LIBROS: El 23 F sin máscaras
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LIBROS: El 23 F sin máscaras

Comentarios de A. Maestro al libro de Ricardo de la Cierva

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LIBROS: El 23 F sin máscaras

Cierva, Ricardo de la: El 23 F sin máscaras, ed. Fénix, Madridejos 1998, 330 págs.



En este libro, que es el 115 de los suyos, el ilustre historiador de nuestra contemporaneidad desarrolla su tesis de los "tres golpes", ya avanzada en su episodio Los juramentados del 23 F (1997). Tal tríptico no es sólo descriptivo, es también un modelo para interpretar y explicar el enmascarado episodio.

Según el autor, hay, en primer lugar, lo que denomina "golpe constitucional", deseado y apoyado por el rey, preparado por Armada en contacto con numerosos políticos y que se instrumentaría con una moción de censura aprobada por el Congreso en la forma prevista por la magna carta.

Cabía, en segundo lugar, un "golpe a la turca", es decir, un golpe militar clásico que recurre a la violencia cuando y donde es preciso para triunfar.

Hubo, en tercer lugar un "golpe mixto" que es el que se realizó por Armada quien, según De la Cierva, engañó a todos los juramentados afirmando que actuaba en nombre del rey. Tenía elementos de ambos golpes puesto que pretendía constituir un gobierno de concentración con militares, socialistas, centristas y populares presidido por el propio Armada; y, al mismo tiempo, incluía la ocupación violenta del Congreso y despliegues de fuerzas para crear un vacío de poder e impresionar a la clase política.

Según este esquema, el autor va tratando de explicar los confusos y, a veces, absurdos sucesos: Armada iría pasando del previsto modelo de "golpe constitucional" al "golpe mixto" contando con el respaldo real para aquél, pero no para éste.

Ocasionalmente, el autor va calificando a los personajes. El peor parado es Adolfo Suárez cuyas falacias pone a plena luz. Es despectivo con el fracasado Leopoldo Calvo Sotelo al que, además, considera "inelegante" en su rencor contra los golpistas. Es demoledor con Armada quien con sus constantes mentiras trató de confundir a todo el mundo, incluso a los jueces (fue el primero en ser indultado, cinco años antes que Tejero que había sido condenado a idéntica pena). Hace grandes elogios de doña Sofía y, asombrosamente, también de Gutiérrez Mellado, el antiguo espía que fue instalador de calefacciones privadas, luego desarticulador de las Fuerzas Armadas y, finalmente, marqués. Franco siempre es mencionado con respeto y se censura a los resentidos que lo calumnian.

Entre otras muchas aportaciones colaterales, el autor rechaza tajantemente la existencia de civiles comprometidos en el "golpe mixto", contra lo inventado por una gacetilla novelera.

De la Cierva revela lo que califica como "historia de horror" (p. 39). Don Juan Carlos de Borbón, que había jurado lealtad al Jefe de Estado y a las Leyes Fundamentales (antítesis del comunismo), envió como mensajero personal a su administrador D. Manuel Prado luego lo nombró embajador volante hasta que optó por la sombra a causa de sus implicaciones financieras para que comunicara al dictador rumano, Ceaucesco (finalmente depuesto y ejecutado) que estaba decidido a reconocer la legalidad del Partido Comunista español y que así se lo hiciera saber a Carrillo, el genocida de Paracuellos. Esta promesa, efectuada a espaldas de Franco, y de su Gobierno, fue cumplida por el Príncipe cuando ascendió al trono.

La obra está documentada con los parcialmente publicados legajos del proceso (se reproduce la sentencia íntegra), con testimonios directos, y con la bibliografía disponible, casi toda periodística. Una parte de este libro es una respetuosa polémica con Juan Blanco, autor de un libro fundamental —23 F. Crónica de un golpe anunciado (1995)— en el que se argumenta la intervención del rey en la operación capitaneada por su leal Armada. Pero De la Cierva no ha tenido ocasión de conocer otro testimonio de la máxima relevancia porque acaba de aparecer, el de un protagonista del golpe, el comandante Ricardo Pardo Zancada, 23 F. La pieza que falta (Vid. mi recensión en este número págs. 95 y ss) y que no está muy lejos de la interpretación de Blanco. Sería altamente interesante un coloquio público entre Pardo y De la Cierva para contrastar y complementar sus respectivas conclusiones.

La cuestión teórica que plantea la tesis del autor es cómo un "golpe" puede ser "constitucional". La respuesta corresponde a los expertos en Derecho público.

Gonzalo Fernández de la Mora escribió en sus memorias que la verdad sobre este golpe militar sólo se conocería el día del juicio final por la tarde. Tan irónica y lejana previsión no ha sido desmentida y parece que se cumplirá pues ya no cabe esperar que, en este mundo, Armada cuente el contenido de sus tres largas entrevistas confidenciales con el rey días antes del golpe y de las que salió su apresurado nombramiento para ser el número dos de la cúpula militar, imposición regia que forzó a Suárez a dimitir. Sólo entonces se despejará definitiva y fehacientemente la principal incógnita.

Asombra la capacidad de trabajo de Ricardo de la Cierva, su maestría en el acopio de datos, la vibración de sus calificativos y su agudeza para someter a crítica afirmaciones desinformadoras como las de Armada y las de ciertos reporteros al servicio de consensuales consignas oficialistas.



A. Maestro




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