Itinerario de
Jorge Pratt
I.
INTRODUCCION
Hay personajes en la historia de las diferentes naciones
que con el paso del tiempo caen en el más absoluto de
los olvidos; uno de esos casos es el del chileno Jorge
Prat Echaurren.
Nuestro personaje, nieto de Arturo Prat Chacón 1, era
hijo de Arturo Prat Carvajal 2 y Blanca Echaurren 3.
Nació en Santiago de Chile un 24 de Abril de 1918;
cursó sus primeros estudios en el colegio de los
Sagrados Corazones y se licenció en Derecho por la
Universidad Católica. Pero no fue precisamente por el
ejercicio de su profesión como abogado, ni por su labor
docente en materias de Derecho Civil y Derecho Social, ni
como director de diversas revistas de ámbito académico
4, por lo que Jorge Prat ha pasado a la historia de su
país. Su figura está unida a su actuación política y
su contribución al progreso social del Chile
contemporáneo.
II. PRAT Y EL PARTIDO CONSERVADOR
Prat sintió desde muy joven la llamada de la política,
tanto que a sus quince años ya participó en la
reconstrucción de las exiguas juventudes del Partido
Conservador, en lo que se ha dado a conocer con el nombre
de Centro de Estudiantes Conservadores, núcleo del que
saldría poco tiempo después la llamada Falange
Nacional, cuna del actual Partido Demócrata Cristiano 5
.
Cuando en 1938/39 el grueso de la Falange Nacional rompe
con el viejo tronco conservador, Prat será llamado por
la dirección del partido para recomponer y reestructurar
la organización juvenil. Desde la presidencia de la
Juventud Conservadora trató de mantener los ideales
portalianos 6 y corporativistas que años atrás le
habían impulsado a adherirse al núcleo creado en tomo a
Manuel Garretón Walker e Ignacio Palma Vicuña.
En el primer manifiesto 7 dado a conocer por la renovada
Juventud Conservadora se proclamaba la lucha contra el
totalitarismo estatal y el liberalismo individualista.
Los jóvenes conservadores decían no creer en la
excelsitud del régimen democrático y predicaban, por el
contrario, tener una inmensa fe en una organización
política que tuviera en cuenta las diferentes
actividades económicas y sociales en un régimen de
corporaciones, así como en el reemplazo del sistema de
sufragio universal por otro que asegurase el gobiemo
fuerte de los capaces, dentro del respeto y acatamiento a
la ley. El citado manifiesto también criticaba a los
partidos que hacían gala de su catolicidad pero pasaban
a apoyar a gobiernos frentepopulistas 8 y llamaban a
militar en sus filas a todos aquellos que estuvieran
convencidos de la «absoluta vaciedad y terrible
nocividad de las ideas de izquierdas» .
Estas tesis eran defendidas, al menos en teoría, por el
grueso del Partido Conservador. Pero, a pesar de ello,
Jorge Prat no tardaría mucho tiempo en darse cuenta de
las prácticas del conservadurismo chileno; éste no
dudaba en pactar con aquellas fuerzas políticas a las
que decía combatir. Semejante contradicción provocará
su salida de dicha colectividad quince años después de
su ingreso en la misma. Tal suceso le llevó a
reafirmarse en sus postulados antipartidistas. Años más
tarde comentaría: «Cuando vi que en ese partido se
confundían el interés propio con el del país,
sacrificando este último y que, más aún, los
representantes en el Parlamento de ese partido
sacrificaban todo, incluso la doctrina, por su directo
interés electoral, comprendí que era la organización
partidista la que estaba mal en Chile» 9. En una
entrevista anterior había afirmado que su salida del
Partido Conservador se debía, fundamentalmente, a lal
creencia de que su actuación se dirigía más a
conservar sus clientelas electorales que a la defensa del
concepto de gobierno nacional-portaliano; principio, este
último, que había motivado, en su juventud, su
adhesión al conservantismo 10. Poco tiempo antes de su
salida del Partido Conservador aparecieron a luz pública
dos pequeños libros donde Jorge Prat vierte algunas de
sus ideas políticas. En el primero de ellos, El fracaso
de un triunfo, realiza una dura crítica del gobierno de
Juan Antonio Ríos, cuya administración se caracterizó
por el estatismo y la corrupción. Poco tiempo después
publicó un segundo libro, una novela a caballo entre la
ciencia ficción y la realidad política: Jonathan Lasky,
corresponsal de guerra, que trata de las aventuras de un
periodista que quiere denunciar el avance del comunismo
ante la impasibilidad, incluso la permisibilidad, de los
aliados occidentales, pero su deseo se ve amordazado por
sus editores. Prat denuncia las injusticias de los
vencedores, la tan cacareada libertad de expresión, la
ocupación de buena parte de Europa por parte de la URSS
y el comunismo, y la ceguera de gente que acepta los
designios de sus mandatarios y no quiere, o no se atreve,
a buscar la verdad, la realidad de las cosas que
acontecen en el mundo y en sus respectivas naciones 11.
