CRONICA: La diplomacia. Por E. Beladíez Navarro

pag. principal Razón Española

CRONICA: La diplomacia. nº 86

Por E. Beladíez Navarro

artículo anterior indice siguiente artículo

CRONICA: La diplomacia

Unión monetaria. Llegar a un acuerdo sobre el cómo y el cuándo de la puesta en marcha de este colosal proyecto está siendo muy laborioso. Empezó con gran entusiasmo, convencidos todos de que sería la panacea que resolviera los problemas económicos y políticos de Europa. Y también del mundo porque así se formaría un bloque que tendría fuerza suficiente para hacer frente al imperio del dolar, incluso de las potencias emergentes de Oriente. Pero el proyecto era demasiado ambicioso, sus cimientos no estaban suficientemente asentados, sus promotores carecían de intenciones convergentes y, sobre todo, nadie tenía la seguridad de que, realizado el proyecto, puediera tener la solidez esperada.

No es este el momento de rehacer la historia de los últimos años, pero conviene no olvidar que más de un Estado europeo consideró oportuno salirse del proyecto cuando aún estaba en fase embrionaria. Otros, cargados de tradiciones, quisieron obtener sólo beneficios sin hacer esfuerzo alguno; y otros, después de sus primeros entusiasmos, se echaron atrás bajo el peso de sus cargas. No hay para qué entrar en el pormenor de las razones de cada uno de estos países; pero el hecho es que hoy están muy lejos las alegrías de Mastrique. Hasta el punto de que Estados que originalmente reunían las condiciones para entrar en cabeza en la realización del proyecto, empiezan a dudar de sus propias fuerzas y, si hoy tuvieran que firmar su adhesión final, no po-drían hacerlo por no cumplir las condiciones mínimas que ellos mismos se impusieron.

Pero no es todo pura mecánica financiera, pues la política se ha entrometido al cambiar gobiernos, al surgir sorprendentes cohabitaciones o anunciarse consultas electorales de incierto resultado. En Alemania, lastrada con las duras consecuencias de la reunificación, el euro ya no se ve como culminación del proyecto de unidad europea, sino como un obstáculo para alcanzar la ansiada estabilidad social interna. Y, en estas circunstancias, influyentes políticos proclaman la conveniencia de aplazar la implantación de la moneda única. El euroescepticismo, algo desconocido en Alemania hasta ahora, ha hecho acto de presencia con la fuerza propia del carácter germánico. En los círculos políticos, nadie se atreve a impugnar el proyecto unitario rotundamente, pero su escepticismo está calando hondo en la población. Y como de dineros se trata, ha surgido el señuelo de reducir la aportación financiera alemana, que representa, el 60% del presupuesto de la Unión Europea. y, como corolario evidente, reducir los llamados fondos de cohesión que perciben países como España.

Parece como si España tuviera la culpa de que las cosas no vayan bien. Un país que está haciendo un colosal esfuerzo para reunir todas las exigencias que impone el tratado de Mastrique y que, ahora, cuando lo está logrando, se arriesga a ser uno de los pocos países capaces de integrarse con todos los pronunciamientos favorables. Seria patetico que lo que tanto nos costó se conviertiera ahora en un impedimento.

Pero la máquina está en marcha y nada, salvo una catástrofe, será capaz de pararla. Ahora mismo ya se están dando instrucciones a los ciudadanos para que vayan haciéndose a la idea de contar en euros. En todo caso, muchos pueblos e incluso gobiernos, de vuelta de pasadas ilusiones, piensan que la implantación inmediata del euro puede provocar daños sociales, financieros y políticos, y que por eso sería más prudente aplazar su entrada en vigor y, entre tanto, hacer alguna consulta popular como parece será el caso de Dinamarca. Síntoma de euroescepticismo acaban de darlo los pacíficos vecinos de Amsterdam que abuchearon clamorosamente a los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea cuando se reunieron para retocar el tratado de Mastrique añadiéndole reformas en materias tan sustanciosas como las políticas exterior, interior, de defensa y de justicia. Todo junto a un intento de ponerse de acuerdo en discrepar a la hora de decidir qué Estados podrán acceder a la UE y qué condiciones deben reunir.

España, realizado el esfuerzo de alcanzar las condiciones que se le exigían, no está dispuesta a someterse a presiones que la conviertan en indigna de recibir los fondos de cohesión, con los que se realiza el plan de autovías.



OTAN. La OTAN es algo gracias a la presencia de los Estados Unidos con su incomparable potencia militar. La última demostración fue en Yugoslavia. Pero también es cierto que el cambio de circusntancias mundiales obliga a su reforma interna. Y ahí aparece España en, al menos, dos ocasiones llamadas Canarias y Gibraltar.

Con Portugal la solución se ha obtenido con relativa facilidad a la hora de determinar las esferas de responsabilidad. España defenderá Canarias y sus aguas en un radio aproximado de 100 Km. en torno al Archipiélago.

En el resto del espacio Atlántico, Estados Unidos -subsidiariamente Portugal- asumen la responsabilidad que llega a las costas marroquies, algo a lo que España aspiraba, pero que no ha logrado.

