LIBRO: Curso
general de disidencia
Esparza,
José Javier: Curso general de disidencia, ed. El
Emboscado, Madrid, 1997, 224 págs.
El autor, nacido en 1963, ha publicado la colección de
ensayos Ejercicios de vértigo, y dirige la vanguardista
revista de pensamiento «Hespérides», fundada en 1995.
Es un joven valor intelectual que promete mucho y que en
este su último libro ofrece una primera aproximación
global a su concepción del mundo, todavía en muchos
puntos abierta a ulteriores elaboraciones. Hay, sin
embargo, en estas páginas una introducción sistemática
y casi enciclopédica a fundamentales problemas de
nuestro tiempo.
El método es combativo como refleja el adecuado título
donde se declara «disidente». Disidente ¿de qué? Pues
de los tópicos dominantes entre la dócil grey de los
«políticamente correctos». Se trata, pues, de quebrar
la coraza con que los medios de comunicación de masas
tratan de aprisionar al vulgo y al semivulgo actuales (el
semivulgo son los ignorantes entontecidos por ciertas
lecturas de trivial dogmática).
Esparza es muy beligerante frente al individualismo, el
igualitarismo, el universalismo y la técnica. ¿Qué
entiende por individualismo? La ruptura de la persona con
los vínculos comunitarios: tradiciones, familia,
región, nación, etc. ¿Cómo define el igualitarismo?
Como la negación del derecho humano a la diferencia.
¿Qué le preocupa en el universalismo? La pretensión de
homogeneizar las culturas según el modelo
norteamericano. Y ¿cuál es el peligro de la técnica?
Esclavizar a su creador y deshumanizarlo. Este es el
nervio de la obra.
Hay, además, importantes excursos como una aguda
crítica del modelo de librecambismo «salvaje», y de la
democracia partitocrática, consecuencias del
individualismo. Ante sus excesos se propone un mercado
orientado, y una representación política orgánica. Hay
también el reconocimiento de la crisis del nacionalismo
y de la descomposición de la conciencia unitaria de
España. Propone la recuperación de un proyecto nacional
encardinado en el destino histórico. Finalmente, se
denuncia la «tiranía icónica» del medio televisivo y
la constitutiva tendencia de la «medioklatura» hacia el
embrutecimiento popular. El autor adopta una cierta
resignación ante hecho tan decisivo.
Quizás lo más problemático de este libro sea el
reiterado repudio de la técnica, renovando argumentos
que dieron lugar a una sonada polémica el primer tercio
de nuestro siglo en la que intervino con cierta
ambigüedad nuestro Ortega y Gasset. En los
antitecnicismos se suele postergar el hecho de que la
técnica es la ciencia aplicada, y de que la ciencia es
el más propio y refinado producto de la inteligencia
humana y la pulsión más humanizadora. Es obvio que
desde que el hombre empuñó el primer artilugio
según la tradición bíblica, una quijada- puede
utilizarlo para asesinar a su hermano; pero tal
eventualidad no justifica el retorno al adanismo. La
clave no está en los artefactos, sino en la moral de
cada individuo. Esparza sugiere un retorno a la
espiritualidad y a los valores clásicos. La eterna
cuestión es que los humanos necesitamos una ética. Pero
ahora los demagogos sólo ofrecen permisivismo,
indisciplina y pérdida del norte.
Libro culto, rebelde, sugestivo, con hallazgos expresivos
dentro de una constante corrección literaria. Hay que
estimular a este joven meditador a que continue revisando
las consignas mediáticas que castran la capacidad mental
de tantos cerebros pasivos de su generación.
No es un catecismo categórico de columnista partidario,
sino una provocación de observador interrogativo e
independiente. Desde la disidencia se manifiesta un
liberal que invita ya a la adhesión, ya a la
discrepancia. De ambas reacciones habrá fértil cosecha
en el lector no del todo cerril.
G.F.M
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