III. LA REVISTA ESTANQUERO
En 1946 funda la revista Estanquero 12, que en un
principio se alza como la réplica al periódico El
Siglo, órgano del Partido Comunista. El Estanquero se
encuentra ligado, al menos inicialmente, a la fundación
de la Acción Chilena Anticomunista (A.CH.A); aunque,
también, desde un principio dejó claros cuales eran sus
objetivos:
«...crear una nueva fe en Chile, en las virtudes
tradicionales de su raza, en la potencialidad de su
pueblo, en las posibilidades de su desarrollo futuro. La
fe en un Chile sin políticos aprovechadores y mendaces,
sin funcionarios públicos prevaricadores o indolentes,
sin especuladores ni agiotistas, sin agitadores
profesionales que medran con la esperanza y la credulidad
de las masas, sin prensa envenenadora del alma popular...
Hay, finalmente, que crear en la juventud un sentido
heroico y sobrio de la vida, de la responsabilidad social
y del respeto a la personalidad humana... Hay que
movilizar a la juventud en torno a grandes y nobles
ideales, señalándole una senda, un destino histórico,
un sentido profundo de la vida de su pueblo y de su
época» 13 .
El grupo de los estanqueros jugará un modesto, pero no
por ello menos importante, papel en la elección del
General (r) Carlos Ibáñez del Campo que, tras su caída
del poder en 1931, había intentado en varias ocasiones,
sin éxito, ser elegido para ocupar la más alta
magistratura del Estado 14. Ahora, y a pesar de haber
sido uno de los personajes más controvertidos y odiados
de Chile, se alzaba como el único hombre capaz de sacar
a su país de la situación de caos y crisis a la que le
habían llevado los diversos gobiernos radicales.
Ibáñez había pasado a ser considerado como el
«General de la Esperanza», el portaestandarte de la
«Revolución Pacífica» que iba a barrer 15 la
corrupción y los malos usos de la política nacional.
Desde el inicio de la campaña electoral el Estanquero
fue el único medio de comunicación que apoyó, sin
condiciones, su candidatura. Tras la victoria electoral
de Ibáñez del Campo se le hizo llegar, desde las
páginas de la revista, una simbólica entrega de los
ideales portalianos que les inspiraban:«Ibañez tiene en
su poder, ahora, todas las banderas de la salvación. Las
banderas de la confianza popular y nacional. Nosotros le
entregamos la nuestra: la chilena, inspirada en el
símbolo de Portales, de un Gobierno justo, integrador,
severo y nacionalista. Es una bandera que hemos hecho
flamear contra vientos y mareas, por seis años. Está
limpia porque contiene nuestras ilusiones y nuestro
patriotismo. Sabemos que el General Ibáñez la clavará
en lo alto de sus ideales» 16.
IV. PRAT Y LA PRESIDENCIA DE IBAÑEZ DEL CAMPO
Tras el triunfo electoral de Ibáñez y su proclamación
como Presidente de la República, Jorge Prat fue llamado
para integrar una comisión del Ministerio de Hacienda
encargada de estudiar los problemas estructurales que
afectaban a las finanzas del Estado 17 . En 1953 fue
designado para ocupar la presidencia de la Caja Nacional
de Ahorro; desde esta institución impulsó la creación
del Banco del Estado, tras fusionar el organismo del cual
era presidente con la Caja de Crédito Agrario, la Caja
de Crédito Hipotecario y el Instituto de Crédito
Industrial. Se creaba así una cuenta única que
concentraba todos los depósitos fiscales y previsionales
que hasta ese momento eran depositados en bancos
privados; el Estado lograba, de esta forma, reunir todos
sus activos disponibles, posibilitando una actuación
más eficaz en sus planes de desarrollo socio-económico.
