La guerra
internacional de España (2)
11. LAS
BRIGADAS INTERNACIONALES
Cuando el ejército nacional estaba a punto de conquistar
Madrid, a principios de noviembre de 1936, ya estaban
organizadas las brigadas internacionales basadas en las
diversas unidades existentes con anterioridad; pero que
no tenían la suficiente coordinación y organización
para detener a los «rebeldes». Era tal la inminente
entrada a Madrid, que el Gobierno de la República había
huido a Valencia. Ese cambio de la capitalidad fue
impropio de una operación quijotesca.
Las brigadas internacionales se apoderan de Madrid y
hacen frente al ejército nacional. No cabe duda de que
fue una victoria de los ahora llamados «brigadistas».
La Pasionaria, en sus Memorias (pág. 343), dice que
«los hombres que desfilan por el Madrid sitiado, cantan
la Internacional, en francés, en italiano, en alemán,
en polaco, en húngaro
». El resultado fue que, en
vez de terminar la guerra a los tres meses, duró casi
tres años, con el consiguiente quebranto económico,
aumento de las tensiones entre los españoles y miles de
muertos en los frentes y en las retaguardias. En premio a
esa prolongación innecesaria de la guerra de España, a
los brigadistas supervivientes se les ha concedido la
nacionalidad española por el Gobierno socialista, con la
aquiescencia de toda la Cámara de Diputados, incluido el
Partido Popular.
Las brigadas internacionales no solo defendieron Madrid,
sino que atacaron y destruyeron Teruel; y antes Belchite
y Codo, con la finalidad de conquistar Zaragoza y de
convertir la Basílica del Pilar en café y salón de
baile. Muy destacadas fueron esas actuaciones (agosto y
septiembre de 1937). Por cada defensor nacional en esos
pueblos, había más de veinte internacionales comunistas
o seudocomunistas, con la ayuda de los anarquistas
españoles. Belchite fue bombardeado y destruido por los
internacionales, sin que se haya reconstruido, como ha
sucedido con Guernica, y sin que Rusia haya pedido
perdón, como lo ha hecho Alemania respecto a la citada
ciudad vasca 11. También fue decisiva la actuación de
esas brigadas extranjeras en la batalla de Teruel,
juntamente con la División comunista de Líster. No
menos eficaz fue en toda la batalla del Ebro, 12. En
todas las grandes batallas de la guerra estuvieron
presentes las brigadas internacionales.
Además de la combatividad de los brigadistas, hay que
destacar que asesinaban los prisioneros nacionales. En
las proximidades de Hijar, hay una Cruz que recuerda el
fusilamiento de más de treinta prisioneros 13. En un
cerro de Quinto de Ebro (Carretera de Castellón, y
acceso a la carretera a Belchite) hicieron otra matanza.
14. En esta ocasión, fue la Brigada de comunistas
norteamericanos. Las varias docenas de heridos que
cayeron prisioneros en el Seminario de Belchite fueron
trasladados al Cementerio para fusilarlos. Lo mismo
sucedió con la unidad de Falange que defendía la
posición San Simón, en la Sierra de Alcubierre, al
final de abril de 1937. No debe ser olvidado el comunista
ruso, conocido como «El carnicero de Albacete». Los
supervivientes de aquellos brigadistas son los «nuevos»
españoles que quizá tengan derecho a tomar parte en las
elecciones y decidir el futuro de España, como en 1936
fueron la clave de la cruenta prolongación de la guerra.
El número de combatientes internacionales fue
importante, pues alcanzó a casi cien mil. ¡diez
divisiones! Lo demuestra Ricardo de la Cierva. El
contingente principal fue el francés. Los huidos de la
Italia fascista fueron unos cinco mil, y muchos más
fueron los procedentes de los países germánicos. Fueron
reclutados entre algunos idealistas comunistas, pero se
sumaron los parados, los hambrientos, los expresidiarios
comunes, los perseguidos por la Justicia. Su número fue,
al menos, el duplo de los componentes de las divisiones
italianas y la alemana en el campo nacional, y percibían
una retribución también el doble (diez pesetas) de lo
que cobraban los voluntarios extranjeros en el ejército
de Francia. Eran, pues, doblemente mercenarios. Dada su
procedencia e ideología, no cabe pensar que en ese
conjunto anidara el espíritu caballeresco de «desfacer
entuertos y enderezar la Justicia», sino la indinación
a cometer crímenes. Han sido recompensados como
«héroes adoptivos españoles». ¡No ha podido llegar a
más bajo el concepto de la españolidad!
