LIBROS: La vida
de la acción
MEDRANO,
Antonio: «La vía de la acción» Ed. Yatay. Apartado
252, Majadahonda. Madrid, 1998, 335 págs.
Antonio Medrano es un intelectual serio. De su penultima
obra Magia y misterio de liderazgo, dijo Ricardo de la
Cierva que «en ambientes como el de los Estados Unidos o
el de Alemania, sería un libro de éxito fulminante».
El hacer justo y correcto frente al desorden activista,
tal es el subtítulo que da idea del libro. Una denuncia
razonada del desorden activista que caracteriza a la
sociedad actual y que se acentúa con una aceleración
preocupante, cayendo en el hiperactivismo frenético que
aliena.
El fanatismo de la actividad, como acertadamente titula
Medrano uno de sus capítulos. «En él se compendian
casi todos los males que sufrimos en nuestra vida
cotidiana y en él está también la raíz de la mayoría
de ellos» (pág. 57). Esta actividad, a la que se sigue
ciegamente como modelo de obligado cumplimiento, y que
desconecta del ser.
El autor trae a colación argumentaciones que apoyan sus
tésis, basandosé en Camoens por ejemplo, para quien la
era activista constituye una edad del hierro, alejada de
la edad de oro. palabras proféticas las del genial luso.
Acertadamente señala Medrano la similitud de mensaje
entre Os Lusiadas, el Quijote, obras contemporaneas.
Diatriba tambien la de nuestro Cervantes contra el
activismo y sus efectos destructores.
Incide el autor en un gravísimo problema de nuestra
época: la violencia. «No hay parcela de la vida social
que no se vea invadida por la violencia. Se extienden
como males endémicos la rebeldía, la insubordinación,
la falta de respeto, la furia destructiva, el afán
corrosivo de brutalidad, la maldad
, la crueldad»
(pág. 111). No puede negarse que la temática de las
peliculas que se ven en el cine o la televisión
contribuye a acelerar esa violencia.
El autor desmitifica el tópico de que con la democracia
liberal el mundo hubiese encontrado el secreto de la paz
perpetua, y el tan manido «fin de la historia». La
sociedad norteamericana, paradigma de ese «fín de la
historia», y de la civilización hiperactivista, padece
el mayor índice de violencia, con intensidad desconocida
hasta hoy.
La obsesión por el cambio: el cambio por el cambio, el
mero hecho de cambiar es valorado como algo positivo. Y
aquí radica, como expone el autor, uno de los males de
nuestra época.
Analiza el autor el culto por la acción característico
también de los
ideólogos nazis y de los neopaganos, el culto al
guerrero, y al hombre productivo, la explosión de furor
activo del nacionalismo (pág. 207). Acertadamente
Medrano ve la componente vitalista como el rasgo más
determinante de la ideología nazi. Ideología
biológica, materialismo biológico. En el activismo
comunista ve el extremo del fanatismo activista donde el
marxismo-leninismo eleva la actividad al nivel de fuerza
forjadora de la verdad. El marxismo-leninismo cree que
tanto la inteligencia como la verdad son, en el fondo, un
producto de la actividad práctica.
«A la vista de los dos ejemplos citados, el
nacionalsocialista y el comunista, podemos comprobar que
la aberración activista no se da nunca sóla; va siempre
unida a una errónea concepción de la vida y del hombre,
que se manifiesta en otros muchos aspectos no menos
deplorables» (pág. 216)
El autor considera, a nuestro juicio acertadamente, que
se impone llevar a cabo, para afrontar esa hiperactividad
destructora, el penetrar en el castillo interior a que
nos incita Santa Teresa, ese castillo en que la Doctora
de la Iglesia ve los inmensos tesoros que encierra.
Frente a ese
hábito y afán de exterioridad, que
deviene en bestialidad» (pág. 273).
Un alegato fuerte contra la agresividad, la
hiperactividad, y la trivialidad de gran parte de la
sociedad actual.
Angel MAESTRO
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