Naturaleza y cultura (2)
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Naturaleza y cultura (2)

Por A.T. de Nicolás

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Naturaleza y cultura (2)

3. La crianza. Hasta aquí, los genes han contribuido a la formación del cerebro en calidad de socios mayoritarios. Pero tan pronto como los axones o cilindroejes establecen sus primeras conexiones, las células nerviosas empiezan sus incesantes disparos. El cerebro humano necesita cuadrillones de conexiones a pesar de que el DNA humano sólo tiene cien mil genes.

En un principio, estos cilindroejes no son más que un montón de fibras, pero apronto se organizan para formar, por ejemplo, el sistema visual, en planos y columnas que distinguen la división entre el ojo derecho y el izquierdo. Si esta actividad neural no se activa, como se ha hecho en experimentos con gatos bloqueando la actividad neural en el embrión, las neuronas que conectan la retina del ojo con el cerebro no llegan a formar la geometría que organiza el ojo-derecho-ojo-izquierdo y, por lo tanto, nacieron ciegos. Sin embargo, bloqueos en una región neural, pueden producir enorme actividad en otra, compensando de esta forma y ampliando los "patrones" matrices o cerebros. Esto prueba que la naturaleza, por muy poderosa que sea, requiere la crianza, y al revés. La formación de los cerebros humanos no depende sólo de la calidad de los padres, sino también de la calidad y repetición de experiencias a través de las cuales los cerebros se forman.



4. Cerebro infantil. El niño, al nacer, ya es capaz de oír, ver, oler, responder al tacto. La región que controla funciones vitales como el respirar y el latido del corazón, el cerebro reptílico, ya ha concluido la formación de su red y está listo para funcionar. En los otros cerebros las conexiones son débiles, pero explotan a continuación con nuevas sinapsis. Las dentritas y cilindroejes se van esparciendo por los cerebros igual que árboles. A los dos años, el cerebro del niño contiene el doble de sinapsis y consume dos veces más energía que el cerebro de un adulto normal. Estos son los años cruciales y los que nos marcan y definen de por vida. Entre el nacimiento y los siete años, se desarrolla el cerebro; el cerebro límbico no empieza a desarrollarse hasta pasado el primer año y se forma hasta los once, sinapsis que no se han desarrollado y conexiones no logradas quedan eliminadas irreversiblemente; y empieza la formación del cerebro mimético izquierdo (simbólico) o digital desde los site hasta el final. Los lóbulos prefrontales no empiezan a abrirse hasta los quince años, y aun más tarde, y en muchos casos no se abren nunca (Colavito, 1995).

Lo que forma las redes de estos cerebros, o en muchos casos las reforma, es la experiencia repetida. La extensión de la mano del niño, la mirada intensa localizando un objeto, una cara, el oído atento a la canción de la madre, ejercicios como estos disparan por el cerebro en formación circuitos de neuronas tan bien definidos y tan visibles como la marcha de un topo socabando túneles. Y todo esto dentro de un horario casi fijo: a los dos meses los infantes pueden alargar la mano y tocar objetos cercanos; a los cuatro meses, el niño ya tiene visión de fondo y binocular; a los doce meses los centros de aprendizaje y memoria del lenguaje materno están ya en su lugar.



5. Las ventanas de maleabilidad. Cuando los cerebros no reciben el estímulo necesario y en momentos oportunos, dentro del espacio abierto por esas "ventanas de maleabilidad" (Gazzaniga, 1992), los cerebros o no se desarrollan, o el sistema los aniquila. La responsabilidad materna en la crianza y la de los poderes políticos en establecer programas pre-escolares oportunos para adaptarse a este horario interno del cerebro en desarrollo es plena. Son los padres, y en particular la madre (cuya imagen física lleva el niño impresa al punto mismo de nacer) los encargados de mantener y avivar el circuito neural que regule las reacciones del niño a la tensión y estimulación exterior. En la niñez se desarrollan cerebros extraordinariamente afinados para percibir peligro: a la menor amenaza sus corazones diminutos palpitan a ritmo acelerado, las hormonas de tensión incrementan su actividad, y sus cerebros buscan la pista no verbal que les preavise del próximo ataque. Si la agresión al niño es repetida, los resultados son fatales y duraderos. Dado que el cerebro se desarrolla consecutivamente, los cerebros primarios son no sólo afectados sino que el efecto es permanente.

