Organicismo en la II República

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Organicismo en la II República

Por G. Fernández de la Mora

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Organicismo en la II República

ORGANICISMO EN LA II REPUBLICA





1. La Comisión Asesora. El 14 de abril de 1931, Alfonso XIII decidió «suspender deliberadamente el ejercicio del poder real»1 y abandonó España. Ese mismo día se constituyó un Gobierno provisional bajo la presidencia de Alcalá Zamora quien con idéntica fecha fue designado Presidente de la República por un autodenominado Comité de fuerzas políticas. Entre las primeras decisiones gubernamentales figura la de crear por decreto (6-V-1931) una Comisión Jurídica Asesora, dependiente del Ministerio de Justicia, con el preferente encargo de elaborar un anteproyecto de Constitución.

La Comisión designó una subcomisión o grupo de trabajo presidido por el doctrinario conservador Angel Ossorio y Gallardo, compuesto de trece miembros entre los que destacaban Adolfo González Posada, Manuel Pedroso y Alfonso García Valdecasas. Trabajando, según propia declaración, «a marchas forzadas» la Comisión presentó su anteproyecto el 6 de julio de 1931, una semana antes de que se reunieran las Cortes constituyentes elegidas el 28 de junio. El anteproyecto pudo haber sido adoptado por el Gobierno, pero a causa de las discrepancias surgidas no lo hizo2. La nueva cámara nombró el 28 de julio una Comisión de Constitución de 21 miembros, presidida por el unicameralista Luis Jiménez de Asúa3 (sólo el diputado García Valdecasas había participado antes en la Comisión Jurídica Asesora). El equipo de legisladores ahora designado tuvo poco presente el disponible anteproyecto, y tomó como punto de partida la Constitución alemana de Weimar y las de Austria y Checoslovaquia.

El anteproyecto suscrito por Ossorio constaba de una exposición de motivos y de 104 artículos, así como de numerosos votos particulares individual o colectivamente avalados por miembros de la Comisión Asesora en el grupo de trabajo o en el pleno o por secretarios técnicos4. Este anteproyecto, principalmente inspirado por Posada, es de un gran interés doctrinal porque responde al esquema orgánico que, siguiendo la línea corporativista del idealismo germano, habían defendido en España los llamados krausistas (Sanz del Río, Salmerón, Giner de los Ríos, Pérez Pujol, o Posada) y algunos de sus herederos (Madariaga, Besteiro o Fernando de los Ríos) en mutuamente ignorada coincidencia con tradicionalistas católicos como Aparisi, E. Gil-Robles, Brañas o Mella5. El epicentro del modelo orgánico propuesto a los constituyentes por la Comisión Asesora era un bicameralismo con Senado corporativo.



2. Las instituciones orgánicas. El poder legislativo sería ejercido por un Congreso elegido por sufragio universal en circunscripciones provinciales y por un Senado «que representa los intereses sociales organizados»6. Esa segunda cámara tendría la siguiente estructura: «El Senado se compondrá de 250 Senadores: 50 elegidos por las Provincias o Regiones con sus Municipios; 50 por las representaciones obreras de los grupos de Agricultura, Industria y Comercio; 50 por las representaciones patronales; 50 por las Asociaciones de profesionales liberales, y otros 50 por las Universidades, Instituciones culturales y confesiones religiosas»7.

Este Senado respondía a los dos clásicos criterios orgánicos de representación, el territorial (los 50 provinciales) y el funcional (los 200 corporativos), y se daba el mismo peso a los senadores sindicales que a los patronales, compensados por otros tantos delegados de las profesiones liberales y de las instituciones culturales y religiosas.

La cámara corporativa tendría una estabilidad superior a la del Congreso (mandato de cinco años) porque, aunque renovable por mitades cada cuatro años, a diferencia del Congreso, en ningún caso podría ser disuelta8.

La segunda cámara tendría, como la primera, la potestad de proponer y elaborar las leyes; pero en caso de discrepancia se atribuía la primacía al Congreso quien, sin embargo, tendría que contar con una mayoría absoluta de sus miembros9 para aprobar en relectura un texto previamente rechazado por el Senado. La representación orgánica estaría, en último término, subordinada a la inorgánica siempre que ésta alcanzara una mayoría cualificada de más de la mitad de los diputados, votantes o no. Como se afirmaba en la exposición de motivos, se trataba de un «elemento reflexivo y moderador» para contrarrestar «los inconvenientes de una cámara popular sin freno»10.

