «nacionalidades
históricas», Cataluña y el País Vasco el Estado de
las autonomías no era otra cosa que un escalón para
acceder a la autodeterminación. Durante estos veinte
años catalanes y vascos, con diferentes estilos y con
métodos a veces contradictorios no han dejado de luchar
por esta causa.
En octubre de 1998, el Gobierno y las Instituciones
nacionales han iniciado conversaciones tendentes a
aceptar ese «trágala» de la autodeterminación. El
Gobierno se defiende con palabras, mientras los
nacionalistas se anotan hechos.
Se ha planteado brutalmente ante el pueblo español el
problema de su propia existencia. Se niega a España su
condición de nación. Vayamos por partes.
* * *
El 16 de septiembre Eta declaraba una tregua indefinida
en su acción terrorista. Explicaba su decisión en una
larga nota. Las condiciones para hacer irreversible la
paz derivada de esta propuesta se reflejaban en un
extenso documento que se hizo público al mismo tiempo
que su decisión.
En este comunicado, Eta declaró un alto al fuego «total
e indefinido» y sin condiciones previas, que entraría
en vigor a partir del día 18.
El comunicado, de cuatro folios escrito integramente en
euskera, agrega que «serán los acontecimientos de
respuesta a esta tregua los que determinarán la
continuidad definitiva de la misma». En su nota, Eta se
refiere a las nuevas mayorías políticas que se han
formado en Euskadi en relación con la llamada
Declaración de Estella -que había sido suscrita el
anterior sábado por los integrantes del llamado Foro de
Irlanda- lo que confirma la coordinación entre esta
Declaración y la acción de Eta. Eta califica de
«ocasión única para avanzar hacia la soberanía
nacional impulsada por la correlación de fuerzas
políticas y sociales vascas». Don Felipe González se
apuntó el triste tanto de haber anunciado el 18 de mayo
anterior esta tregua en un artículo publicado en «El
País».
El momento elegido para lanzar su propuesta fue
excepcionalmente oportuno. El Presidente del Gobierno se
encontraba en viaje oficial a Colombia. El lanzamiento de
la noticia estaba perfectamente calculado. No es que,
como ha dicho Felipe González, el Presidente estuviera
haciendo el Tarzán en el Amazonas; era que los servicios
de información gubernamental habían fallado y Aznar se
encontraba inoportunamente lejos del territorio nacional.
Desde Lima, el Gobierno español lanzó su primera
respuesta a la decisión de Eta. Tras un regreso
precipitado, el Gobierno se consagró al estudio del
documento y recaló la opinión de todos los partidos.
Una respuesta muy medida, redactada a golpes de teléfono
entre Madrid e Iquitos fue la primera reacción del
Presidente. En Madrid el Gobierno se mostró escéptico
alegando que «se trataba de una tregua trampa»,
consecuencia por otro lado de la presión policial y
judicial a la que últimamente había sido sometida la
organización terrorista y su entorno. El Ejecutivo
consideraba que Eta debe dar muestras inequívocas de que
quiere dejar el terrorismo y recordaba que en Irlanda el
Ira había guardado un año de tregua.
La historia de esta operación viene de lejos porque es
evidente que nunca han cesado los contactos entre HB, PNV
y ETA. Siempre hubo entre estas tres organizaciones
relación fluída y en el PNV ha primado la obsesión de
mantener esta relación para coordinarse en cierto modo
con las finalidades últimas de la organización
terrorista. La negociación, la tregua, ha estado siempre
en los labios de Arzallus.
Paradójica conducta la del PNV: largos años aliado al
Psoe, que incluso le cedió una victoria electoral
(Felipe González se lamenta ahora: «aquella cesión fue
un error») a cambio de la cual el Psoe recibió carteras
en el Gobierno del PNV y colaborando con él ha
permanecido en los sillones de Ajuria Enea más de una
decena de años.
A raíz del triunfo electoral del PP, el PNV pactó con
Aznar un leonino apoyo parlamentario en Madrid, pacto que
todavía está vigente y que ha permitido al PP capear
algunas tormentas parlamentarias, y a los vascos mantener
al Ejecutivo nacional por lo menos en silencio ante
algunas de sus graves piruetas y sobre todo ante su
relación evidente con las organizaciones «arbetzales».
