LIBROS: Konservatives Staatsadenken. Eine Studie zu E. R. Huber. Comentarios de A. Landa al libro de Ralf Walkenhaus.

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LIBROS: Konservatives Staatsadenken. Eine Studie zu E. R. Huber. nº 87

Comentarios de A. Landa al libro de Ralf Walkenhaus.

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LIBROS: Konservatives Staatsadenken. Eine Studie zu E. R. Huber

Walkenhaus, Ralf: Konservatives Staatsadenken. Eine Studie zu E. R. Huber, ed. Akademie, Berlín 1997, 442 págs.

Ernesto Rodolfo Huber (1903-1990), constitucionalista muy influido por C. Schmitt y E. Forsthoff (autor de Der totale Staat, 1993), cultivó diferentes ramas del Derecho público. Catedrático en las Universidades de Kiel, Leipzig y Estrasburgo, fue destituido al final de la II guerra mundial por su adhesión al nacionalsocialismo. De esa época son numerosos artículos y sus libros Verfassung (1937), Heer und Staat (1938), Verfassungsrecht des Grossdeutschen Reiches (1939) y Verfassungskrisen des II Reiches (1940). Cuando fue relevado de sus actividades académicas se ocupó de ampliar y reeditar en 1954 su Wirtschaftsverwaltungrecht de 1932, en agrupar en los volúmenes Nationalstaat und Verfassungsstaat (1965) y Bewahrung und Wandlung (1975) selecciones de trabajos anteriores y, sobre todo, en la redacción de su monumental Deutsche Verfassungsgeschichte en siete volúmenes (1967-1984) que analiza el desarrollo constitucional de Alemania desde 1789 hasta 1933 con especial consideración de la república de Weimar período sobre el que, además, publicó un erudito tomo de documentos en 1966. Huber no quiso extender su historia al III Reich con el argumento de que lo había vivido demasiado de cerca y como protagonista lo que no le permitiría una plena objetividad científica.

Aunque con matices, Huber figura en la escuela decisionista de Carl Schmitt; pero con referencias historicistas y aún metafísicas que mediatamente lo inscriben en el doctrinarismo conservador germano. Quizás su máxima aproximación al nacionalsocialismo se encuentre en su breve artículo de 1979, El Führer legislador.

La monografía de Walkenhaus, apoyada en una beca de la socialista Fundación Ebert, es rigurosa, documentada y objetiva, y muestra una gran consideración personal e intelectual hacia Huber. De extraordinario interés son los capítulos IV y V donde se reconstruye la interpretación de Huber del III Reich y su conceptuación de nociones clave como las de pueblo, partido, movimiento, imperio, caudillaje, gran espacio e identidad nacional. A juicio del autor, Huber mantuvo una lineal continuidad doctrinal a lo largo de su extensa obra constitucionalista y puso de manifiesto las raíces que el nacionalsocialismo tenía en la llamada «revolución conservadora» alemana, aflorada en el período de entreguerras.

Huber, como Schmitt, Heidegger y tantos otros intelectuales que colaboraron con el III Reich, se abstuvo de palinodias y retractaciones, siguiendo la sentencia de Jünger: «El que se reinterpreta se rebaja». Por muchas que sean las discrepancias que tales estudiosos puedan suscitar, su coherencia y antioportunismo son merecedores de respeto. Y no lo es menos que, como en el caso de Walkenhaus, no se haga leña de los árboles caídos y, en vez de anatematizar o silenciar, se asuma dentro de la historia de la intelectualidad alemana a quienes no están en la ortodoxia ideológica del momento.

A juicio de Walkenhaus, el derrumbamiento teórico y práctico del socialismo real está contribuyendo a la reactualización de la secular tradición conservadora. Así es en Alemania y en otros países; pero no en España donde muchos oficialmente conservadores se declaran insolidarios de su genealogía, un complejo político similar al freudiano odio al padre.

A. Landa .


 

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