Trece Mártires. Por M.F.G..

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Trece Mártires. nº 88

Por M.F.G..

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Trece Mártires

En un sentido amplio, 1936-1939/1996-1999, estamos celebrando el sexagésimo aniversario de esa guerra de España que según expresión de los Sumos Pontífices constituyó una verdadera cruzada, Cruzada que marcó para siempre la historia de España y de Europa, la historia toda del Occidente cristiano. Y en este sexagésimo aniversario nosotros no queremos ni podemos olvidar a quienes murieron gritando: ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva España!

Pero en este caso nos vamos a detener de una manera especial en esos trece Prelados, doce Obispos y un administrador Apostólico, que cayeron acribillados por las balas del marxismo.

Monseñor Esténaga, Obispo de Ciudad Real, no duda ni un momento que en esa precisa hora, el pastor no debe huir. Y no solamente no huye, sino que cuando los milicianos amenazan con volar el edificio donde se encuentra el Obispo si no se presenta inmediatamente, Monseñor Esténaga, hombre de cultura y cualidades humanas excepcionales, sale valientemente sabiendo que su próximo destino es la muerte. El y su familiar son martirizados entre Peralvilla y Piélago, un 22 de agosto, en el primer año de la contienda, cuando el sol de Castilla llenaba de oro la tragedia de España. Porque tragedia era, mas llena de teología, lo que en nuestra Patria estaba acaeciendo.

Y así Monseñor Asensio, Obispo de Barbastro, continúa en esta misma línea de generosidad y de entrega perfecta. Buenaventura Durruti, desde el balcón del Ayuntamiento, pide la entrega de varios presos, entre ellos el Obispo, y por supuesto el Obispo de Barbastro no se amedrenta ante la prueba. Comparece ante sus enemigos, siendo conducido hasta la prisión, y el miedo no se apodera de él cuando manos impías toman presa a su persona. "No lloreis no, porque esta noche es muy grata para mí. Elevemos nuestras plegarias al Todopoderoso para que salve a España de nuestros enemigos". Así moría Monseñor Asensio en el kilómetro 3 de la carretera de Sariñena.

Y por esto Monseñor Nieto Martín, Obispo de Sigüenza-Guadalajara, supo con su amor llenar de perdón el corazón envenenado de sus asesinos. Nombrado Obispo de Sigüenza el 22 de agosto de 1916, Sigüenza tuvo en él al buen pastor que da la vida por sus ovejas. Fue precisamente el 22 de agosto de 1936 cuando soldados nacionales rescataron el cadáver de Monseñor Nieto, en la festividad de Nuestra Señora de las Nieves.

Monseñor Cruz Laplana Laguna era Obispo de Cuenca desde el 8 de abril de 1922, fecha de su entrada solemne en la diócesis. Juntamente con su secretario, fue llevado al matadero, el 7 de agosto de 1936, martirizándolos un día después. Precisamente ese 7 de agosto se cometía en España uno de los actos más atroces que pueda concebir mente humana. En el centro geodésico de España, se fusiló y dinamitó el monumento al Corazón de Jesús, en el Cerro de los Angeles. El insigne Cardenal Gomá denunció este horror como un "sacrilegio sintético". Si es preciso que yo muera por España, muero a gusto.

Fue el sucesor de Monseñor Irurita en la Diócesis de Lérida. Nacido en la provincia de Gerona el 21 de diciembre de 1877, su obrita Semana Eucarística llenó de luz a muchos. Estamos refiriéndonos a Monseñor Salvio Huix Miralpeix. Nunca pensó en ocultar su personalidad, y una y mil veces afirmaba que si sus enemigos venían a buscarlo, él siempre confesaría: "Yo soy el Obispo de Lérida". Y vinieron a buscarlo y conoció la prisión, la villanía y el odio en la persona de sus servidores. De todos los detenidos él fue el último en caer, por petición propia, para poder dar la absolución a sus compañeros de sacrificio.

Igualmente fueron martirizados Monseñor Serra Sucarrats, Obispo de Segorbe-Castellón, entre el 8 y el 9 de agosto en Vall de Uxó, llenando los aires del grito: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!; y Monseñor Borrás y Ferré, Obispo Auxiliar de Tarragona, a dos kilómetros de Coll de Lilla, siendo quemado su cadáver. Y el Obispo de Jaén Monseñor Basulto, al caer mártir en el barrio de Vallecas de Madrid, tras un espantoso y cruel viaje. Y martirizados fueron Monseñor Ventaja Milán, Obispo de Almería, y Monseñor Medina Olmos, Obispo de Guadix-Baza. Los dos fueron ejecutados juntamente y sufrieron suplicios en el barco-prisión Astoy-Mendi.

