Países en busca
de identidad
1.
Preliminares. Esta nota podría llevar el subtítulo
«Convergencias y divergencias» pues se trata de un
análisis de la plataforma de similitudes y disonancias
en el momento actual -tan crucial- en la historia de
Puerto Rico, Inglaterra y Estados Unidos de América.
2. Puerto Rico. Puerto Rico se está buscando a sí
mismo. Lo estaba haciendo ya antes de 1898 como lo
atestiguan la Carta Autonómica de 1897 y la Ley de
Foraker de 1900; no obstante, a partir de la Ley Jones de
1917 lo estuvo haciendo mucho más afanosamente. La Ley
Jones otorgó la ciudadanía americana a los
puertorriqueños, hizo electivas ambas Cámaras
Legislativas y otorgó, además, una Carta de Derechos.
Otra fecha memorable es la de la Constitución y
creación de la figura política única del Estado Libre
Asociado de Puerto Rico en 1952 cuyo nombre oficial en
inglés es Commonwealth of Puerto Rico. Con ello se
inicia un gran movimiento para explicar lo de Estado, lo
de Libre y lo de Asociado. Luego, la búsqueda de su
identidad reviste las ideologías de los partidos
políticos, de los cuales los tres más significativos
son el Partido Popular (llamado Democrático), el Partido
Nuevo Progresista (llamado de la Estatidad o de la Palma)
y el Partido Independentista Puertorriqueño. El primero
se llama también estadolibrista (PPD), el segundo
estadista (PNP) y el tercero PIP.
Por Ley Núm. 1 del 23 de diciembre de 1966 se dispuso la
celebración de un plebiscito que tuvo lugar el 23 de
julio de 1967, en el cual el Partido Popular Democrático
obtuvo la mayoría de votos.
A partir del posterior triunfo del Partido Nuevo
Progresista en las elecciones generales de 1968 este
Partido y el Partido Popular Democrático se turnan en la
gobernación hasta la fecha. Existe un plan de celebrar
otro plebiscito en muy breve plazo, de lo cual la prensa
está dando información contínua, pero cuya suerte
parece incierta a causa de las diferencias entre los tres
partidos respecto a la fórmula sometida a la elección,
o sea, el status quo actual, la estadidad y la
independencia.
Aunque los tres partidos profesan tres ideologías
distintas que, a la larga, dividen a la población de la
Isla en tres bandos, su existencia ha garantizado el
funcionamiento del sistema político.
El Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo
Progresista cuentan con una afiliación similar
numéricamente, mientras que el Partido Independentista
Puertorriqueño apenas significa un cuatro por ciento del
electorado, por lo cual, solo no representa fuerza
política electoral, pero al unir sus votos a cualquiera
de los otros dos partidos puede decidir las elecciones.
Es lo que está sucediendo.
3. El caso de Inglaterra. Es distinta la situación en
Inglaterra, llamada United Kingdom (Reino Unido), Great
Britain (Gran Bretaña) o simplemente England
(Inglaterra). Su nombre solemne United Kingdom (UK)
expresa patéticamente que sus elementos constitutivos
son Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda del Norte.
La división ideológica del país parece más importante
que su división política porque existen ciertos
movimientos de secesión en Gales, Escocia (Bermudas), a
lo cual se agrega la idea de «New Britain» del primer
ministro Tony Blair. Sin embargo, la división
socio-ideológica del país se mostró con una fuerza
imperiosa a fines del último mandato conservador cuando
el gobierno británico, después de un año de estudio y
análisis de la situación de la eventual aprobación de
un símbolo común para una nueva ID card (tarjeta de
identidad), tuvo que reconocer el profundo desacuerdo
entre la ciudadanía del país.
Subsisten las siguientes posiciones que no son
compatibles entre sí ni fácilmente armonizables:
a) En primer lugar están los «tories», o sea los del
Partido Conservador apoyando la bandera británica Union
Jack.
b) Entre los «tories» hay eurófilos y eurófoblos, o
sea, partidarios de la Europa Unida y contrarios a ella.
Los primeros quieren el símbolo de la Unión Europea: un
círculo de doce estrellas de oro sobre fondo azul.
c) Están los laboristas que difícilmente pueden
llamarse partidarios de la monarquía, con todas las
consecuencias de tal posición.
d) Los irlandeses del Norte no quieren saber nada de
Union Jack, como símbolo de identidad.
e) Los nacionalistas escoceses y galeses rechazan la idea
de emplear símbolos ingleses y exigen que la tarjeta de
identidad lleve los símbolos de Escocia y de Gales,
respectivamente.
f) El Secretario del Interior propuso las siguientes
alternativas para solucionar el problema:
i) Una ID card combinada con licencia de conducir que
llevaría la Union Jack, la cimera real y el emblema de
la Unión Europea.
ii) Una ID card con la Unión Jack y la cimera real sin
el símbolo de la Unión Europea. No serviría para
conducir vehículos de motor.
iii) Una licencia de conducir sin la Union Jack y sin las
estrellas del símbolo europeo, pero llevaría una foto y
el escudo real y serviría de ID card sólo en Irlanda
del Norte.
iv) Una licencia de conducir con una foto y el escudo
real para no ciudadanos o ciudadanos británicos fuera de
Irlanda del Norte si así lo desean. No serviría de ID
card en parte alguna.
v) Si uno no conduce vehículos de motor, no necesita
llevar ID card.
Este panorama resulta decepcionante por la aparente falta
de posibilidad de compromiso.