Dentro de su esquema orgánico, el anteproyecto de la Comisión Asesora preveía la elección del Presidente de la República por una asamblea de ambos cuerpos colegisladores con una presencia mínima de dos tercios del total de sus miembros y por una mayoría absoluta de los votos emitidos11. Este jefe del Estado, de origen parcialmente orgánico, estaba facultado para disolver el Congreso12 y para devolverle una ley que sólo se vería obligado a promulgar si la cámara la aprobase por mayoría de dos tercios13. Este presidencialismo incoado era otra rotunda limitación del puro parlamentarismo inorgánico.

También era organicista la concepción del poder judicial: «La Administración de Justicia será autónoma y su régimen interno estará atribuido a órganos propios»14, independientes, por tanto, del poder ejecutivo y del legislativo. Y el presidente del Tribunal Supremo también tendría un origen orgánico «designado por una asamblea compuesta de un número de miembros no inferior a cincuenta que representen a la Magistratura, al Foro, a las Facultades de Derecho, y a las Corporaciones jurídicas»15.

Ningún otro esquema constitucional español llevó más lejos el modelo orgánico, salvo el que postuló Madariaga en su libro Anarquía o jerarquía16. Incluso las Leyes Fundamentales posteriores a la guerra civil instauraban una jefatura del Estado menos organicista, tanto antes como después de las previsiones sucesorias.



3. El determinante factor krausista. La concepción orgánica de la sociedad se remonta a los estoicos, su principal teórico moderno fue Althusio17 y, ya en la edad contemporánea, la hace suya el idealismo alemán con Hegel y otros pensadores menores como Krause cuyo discípulo Ahrens la desarrolló sistemáticamente. De Ahrens la tomó Sanz del Río y, a partir de él, lo hicieron los llamados krausistas españoles, aunque no asumieran la metafísica mística de Krause18, sino la opuesta, el positivismo. Entre estos doctrinarios, que ya habían influido sobre Cánovas para que incorporara una representación corporativa a su Senado, destacó en 1931 Adolfo González Posada, el miembro más influyente de la Comisión Asesora, cuyo anteproyecto debería denominarse Ossorio y Posada.

Así formula Posada su organicismo: «La estructura social real, que no es ciertamente la de un agregado humano de valor aritmético, ni un puro mecanismo movido por fuerzas externas -de imposición-, sino que tal estructura es la que corresponde a un complejo de unidades vivas, individuales y colectivas, dotadas de personalidad y representativas, las colectivas, unidades vivas, éstas -las colectivas- de intereses (anhelos, aspiraciones, necesidades, fines comunes); que no puede ignorar el Estado, porque integran su ser mismo, viven en él y él de ellas y en ellas»19. En 1919, Posada, con la Constitución canovista al fondo, pide la reforma del Senado para convertirlo en una institución colegiada de carácter corporativo con «representaciones sociales o políticas, históricas o actuales, de clases o núcleos o fuerzas que estiman -con acierto o no- más capacitadas o resistentes, o moderadoras»; en un «alto cuerpo de base sindical y política en el que todos los elementos sociales organizados puedan hacerse escuchar y colaborar»20. Y en 1931, cuando se estaba redactando la Constitución de la II República, propone que se incorpore «a la institución más específicamente representativa -verbigracia las Cámaras de las Cortes (los Parlamentos)- los elementos individuales y sociales -sindical, corporativo, de agrupaciones-»21.

El radical y coherente organicismo del anteproyecto constitucional elaborado por la Comisión Asesora sólo puede explicarse desde la filiación krausista de Posada y desde las posiciones doctrinales que adoptó en sus escritos y, concretamente, en su libro La reforma constitucional (1931).

Pero hay más. El ministro de Justicia que designó a la Comisión Asesora, que vino a ocupar el lugar de la antigua Comisión Codificadora, fue Fernando de los Ríos (1879-1949), otro krausista organicista que en su obra Crisis actual de la democracia (1917) había hecho una severa crítica de la partitocracia demoliberal y postulado dos cámaras, una de ellas «sindical o profesional»22. Y fue Fernando de los Ríos quien acuñó en 1917 la rigurosa expresión «democracia orgánica»23, luego ridiculizada por los más ignaros de la última generación de su partido.