Este ha sido el error mayúsculo de los partidos no
vascos en toda la negociación del problema: incluir al
PNV en la nómina, como socio en un caso, como testigo en
otro, de todas las decisiones gubernamentales socialistas
y populistas atinentes a aquel territorio. El PNV no ha
dejado de estar en todas ellas y se fue envalentonando
hasta ver plasmados sus anhelos en la proposición de
tregua por parte de Eta. Tregua que va acompañada de una
exigencia de negociación.
Es quimérico pensar que va a prevalecer la posición del
Gobierno de separar la tregua y la negociación
política. En sí misma, la tregua será negociación
política pura y dura.
El conjunto de partidos nacionalistas vascos e IU,
llamado Foro de Irlanda, suscribió un comunicado que se
conoce con el nombre de Declaración de Estella, en el
que rompen con el acuerdo antiterrorista de Ajuria Enea
que agrupaba a todos los partidos democráticos frente a
Eta. La Declaración invita a Eta a negociar sin exigir
nada a cambio; califica el contencioso vasco como un
conflicto histórico de origen y naturaleza políticos,
en el que se ven implicados los Estados español y
francés. La Declaración afirma que la negociación debe
ser global en el sentido de abordar y dar respuesta a
todas las cuestiones que determinan el conflicto así
como con las que son consecuencia de éste; propugna
franca y abiertamente la independencia de Euzkadi, en
contra de la Constitución.
Arzallus comentó esa Declaración con las siguientes
palabras: «cada vez nos interesa menos el Gobierno de
ahí abajo».
Los grupos vascos que habían negociado con Eta la tregua
se comprometieron a romper con los partidos estatales; ni
el PP ni el Psoe estarán en el futuro Gobierno vasco.
También se comprometieron a la ruptura de los pactos y
alianzas actuales: las Mesas de Ajuria Enea, Madrid y
Navarra. A cambio acordaron crear una Mesa vasca. PNV y
EA gobernarían en minoría, pero con el apoyo
parlamentario de HB en los asuntos relativos «a la
construcción nacional»; se agilizaría la
confrontación política con el Estado español; se
profundizaría en una democracia exclusivamente vasca
mediante el derecho de autodeterminación en Alava,
Guipuzcoa, Navarra, Vizcaya y los territorios en suelo
francés; se autodisolvería Eta y se defendería un
Estado confederal como base previa a la independencia.
Lo cierto es que el Estado de las autonomías se ha
venido abajo y que la teoría sobre el mismo que ofreció
el Rey ante el Parlamento italiano no es sino fuego de
artificio. Después de la Declaración de Barcelona,
después de la Declaración de Estella, después de la
muy estudiada y coordenada oferta de tregua de Eta, nada
relativo a la organización territorial de España podrá
volver a ser como antes.
La autodeterminación sucede a la autonomía. Una
autodeterminación de lindes difusos con la
independencia.
Hay que recordar que el PNV no votó la Constitución y
siempre se ha jactado de mantenerse fuera de ella, lo que
nunca fue obstáculo para los pactos y alianzas y para
recibir los abrazos reales en visitas oficiales, tomas de
posesión, etc. Por cierto, conviene recordar que en la
inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao, los Reyes
fueron recibidos a los sones del himno oficial de
Euzkadi; los de la Marcha Real española se dejaron para
mejor ocasión.
* * *
Esta tregua no es la primera declarada por Eta, que ya
declaró otra en 1981. Se proclamó tregua de un año sin
condiciones, aprobada por la 7.ª Asamblea, lo que
condujo a la desaparición de la rama «polimili» de la
organización terrorista y a la vuelta a casa de la mayor
parte de sus militantes, excepto aquellos que se
integraron en Eta militar. Esta decisión de entonces
guarda similitudes y diferencias con la anunciada el
pasado 16 de septiembre; buena parte de los componentes
de la actual dirección etarra procede del sector de los
que no quisieron desaparecer como activistas en 1982.
Se sabe ahora que durante los últimos meses el PNV, EA y
HB suscribieron acuerdos secretos con Eta en el Sur de
Francia que, en parte son el origen de la declaración de
tregua y de la declaración de Estella, firmada por estos
mismos grupos. El periódico «El Mundo» aseguraba que
al menos dos de los dirigentes nacionalistas vascos
firmaron en Pau (Francia) un documento de compromisos
políticos con el máximo responsable político de Eta.
