LIBROS: El interés por la verdad. Comentarios de G.F.M. al libro de Antonio Millán-Puelles.

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LIBROS: El interés por la verdad. nº 87

Comentarios de G.F.M. al libro de Antonio Millán-Puelles.

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LIBROS: El interés por la verdad

Millán-Puelles, Antonio: El interés por la verdad, ed. Rialp, Madrid 1997, 336 págs.

Desde que, por prescripción reglamentaria, el autor fue jubilado de la docencia universitaria ha producido cuatro libros: el capital Teoría del objeto puro, el no menos importante Una fundamentación de la ética realista, el polémico El valor de la libertad, y este último El interés por la verdad. Tal fecundidad en la vacación profesoral debería hacer pensar a las autoridades educativas en la posibilidad de dar al estamento académico la constante y abierta opción, ya de dictar un curso, ya de presentar una investigación. Es proverbial el caso de Menéndez Pelayo, dispensado desde joven de las aulas y entregado durante su corta existencia a la elaboración de una obra realmente monumental.

Este último libro del primero de nuestros metafísicos vivos se divide en dos partes: una dedicada al interés por conocer la verdad, y otra al interés por darla a conocer a los demás.

¿Puede haber alguien absolutamente desinteresado del conocimiento del ser de las cosas? El autor lo niega y demuestra su tesis mediante el examen de la estructura de la mente humana que naturalmente tiende hacia el objeto físico y también mental; y porque la forma de enfrentamiento del hombre con su circunstancia le lleva a un creciente trato y familiarización con el mundo circundante para adaptarlo a sus necesidades y deseos. En suma, el hombre es, por naturaleza y por conveniencia, un animal interesado en la verdad en cuanto tal (extrañeza y pregunta) y en cuanto útil (medio para alcanzar fines).

¿Qué es la verdad? El autor hace suya la tradicional distinción entre la verdad ontológica (la intelegibilidad de todo ente) y la lógica (concordancia de la mente con el objeto a que se refiere) y añade que hay, además, una verdad práctica o apetito recto; pero es la segunda acepción la que ocupa el lugar dominante en su investigación. Después de revisar las teorías de la verdad con independiente sentido crítico (Kant, Heidegger, Russell, Wittgenstein, entre otros) define el mentir como asegurar lo que se estima falso.

Respecto a la segunda gran cuestión que se plantea en esta obra, el autor afirma que la comunicación de la verdad a otros no es en el hombre una mera posibilidad y, menos aún, el propósito de algunos especialmente volcados hacia tal conducta, sino una «tendencia innata». ¿Cómo se demuestra esa tesis? Porque el hombre es naturalmente social, y la convivencia es «imposible sobre la base de la mentira o de la simple ocultación de la verdad». Como un apéndice a su conclusión, el autor, frente a ciertos relativismos, afirma que la verdad es transmisible, aunque no siempre de modo plenario.

El último capítulo es monográficamente ético, y aborda la cuestión de si la veracidad es siempre obligatoria. Aquí el autor elabora una detallada casuística y reconoce no sólo la licitud de la llamada «mentira piadosa», sino que niega el derecho de todos a ser informados acerca de las intimidades ajenas. Las nociones de justicia y de prudencia matizan y condicionan el interés y el derecho a la verdad. En resumen, el logos que es el protagonista de las proposiciones verdaderas y que reclama de los demás la veracidad, establece límites racionales a la comunicación entre los humanos cuando hay superiores bienes específicos.

Millán-Puelles pone a prueba en esta obra el método fenomenológico realista que le ha acompañado en todas sus empresas especulativas. Incluso dedica un capítulo a este análisis concreto y lo caracteriza con referencias a Husserl y a Heidegger. Ejercita también de modo sistemático su voluntad de claridad como la cortesía del filósofo. Cada juicio se inserta coherentemente en una concepción del mundo; y nunca duda. Rehuye la tentación de inventar al maniqueo y, en sus pasajes críticos y dialogantes, aporta la letra de los textos de sus interlocutores en sus lenguas originales. En suma, esta investigación es un alto testimonio del rigor, la acuidad y la claridad de un pensamiento que, desde raíces aristotélicas, asimila la historia de la filosofía. Ideas de hoy que aspiran a no ser efímeras. La filosofía española se dignifica y enriquece con obras de este porte.

G.F.M..


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