LIBROS: 1934. La guerra civil empezó en Asturias. Comentarios de Diego Arnedo al libro de A. Palomino.

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LIBROS: 1934. La guerra civil empezó en Asturias. nº 89

Comentarios de Diego Arnedo al libro de A. Palomino.

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LIBROS: 1934. La guerra civil empezó en Asturias

Palomino, Angel: 1934. La guerra civil empezó en Asturias, ed. Planeta, Barcelona 1997, 326 págs.



El título de este libro no es una astucia publicitaria, es la verdad histórica: la guerra civil la desencadenaron el PSOE y sus aliados del Frente Popular en octubre de 1934 con la revolución de Asturias, planeada y dirigida por I. Prieto y F. Largo Caballero y de la que fue «generalísimo» el también socialista R. González Peña. Aunque la rebelión venía siendo anunciada, el Gobierno estaba desprevenido. Una pequeña tropa mandada por el general republicano y masón E. López Ochoa y, sobre todo, una agrupación de tropas de Africa mandada por el teniente coronel J. Yagüe y destacada por Franco, lograron sofocar la rebelión y liberar la ciudad de Oviedo que había sido calcinada por las turbas: voladura de la Cámara Santa de la catedral y de la caja fuerte del Banco de España del que González Peña robó la para entonces enorme cantidad de casi 15 millones de pesetas.

Los frentepopulistas descubrieron su estilo, el mismo que mostra-rían durante el trienio 1936-1939 en los frentes y en la retaguardia: indisciplina, odio, rapiña y crimen. Millares de mineros, que disponían de grandes cantidades de material (habían ocupado las fábricas de armamento y la de cañones de Trubia), fueron batidos por una hueste regular de unos pocos centenares. El balance de aquella rebelión fue destrucción y muerte. Y, luego, lenidad en la sanción. La víctima oficial fue el sargento Diego Vázquez Corbacho, convertido desde entonces en un símbolo, el de ese «sargento Vázquez» que sirve para pagar por los demás.

¿Por qué el PSOE inició la dialéctica de la guerra en 1934? Simplemente porque había perdido las elecciones. Nada democrático. A los rebeldes de entonces, Largo Caballero y Prieto, el felipismo les dedicó monumentos en la que se llamaba Avenida del Generalísimo, denominación que abolieron en un gesto de ruindad y de rencor.

Madariaga escribió en su famoso libro España: «Con la rebelión de 1934 la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936». Y el socialista Prieto, en un tardío gesto de sinceridad, confesó: «Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el PSOE y ante España entera de mi participación en el movimiento revolucionario».

Palomino dedica la segunda parte de su libro a la esperpéntica rebelión de la Generalidad de Cataluña con la complicidad de Azaña. También fue sofocada por el ejército.

Narración lúcida, entreverada de anécdotas y de brutales documentos de los dirigentes de la revolución, en su mayoría socialistas. Libro que hay que leer para no dejarse engañar por la propaganda partidista y porque los pueblos que ignoran su historia suelen condenarse a repetirla.



Diego Arnedo



 

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