El anti-occidentalismo ruso

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El anti-occidentalismo ruso

Por J.C. López-Lozano

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El anti-occidentalismo ruso

Hace ya tiempo que en el «Bulletin Européen» helvético me interesó un admirable trabajo de Roberto Valle que no ha perdido actualidad ahora que las cajas del Fondo Monetario Internacional se abren a Yeltsin, y las cenizas de Nicolás II y su familia vuelven a San Petesburgo. Algo se mueve en Rusia como algo se mueve entre el Bósforo de Constantinopla y el bósforo de Cádiz.

El contraste de la doble identidad de la Rusia europea y asiática nacida en el siglo último, alrededor de los años treinta, ha sido definido por el filósofo ruso Herzen como una «brouille de famille», siendo Rusia «un Janus à deux visages mais à un seul coeur».

Una tentativa para salir del «impasse» entre pro-occidentales y eslavófilos fue la de Dostoievski. El fuerte antioccidentalismo que le animó nació de dos observaciones aparentemente contradictorias: estaba convencido de que Europa era al mismo tiempo «la patria de los milagros y el más caro de los cementerios». Habría que analizar dos obras fundamentales acabadas entre 1863 y 1864 que deben ser consideradas paralelamente en el ensayo Notes d'hiver sur des impressions d'été, después del primer viaje del escritor por Europa y la relación de Carnets du sous-sol.

Después, Dostoievski visitó el Occidente burgués donde encontró una especie de paraíso dominado por el dios dinero. Su estancia en Occidente le demuestra que la triada revolucionaria -Igualdad, libertad y fraternidad- no podía realizarse en ese sistema. Era evidente para Dostoievski que la sociedad occidental era antifraterna y caracterizada por tres elementos: el aislamiento de la personalidad (el hombre masa cree que el se puede reconocer como una entidad original), la familia causal (hogares que son formados por azar o solamente por intereses económicos), y el desdoblamiento del hombre burgués y alienado.

Carnets du sous-sol aborda de una manera más incisiva el sujeto del desdoblamiento entre el individuo occidental y el oriental. Dostoievski ridiculiza el lugar de honor que el pensamiento occidental atribuye a la conciencia ,cosa que el autor cree que es una enfermedad que exaspera la conciencia del mal. El autor escribe en su lecho de muerte su última paradoja: Rusia para salvaguardar su propia unidad y su propia identidad contra la acción reductora de la civilización debería de huir del occidente burgués rechazando a los intelectuales que quieren introducir a todo precio el modelo burgués en Rusia. No es un azar que en Les Démons advierta que si el éxodo de occidente no hubiera tenido lugar en la época de la revolución europea habría alcanzado consecuencias extremas y habría provocado en Rusia una revolución ideológica despótica (bolchevismo concebido como producto del socialismo europeo).

El antioccidentalismo de Dostoievski da origen a otras concepciones paradójicas: el euroasismo que va con el éxodo de occidente y el populismo de Soljenitsyn.

El euroasismo es una orientación del pensamiento ruso antes de la revolución de octubre, según la cual Rusia no pertenece ni a Europa ni a Asia, y constituye un mundo independiente llamado Euroasia. El euroasismo se presenta, primero, como una ideología nacionalista ya que la experiencia del occidente burgués y democrático provoca un cambio brutal. La Rusia soviética sopla con un viento glacial de rechazo. El euroasismo no puede considerarse como una versión actualizada del éxodo de Occidente de Dostoievski quien, extraño al nacionalismo imperial, no habría jamás concebido la revolución comunista como un producto nacional, sino como un producto de exportación introducido en Rusia por los nihilistas del siglo XIX procedentes de occidente. En La pré-agonie de la Russie, publicada en «Le Monde», exorta a occidente a no acoger la idea de que a la caída del comunismo la democracia sería instaurada en Rusia y se realizarían reformas hacia el mercado libre. Rusia debe renunciar a toda ampliación imperialista, declara el escritor, pero Occidente a su vez debe abandonar definitivamente la idea igualmente absurda de imponer un modelo social y económico extraño a la cultura y a la historia de la nación rusa.

En fin, las palabras pronunciadas por Dostoievski durante el verano de 1880 han sido citadas por Soljenitsyn en Discours sur Pouchkine donde declara que Rusia no debe ser hostil a Europa sino inscrita en el mismo horizonte cultural sin ser relegada al papel de servidor. Según Dostoievski, Rusia debe salvaguardar su especificidad instaurando una relación duradera con Occidente. Habla de que es posible la idea universal de Rusia y Occidente y posible en lugar de un mundialismo monótono y homologante en el que el mundo entero sería el condenado...

Así quedan relacionadas las ideas poco occidentalistas, ayer por Dostoievski y hoy por Soljenitsyn.



J.C. López-Lozano




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