Durante estos últimos veinte años siempre hubo en
Bilbao hombres de enlace a través de los cuales podían
establecerse relaciones con Eta. Es decir, Eta ha
mantenido siempre buzones abiertos para en cualquier
momento contactar. Y ha mantenido durante todo este
tiempo una bandera, la del acercamiento de sus presos.
Bandera a la que luego se sumaron otros políticos.
Durante treinta años, ETA ha sido protagonista de toda
clase de crimenes en el País Vasco, incluso en el resto
de España, ya que jamás limitó sus actividades
terroristas al territorio de Euzkadi. Por el contrario,
en ETA prevalecía el deseo de evitar que los problemas
se planteasen en territorio vasco. Hay que recordar que
su actividad terrorista se inició en agosto de 1968 con
el asesinato del Comisario Melitón Manzanas en Irún.
Fue su primer asesinato.
Actualmente se da la paradoja de que mientras permanece
en la cárcel la Mesa nacional de HB, políticos corren
detrás de los suplentes de los que están en la cárcel
para entenderse con ellos.
Fueron famosas las conversaciones de Argel que tuvieron
como prolegómenos dos anuncios de tregua: una en enero
de 1988 por un período de dos meses; otra un año
después con una duración de tres meses. El Gobierno
socialista aceptó el envite. Rafael Vera, Secretario de
Estado mantuvo ocho encuentros con los etarras Eugenio
Etxebeste «Antson», Belén González «Carmen» e
Ignacio Aracama «Macario», que no fructificaron. El
corto período de paz quedó frenado en abril de ese
mismo año con el envío de una carta bomba. Las
conversaciones continuaron en la República Dominicana
sin éxito.
Ya Aznar en el poder, Eta siguió prodigando sus ofertas.
El último año se ha caracterizado por el acoso policial
y judicial a la estructura militar, política y
financiera de la organización, lo que permite a muchos
afirmar que a este acoso obedece el actual ofrecimiento
de tregua.
* * *
La reacción catalana a las noticias del País Vasco, en
cierto modo estaba ya marcada por la declaración de
Barcelona suscrita conjuntamente por el Bloque
Nacionalista Gallego, el PNV y CIU en la que acuerdan los
tres partidos coordinar su actuación en el Congreso y en
el Senado con la advertencia al PP y Psoe de que la
segunda transición ya ha empezado. El acuerdo comprende
el establecimiento de grupos de trabajo comunes y, como
escribe Lorenzo Contreras, ha permitido a los
nacionalistas abrir con absoluta y definitiva claridad el
melón de sus intenciones y objetivos.
A la Declaración de Barcelona se han unido la Unión del
Poble Valenciá, el Partido Socialista de Mallorca, y
están en trámite las adhesiones de Coalición Canaria y
el Partido Andalucista. En el número anterior de esta
revista calificábamos de gran zarpazo a la Constitución
este Acuerdo.
Claro es que Ciu diluyó enseguida las propuestas más
radicales aprobadas en dicha asamblea nacionalista de
Barcelona con interpretaciones amables para sus actuales
aliados PP y sus siempre amigos, Psoe.
Pujol sostuvo desde el primer momento que, pese a todas
sus coincidencias, la Declaración de Barcelona, la
Declaración de Estella y la tregua de Eta eran «puras
casualidades», y explicó que las fuerzas nacionalistas
de Cataluña y la Generalitat tienen unos determinados
propósitos que discurren por cauces propios y sin
perjuicio de que se apoyase el desenvolvimiento del
proceso que se iniciaba con la Declaración de Estella y
con la tregua: «nosotros tenemos nuestro propio pleito y
reivindicaciones».
Acto seguido aceleró cuanto pudo la radicalización de
su «autonomismo». El Parlamento catalán aprobó el
derecho a la autodeterminación de Cataluña y Pujol
insistió en una «nueva lectura» de la Constitución:
Cataluña reune los requisitos para ser considerada como
una nación, España no lo es. Hace ya 52 años que viene
diciendo esto.
Pujol está logrando hacer de Cataluña un círculo
aparte de la vida española. De sus problemas
específicos, financieros, económicos o simplemente
poblacionales, no tiene apenas conocimiento el resto de
España. Transcurre sin asomarse al exterior la vida del
Parlamento catalán, en tanto los diecisiete diputados de
Ciu en Madrid intervienen en todos los temas de la
política española, y no sólo dan su opinión sino que
en virtud de pactos influyen decisivamente en la
solución de grandes problemas nacionales.
