LIBROS: Cartas
españolas a mi mujer
Carrascal,
José María: Cartas españolas a mi mujer, ed. Espasa,
Madrid 1998, 396 págs.
José María Carrascal, corresponsal en el extranjero
durante décadas, se ha hecho muy popular a través de
sus charlas televisivas de madrugada porque no cae ni en
el oficialismo, ni siquiera en el consenso, y dice
verdades a los noctámbulos, sin mirar de reojo ni a la
derecha ni a la izquierda. Su etapa más brillante
coincidió con la del felipismo final. Por cierto que en
este libro se torna bastante benévolo con González,
quizás sea la piedad con el caído.
Carrascal está casado con una alemana y le escribe estas
cartas para «explicarle» la historia de España, desde
Atapuerca hasta La Zarzuela (nuestra historia no es más
compleja que la de Alemania, Francia o Inglaterra). La
lectura del arcaizante índice es muy ilustrativa porque
los enunciados anticipan las valoraciones de cada etapa
de nuestro pasado, por ejemplo, «Donde se cuenta cómo
España fué la nación europea más moderna en la Edad
Media pero puso las bases para ser la más medieval en la
Edad Moderna». No hay que decir que esta tesis es muy
discutible; pero eso es lo de menos.
Sobre un entramado de datos fundamentales, el autor
elabora su narración con glosas, unas veces coloquiales
y, otras veces, ensayísticas. El talante no es el
entusiástico, tan escaso entre los cronistas españoles
contemporáneos, ni tampoco el detractor que se impuso a
partir del siglo XIX y que ahora domina hasta el punto de
que Ricardo de la Cierva ha tenido que escribir una
historia «total» para intentar recuperar la dignidad de
ser español. El estilo de Carrascal es más bien
irónico en cuanto a la forma, y ecléctico en cuanto al
fondo. «Una de cal y otra de arena» podría ser su
inconsciente lema a la hora de formular juicios de valor.
En general, rehuye las sentencias condenatorias incluso
cuando aborda nuestro lamentable siglo XIX, «nefasto»
solía decir Franco.
José María Pemán publicó Una historia de España
contada con sencillez que, en algunos aspectos, es un
precedente de esta de Carrascal. Pero Pemán era más
optimista, acaso porque escribía en una época de
exaltación nacional y de veloz modernización. En el
fondo de estas Cartas late un cierto pesimismo histórico
que afecta al pasado y al presente. Quizás sea realismo.
El lector irá haciendo anotaciones mentales de adhesión
o de discrepancia, como es inevitable en un examen
general de la conciencia española. Las hechas al margen
por el que suscribe son más de las primeras que de las
segundas.
Un español terso (quizás la única errata aparezca en
un vocablo alemán, Geselschaft) sirve de vehículo a
esta crónica amable por el estilo, aunque tensa y a
veces dramática por el argumento.
F.M.
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