LIBROS: D. Juan
de Borbón: Por fin toda la verdad
Cierva,
Ricardo de la: Don Juan de Borbón: por fin toda la
verdad, ed. Fénix, Madrid 1997, 992 págs.
Ricardo de la Cierva, que es una autoridad
historiográfica sobre la era de Franco, aborda de nuevo
el tema del conde de Barcelona como pretendiente al trono
de España. Tal pretensión no podía tener como
interlocutor al pueblo español que no era monárquico y,
por eso, osciló entre las potencias extranjeras, la
clase política oposicionista y, sobre todo, el propio
Generalísimo que era, en realidad, el que tenía la
primera y la última palabra. El «milagro»
institucional de instaurar en Europa una monarquía
hereditaria a finales del siglo XX sólo podía hacerlo
un estadista con la inmensa autoridad del Generalísimo
de la guerra civil y de la reconstrucción nacional.
En esta voluminosa y documentada obra, el autor narra la
verdadera historia política del pretendiente y, al mismo
tiempo, va desmontando todos los tópicos de los
aduladores del conde de Barcelona y su familia, y de los
resentidos contra Franco sobre quien desde su muerte se
comportan como insaciables carroñeros.
La trayectoria política de Don Juan fue zigzagueante y
contradictoria, según el talante de sus varios
consejeros y según lo que consideraba las
«oportunidades» del momento. Se presentó como
voluntario para combatir en el frente con los sublevados
contra la República. Se ofreció reiteradamente a
Franco, la última vez para alistarse en el crucero
«Baleares» que sería hundido. El Generalísimo no
quiso aceptar su ofrecimiento y muy probablemente le
salvó la vida. Don Juan se situó entonces en la misma
línea de Alfonso XIII, que hizo cuanto pudo para ayudar
a los alzados y que en carta a Kindelán llamaba a Franco
«el Jefe».
A pesar de la entusiasta adhesión alfonsina, Franco
escribió al destronado monarca el 4 de diciembre de 1937
una carta en la que descartaba su persona para una
eventual restauración -«gastada» «por las prácticas
políticas de antaño»- y rogándole que formara a Don
Juan en el espíritu del «Movimiento». Es decir, el
conde de Barcelona fue el candidato de Franco desde el
principio. Don Juan tomó la iniciativa de escribir a
Franco desde Roma el 28 de diciembre de 1937 para
ofrecerse y expresarle su «deseo de obedecer las
órdenes de V.E. como el mejor medio de servir a
España». Esta importante carta manuscrita se publica
ahora por primera vez. El 8 de marzo de 1940, Don Juan,
se ratificó en su ideario antiliberal y antidemocrático
expresado a los hombres de «Acción Española» el 11 de
octubre de 1935. en carta de 8 de marzo de 1940 a su
primo Javier de Borbón Parma escribía: «no puedo
concebir otro Estado que un Estado católico, ni otra
forma de gobierno que la monarquía, ni otra monarquía
que la tradicional con sus Consejos y con sus Cortes».
El 15 de enero de 1941, Alfonso XIII renuncia a sus
derechos en favor del Don Juan antiliberal y
antidemocrático. En su aceptación, el heredero declara
«el propósito irrevocable de restaurar el sentido
político y social de nuestra monarquía tradicional».
Es a este príncipe tradicionalista al que Franco escribe
el 30 de septiembre de 1941 para decirle que es su
candidato para que «coronemos la obra con la
instauración de un régimen tradicional», identificado
con Falange Española Tradicionalista.
Pero Don Juan se impacienta: en 1942 hace una
aproximación a los nazis puesto que Franco se niega a
entrar en el conflicto. Al perfilarse el triunfo de los
aliados en la II guerra mundial, Don Juan juega la carta
liberal, publica el manifiesto de Lausana (11-XI-42),
escribe a Franco requiriéndole a entregarle la
soberanía (8-III-43) y, luego, le dirige un ultimátum
(3-VIII-43). Es la ruptura y el cambio de bando: del
tradicionalismo al liberalismo. En esta nueva etapa
antifranquista Don Juan pacta con los exiliados, fomenta
conspiraciones incluso militares y se entiende con los
ingleses para derrocar al Caudillo.
Pero estalla la guerra fría entre el Este y el Oeste, la
posición de Franco se robustece y Don Juan inicia un
nuevo cambio de rumbo: se entrevista con Franco, y le
entrega a su hijo para que lo eduque. Cuando Franco logra
la alianza militar con los Estados Unidos y su respaldo
político, Don Juan retorna a expresar a Franco su
disposición a adoptar los Principios del Movimiento y
acaba suscribiendo el ideario tradicionalista y vistiendo
la boina de los requetés. Pero ya es demasiado tarde.
Los vaivenes y connivencias han llevado a Franco a
descalificarle como sucesor y a decidirse por D. Juan
Carlos.
El último salto mortal de Don Juan fue enfrentarse con
su hijo cuando este aceptó la sucesión cortocircuitando
al jefe de la dinastía. Le retiró la placa de Príncipe
de Asturias y también la palabra durante más de un
año. Todavía a la muerte de Franco, Don Juan
intentaría un pronunciamiento en París contra su hijo;
pero fue disuadido en el último momento por un enviado
de las Fuerzas Armadas españolas.
Esta es la voluble y oportunista historia que, con
detalle y exhaustiva documentación, cuenta De la Cierva.
El Conde de Barcelona no tenía más idea política que
su deseo de reinar y, para lograrlo, cambió
reiteradamente de programas y de estrategias. Y nunca fue
demócrata, como es lógico en quien pretende la
soberanía por razones hereditarias.
Al final de su vida, reapareció su patriotismo de fondo
para comentar la descomposición de la unidad de España.
Libro éste prácticamente definitivo sobre el absoluto
fracaso político de Don Juan y de sus consejeros, sobre
todo, de Sáinz-Rodríguez principal responsable de que
perdiera la corona que le había reservado Franco.
De pasada, esta obra es una demoledora refutación del
libro de L. M. Anson, justamente calificado por la
crítica de la historia-ficción y que su autor lanzó
desde el periódico que dirigía con una diluvial
campaña publicitaria sin precedentes españoles y
quizás europeos; pero que no bastó para convencer a
ningún historiador, ni a ningún testigo (Vid. G.
Fernández de la Mora: «Don Juan de Borbón» en Razón
Española, núm. 60, abril 1993, págs. 33-58).
El rey de los rojos de Rafael Borrás y este Don Juan de
Ricardo de la Cierva son las fuentes a las que, por
encima de las hagiografías palatinas, han de acudir
quienes se interesen por los tercos hechos.
A. Maestro
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