El Gobierno de Madrid es para Pujol un punto débil que
necesita de los votos de Ciu para salir adelante. Los
presta pero el peaje que exige es tremendo.
La verdad es que Pujol solo engaña al que no quiere ver.
Así ha llegado: a un límite difícil de franquear sin
llegar al independentismo.
Con ser muy importante para Pujol la gestión económica,
impuestos, participación de Cataluña en el PIB
español, etc. la gran batalla se ha dado en el terreno
de la lengua; y la verdad es que frente a su tenacidad y
a su audacia, las autoridades nacionales han reaccionado
con debilidad y timidez. Hoy el catalán se está
«comiendo» al castellano ante la indiferencia del
pueblo español. Cuando la «inmersión» finalice,
Cataluña será, ya casi lo es, un país aparte,
insolidario, concentrado sobre si mismo, en posesión de
una independencia «sui generis» que le permitirá vivir
al margen, pero participando lo más posible de la tarta.
Pujol ha creado escuela. El candidato socialista a la
presidencia del Gobierno, Pascual Maragall ha propuesto
que el catalán sea una lengua oficial en toda España.
En su opinión «no es ninguna tontería este
planteamiento». Se muestra partidario de que el catalán
se enseñe en las universidades teniendo en cuenta que la
cuarta parte del país, lo habla, o bien lo entiende.
Maragall aboga por modificar el método de regateo de
Pujol y ofrece lealtad a España a cambio de un modelo de
Estado federal, idea que defienden también los
socialistas catalanes.
Dentro de la escuela de Pujol está Molins, portavoz de
Ciu en el Congreso, quien, ante el asombro de todos, ha
afirmado que los partidos estatales no se han dado cuenta
de que la declaración de Barcelona representa un gran
servicio a España, porque si bien exige un cambio en el
Estado, ni se cuestiona el Estado en sí mismo, ni es
independentista.
La lista de las actuaciones de la Generalitat para
imponer su lengua es inacabable. Ha fijado o fijará las
cuotas de catalán en cine y radio; se ha opuesto a la
plausible idea de la ministra de Educación, en función
de las circunstancias, de crear un Colegio español en
Cataluña con el propósito de que un bilingüismo se
mantenga. Pero el dinero es la gran obsesión de Pujol.
Su autonomía es la otra gran endeudada: arrastra un
déficit de casi un billón y medio de pesetas que
pretende que la Administración central coadyuve a
amortizar.
La pujanza del idioma catalán se comprueba al conocer
los datos de 1997. Cataluña se situa de nuevo a la
cabeza de España en producción editorial, en las dos
lenguas. Esta escalada deja a Madrid en segundo lugar.
* * *
Da profunda pena comprobar que ante el ímpetu
independentista de los nacionalistas, el Gobierno
reaccione mal y torpemente. El Vicepresidente, Sr.
Alvarez Cascos ha reivindicado los pactos con los
nacionalistas como cauce de convivencia y todo el
argumento esgrimido desde la Administración central ha
sido la de que España era una nación antes de que
naciese el Sr. Pujol.
A veces CIU juega con la idea de la soberanía
compartida. Durán y Lleida propugna un modelo confederal
como el de Suiza, y Convergencia busca el apoyo del PNV y
el Bloque Nacionalista Gallego a su fórmula de
soberanía compartida.
Solemnemente ha declarado el Sr. Pujol que considera
agotado el Estado autonómico. Estimación que le permite
reclamar más poder político y económico para la
Generalitat, y aboga por la apertura de un período
constituyente.
¿Qué papel debería jugar el partido nacional por
excelencia, el PP, en esta encrucijada catalana? Ha
marginado la actitud rigurosa y oposicionista a las tesis
de Pujol de Vidal Cuadras, y la actual organización
populista en Cataluña busca el entendimiento y no el
enfrentamiento, desea no aparecer opuesta a las posturas
de Ciu, pretende entenderse, no excita a los sectores no
catalanistas de Cataluña a oponerse al profundo
catalanismo en marcha. Se trata de una fuerza de suave e
ineficaz oposición a Ciu.
Del Psoe es mejor no hablar. Actitudes contradictorias y
oportunistas. Ojalá que al final entienda su camino
verdadero: defender la unidad de España.
Esta es una crónica escrita bajo el signo de la tristeza
y de la amargura. Siento no poder ofrecer una visión
más optimista de la grave situación española actual.
Nada me gustaría más que equivocarme.
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