LIBROS: Diario de la guerra de España
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LIBROS: Diario de la guerra de España

Comentarios de J.L. Núñez al libro de Priscilla Scott-Ellis

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LIBROS: Diario de la guerra de España

Scott-Ellis, Priscilla: Diario de la guerra de España, trad. esp. ed. Plaza y Janés, Barcelona 1996, 280 págs.



La autora (1916-1983) era una aristócrata británica que, a los 21 años, decidió servir como enfermera en el ejército nacional, a pesar de su casi nula preparación profesional. Ahora se publica la traducción española de un extracto de su diario (del 18-X-1937 al 31-V-1939).

El hilo conductor de su narración son sus relaciones casi constantes con el infante Alfonso de Orléans y Borbón, que sirvió como aviador a las órdenes de Franco y que llegó a teniente general, con la esposa de éste, Beatriz, y con los tres hijos del matrimonio: Alvaro, Ataulfo y Alonso, todos combatientes del ejército nacional, y el último muerto en el frente.

En la narración alternan la descripción de los hospitales de campaña y la intensa vida social de la autora entre miembros de la realeza. El interés histórico de estas páginas íntimas, superficiales y frívolas, es mínimo. Sólo muy de tarde en tarde aparece un testimonio digno de mención. Por ejemplo: "Lo que realmente me enfada es escuchar las noticias inglesas en la radio, que es claramente roja y miente … Estoy furiosa con mi país" (p. 43).

También merece ser transcrita esta realista descripción de las checas de Barcelona: "Son una serie de habitaciones hechas específicamente con todo tipo de detalles para enloquecer a la gente. Los suelos están construidos de modo que los pies no pueden acomodarse por una complicada serie de ladrillos en forma de T; las paredes han sido levantadas de forma que uno no puede sentarse o tumbarse y están pintadas con extraños círculos y cuadrados bien calculados para herir la vista. Los prisioneros tenían atadas las manos, y sus ojos se mantenían abiertos con una especie de bastos monóculos, y los colocaban frente a una poderosa lámpara. A otros prisioneros los ponían debajo de goteras, con el continuo sonido de campanas o rodillos; otros eran obligados a mantenerse quietos en una incómoda postura, de nuevo frente a la luz. Naturalmente, los instrumentos con los que quitaban las uñas de la gente y les arrancaban los ojos, etc., no estaban allí, aunque hay mucha gente que ha visto cómo lo hacían. Parece increíble que hoy en día se pueda realizar este tipo de cosas y que gobiernos civilizados como el inglés cierren los ojos y envíen dinero y ayuda a los instigadores".

La autora tuvo el infortunio de casarse con un aventurero aristócrata español y biógrafo de Juan Carlos I —J.L. de Vilallonga— que la abandonó y la entregó a una vida muy azarosa, incluso de temporal penuria.



J.L. Núñez




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