Libertad y reunificación

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LIBROS: Libertad y reunificación . nº 92

Comentarios de A. Landa al libro de K. Jaspers.

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LIBROS:Libertad y reunificación

JASPERS, Karl: Libertad y reunificación, trad. esp. ed. Universidad, Salamanca 1997, 138 págs.

Carlos Jaspers (1883-1969), doctor en medicina, se especializó en psiquiatría; pero a partir de 1920 se consagró a la filosofía. Entre sus obras destacan su tratado Philosophie (1932), Existenzphilosophie (1938), y Einführung in die Philosophie (1950) que, como la mayor parte de sus libros, han sido traducidos al español. Ahora se vierte a nuestra lengua Freiheit und Wiedervereinigung (1960), volumen en el que recogió ocho artículos y una entrevista.
Después de su ruptura con Heidegger, fue anticipadamente (1937)
jubilado en su cátedra de Heidelberg, que le fue devuelta después de la derrota alemana. Entonces, Jaspers no regateó intervenciones en política y publicó su famoso opúsculo Die Schuldfrage (1946) en el que proclamaba la culpabilidad del pueblo alemán por su participación en los hechos del III Reich. Esta posición le granjeó la simpatía de las potencias occidentales de ocupación y de las fuerzas políticas que configurarían la nueva República Federal de Alemania. Jaspers continuó tratando de la cosa pública en una serie de libros entre los que destaca Wohin treibt die Bundesrepublik (1966). En esta obra publicada a los 86 años, poco antes de su muerte, el filósofo expresó sus reservas hacia el nuevo régimen y formuló una de las más severas críticas de la partitocracia que se han hecho en la Alemania postbélica (Vid. Jaspers contra la partitocracia en «Razón Española», núm. 78, julio de 1996, págs. 69 y ss).
En los artículos que ahora traduce J. Franco, el autor permanece bajo el influjo de la bipolaridad entre Washington y Moscú, y propone la marginación de la reunificación, que considera «tarea absolutamente imposible». Incluso piensa que la reunificación «podría ser un estorbo» para los alemanes del Este. Jaspers se resigna a «aceptar las consecuencias territoriales, las expulsiones, los traslados de población y la escisión». Sus esperanzas de mejora para los alemanes orientales las cifra en un enfrentamiento ruso con China o en la evolución del totalitarismo soviético hacia un simple despotismo. «Si los americanos se van -añade- estamos perdidos».
En su pesimismo, Jaspers niega la existencia de una conciencia nacional unitaria y que la nación tenga un significado político. A su juicio, el «Estado nacional constituye hoy el mal del mundo».
Lo más actual de estos rancios artículos ocasionales es que Jaspers reitera su crítica de la partitocracia: hay que «liberarse, al menos en parte, de la dictadura de los partidos» (p. 82) cuya «degeneración» denuncia porque son «meras organizaciones de lucha por el poder que maniobran sin escrúpulos». Jaspers previene contra lo que considera las malas tentaciones alemanas: «la locura pseudocientífica», el «sentirse seguros de sí mismos», «el placer de someterse ciegamente».
Casi todo ha sucedido de modo diverso al calculado por Jaspers. Los alemanes se han reunificado, el comunismo se ha desplomado por sí solo, está renaciendo una conciencia nacional alemana y se ha constituido un
IV Reich sobre las clásicas virtudes germanas de la disciplina, el trabajo y la ciencia. Y en el Este y el Sur la penetración económica alemana sustituye a la meramente política o militar de antaño.
A casi cuarenta años de distancia, la lectura de estos textos resulta más bien triste porque demuestra que el escritor careció de perspectiva histórica, que es lo primero que debe exigirse a un filósofo.

A. LANDA




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