El asunto de Gibraltar es mucho más espinoso. Las autoridades del Peñón se encuentran muy atareadas gestionando de Londres un aumento de su independencia bajo el amparo de la Corona, pero aboliendo el estatuto de colonia. Aspiran a disponer de un estatuto internacional que les permita firmar tratados o integrarse como Estado independiente en la Unión Europea. Además, es evidente que les preocupa una eventual desaparición del mando militar del Estrecho de la OTAN establecido en Gibraltar. En todo caso, el primer ministro gibraltareño tratará de hacer valer sus argumentos durante la presente Asamblea de la ONU en Nueva York y ya ha abierto una representación en Bruselas «al estilo de las que tienen algunas autonomias españolas cerca de la Comunidad», en palabras del primer ministro, que no ha ocultado su intención de que la oficina sirva para obstaculizar la actividad de España en la UE. Gibraltar sigue siendo el obstáculo mayor a la integración de España en la nueva estructura de la OTAN. Londres exige como paso previo a cualquier negociación que Madrid levante las pocas restricciones que, despues de abierta la verja, aun mantiene ante la colonia británica. La experiencia demuestra que esta forma de negociar con el Reino Unido es inútil y hasta peligrosa.

El pleito sigue, pues, como estaba. Tratándose incluso de mezclar temas puramente civiles (uso del aeropuerto, vigilancia del contrabando, lavado de dinero negro) con los de carácter militar como lo es el mando de la defensa del Estrecho. Entre tanto, el nuevo comandante supremo de la OTAN en Europa ha expresado su opinión de que es imprescindible y urgente que España y el Reino Unido lleguen a un acuerdo para que pueda lograrse la nueva estructuración de mandos de la OTAN en una zona de gran interés militar.

ETA. La banda sigue teniendo apoyo internacional, oficial o al margen de las estructuras políticas, como puede ser la Mafia italiana, una conexión de la que día a día se habla con mayor frecuencia. Suecia, desde los ya lejanos días del funesto Olaf Palme, ha tenido siempre una especial predilección por albergar o ayudar de algún modo a los terroristas. Ahora, como corolario de una visita a Estocolmo del Sr. Aznar, se le ha prometido la cesación de tal ayuda, junto con el deseo de aplicar la decisión del Parlamento Europeo de negar asilo a terroristas procedentes de países miembros de la UE. Bélgica ha sido otro Estado cuyo nombre reaparece a la hora de brindar alguna forma de apoyo a ETA, incluyendo aprovisionamientos de los terroristas en armas y explosivos. Francia va cambiando de conducta a la vista de la propia experiencia teñida de sangre. Sin olvidar a ciertos Estados hispanoamericanos empeñados en ver guerrilleros donde sólo hay asesinos.

Claro que no faltan voces incomprensibles como la del Presidente de la Cruz Roja Internacional, que nos recordó que hasta 1986 la Cruz Roja prestó ayuda a los presos etarras detenidos en cárceles españolas, y que a la vista de ciertas «dificultades» encontradas a partir de dicha fecha hubo de modificar su conducta. Por cierto que a estos presos les llama «especiales», lo que parece un subterfugio para no llamarles presos políticos. Añadió que quiere entrevistarse con el ministro de Interior para ver «qué pasa ahora con esos presos», condenados en virtud de «una confrontación política».

Embajadas Autonómicas. Según la Constitución, la política internacional de España es competencia exclusiva del gobierno nacional que la ejerce a través de las embajadas ante Estados y en, los organismos internacionales. Pero han aflorado las representaciones autonómicas que, con el pretexto de favorecr los intereses regionales se van convirtiendo, día a día, en organismos representativos que marginan al Gobierno nacional atribuyéndose competencias que nadie les ha otorgado. Consecuentemente, chocan entre sí por intereses contrapuestos de las propias autonomías.

Madrid reacciona estableciendo cauces de cooperación con dichas oficinas y las comunidades a que representan, sobre todo en Bruselas, donde se gestiona todo lo relacionado con la Unión Europea. En definitiva, no se trata de poner un límite a la actuación de dichas embajadas (de hecho), sino de lograr con ellas una unidad de criterio que evite los enfrentamientos que ahora se plantean. El Gobierno trata por todos los procedimientos de poner buena cara al mal tiempo, prometiendo la intervención efectiva de las comunidades en la formulación de la voluntad nacional cara al exterior.

La respuesta de la autonomia vasca ha sido contundente: «El Gobierno ha marginado a las comunidades autónomas y ha colocado al País Vasco en un estado de indefensión». De este modo, subrayan los portavoces de esa Comunidad, «el Gobirno vasco considera que sus intereses no están bien defendidos por la representación española». Y amenazan con presentar sus quejas ante El Tribunal de Luxemburgo.

Infringiendo la normativa vigente, la errónea política de autono-mías se muestra cada día más como un momento de la desintegración de España.



El Polisario. Serán sólo 70.000 u 80.000 los saharauis de cuyos votos puede depender el futuro de un trozo de desierto. Pero constituyen un grupo humano víctima de sus vecinos y de las vacilaciones internacionales que comenzaron a partir de la Marcha Verde. Ahora, es difícil recular, pero es necesario hacer algo para dar estabilidad a esa zona. Las Naciones Unidas, los mediadores internacionales, la propia España, han hecho algo, más bien poco; pero las partes más interesadas, Marruecos, Argelia y los saharauis, han sido incapaces de llegar a un acuerdo. El futuro de esos miles de personas que llevan decenas de años viviendo en tiendas de campaña en el desierto, aparece muy incierto. Pero España no puede ser feliz cruzada de brazos ante lo que sucede en ese territorio que es la espalda de Canarias.

 


artículo anterior indice siguiente artículo


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.