Abc cultural
A pesar
del cambio de director, muchas páginas del anejo
cultural del periódico «ABC» parecen arrancadas a una
gaceta literaria de la Praga anterior a la caída del
telón de acero. Semanalmente se confirma la predicción
de Lenin: la burguesía fabrica la soga para que se pueda
ahorcarla.
En uno de los últimos números del citado anejo
(17-IX-98) se consagran las páginas centrales al encomio
de un señor llamado Eugenio Granell. ¿Quién es el
homenajeado desconocido? Según se nos informa por la
redacción es un comunista exiliado hasta 1968 que
deambuló por diferentes repúblicas de América Central
(fue expulsado de Guatemala) y que pinta, esculpe, y
escribe de todo, incluso versos.
El Abc incluye tres páginas donde el autor se retrata y,
entre otras cosas, escribe: «Cuando vine por primera vez
a España, en 1968
había algunos automóviles,
pero no los usaba la gente normal. Los usaban solo los
militares y las monjas. Todos los automóviles estaban
llenos de militares y de monjas».
En 1968 circulaban por las carreteras españolas
3.538.187 vehículos de motor y, el número de monjas era
de 85.064, de las cuales 21.315 eran de clausura y no
abandonaban sus conventos. Restan pues, 63.749 monjas
disponibles para ser vistas en la calle. Una sencilla
división demuestra que, suponiendo que todas las monjas
se trasladaran en un vehículo todos los días, lo que es
inverosimil, cada automóvil español podrá transportar
como máximo 18 milésimas de monja, o sea, poco más de
un gramo, el peso de un cabello ¡Vaya vista la del
señor Granell que desde lejos percibe un cabello monjil
en un autobús!
Respecto a los militares sirven en sus cuarteles. Cuando
los soldados salen con permiso no llevan uniforme ¿los
identificaba el señor Granell por la mirada? Y, dividido
un remplazo por el citado número de vehículos, también
tocan a muy pocas milésimas de militar por automóvil.
¿Cómo es posible que el Abc publique textos tan
esperpénticos? No es sólo una falsedad monumental, o un
repulsivo reflejo del rencor marxista, es irracionalidad
total, pérdida de la cordura y, por tanto, insulto a los
lectores. Así es el personaje ensalzado por el diario
madrileño.
Y esto es sólo un botón de muestra del anejo llamado
«cultural»
A. Maestro
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