Monseñor Manuel Irurita Almandoz, Obispo de Barcelona, es el mártir que muere proclamando las excelencias de la eucaristía. Durante su cautiverio en casa de Don Antonio Tort, en Barcelona, gran caballero, la vida de Irurita y de todos sus acompañantes transcurría en medio de un clima de fervor. Llegado el 1 de diciembre de 1936, las alimañas irrumpen en el domicilio de nuestros mártires y comienza la Vía Dolorosa. Monseñor Irurita dice sin temblarle la voz, ante la acusación de sus enemigos, que él siempre ha celebrado la Misa y que mientras no se lo prohiban la celebrará hasta el fin. Y se lo prohiben, y lo acusan, y lo llevan hasta la muerte, pero él muere bendiciendo, perdonando.

Monseñor Anselmo Polanco y Fontecha nació en Buenavista de Valdavia (León) en 1881. Fue en el Colegio de los agustinos de Valladolid donde profesó como religioso. Llegó a ostentar el cargo de Maestro de Teología. Por sus responsabilidades dentro de la Orden viajó por Asia y América. Preconizado Obispo de Teruel el 21 de junio de 1935, fue consagrado el 24 de agosto de 1935 en el templo de los agustinos de Valladolid. Tomó posesión de la diócesis el 25 de septiembre y entró en ella el día 8 de octubre. Su talla humana, intelectual y sobre todo espiritual era de tal grado que los mismos feligreses decían de él: "Demasiado Obispo para nosostros". Monseñor Polanco era una presa codiciadísima por sus enemigos, y de una manera particular fue la firma que estampó en la Carta Colectiva del Episcopado Español del 1 de julio de 1937 la que le valió que se concentrasen en él las iras de los perseguidores. De ella se dijo que era un .

Teruel fue una ciudad mártir durante la contienda. El 7 de enero de 1939, después de dos años de heroica resistencia, la guarnición local tuvo que ceder ante la presión de seis cuerpos del ejército rojo, con 120.000 hombres. En la Ciudad Condal Monseñor Polanco era motivo de preocupación pues el Obispo era el símbolo de la resistencia. Saliendo de su refugio del monasterio de Santa Clara, después de recorrer varios lugares, fue trasladado el 17 de enero a Barcelona, donde estuvo seis días en Montesión, en el depósito de prisioneros y evadidos 19 de julio. Acusaciones, infamias, calumnias, odio.

El mismo advirtió que estaba dispuesto a admitir sus errores si éstos se le demostraban como ciertos, aunque haciendo observar que él podía aducir los horribles crímenes llevados a cabo por los marxistas en la localidad de Albarracín, de los que había sido testigo. Una personalidad como la de Monseñor tuvo como idea constante no abandonar nunca a quienes se le habían confiado. Sacados de Barcelona los detenidos, y tras varios traslados, un camión los condujo el día 7 de febrero de 1939 por la carretera de Escuelas a las proximidades del barranco Can Tretze, en Gerona. Con fusiles ametralladores fueron acribillados y arrojados sus cadáveres al río Muga, una vez rociados con gasolina.

Y finalmente, Juan de Dios Ponce y Pozo, Administrador apostólico de Orihuela-Alicante. No fue Obispo titular, aunque su misión fuera la de un mitrado en el gobierno de la diócesis. Cuando Monseñor Irastorza, Obispo titular de la diócesis se sintió enfermo, solicitó de Roma dispensa canónica de residencia por dos años, siendo nombrado para cumplir las funciones de gobierno en la Diócesis orcelitana el Dr. Ponce. Viendo el cariz de la revolución pudo pasar oculto hasta el mes de octubre de 1936. Cuando intentaba llegar a Barcelona, en la misma provincia de Alicante un guardia de Asalto lo detuvo y lo llevó esposado a la prisión, en donde estuvo hasta el 30 de noviembre. Ese mismo día, conducido él y otros compañeros de martirio a Elche fueron fusilados en el cementerio.

M.F.G.


 

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