LIBROS: Las nuevas instituciones políticas de la Europa Oriental. Comentarios de Miguel Ayuso al libro de Carlos Flores Juberías.

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LIBROS: Las nuevas instituciones políticas de la Europa Oriental. nº 87

Comentarios de Miguel Ayuso al libro de Carlos Flores Juberías.

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LIBROS: Las nuevas instituciones políticas de la Europa Oriental

Flores Juberías, Carlos: Las nuevas instituciones políticas de la Europa Oriental, Centro de Estudios Constitucionales —Institució Valenciana d’Estudis i Investigació, Madrid— Valencia, 1997, 750 págs.

Una rigurosa novedad dirigida por el profesor valenciano Carlos Flores Juberías, con la que el Centro renueva el interés por los procesos de transformación que desde 1989 vive la Europa del Este, y que en su día demostrara con la edición de sendas obras de Manuel García &AACUTElvarez, y Carmen González y Carlos Taibo.

De entrada, lo más llamativo son sus dimensiones. No es ya que se trate de un volumen de 750 páginas: es que en la empresa han acabado embarcados no menos de dieciséis autores de catorce nacionalidades distintas —procedentes tanto de la Europa Oriental, como de la Occidental y de los Estados Unidos—, así como once traductores y dos editoriales —la obra se co-edita con la Institució Valenciana d’Estudis i Investigació—, lo que ya de por sí constituye un elemento bien ilustrativo de las ambiciones del libro.

No le falta razón a Carlos Flores al señalar que el estudio de los procesos de transformación de los regímenes políticos de la Europa del Este no se halla en España al nivel que en otros países europeos ni —es casi una obviedad decirlo— de los Estados Unidos. Pese a la existencia de individualidades bien meritorias, lo cierto es que el colectivo de los «orientalistas» españoles es un tanto magro, salvo quizás en el campo de la Economía. Y si las individualidades son escasas, el amparo institucional con que éstas puedan contar —tras la poco gloriosa desaparición del Instituto de la Europa Oriental— se reduce prácticamente a cero. Así las cosas, no es de extrañar que entre el colectivo de colaboradores con el que Flores ha contado para su obra, sólo dos de ellos —el mencionado Manuel García &AACUTElvarez, que aborda el caso ruso, y el propio autor, que se ocupa de los capítulos dedicados a las Repúblicas Checa y Eslovaca— sean españoles, y que entre la bibliografía citada por sus colaboradores sean extremadamente escasos los títulos de procedencia nacional.

Y tampoco le falta razón al autor cuando apunta que, en el marco de los estudios en torno a los procesos de transformación verificados en la Europa del Este, los análisis de naturaleza jurídico-constitucional ocupan casi de forma permanente el lugar del furgón de cola. Parecería como si los especialistas en el área hubiesen tomado buena nota de las renuencias con la que se ha abordado la construcción de un «Estado de Derecho» en muchos de los nuevos regímenes políticos de la zona, y hubiesen hecho suyo ese desprecio hacia lo jurídico, olvidando con ello los sinceros esfuerzos que en sentido contrario se están llevando a cabo por doquier. Por ello, la contribución de Carlos Flores y su equipo de colaboradores resulta admirable no sólo por lo que en sí aporta —que es mucho— sino también por lo que, sin duda, tiene de recordatorio de que es necesario cambiar, o al menos ampliar, el foco de nuestro interés.

Por lo que hace a las aportaciones individuales que componen el libro, es preciso comenzar subrayando el hecho de que la práctica totalidad de los colaboradores publican sus primeras líneas en español. Y el dato resulta tanto más digno de reseñarse cuanto que varios de ellos –Plakans, respecto de Letonia, Senn respecto de Lituania, o Crowther respecto de Moldavia— se hallan entre las primerísimas autoridades mundiales en sus respectivos campos, mientras que otros —el húngaro &AACUTEgh, el macedonio Mircev, el serbio Stanovcic, o el búlgaro Karasimeonov— son reconocidas autoridades en sus respectivos países, y otros tantos —Zagar, Grdesic, Wyrzykowski o Suksi— son jóvenes profesores.

La obra tiene —naturalmente— altibajos, en la medida en que las colaboraciones no siempre han guardado el grado de homogeneidad de enfoques que habría sido de desear, y que no se ha cubierto el caso de Ucrania —junto con la caótica Albania, el único país de la zona que está ausente de su estudio— que culminó su proceso constituyente a mediados del pasado año, aunque sí haya firmado de su puño y letra una addenda al capítulo sobre Bielorrusia dedicada a la caricatura constitucional de diciembre de 1996. Pero, en su conjunto, la obra resulta de una notable solidez y de una amplitud sin parangón entre los estudios publicados hasta la fecha en español o incluso en otras lenguas. Una obra que está llamada a ser el punto de partida de cuantos estudios comparativos se realicen sobre la Europa del Este.

Miguel Ayuso.


 

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