LIBROS: Jóvenes hegelianos. Textos sobre cuestiones histórico-políticas.
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LIBROS: Jóvenes hegelianos. Textos sobre cuestiones histórico-políticas. nº 91

Comentarios de Diego Arnedo al libro de Jaime Franco Barrio.

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LIBROS: Jóvenes hegelianos. Textos sobre cuestiones histórico-políticas

Franco Barrio, Jaime: Jóvenes hegelianos. Textos sobre cuestiones histórico-políticas, ed. Libertarias, Madrid 1997, 190 págs.



Jaime Franco ha seleccionado, traducido, e interpretado en un documentado y pedagógico estudio preliminar seis textos de "jóvenes hegelianos" alemanes, datados entre 1840 y 1843. Se incluye en tal corriente a escritores —más bien periodistas— que trataron de llevar el hegelianismo hacia la izquierda política.

Los ignorantes creen que la llamada "izquierda hegeliana" era un movimiento socialistizante del que brotaría Marx, entre otros. Es un burdo error. Las primeras disensiones dentro del hegelianismo se produjeron en torno a la cuestión religiosa. El maestro había sido ortodoxo respecto al cristianismo protestante y sostuvo la coincidencia entre la razón y la fe. A la muerte de Hegel en 1831, la escuela se dividió en una derecha que admitía la historicidad del Nuevo Testamento (es el caso de Bruno Bauer, sin embargo proscrito), y una izquierda que afirmaba el carácter mítico y simbólico de la narración bíblica (es el caso de David F. Strauss, autor de la famosa Vida de Jesús, publicada entre 1835 y 1836). El propio Strauss acuñó la dicotomía "derecha" e "izquierda" hegelianas e incluso sugirió la existencia de un "centro" que aceptaría la historicidad de algún relato evangélico. La terminología no tuvo, pues, en su origen una significación política, sino teológica.

El primer texto es un panfleto de Carl F. Köppen (1775-1858) en el que presenta a Federico II de Prusia como la encarnación de la Ilustración francesa y llega a afirmar algo tan falso como que con él "reina la voluntad general". En el fondo, el monarca prusiano es utilizado como pretexto para atacar al absolutismo y fomentar las revoluciones de 1848 (Narváez consiguió evitar que se extendieran a España).

El segundo texto es un ensayo de Arnold Ruge (1802-1880), escritor que a causa de su radicalismo pasó parte de su vida en el exilio. Se presenta como una recensión de la obra del barón Gegern, Crítica del Derecho Internacional (1840); pero es un intento de sacar a Hegel del ámbito "abstruso" de la especulación y traerlo a la Historia concreta y a la ideología progresista. Ruge hace una crítica fundamental de los absolutismos hegelianos: "no hay ningún poeta absoluto, ningún filósofo absoluto : tampoco una religión absoluta o un saber y conciencia absolutos", todo es relativo a la Historia. Hay, además, una crítica a los esquemas hegelianos de la monarquía hereditaria y de la representación orgánica o estamental.

El tercer texto es otro ensayo de Ruge donde acusa a Hegel de situarse al margen de la Historia para no tener que pronunciarse en contra de lo establecido. Pero lo cierto es que, de hecho, Hegel apoyó el Estado prusiano de su tiempo hasta casi convertirse en el filósofo oficial, y Ruge no se atreve a reconocerlo.

Tres breves artículos de otros tantos autores escasamente significativos completan la selección.

Aunque Köppen escribió algún libro filosófico, la densidad metafísica de los jóvenes hegelianos es escasa o nula. Fue un grupúsculo de muy corta existencia y de muy indirecta efectividad política. Su vago radicalismo liberal ni siquiera fue un precedente para Marx. Su interés, casi exclusivamente erudito, estriba en haber extendido a la política las escisiones que la religión produjo en el hegelianismo.



Diego Arnedo




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