LIBROS: The
Politics of Prudence
Kirk,
Ruselli: The Politics of Prudence. ed. Intercollegiate
Studies Institute (14 South Bryn Mawr Ave., Bryn Mawr,
PA19010, EE.UU.), 2ª edición, 1995, 304 páginas.
Se trata de una aproximación a la política, desde una
óptica norteamericana, según coordenadas basadas en el
derecho natural y el orden. La base del libro fueron las
conferencias que el autor dictó bajo los auspicios de
The Heritage Foundation.
Kirk proclama: «cuidado con el Behemoth». ¿Quien puede
negar la asfixia centralizadora -incluso bajo subespecies
autonómicas- y regulatoria con la que el Leviatán nos
atormenta? Frente a ello los libertarios norteamericanos
han alzado una bandera con algunos elementos
diagnósticos excelentes, como su anticentralismo, su
antiigualitarismo o la defensa de una prudente política
exterior sin intromisiones; y siempre pésimas
terapéuticas. Kirk señala su talón de Aquiles: no se
puede ser individualista a ultranza; no se puede basar
una sociedad en los intereses personales y en los
apetitos individuales porque el hombre es un ser social
por naturaleza, necesitado de las venerables creencias y
costumbres, del patriotismo como síntesis de amor al
bien común y aceptación del legado histórico de
nuestros antepasados. La libertad privada absoluta es
imposible.
Kirk siempre citaba a Wilhelm Roepke, economista
político que buscó las bases éticas de la economía y
la humanización de las estructuras económicas, porque
como él creía «en el gobierno de las instituciones
locales hacia arriba, no el de una élite burocrática
centralizada». El principio de subsidiariedad, desde
Aristóteles hasta Santo Tomás, desde Vázquez de Mella
hasta ahora ha sido, es y será patrimonio «de las cosas
permanentes». El suizo-alemán se convirtió en «un
campeón de la economía humana: esto es, un sistema
económico adaptado a la naturaleza humana y a una escala
humana en la sociedad, opuesto a los sistemas inclinados
hacia la producción en masa independientemente de las
contraproducentes consecuencias personales y sociales».
No en vano Roepke combatió tanto el socialismo como el
capitalismo, puesto que Kirk y él compartían la
restauración de la libertad de los hombres promoviendo
la independencia económica, amenzada tanto «por la
especialización "capitalística" [como] por la
consolidación "socialística"». Lo que les
situaba de pleno en los presupuestos y soluciones
distributivos, formidablemente expuestos por Belloc 1.
Uno de los mejores capítulos es el séptimo, donde
recorre el pensamiento conservador sureño de este siglo
basándose en la figura de Donald Davidson. La antigua
Confederación se ha resistido históricamente a la
prevalente tendencia al poder centralizador. Otro puntal
de estos fecundos filósofos políticos ha sido su
defensa del orden agrario como basamento de la
estabilidad de una sociedad. Religión, política,
literatura y tradición son conceptos ligados, no
divorciados, como ocurrió desde el principio entre los
yanquis. En definitiva, «un reproche al materialismo, un
correctivo a la adoración del progreso, una
reafirmación de las necesidades espirituales y
estéticas del hombre».
Y un interesantísimo análisis de T.S. Eliot, un paseo
con Malcolm Muggeridge, un ensayo sobre política
exterior, otro sobre educación, una crítica demoledora
contra los neoconservadores, y muchos más capítulos que
no tienen desperdicio. Un poderoso antídoto contra lo
que Orwell hubiera denominado «el hombre medio, que
piensa en eslóganes y habla a balazos».
Lectuara obligatoria y ágil para cualquier joven versado
en la lengua de Shakespeare. Y también para los cerebros
bienpensantes de la ahogada derecha española.
Con un epílogo invitándonos a redimir estos
atormentados tiempos.
Juan M. Santos
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