Y lo mismo ocurre con la privación emocional temprana. Los más marcados por el trauma de la guerra civil española, somos los niños que en aquellas fechas teníamos cuatro o cinco años, y cada uno de nosotros en la ventana de maleabilidad que se estaba abriendo en aquella fecha, el sistema límbico. Hijos de madres diagnosticadas con depresión siguen en sus cerebros los episodios de depresión materna, según experimentos llevados a cabo en la Universidad de Washington midiendo las ondas cerebrales de los niños. Madres que se muestran distantes, irritables o impacientes con sus hijos producen hijos tristes. Madres que conseguían superar su melancolía y regalaban a sus bebés con cariño, atenciones y juegos afectuosos, producen hijos de una actividad cerebral más alegre.

¿Cuándo es tarde para reparar estos daños iniciales? Por un período de tiempo el cerebro del niño perdona fácilmente. Si la madre, por ejemplo, sale de la depresión antes de que el niño cumpla un año, la actividad del lóbulo frontal (asiento de la alegría y el goce) aumenta considerablemente. Esta capacidad de regeneración disminuye rápidamente a medida que el niño se va haciendo mayor. La biología y la crianza han de coincidir en mutua fecundación cuando ambos son maleables, cuando las ventanas de maleabilidad están abiertas, es decir, cuando cierto tipo de sensaciones han de tener lugar para que la bio-cultura abierta pueda crear o estabilizar ciertas estructuras con carácter perenne. Y lo mismo sucede con el aprendizaje del lenguaje. Un idioma nuevo es fácil de aprender para el niño hasta los seis años. La maleabilidad cerebral para aprender la sintaxis se suele cerrar entre los cinco y seis años, mientras que para aprender palabras nuevas la maleabilidad parece ser constante. Como adultos aprendemos nuevos idiomas, pero ya no límbicamente sino con el cerebro del hemisferio izquierdo del neocortex. (Lo mismo sucede con el aprendizaje de las ideologías, cualquier abstracción sin base biológica —o entidades del segundo grado de abstracción— la duración depende de cuál es el cerebro que las aprendió).

Los tres cerebros iniciales concluyen su impulso de desarrollo a los diez años (Pearce, 1992) cuando el balance entre la creación de sinapsis y la atrofia se acaba. Durante los años que siguen, el cerebro destruye sin compasión las sinapsis más débiles, conservando sólo aquellas que han sido transformadas en realidad cerebral por experiencias. Hacia los dieciocho años, el cerebro declina en plasticidad, pero incrementa en poder. Talentos y tendencias latentes que han sido cultivadas están listos para brotar. Es como la obra de arte del escultor o de la modista. El potencial para llegar a ser un genio puede estar inscrito en los genes, pero que ese potencial llegue a realizarse, como el don de las matemáticas o de la música, depende de estructuras grabadas por experiencias en los años críticos iniciales. Y lo mismo se aplica a la mente del criminal, del santo, etc.

A partir de los once años, el cerebro del hemisferio izquierdo del neocortex empieza a funcionar en gran escala. Desde los siete ha ido ya

creando las bases de su independencia. Pero a partir de este momento el desarrollo cerebral es todo suyo, y consecuentemente, del otro cerebro del lado izquierdo "el módulo intérprete" (Gazzaniga, 1987). Este cerebro tardío recibe información de los otros cerebros, pero en la práctica es el hereje del grupo. La Dra. Colavito lo dice así en el libro citado. Tiene tendencia no a traducir sino a dominar, no a saber sino a manipular, no a amar a cerca sino a conocer a distancia. Pero esta distancia es también común a cada uno de los cerebros, ya que están dotados de un sistema de dilación que les permite reflexionar sobre sí mismos. Este mecanismo de dilación no sólo permite la reflexión propia y la construcción de biografías, sino que objetiva nuestras reflexiones hasta convertirlas en lo que conocemos como historia o cultura. La cultura personal o histórica, es uno de los cerebros dominantes en el individuo o individuos. La línea divisoria, la que realmente nos define es la bio-cultura que usamos predominantemente para vivir, amar, contar, saber o leer este artículo.

La fórmula final es "así como la ontogenia recapitula la filogenia, así la filogenia recapitula la cultura". Es decir, así como el desarrollo individual del organismo recapitula el desarrollo evolutivo de la especie, de esa misma forma la evolución de la especie está impresa en nuestras culturas.



6. Consecuencias. Las notas que siguen no son mas que un esbozo.

La ciencia y la epistemología vuelven a estar unidas. Y aunque llevará tiempo formular el contrato de esta nueva unión es obvio que los modelos matemáticos que no incluyan el elemento biológico-cultural, van a tener que ser remodelados. La filosofía ha de corregir la obstinada persecución de Platón. Su distinción entre acciones que crean el icono exacto, la imagen verdadera como semblanza y copia del original, y las que crean el "simulacrum" o conceptos sin semblanza o copia, sino con la arbitrariedad de lo no semejante, es un eco epistemológico arcano de una verdad siempre presente, la división en los cerebros humanos entre los actos del hemisferio derecho del neocortex y del izquierdo. Y no procede la adoración del segundo grado de abstracción de Aristóteles, tan útil para las ideologías, pero sin una célula biológica que resucitar.