4. Estados Unidos de América. Estados Unidos presenta un
panorama distinto aunque ya no circula la teoría de la
«melting pot» (amalgamación de razas) donde todos los
inmigrantes se asimilaban al standard americano.
Actualmente, Estados Unidos se enfrenta a la
desintegración de la sociedad política porque ciertos
grupos étnicos en lugar de llamarse simplemente
americanos se llaman «Afro Americans», «Hispano o
Latin Americans», «Asian Americans», «Asian Pacific
Americans», y así sucesivamente. El inmigrante europeo
sería «Euro American» pero este término no está en
uso. Los líderes de los grupos étnicos tratan de
fomentar el sentido nacionalista de su gente y, a veces,
se manifiesta en abierta enemistad entre los grupos
étnicos, por ej.,los gangs juveniles.
Las exigencias políticas de tales grupos étnicos llegan
a exigir privilegios que van en contra de la igualdad
constitucionalmente garantizada (los homosexuales, las
lesbianas, las feministas). A este extremo ha llegado la
«affirmative action» donde la imposición de
privilegios a los supuestos desiguales termina en
super-desigualdad. Otra situación explosiva es la
imposición de una opinión a los miembros del grupo lo
que niega el derecho a la libertad de expresión de cada
individuo.
Según fuentes del Census Bureau-National Research
Council los rótulos o nombres étnicos y raciales llegan
a cifras impresionantes: negros, mulatos, asiáticos,
indios nativos, mejicanos, filipinos, indios civilizados,
hispanos, latinos, esquimales, etc. Distinguiría entre
grupos centrípetas y grupos centrifugos. Los
centrípetas parecen ser los «Euro Americans» de más
fácil asimilación que los grupos centrífugos y serían
la mayoría de los otros mencionados. Como Estados Unidos
es un país gigante que por el momento parece funcionar
bien. No obstante las fuerzas competitivas son
numerosísimas y con el laissez faire de la mayoría van
in crescendo y dejan entrever señales sintomáticas de
cansancio, desorganización, falta de coordinación,
falta de interés, abandono y resignación frente a la
creciente ingerencia federal en la vida privada y
pública tanto de los estados-miembros como de sus
ciudadanos positivos. Cada día se cuestiona más que
nunca antes la indivisibilidad de la nación.
Sociólogos, políticos, politólogos, expertos de
ciencias sociales y demografía plantean seriamente el
problema.
El otro factor secesionista es de orden político. Se han
visto en los últimos años señales de secesión en
Texas, Long Island, Alaska, Hawai y California. En Texas
cierta gente toma en serio el movimiento separatista.
Eastern Long Island y Hawai vuelven a hablar de
soberanía propia. La parte Norte de Alaska, rica en
petróleo estudia la posibilidad de formar su propio
Estado soberano. Los condados rurales de California
quieren romper con el resto del Estado de las grandes
ciudades cuyos disturbios sociales y raciales consumen
grandes sumas de dinero. A ello se agrega el problema de
la contaminación y de la congestión del tráfico. Los
habitantes de 27 condados aprobaron la idea de la
separación y sólo cuatro condados se opusieron. Hay
quienes hablan de dividir California en tres Estados,
California del Sur, el área de la bahía de San
Francisco y la California rural. El movimiento tiene un
precedente: apenas California se convirtió en Estado de
la Unión, los habitantes rurales del Sur trataban sin
éxito de separarse de los «embobados» de la fiebre de
oro del Norte.
En los Estados sureños de la Unión que se enfrentaban
con los «yankees» del Norte se habla abiertamente,
tanto en privado como en público, de la separación para
evitar el dominio de los norteños pues quieren salvar su
cultura propia. La Liga del Sur lleva la voz cantante.
O sea, además del problema étnico hay también otro
político. El primero es de origen reciente mientras que
el segundo tiene una trayectoria histórica más larga.
En ambos casos aparecen fuerzas centrífugas.
5. Conclusiones. Si es cierto que Puerto Rico está
buscando su propia identidad política, culturalmente la
tiene a todas luces, los ingleses también muestran
señas de algo similar. Sin embargo, mientras los
puertorriqueños difieren entre sí en la solución
definitiva de la forma política de su país, los
ingleses difieren en la adopción de ciertos símbolos a
emplear en una tarjeta de identidad por razones
políticas que, a su vez, se deben a razones de
identidad.
Los puertorriqueños no discuten su puertorriqueñidad,
en cambio, los ingleses, o sea, los habitantes de
Inglaterra sí plantean su identidad. Algo similar está
pasando en Estados Unidos con los grupos étnicos de
inmigrantes o más propiamente con algunos de los grupos
que tratan de hacer valer su etnicidad, cuestión que
produce el fenómeno de la discriminación o viceversa.
Objetivamente, parece que en Inglaterra están trabajando
ciertas fuerzas centrífugas, o sea, desasociantes,
mientras que los partidos políticos en Puerto Rico
trabajan como fuerzas centrípetas o sea, para asociar,
para unir a sus ciudadanos sin haber encontrado aún la
fórmula afortunada de consenso general o sea,
«mayoritariamente general».
La situación en Estados Unidos es distinta hasta cierto
punto, pues en esta materia hay dos fuerzas opuestas, la
tendencia tradicional del movimiento centrípeta, el
«melting pot», y el surgimiento de fuerzas centrífugas
representando el pluralismo de ciertos grupos étnicos
cuyas exigencias políticas van in crescendo. Es un
nacionalismo exigente de ciertos grupos dentro de un
país que, por su parte, trabaja por el globalismo.
J. J. Koppany Santa-Pintez
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