LIBROS: The end of democracy?, .
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LIBROS: The end of democracy? . nº 91

Comentarios de G.F.M. al libro de Richard J Neuhaus

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LIBROS: The end of democracy?

Neuhaus, Richard J.: et al: The end of democracy?, ed. Spence, Dallas 1997, 290 págs.

Este es un libro fundamental para informarse acerca del problema más radical con que se enfrenta la sociedad norteamericana: la opción entre puritanismo y hedonismo, es decir, entre la tradición moral, que se remonta a los fundadores, y el escéptico permisivismo que se trata de imponer, sobre todo, desde el fin de la segunda guerra mundial. La decisión no depende sólo de la opinión pública y de las minorías que la configuran, sino muy especialmente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Esta afirmación sólo podrá sorprender a quienes ignoren que el original sistema político estadounidense no es un simple presidencialismo, sino un régimen en el que el decisivo árbitro es el Tribunal Supremo con inapelable poder para rechazar leyes y para convertirse en legislador fundamental mediante una interpretación "innovadora" de la enjuta Constitución de los EE.UU. La efectiva soberanía se encuentra en los nueve magistrados vitalicios que nombra el Presidente americano, más exactamente, en los cinco que constituyen la mayoría. Cinco de esos hombres, que en los primeros tiempos de Roosevelt tenían un talante conservador, impidieron parte del programa socialistizante del líder demócrata. Ultimamente, cinco de esos hombres, ahora de ideología radical, han impuesto el aborto libre, las parejas de homosexuales, el suicidio médicamente asistido, e incluso han llegado a rechazar leyes no federales, a condenar las manifestaciones anti-abortistas y la enseñanza de la religión en las escuelas.

Esta inclinación del Tribunal Supremo hacia la ideología de la izquierda radical ha coincidido con la llamada revolución conservadora, o sea, con el fortalecimiento de un movimiento de minorías y de masas, que rompió el monopolio intelectual que había ejercido la izquierda durante décadas y llevó a Reagan al poder. Tal contradicción está creando una creciente tensión académica y social.

Los conservadores tradicionales, como R. Kirk, también llamados paleoconservadores, los conservadores católicos, como R. Neuhaus, también llamados teoconservadores, y los izquierdistas desengañados, como I. Kristol (muchos de ellos judíos), llamados neoconservadores, a los que se han adherido varias confesiones protestantes, han constituido una prestigiosa coalición intelectual que se opone a la dictadura izquierdista, siempre encabezada por el rotativo "New York Times", y propugnan una restauración de la conciencia moral norteamericana.

Un momento capital de esta batalla fue el simposio que sobre el posible final de la democracia norteamericana organizó en noviembre de 1996 la importante revista mensual First Things (el último número es el 85) que dirige el antiguo pastor luterano, luego convertido al catolicismo, Richard John Neuhaus. Es una inteligente y pugnaz publicación de gran difusión que reune a cristianos de diversas confesiones, judíos y también agnósticos, en la compartida tarea de restaurar los valores éticos fundamentales.

Las conclusiones principales del simposio fueron que la democracia norteamericana corre peligro porque la mayoría de los actuales jueces del Tribunal Supremo ha usurpado el poder político y está imponiendo una moral que contradice el espíritu fundacional de la Constitución norteamericana y la conciencia de la mayoría de la sociedad, hasta el punto de que ya se plantea la cuestión de la ilegitimdad de ciertas sentencias y, a la larga, la ilegitimidad del régimen en su conjunto. Algunos ponentes aludieron a la desobediencia civil y aún a la resistencia activa. El simposio desencadenó una gran polémica nacional en la que intervinieron importantes columnistas y los editores de las publicaciones intelectualmente más activas. La propia "Firts things" tuvo problemas pues tres de sus colaboradores dimitieron. En este volumen se reproducen treinta trabajos, unos a favor y otros discrepantes, entre los que destacan los de los profesores

H. Arkes, P.L. Berger, W. Berns, R.H. Bork, C.W. Colson, R.P. George, M.A. Glendon, R. Hittinger o G. Weigel, así como intelectuales tan destacados como W.F. Buckley, W.J. Bennet, Ch. W. Colson, S. Francis, J. Heilbrunn, G. Himmbelfarb, W. Kristol, N. Podhoretz o I.M. Stelzer. Las cien últimas páginas corresponden al trabajo de Neuhaus titulado "Anatomía de una controversia" en el que resume el largo debate, contesta las objeciones, y aporta en un apéndice toda la reciente bibliografía (237 fichas).

Las propuestas para evitar la usurpación judicial de la política son numerosas. La más destacada es la del eminente jurista Bork quien propone que, en ciertos casos, las decisiones de los Tribunales puedan ser revocadas por el voto mayoritario del Congreso y del Senado, que son los representantes del pueblo. Pero se presentan otras recetas: la reforma constitucional con preceptos éticos, la destitución de magistrados, la limitación de su jurisdicción, la reducción de los mandatos, la exigencia de mayorías cualificadas de dos tercios o de la unanimidad de los nueve magistrados, etc.

Aunque los autodenominados "liberales", que son la izquierda estatista, igualitaria y permisiva, afirmen que el simposio de "Firts things" sólo ha servido para suscitar divisiones en el seno de la corriente conservadora y para provocar a los adversarios, lo cierto es que se ha consolidado la denuncia de la usurpación de la política por parte del Tribunal Supremo, y se está removiendo la abulia de la mayoría silenciosa ante su marginación y ante la subversión de valores morales. El sistema institucional norteamericano ha sido puesto en cuestión y la , hasta ahora, triunfal marcha del permisivismo hedonista tropezará con obstáculos.

La historia demuestra que los imperios y civilizaciones se derrumban a causa de anemias éticas: así Egipto, Macedonia, Roma, el Califato, el Sacro Imperio y tantos otros hasta la URSS. No es posible que los Estados Unidos asuman la necesaria responsabilidad de "protector" planetario si prosigue la disolución de su conciencia moral.

G.F.M




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