La diplomacia
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La diplomacia

Por R. Beladíez

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La diplomacia

Cosas del Euro. La marcha del EURO es de lo más errático que cabe. A veces va a gran velocidad; otras renquea, se frena y hasta se para. Ahora mismo nos encontramos en un intenso frenar. La culpa la tiene, naturalmente Alemania. Porque ella es la que conserva en sus manos los mandos. Ella fue la que impulsó el ensanche de la UE, la que patrocinó la entrada de los países de Europa Central y Oriental, tradicionales clientes económicos de la potencia germánica. Pero, de repente, se ha descubierto que tales países no reúnen las condiciones exigidas por el tratado de Mastrique para su inmediata integración y que previamente deben hacer unos esfuerzos que no están en condiciones de sufragar. Y piden socorro. ¿A quien? Naturalmente a Alemania, único país que parece disponer de medios para ello. Resulta que no tiene tantos medios como aparenta y cuya realidad económica está lejos de ser todo lo brillante que parecía.

La reunificación de las dos Alemanias ha costado más de lo previsto y no sobra dinero para facilitárselo a los candidatos a ingreso en la UE. Alemania pide socorro a sus propios asociados, que se hacen los sordos. Pero queda un recurso: cortar las ayudas que la UE da en forma de fondos de cohesión a los países pobres de la propia UE, es decir, Grecia, Portugal y España, no están en condiciones de hacer más sacrificios que los que ya llevan hechos para acceder a la UE.

En España, hemos argumentado con los fondos de cohesión para justificar la conveniencia de integrarnos en la UE, y ahora resulta que no sólo nos quieren recortar las ayudas estatutarias al aceite, sino que nos amenazan con reducir el conjunto de los fondos de cohesión. Dicho en otras palabras: se nos obliga a ser los que financiemos la entrada en la Unión de ciertos países con los que no tenemos casi ninguna relación económica y cuyo ingreso, desde el punto de vista comercial, va a beneficiar casi exclusivamente a Alemania.

El problema del Sr. Kohl es grave; pero conviene no perder de vista que no se le puede ayudar siempre y que la entrada de nuevos miembros en la UE no nos va a reportar beneficios. Y si Alemania insiste en la incorporación de esos candidatos deberá asumir el cargo que ello representa sin esperar que vengan a sacarle del apuro los pueblos pobres de Europa. Que Bonn pida ayuda a Francia, que ya veremos si se la otorga estando como esta el pleito de la Presidencia del Banco Central Europeo.

Una reunión de alto nivel en Cardiff para poner fin a la presidencia británica, discutir medidas sobre el paro y, por supuesto, para ver como pueden arreglarse entre los nuevos Estados y de como se va a financiar tal adhesión. La posición de Alemania es difícil. La de España es mucho más que difícil. Hubo acuerdo: aplazamiento.

Nadie esta en condiciones de echar las campanas al vuelo. Con los más variados argumentos parece como si los propios Estados integrantes de la UE hubiesen dejado de estar satisfechos con la situación. Objetan unos que la Unión Monetaria no es democrática porque la fijación del tipo de interés no puede ni debe estar exclusivamente en las manos de un organismo -el Banco Central- que no ha sido elegido democráticamente y que, además, no responde ante nadie. Otros descubren ahora que una integración económica es imposible si previamente no se produce una unión política, algo que no lleva visos de lograrse. Quien más y quien menos dice que no se puede renunciar a la soberanía nacional mediante la simple Unión Monetaria y que la diversidad de los Estados de Europa, por razones de historia y cultura, es un obstáculo insalvable que antes o después conducirá a enfrentamientos.

España hizo un gran esfuerzo para incorporarse al euro y ahora se encuentra, tras superar tantos obstáculos y hacer tantos méritos, con que se pretende cerrarnos unas fuertes de financiación en las que habíamos puesto tantas esperanzas.

OTAN. Se ha reunido en Barcelona para celebrar su regular conferencia de primavera. El presidente Aznar, haciendo una pausa en sus innumerables viajes internacionales, encontró la manera de estar presente y subrayar que la integración europea no perjudicara a la OTAN y que contribuirá a mantener e incluso ampliar la cooperación con los miembros trasatlánticos de la Alianza. Algo vital pues ya se ha demostrado hasta la saciedad que sin la intervención norteamericana no se llega a poner punto final a las situaciones conflictivas como fue el caso de la guerra en Bosnia y en su día, en la del Golfo.

