LIBROS: La
capture. De Gaulle à Donaumont. 2 mars 1916
AMIOT,
Yves: La Capture. De Gaulle à Douaumont. 2 mars 1916,
ed. Ulysse, Burdeos 1997, 184 págs.
El 1.° de marzo de 1916, apenas entrada la noche, la
10.ª Compañía del 110.° Regimiento de Infantería
francés toma a su cargo el sector Oeste de la villa o,
más bien, las ruinas de la villa de Douaumont, relevando
a la 12ª. Compañía que había sostenido la posición
durante cuatro días y sus noches. La 10.ª Compañía
está al mando del capitán Charles De Gaulle. Estamos en
plena batalla de Verdún; la infortunada villa devastada
es inmediata a la fortaleza que lleva su mismo nombre:
Douaumont. Ha sido ocupada por los alemanes tras furiosa
embestida y el mando francés ha debido instalarse en las
ruinas de la villa, particularmente en las de su iglesia.
Un día después, el capitán De Gaulle rinde la unidad
de su mando, que es desarmada y él mismo internado
primero en la fortaleza de Osnabrück y luego en la de
Ingolstadt, hasta el fin de la guerra.
Este episodio se desarrolla dentro de un marco dominado
por la consigna del General Pétain quien, en la villa de
Verdún, donde acaba de tomar el mando, ha dictado el 28
de febrero, una orden con reminiscencias napoleónicas:
«Francia tiene los ojos puestos en vosotros. Ella cuenta
una vez más con que cada uno cumplirá su deber hasta el
fin». Esta orden no es retórica: señala Amiot que en
cumplimiento de la misma fueron dados de baja generales y
fusilados por sus soldados oficiales que no la
cumplieron. Más aún, miles de soldados murieron
convencidos de que en Verdún se jugaba la suerte de
Francia.
La trayectoria política posterior del General De Gaulle
mantuvo el episodio si no oculto, al menos considerado
con suma discreción y no fue nunca mencionado por el
personaje involucrado, excepto en las cartas escritas
entonces a su padre y a su hermana desde Osnabrück.
Amiot resuelve ir al fondo del episodio y el resultado es
un trabajo serio, fundado en documentos y testimonios.
Tiene en cuenta no sólo las citadas cartas del propio De
Gaulle, sino que analiza a la luz de ellas las dos
menciones de guerra a su favor que -lo demuestra- no se
ajustan a los hechos y que, sin embargo, le valieron
altas distinciones. Ha investigado en los archivos
militares de la época, en el Diario de Marcha y
Operaciones de la unidad del Capitán De Gaulle y en las
publicaciones más importanes. Así, el artículo de
Raymond Tournoux, publicado en la revista «Historama»
en 1976, que levantara resistencias que obligaron al
autor a decir que «entendía no haber tomado partido».
También la publicación de una recopilación de
documentos bajo el título Lettres, Notes et Carnetes del
General de Gaulle (ed. Plon), cuyos dos primeros tomos
incluyen documentos relativos a los hechos del 2 de marzo
de 1916. Luego el artículo de su hijo, Philippe De
Gaulle en la publicación En ce temps là, De Gaulle, no.
6. Finalmente la biografía escrita por el periodista
Jean Lacouture (Le Rebelle)
Son de especial importancia los testimonios del soldado
Samson Delpech, que fue hecho prisionero en la misma
oportunidad, y el teniente Paul Casimir Albrecht, del
19.° regimiento de la 6.ª división del ejército
alemán, que fue a quien se rindió De Gaulle. Este
testimonio fue recogido en tiempo muy posterior a los
hechos, después de la segunda guerra mundial.
Para Amiot ningún testimonio es válido a priori. Sus
conclusiones finales van más allá de la confirmación
del episodio militar en sí mismo. «Rendición,
encarcelación, adulteración» - no vacila en emplear la
palabra- «pueden ser así el origen, la matriz y el
pivot de un destino», concluye después de analizar la
influencia que el episodio y su manejo posterior pueden
haber tenido en la conducta del personaje, fruto de una
autojustificación con vistas a más altos destinos. Así
explica que nunca haya querido hablar del hecho, ni en su
mayor intimidad (su hijo lo confirma), y que guardara
silencio cuando aparecía algún discreto cuestionamiento
público. También explica -y aquí Amiot entra, como no
puede ser de otra manera, en el campo de la hipótesis-
la natural tendencia del personaje «a los bruscos
virajes y sobre todo a los renunciamientos súbitos, esa
tentanción permanente de abandonarlo todo», y «esta
suerte de delectación morosa frente al fracaso».
Poco después de la aparición de este libro de Amiot se
cumplieron 30 años de la agitación estudiantil que tuvo
tanta influencia en el futuro de Francia.
Entonces De Gaulle no sólo habló de la posibilidad de
renunciar -al referirse a un vago proyecto de escrutinio-
sino que hizo un viaje secreto al Comando de las tropas
francesas en Alemania, en Baden Baden, donde el General
Massu lo convenció para que retornara a tomar las
riendas de la situación, cosa que hizo, pronunciando el
célebre discurso que hizo salir a la mayoría silenciosa
a la calle, colmando históricamente los campos Elíseos
y derrotando la revolución anarquista la sola presencia
de la patriótica multitud. Sin embargo, tiempo después,
se jugó su cargo en un plebiscito sin mayor
trascendencia.
Uno no puede menos que tener presente las conclusiones de
este libro al pensar en su salida de Francia ante la
derrota de 1940, para ponerse al amparo de las potencias
estranjeras cuando lo dificil era quedarse soportando la
presencia del enemigo triunfante pero junto al pueblo
francés en el amargo trance.
Juan María BORDABERRY
|