Los cinco cerebros somos todos nosotros. Ninguno sobra, son los invitados al banquete vital, y toda preponderancia de un cerebro sobre los otros es puro imperialismo cultural o biológico.

¿Y la ética? ¿Cómo es posible cancelar una vida ya en progreso, límbicamente unida a la familia, al pueblo y empezar a vivir un código abstracto de leyes y reglas que no nos afectan límbicamente hasta que no las rompemos? Es verdad que el corazón límbico no está enamorado a todas horas, pero también es verdad que la ética cerebral es insostenible sin la unión límbica.

¿Y la política? ¿Es posible "sentir" la Unión Europea, estando al mismo tiempo enamorado por ejemplo de Francia? ¿Qué hacemos con las uniones límbicas de pueblo, nación, bandera? ¿Estamos buscando una unión de todos, o al contrario, una unión cerebral a pesar de todos? Como los cinco cerebros individuales no estén representados en las uniones políticas, no podemos hablar ni de democracia ni siquiera de res publica.

¿Y la educación? Todos los cerebros han de se ejercitados, y en tiempos oportunos. Para qué instalar ordenadores en las clases pre-escolares a niños de cuatro y cinco años, y cada uno de nosotros en la ventana de maleabilidad que se estaba abriendo en aquella fecha, el sistema límbico. Hijos de madres diagnosticadas con depresión siguen en sus cerebros los episodios de depresión materna, según experimentos llevados a cabo en la Universidad de Washington midiendo las ondas cerebrales de los niños. Madres que se muestran distantes, irritables o impacientes con sus hijos producen hijos tristes. Madres que conseguían superar su melancolía y regalaban a sus bebés con cariño, atenciones y juegos afectuosos, producen hijos de una actividad cerebral más alegre.

¿Cuándo es tarde para reparar estos daños iniciales? Por un período de tiempo el cerebro del niño perdona fácilmente. Si la madre, por ejemplo, sale de la depresión antes de que el niño cumpla un año, la actividad del lóbulo frontal (asiento de la alegría y el goce) aumenta considerablemente. Esta capacidad de regeneración disminuye rápidamente a medida que el niño se va haciendo mayor. La biología y la crianza han de coincidir en mutua fecundación cuando ambos son maleables, cuando las ventanas de maleabilidad están abiertas, es decir, cuando cierto tipo de sensaciones han de tener lugar para que la bio-cultura abierta pueda crear o estabilizar ciertas estructuras con carácter perenne. Y lo mismo sucede con el aprendizaje del lenguaje. Un idioma nuevo es fácil de aprender para el niño hasta los seis años. La maleabilidad cerebral para aprender la sintaxis se suele cerrar entre los cinco y seis años, mientras que para aprender palabras nuevas la maleabilidad parece ser constante. Como adultos aprendemos nuevos idiomas, pero ya no límbicamente sino con el cerebro del hemisferio izquierdo del neocortex. (Lo mismo sucede con el aprendizaje de las ideologías, cualquier abstracción sin base biológica —o entidades del segundo grado de abstracción— la duración depende de cuál es el cerebro que las aprendió).

Los tres cerebros iniciales concluyen su impulso de desarrollo a los diez años (Pearce, 1992) cuando el balance entre la creación de sinapsis y la atrofia se acaba. Durante los años que siguen, el cerebro destruye sin compasión las sinapsis más débiles, conservando sólo aquellas que han sido transformadas en realidad cerebral por experiencias. Hacia los dieciocho años, el cerebro declina en plasticidad, pero incrementa en poder. Talentos y tendencias latentes que han sido cultivadas están listos para brotar. Es como la obra de arte del escultor o de la modista. El potencial para llegar a ser un genio puede estar inscrito en los genes, pero que ese potencial llegue a realizarse, como el don de las matemáticas o de la música, depende de estructuras grabadas por experiencias en los años críticos iniciales. Y lo mismo se aplica a la mente del criminal, del santo, etc.

