Historiadores marxistas. nº 87

pag. principal Razón Española

Historiadores marxistas. nº 87

Por Pío Moa

artículo anterior indice siguiente artículo

Historiadores marxistas

Un homenaje no es la mejor ocasión para un examen frío del homenajeado, y hasta ABC ha tributado oficiosos elogios a Tuñón de Lara; pero cuando el homenaje toma un cariz ideológicamnete agresivo y descalificatorio, la cortesía no debe acallar la crítica. Según los panegiristas de Tuñón, la historiografía española habría estado subdesarrollada hasta el feliz advenimiento de su héroe y escuela. Desde Menéndez Pidal a Vicens Vives (aunque a éste ya le conceden algún mérito) pasando por Sánchez Albornoz, etc. o, en los estudios más contemporáneos, Pabón, Palacio Atard, los hermanos Salas Larrazábal, Ricardo de la Cierva, Luis Suárez, y tantos otros, todos serían unos subdesarrollados. ¡Tuñón y los suyos nos sacaron de tan triste estado, y gracias a ellos la historiografía española brilla hoy como los chorros del oro!
Este afán exclusivista y denigratorio es connatural al marxismo, que Tuñón profesaba y que sus seguidores mantienen, si bien algo vergonzantemente después del suceso del muro de Berlín. En el marxismo, la historiografía, adquiere su sentido como lucha ideológica por desbancar y destruir «lo viejo», lo «burgués», lo «decadente», etc. La exposición de la historia es un arma, y muy importante, de la revolución social. Por tanto los intelectuales marxistas no sólo hacían sus propias aportaciones, mejores o peores, sino que desplegaban una inmensa energía para desacreditar propagandísticamente las interpretaciones ajenas a su materialismo histórico al cual, con optimismo inmoderado, tenían por científico. A su nada modesto juicio, las ideas no marxistas se reducían a justificaciones de la explotación y la dominación burguesas; acusaciones que también solían lanzarse entre sí los diversos grupos marxistas, creyéndose cada uno posesor de la verdad científica.
Tuñón representó justamente esa doble tendencia. Por una parte, reducción de la historia a una plúmbea interpretación según la lucha de clases que deformaba los datos para acoplarlos a la teoría o prescindía de ellos sin más cuando no había forma de encajarlos. El fruto sólo podía ser una profunda desvirtuación o falsificación del pasado. Y no porque Tuñón y los demás fueran personalmente deshonestos, sino porque la teoría y el método que cultivaban, con entusiasmo perfectamente acrítico, sólo podía mixtificar la historia. Lo que ya resulta menos honrado era el orquestado desprestigio (en el que insisten, como vemos) contra historiadores intelectualmente por encima de Tuñón. En la época dorada del tuñonismo, lo que importaba no era la calidad, la fundamentación o la aproximación de una obra a la verdad. Sino el que ésta fuera de izquierdas o de derechas, progresista o reaccionaria. Y así sigue ocurriendo en parte.
Pues el problema real está en la influencia y peculiaridades del marxismo en España. Hace sólo quince años, aquí «todo el mundo» era marxista. Luego vino la caída del muro emblemático, a lo que aquellas lumbreras asistieron atónitos y sin entender nada. Y siguen sin entenderlo. Jamás su ciencia les permitió elaborar un análisis mínimamente serio de un hecho histórico tan decisivo. Ni lo intentaron. Pero si a eso vamos, tampoco cuando proclamaban su adhesión a Marx entendían gran cosa de su doctrina. Un rasgo del marxismo español ha sido su completa esterilidad. Los cientos de intelectuales orgánicos del PSOE, del PCE o aledaños, jamás han producido una mínima aportación ni una mínima crítica a la teoría en que decían inspirarse. Propio del marxismo ha sido su esfuerzo agónico
-que recuerda al de Sísifo- por explicar la realidad según sus conceptos, y por purificar y clarificar constantemente esos conceptos; esfuerzo impuesto por la incoherencia profunda de la teoría. Pero los marxistas españoles han estado ausentes de todas las polémicas e investigaciones. Ellos vivían felices con cuatro tópicos propagandísticos en los que no eran capaces de distinguir contradicción alguna, y con su destreza para tratar de desacreditar publicitariamente a los «reaccionarios», es decir, a quienes pensaban de otra forma que ellos o, simplemente, pensaban.
Claro está que no todos los marxistas han pasado sin dejar algún material valioso. Su obsesión por la economía (o por su peculiar versión de la economía), les ha permitido algunos estudios y hallazgos de interés. Pero muchos menos de los que ellos pretenden, y lastrados decisivamente por sus supersticiones intelectuales y su agresividad ideológica.
Lástima que el homenaje a Tuñón no haya servido para hacer un balance de esta etapa, por lo visto aún no concluida, de la historiografía hispana.



 

artículo anterior indice siguiente artículo

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.