No todos los voluntarios extranjeros se encuadraron en
las Brigadas Internacionales; los de ideología
anarquista se adhirieron a sus camaradas ácratas, pero
fueron pocos, salvo los españoles residentes en Francia.
12. EL ARMAMENTO INTERNACIONAL
En ambas zonas hubo armamento procedente de otras
naciones. Alemania suministró material, especialmente
aviones, al ejército nacional. Rusia se volcó en carros
de combate y cañones, así como ametralladoras. Como el
ejército nacional avanzase y conquistase posiciones, fue
mucho el material bélico capturado, hasta el punto de
que en los últimos tiempos de la contienda, la mayor
parte del armamento del ejército de tierra había sido
republicano, es decir, suministrado internacionalmente al
bando teóricamente republicano.
13. LO NACIONAL Y LO INTERNACIONAL
Lo que carecterizó a los bandos en lucha fue el
voluntariado, según ha quedado descrito. Tanto es así,
que Franco se vio obligado a modificar su inicial postura
de libertad religiosa, en vista de la voluntad de los
combatientes voluntarios. Este tema ya había sido
debatido con el general Mola, antes de los
acontecimientos bélicos.
En la zona nacional, tanto los voluntarios como los
mandos locales, provinciales e intermedios, muy poco
tenían que ver con las aspiraciones de muchos de los
máximos dirigentes. Sucedió algo similar a lo acaecido
en la Guerra de la Independencia. El pueblo luchaba por
su Religión y por la Justicia social no marxista, así
como por la unidad de España. El nazismo racista y
materialista en nada se parecía a la ideología del
pueblo español en lucha. El nacional-socialismo alemán
estaba en las mentes y en la acción de Ramón Serrano
Súñer, y en sus inmediatos colaboradores, como Ridruejo
y Laín, todos ellos muy liberales y demócratas
posteriormente.
Alemania ayudó al bando nacional no por ideología, sino
por táctica política internacional y para obtener
enseñanzas ante un posible enfrentamiento bélico.
Italia, en cambio, aportó más hombres que Alemania, y
más idealistas contra el comunismo y en favor de un
régimen corporativista y orgánico. El voluntariado
portugués es el que más se asemejaba al español.
Los países occidentales y Rusia simulaban la «No
Intervención», pero fue una farsa. Francia ayudó en
hombres y material al ejército republicano, pero dando
una de cal y otra de arena. Los Estados Unidos enviaron
con las Brigadas Internacionales a lo más bajo de la
sociedad norteamericana, generalmente con ideales
comunistas. Lo mismo sucedió con los brigadistas de
Francia, Portugal, Italia e Inglaterra.
La verdadera potencia extranjera que se inmiscuyó fue
Rusia, por cuanto su embajador asistía normalmente al
Consejo de Ministros de la República. El ejército se
reorganizó al estilo ruso, creando el potente Quinto
Regimiento, que se autocalificaba como Ejercito Rojo 15.
Tanto es así, que se cambió las distinciones de las
diversas graduaciones militares, adoptando las rusas.
El último presidente del Gobierno republicano fue Juan
Negrín, que oficialmente era socialista, pero entregado
totalmente al dictador ruso. En cambio, Largo Caballero,
que antes de la contienda bélica era conocido como el
Lenin español, reaccionó y se opuso a la expansión del
comunismo en España. En lo militar fue el republicano
coronel Casado quien incluso protagonizó un golpe de
Estado contra su Gobierno, cuando la guerra tocaba a su
fin y comprobó que la lucha respondía a los ideales del
Comunismo.
El presidente de la República, Manuel Azaña, se
limitaba a mantenerse en el poder con el beneplácito de
Rusia, prolongando así el derramamiento de sangre y la
ruina económica de España 16.
La guerra de España, en resumen, fue internacional, pues
interesaba a casi todas las naciones.
Rusia quiso que España fuera su satélite en el
Occidente de Europa, y Alemania pretendió ensayar su
organización y su armamento en previsión de luchar
contra unos o contra otros. Las Brigadas Internacionales
fueron, en definitiva, el arma que utilizaba Rusia para
imponerse al Gobierno de la II República y tenerlo bajo
sus pies. Si las Brigadas Internacionales hubiesen
conseguido la victoria final, como era la razón de su
existencia, probablemente España hubiera estado bajo un
régimen como el que «disfrutaron» las naciones del
otro lado del «telón de acero».
Para colmo el oro del Banco de España también se hizo
internacional, mejor dicho, extranjero transportado a
Rusia, sin que fuera «viaje de ida y vuelta».
Robert G. Bayod Pallarés
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