A partir de los once años, el cerebro del hemisferio izquierdo del neocortex empieza a funcionar en gran escala. Desde los siete ha ido ya

creando las bases de su independencia. Pero a partir de este momento el desarrollo cerebral es todo suyo, y consecuentemente, del otro cerebro del lado izquierdo "el módulo intérprete" (Gazzaniga, 1987). Este cerebro tardío recibe información de los otros cerebros, pero en la práctica es el hereje del grupo. La Dra. Colavito lo dice así en el libro citado. Tiene tendencia no a traducir sino a dominar, no a saber sino a manipular, no a amar a cerca sino a conocer a distancia. Pero esta distancia es también común a cada uno de los cerebros, ya que están dotados de un sistema de dilación que les permite reflexionar sobre sí mismos. Este mecanismo de dilación no sólo permite la reflexión propia y la construcción de biografías, sino que objetiva nuestras reflexiones hasta convertirlas en lo que conocemos como historia o cultura. La cultura personal o histórica, es uno de los cerebros dominantes en el individuo o individuos. La línea divisoria, la que realmente nos define es la bio-cultura que usamos predominantemente para vivir, amar, contar, saber o leer este artículo.

La fórmula final es "así como la ontogenia recapitula la filogenia, así la filogenia recapitula la cultura". Es decir, así como el desarrollo individual del organismo recapitula el desarrollo evolutivo de la especie, de esa misma forma la evolución de la especie está impresa en nuestras culturas.



6. Consecuencias. Las notas que siguen no son mas que un esbozo.

La ciencia y la epistemología vuelven a estar unidas. Y aunque llevará tiempo formular el contrato de esta nueva unión es obvio que los modelos matemáticos que no incluyan el elemento biológico-cultural, van a tener que ser remodelados. La filosofía ha de corregir la obstinada persecución de Platón. Su distinción entre acciones que crean el icono exacto, la imagen verdadera como semblanza y copia del original, y las que crean el "simulacrum" o conceptos sin semblanza o copia, sino con la arbitrariedad de lo no semejante, es un eco epistemológico arcano de una verdad siempre presente, la división en los cerebros humanos entre los actos del hemisferio derecho del neocortex y del izquierdo. Y no procede la adoración del segundo grado de abstracción de Aristóteles, tan útil para las ideologías, pero sin una célula biológica que resucitar.

Los cinco cerebros somos todos nosotros. Ninguno sobra, son los invitados al banquete vital, y toda preponderancia de un cerebro sobre los otros es puro imperialismo cultural o biológico.

¿Y la ética? ¿Cómo es posible cancelar una vida ya en progreso, límbicamente unida a la familia, al pueblo y empezar a vivir un código abstracto de leyes y reglas que no nos afectan límbicamente hasta que no las rompemos? Es verdad que el corazón límbico no está enamorado a todas horas, pero también es verdad que la ética cerebral es insostenible sin la unión límbica.

¿Y la política? ¿Es posible "sentir" la Unión Europea, estando al mismo tiempo enamorado por ejemplo de Francia? ¿Qué hacemos con las uniones límbicas de pueblo, nación, bandera? ¿Estamos buscando una unión de todos, o al contrario, una unión cerebral a pesar de todos? Como los cinco cerebros individuales no estén representados en las uniones políticas, no podemos hablar ni de democracia ni siquiera de res publica.

¿Y la educación? Todos los cerebros han de se ejercitados, y en tiempos oportunos. Para qué instalar ordenadores en las clases pre-escolares a niños de cuatro y cinco años cuando el cerebro capaz de esos ejercicios no está ni siquiera activado? ¿Qué les pasa a los otros cerebros que no se activan?: Violencia en vida adulta, ausencia de alianzas límbicas entre humanos, guerras locales o globales. Educación es ejercicio, no indoctrinación. Pero no se han de dejar esos ejercicios límbicos y miméticos sólo para la niñez. Las Humanidades en la Universidad se han de enseñar de modo que los estudiantes reactiven los cerebros que originariamente las construyeron.

¿Es posible educarnos de forma que nos encontremos como en casa en cada una de las bio-culturas que nos rodean dentro y fuera de nosotros? ¿Es posible modular desde nuestra bio-cultura primaria a las otras que poseemos o adormecidas o medio muertas? Los descubrimientos científicos actuales en neurobiología, psicología perceptiva, química del cerebro, evolución del cerebro, etología, antropología cultural, inmunología y los modelos para leer estos descubrimientos como el biocultural que presentamos aquí, requieren cierto tiempo para ser incorporados. La patología es más atrevida y nos ofrece resultados asombrosos. Por ejemplo, pacientes con personalidades múltiples han demostrado que no sólo es posible poseer varias personalidades, sino que cada una de estas personalidades adoptadas por los pacientes posen diversos desordenes físicos exclusivos de la personalidad adoptada. Así, un mismo paciente podía primero adoptar una personalidad que sufría la diabetis, y más tarde adoptar otra distinta que sólo sufría alergias, haciendo desaparecer, con la nueva personalidad, el problema de diabetis radicalmente.

Esto es suficientemente sugestivo como para creer que no podemos escapar a lo biocultural.



Antonio T. de Nicolás




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