El organicismo de Fernando de los Ríos estaba en la línea del británico cuyos principales representantes fueron A. J. Penty con su libro The restoration of the guild system (1906), S. G. Hobson con Guild principles (1908), A. R. Orage con National Guilds (1914), y que desarrolló G.D.H. Cole en Guild socialism restated (1920), obra capital del organicismo socialista24.

Ossorio y Gallardo ha tratado de explicar con harta reiteración su evolución desde la democracia cristiana al maurismo, luego al monarquismo sin rey, después al republicanismo moderado y, finalmente, al servicio de la dictadura roja. Un legado de su etapa democristiana fue el organicismo que formuló nítidamente en unas bases de reforma del Senado para que «la representación orgánica de España sea más eficaz y auténtica25. Su iniciativa de 1930 era «llevar al Senado la representación de las entidades agrarias, productoras y comerciales, intelectuales y obreras»26. Este es el texto de la base propuesta: «Los 180 senadores electivos establecidos por el artículo 20 de la Constitución serán elegidos en la proporción y por las Corporaciones que a continuación se expresa: Uno por cada una de las Academias de la Lengua, de la Historia, de Bellas Artes, de Ciencias exactas, físicas y naturales; de Ciencias morales y políticas, de Medicina y de Jurisprudencia y Legislación. En esta última sólo tendrán derecho electoral los académicos profesores. Uno por cada una de las Universidades de Madrid, Barcelona, Granada, Oviedo, Salamanca, Santiago, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza. La de Murcia se sumará a la de Valencia, y la de La Laguna a la de Sevilla, aunque las elecciones en La Laguna se efectuarán en su sede el mismo día que en la cabecera del distrito universitario. Tres en cada una de las provincias españolas, por las Corporaciones agrarias, las industriales y comerciales y las obreras. Uno por las Corporaciones intelectuales y de profesiones liberales constituídas en las regiones siguientes: Cataluña, Valencia y Murcia, La Mancha, Aragón y Navarra, Vasconia, Castilla la Vieja y León, Castilla la Nueva, Galicia, Asturias, Extremadura, Andalucía, Baleares, Canarias. Con estas entidades votarán las Sociedades Económicas del país»27. Poco después, escribía con cierta ambigüedad: «¡Arriba la democracia orgánica! Es ahora el grito de moda. ¡Naturalmente!»28. Pero cuando al final de su vida evocó su presidencia en la Comisión Asesora, sin renunciar a la autoría de la exposición de motivos, apuntó una rectificación: «la guerra suscitada en 1936 ha modificado sustancialmente algunos de mis propósitos y me ha obligado a orientar más hacia la izquierda mis juicios iniciales»29.

Alcalá Zamora había asistido a la reunión del pleno de la Comisión Asesora que aprobó el anteproyecto de Constitución orgánica y, consecuente con su convicción quizás de raigambre democristiana, defendió reiteradamente el bicameralismo cuando las Cortes de la II República discutieron el proyecto de Constitución. Su discurso del otoño de 193130 quizás sea el más importante de los suyos desde el punto de vista doctrinal. Perdió la votación y acusó a los diputados de derechas, que se habían retirado del Parlamento, de no haberle apoyado para impedir el triunfo del unicameralismo que preconizaban los socialistas31. La supresión del Senado se decidió por 150 votos contra 100 en la sesión de 27 de octubre de 1931.

Confluyeron, pues, en el anteproyecto el riguroso organicismo krausista y el accidental democristiano.



4. Conclusión. Pérez Serrano, recién promulgada la Constitución republicana, se atrevió a preferir el texto organicista de Ossorio y Posada: «El Anteproyecto era una obra seria, correcta, congruente, de perfil no muy extremo en radicalismos, pero absolutamente respetable y quizás más armónica de líneas, y más sistemática en su orientación que el proyecto redactado después por la Comisión Parlamentaria»32.

Sólo una ignorancia supina de la historia de las ideas políticas explica que algunos identifiquen la representación corporativa con Mussolini o con Salazar. En su origen, la II República española estuvo muy cerca de constituirse como una democracia orgánica.

La cámara corporativa que proponían los organicistas republicanos habría frenado la radicalización revolucionaria que condujo a la guerra civil.



G. Fernández de la Mora





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