LIBROS: Kriegs-Gefangene. Ihr Schcksal in Erinnerungen und nach russischen Archiven. Comentarios de A. Landa al libro de Peter Erwin y Alexander Epifanow.

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LIBROS: Kriegs-Gefangene. Ihr Schcksal in Erinnerungen und nach russischen Archiven. nº 87

Comentarios de A. Landa al libro de Peter Erwin y Alexander Epifanow.

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LIBROS: Kriegs-Gefangene. Ihr Schcksal in Erinnerungen und nach russischen Archiven

Erwin, Peter y Epifanow, Alexander: Kriegs-Gefangene. Ihr Schcksal in Erinnerungen und nach russischen Archiven, ed. Stocker, Stuttgart 1997, 350 págs.

Con el título «Destino de los prisioneros de guerra según sus recuerdos y los archivos rusos» aparece esta obra que ha causado sensación en Alemania y de la que son coautores un germano que permaneció en un campo de concentración soviético desde la terminación de la guerra en 1945 hasta 1950, y la investigadora rusa Epifanow, actualmente profesora de historia en la Academia Federal de Seguridad en Moscú.

La síntesis numérica es de una elocuencia trágica. Durante el curso de la segunda guerra mundial el Ejército Rojo capturó a un millón de soldados alemanes. Después de la capitulación en 1945, otros dos millones de combatientes del lll Reich cayeron en manos rusas. De estos tres millones, un millón doscientos mil murieron en los campos de concentración soviéticos según datos de la Cruz Roja Internacional. Como no han aparecido hornos crematorios procede suponen que esos millones de cadáveres fueron enterrados. El hambre y el frío, unidos a los trabajos forzados, acabaron con la existencia de casi la mitad de los soldados capturados por Stalin. Según documentos soviéticos; a fines de 1949 quedaban en Rusia sólo 421.221 prisioneros, que fueron liberados, entre ellos uno de los coautores de este libro. El sustraendo es fácil de calcular serían 2.600.000 prisioneros muertos.

Casi todo lo que con algún detalle se narra en esta investigación es sencillamente atroz, y los documentos rusos transcritos son terribles. Por ejemplo, un jefe de campo soviético que recibe el envío por ferrocarril de 851 prisioneros levanta acta de que en los vagones encuentra 648 muertos, es decir, el 78% de la expedición. En ninguno de los traslados por vía férrea aparece menos de un 20% de fallecidos. Los desplazamientos a pie con temperaturas de 40 grados bajo cero son prácticamente aniquiladores.

Los autores reproducen las cartas idílicas que los jefes de campo obligaban a firmar a los prisioneros de guerra alemanes para que las dirigieran a sus familias expresándoles lo bien que se encontraban tras las alambradas de Siberia. Sólo la casi total ausencia rusa de autocrítica impide tomar tales misivas como macabros sarcasmos.

Los autores transcriben un escrito propagandístico del intelectual comunista Ilia Ehrenburg titulado Matad: «Mata al alemán donde lo encuentres. Aplástalo en la calle o en su casa. Hazlo explotar con una granada. Húndele una bayoneta… Los alemanes no son hombres… El día en que por lo menos no hayas matado a un alemán es un día perdido… Cuando hayas matado a un alemán, mata a otro. No hay nada más divertido que un cadáver alemán».

Hay un apartado dedicado a la prisión soviética de Srendjanskja que supera las versiones novelescas más horripilantes. El capítulo de los procesos contra «espías»y «traidores» es el menos sorprendente: si a los altos dirigentes del Partido se les hacía reconocer los mayores crímenes para purgarlos ¿cómo extrañarse de que a un oficial alemán antes de ahorcarlo se le hiciera firmar una declaración muy detallada de una docena de violaciones y casi dos de asesinatos?

Los testimonios de antiguos funcionarios rusos confirman las acusatorias declaraciones de los prisioneros de guerra que pudieron regresar.

A todo esto el autor alemán añade en el prólogo que los bombardeos norteamericanos con explosivos y fósforo sobre ciudades abiertas costaron la vida a tres millones y medio de ancianos, mujeres y niños de la población civil alemana. Pero se autocensura y no alude a los 850.000 combatientes alemanes que murieron de privaciones después de la rendición en campos de concentración de Francia, como ha narrado el historiador canadiense J. Bacque en su revelador libro Other losses (Toronto, 1989), traducido al alemán y en 1990 al francés. (Vid. recensión en «Razón Española», núm. 49, marzo 1991, págs. 224-226).

En total, siete millones de alemanes muertos, además de los millones caídos en el frente. No hay guerra sin holocausto, aunque el de los alemanes haya sido uno de los más ingentes de la historia universal.

A. Landa.


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