LIBROS: Le livre noir du comunisme. Comentarios de Noe de Callar al libro de S. Courtois.

pag. principal Razón Española

LIBROS: Le livre noir du comunisme. nº 89

Comentarios de Noe de Callar al libro de S. Courtois.

artículo anterior indice siguiente artículo

LIBROS: Le livre noir du comunisme

Courtois, Stéphane: Le livre noir du comunisme, ed. Laffont, París 1997, 846 págs.



El historiador francés, S. Courtois, especialista en comunismo, presenta esta voluminosa obra en colaboración con una decena de expertos colegas. Es una narración de los crímenes contra la paz, de guerra y contra la Humanidad cometidos por la Unión Soviética y otros regímenes comunistas. Ese horror fue contemplado con comprensión por las izquierdas de todo el mundo durante más de medio siglo, y denunciado con escaso eco por algunos amantes de la libertad y sin complejos de derechismo. En el primer capítulo se analiza esa paradoja, explicable por la excelente estrategia publicitaria del comunismo y la venalidad de sus compañeros de viaje. En el segundo capítulo se aporta los testimonios que prueban la expresa voluntad soviética de exterminio de los disidentes y, en último término, de todos los burgueses. Las consignas oficiales de la checa central, presidida por Félix Dzerjinski, son espeluznantes.

El capítulo tercero describe el terror rojo de 1918 y resume los seis primeros números del Semanario de la Tcheca, únicos publicados: declara 15.000 ejecuciones sumarias en sólo dos meses. El capítulo siguiente se refiere al aniquilamiento de los rusos «blancos» durante la guerra civil y los motines campesinos: sólo entre el 15 de octubre y el 30 de noviembre de 1918 casi 20.000 personas fueron ejecutadas por sentencias que los calificaban de «bandidos». Entre octubre y noviembre de 1920 se efectúa el exterminio de los cosacos, supuestamente anticomunistas: la horca, el pistoletazo para los varones y la deportación de las mujeres. Cuando las tropas del general «blanco» Wrangel, se retiran por Crimea, más de 50.000 personas fueron ahorcadas o fusiladas. El 26 de noviembre fueron ejecutados casi todos los estibadores (más de mil) del puerto de Sebastopol por no haber evitado el reembarque de tropas zaristas.

El capítulo quinto narra el genocidio de la población campesina de la provincia de Tambov, pasada por las armas o condenada a morir de hambre.

Todavía en 1922 más de seis mil religiosos fueron ejecutados por sus creencias, 2.691 sacerdotes (datos oficiales del Patriarcado). Entre 1923 y 1927 se produce una aminoración del terror: en 1924 sólo hay 1.858 ejecuciones según el informe de la GPU. Como en 1927 las cárceles sólo tienen capacidad para 150.000 prisioneros se amplía la creación de campos de trabajo forzado, los luego famosos gulags (los autores presentan un mapa con sus emplazamientos en el Artico y en Siberia principalmente).

El capítulo séptimo se refiere a uno de los más terribles azotes del comunismo sobre el pueblo ruso, la colectivización de la agricultura y la destrucción de la figura de kulak: sólo en 1931 casi dos millones de campesinos procedentes del oeste (desde el Báltico hasta el Cáucaso) fueron deportados a las tierras siberianas limítrofes de China. El capítulo octavo describe la «gran hambre» de 1932 a 1933 que causó más de seis millones de víctimas. Fue la consecuencia de circunstancias climatológicas adversas; pero, sobre todo, de la catastrófica política agrícola. Para no reconocer públicamente la situación, Moscú rechazó la ayuda humanitaria internacional que habría podido paliar la hecatombe.

El capítulo noveno comienza a tratar el tema de los «procesos» y purgas que caracterizarían todo el periodo staliniano: 138.000 funcionarios fueron condenados entre 1928 y 1931 como «enemigos del pueblo». Los campesinos, transformados en vagabundos, inundaban las ciudades, sólo las regiones de Moscú y de Leningrado recibieron tres millones de los doce millones de campesinos que abandonaron sus tierras colectivizadas. Los pocos que se atrevían a protestar eran condenados como «bandidos».

El capítulo décimo describe el gran terror de 1936-1938. Sólo en una operación de limpieza política (junio de 1937) fueron detenidas 259.000 personas y fusiladas 79.950. Según datos oficiales, entre 1937 y 1938, el NKVD condenó a muerte a 681.692 rusos, dentro de la operación «liquidación de las familias enemigas del pueblo». Los documentos transcritos son terribles, así un detallado inventario de purgados en las provincias de Jdanov y Orenburg. Sólo en dos años fueron purgados tres mariscales, ocho almirantes de los nueve existentes, y 230 generales, casi el 90 por 100 de todos los escalafonados. Sobre un total de 178.000 oficiales fueron purgados más de 30.000.

El capítulo 11 se refiere a los campos de concentración y trabajos forzados. Sólo en las obras del faraónico ferrocarril del lago Baikal al río Amur trabajaban 260.000 forzados en 1935, la cifra más alta de la historia soviética de la esclavitud. A comienzos de 1941, había casi dos millones de internados en campos de trabajo. Entre 1934 y 1941 siete millones de personas pasaron por los gulags; más de un millón fallecieron y 720.000 fueron ejecutados. Después del reparto de Polonia con Hitler, Stalin deportó a Siberia en 1941 a 381.000 civiles polacos. La represión contra los militares fue implacable: sólo en el bosque de Katyn aparecieron los restos de 4.000 oficiales (la prensa izquierdista afirmó que los había ejecutado Hitler; pero Katyn era territorio ocupado por la URSS).

Los autores no se refieren a la ejecución del ejército del general Vlasov, colaboracionista con el III Reich, ni a las matanzas de prisioneros alemanes. La segunda mitad de este volumen está dedicada a los crímenes comunistas fuera de la URSS. Son capítulos estremecedores, sobre todo los que se ocupan de los genocidios en el sureste asiático. Tiene especial interés el capítulo sobre España: la persecución rusa contra los supuestos trotskistas y el proceso contra el POUM.

Courtois hace el siguiente balance de los crímenes comunistas: 20 millones en la URSS, 65 en China, 2 en Cambodge y otros tantos en Corea del Norte, un millón en Europa del Este, otro millón en Vietnam, y otro en Afganistán, etc. En total, casi cien millones de muertos (sin incluir caídos en guerras) son la inhumana obra del comunismo (a su lado los denostadísimos nazis hacen un papel secundario).

Libro espeluznante, fundado en una enorme documentación y que aporta testimonios que no pueden ser leídos sin náusea. Esta es la ideología que prometió implantar el paraiso sobre la Tierra y acabar con las injusticias. Asombra que tan gigantesca aberración pudiera contar durante 70 años con el apoyo de intelectuales como Aragon, Sartre o Brecht y con millares de escritores y profesores occidentales. Y continúa asombrando que tales gentes, como nuestro Alberti, puedan ser objeto de homenajes. Lo menos que se puede pedir para los cómplices y beneficiarios del horrible holocausto comunista es el más absoluto silencio condenatorio. Entre los cómplices españoles más destacados figura Azaña, creador de la alianza frentepopulista con los comunistas y Presidente de la República del terror civil y del holocausto religioso. A ese repulsivo gobernante rinde tributo nuestro católico Presidente del Gobierno actual; sería esperpéntico si no fuera patético.

Desconocer lo revelado en este libro es un crimen de lesa inteligencia.



Noé de Callar



 

 

artículo anterior indice siguiente artículo

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.