Lo que la OTAN pide a Europa es una mayor participación en la tarea común. No es una regionalización, porque en los pleitos en que la Alianza pueda verse envuelta el ataque a uno de sus miembros compromete a todos los aliados. Pero, ciertamente, la colaboración debe ser mayor. Y esto afecta también a España que no puede olvidar que los compromisos internacionales comportan derechos. Y también deberes. Y que si mañana los Estados Unidos, convertidos realmente en los gendarmes del mundo, pueden emprender una acción en zonas en las que España carece de obligaciones históricas, puede verse, sin embargo, arrastrada a situaciones muy delicadas.

Gibraltar. El Sr. Caruana, presidente del "gobierno" gibraltareño, se ha mostrado dispuesto a aceptar la pretendida oferta del plan Matutes de entablar una negociación bilateral. Es decir, una reunión en la que el no figuraría como parte de la delegación británica, sino como representante de un ente independiente: Gibraltar. Por supuesto esto es muy grave porque va contra el tratado de Utrecht y equivale a que España lo considere caducado, sin vigencia. Y, además, da pasaportes, tal vez mirando el ejemplo de Cataluña que ya emite documentos de identidad y pasaportes de los "Paisos Catalans", algo bastante más deletéreo que Gibraltar. Y no se ha tomado ninguna medida contundente para poner fin al desaguisado.

Mientras, y sin hacer grandes aspavientos, algunas comunidades españolas siguen ganando en protagonismo internacional y hasta un Ministro de Madrid se ha reunido con Presidentes autonómicos para estudiar con ellos cómo se puede aumentar su presencia en los foros de la Unión Europea.

Choque de declaraciones. España cuenta con un vicecomisario que en más de una ocasión ha dado muestras de locuacidad, que es la peor de las virtudes en el campo internacional. En su calidad de comisario de la UE para Oriente Medio le ha parecido oportuno hacer unas concluyentes declaraciones nada menos que en un periódico de Tel Aviv, diciendo que "ya no existe dialogo político con Israel", cosa que ha sentado mal al Gobierno israelí. Y, por si fuera poco, añadió que Israel trata de obtener todas las ventajas posibles de UE impidiendo al propio tiempo el desarrollo del pueblo palestino. Es muy posible que todo eso sea verdad, pero que necesidad había de cacarearlo. Los judíos han contestado: "las declaraciones son inoportunas y no contribuyen al proceso de paz".

Y ha tenido que ser otro español, un diplomático tan avezado como el que ocupa el puesto de enviado especial de UE para el proceso de paz en Oriente Medio el que haya tenido que tratar de quitar veneno al guiso de su compatriota diciendo que sus declaraciones han sido, sin duda, sacadas de contexto y que lo que quería decir es que el dialogo entre la UE e Israel "no es suficiente", pero que el dialogo existe puesto que lo lleva a cabo el mismo: "Este dialogo no se ha cortado, ni se cortara". Ante información tan tajante, tendrá que dar marcha atrás el funcionario de Bruselas.

El Ministerio de Asuntos Exteriores parece dispuesto a recuperar el protagonismo, que nunca debió perder, en materia de ayuda humanitaria en el extranjero. La acción exterior sea del carácter que sea, incluso humanitario, debe tener un aspecto unitario, representativo de todo el país. Es una acción de gobierno y debe dar sensación de coordinación y unidad. En el caso concreto de la ayuda humanitaria, o se hace todo con el criterio político que imprima el Palacio de Santa Cruz, o se debe renunciar a todo y dejarlo en manos de otros departamentos, o incluso de las ONG. Y luego, claro esta, no indignarse cuando éstas den su apoyo a quienes no lo merezcan.

De viajes. La era del avión dotado de reactores ha abierto la puerta al ímpetu viajero de los políticos. Reseñar los desplazamientos de nuestro primer ministro sería un ejercicio inútil de calcular kilómetros, horas de negociaciones y tiempos para el descanso. El Sr. Aznar es muy joven, pero no hay que abusar de ese bien —preciado e insustituible— de la salud. Pero convendría que alguien se dedicara por algún tiempo a valorar los beneficios obtenidos con tales viajes y que se pensara seriamente en la conveniencia de suprimir más de uno, por inútil o poco relevante. Y dejar en manos de los embajadores la gestión que cumplirían con rigor y competencia.

La visita internacional de esta temporada ha sido la de Sus Majestades a Grecia. Este viaje podría servir para que Atenas considerase la posibilidad de devolver las propiedades otrora incautadas a la destronada familia.




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