En 1954 pasa a ocupar la cartera de Hacienda, por un
período de seis meses 18. Como representante de su
gobierno asiste a la X Conferencia Interamericana de
Caracas, donde lanza la idea de crear una institución
financiera cuyo objetivo debía ser el impulso del
autofinanciamiento de las economías iberoamericanas y su
desligamiento del tutelaje económico de Estados Unidos.
Esta idea cobrará vida tras la decisión de la
Conferencia de Quintandinha (Brasil) de organizar el
Banco Interamericano del Desarrollo (el BID). También
propone la creación de un espacio económico común,
defendiendo un proyecto similar al impulsado por Juan
Domingo Perón a través del B.A.C. (frustrado intento de
establecer entre Brasil, Argentina y Chile un marco de
cooperación económica) I9.
En 1956 asiste, como representante del nacionalismo
chileno, e invitado por el presidente Nasser, a una
reunión en El Cairo previa a la nacionalización del
Canal de Suez.
V. PRAT Y LA PRESIDENCIA DE JORGE ALESSANDRI
Jorge Prat también va a jugar un papel destacado durante
la presidencia de Jorge Alessandri 20. Su nombre
apareció como probable responsable del Ministerio de
Trabajo y Previsión Social. La radical oposición de los
sectores liberales y de una buena parte de los
conservadores frustran el deseo de Alessandri. No
queriendo éste desprenderse de su colaboración le
encarga la realización de la reforma previsional. Prat
se coloca, de esta forma, al frente de una comisión
encargada de llevar a cabo una profunda modificación de
la Seguridad Social. Tras revisar quinientas catorce
leyes existentes sobre la materia, labor que le lleva
tres largos años, entrega un grueso informe de
veinticinco tomos; en ellos se critica las jubilaciones
millonarias, enfrentándolas a las paupérrimas pensiones
que recibían los sectores obreros. Prat encabeza su
trabajo con la siguiente máxima: «lo que no se da a
uno, no debe darse a todos; lo que no puede darse a
todos, no debe darse a ninguno. 21.
VI. PRAT Y SU PARTICIPACION EN LOS PROCESOS
ELECTORALES DE 1964 Y 1965
En 1964 culminaba la presidencia de Jorge Alessandri. Las
diferentes fuerzas políticas venían perfilando desde
1963 las distintas candidaturas que debían competir en
la confrontación electoral del 4 de Septiembre. Una de
estas candidaturas fue la de Jorge Prat Echaurren,
proclamado, como tal, por una convención de ciudadanos
independientes (la mayoría de ellos procedentes del
ibañismo y de los sectores agrario-laboristas) celebrada
en la ciudad de Temuco el 11 de Marzo de 1963. Para
respaldar su proclamación se impulsó la formación de
una agrupación política: Acción Nacional. El primer
presidente de la nueva colectividad fue Sergio Onofre
Jarpa 22, formaron parte de su directiva destacados
intelectuales de la talla del historiador Gonzalo Vial
Correa o del periodista y abogado Mario Arnello Romo.
Este último fue, además, el generalísimo de su
campaña electoral. Su candidatura fue apoyada por otras
agrupaciones, tales como el Movimiento Revolucionario
Nacional Sindicalista, inspirado en el pensamiento de
José Antonio Primo de Rivera, y el Movimiento Liberal
Balmacedista, entre cuyos dirigentes destacan hombres
procedentes del Partido Liberal, entre estos sobresalen
las figuras de Enrique Campos Menéndez y Hugo Gálvez,
ex-Ministro de Trabajo con Jorge Alessandri.
El proceso electoral sufrió un brusco cambio de rumbo a
finales de 1963; la inesperada muerte del diputado
socialista por Curicó, Oscar Naranjo Jara, provocó la
celebración de una elección complementaria. Todas las
fuerzas políticas dieron una importancia inusitada a tal
evento. La mayoría de los políticos querían ver en esa
elección unas primarias que fortalecerían sus diversas
posiciones y expectativas. La derecha, que había sido
hasta no hacía mucho tiempo la fuerza mayoritaria en la
zona, deseaba recuperar su posición dominante, la
izquierda, por su parte, deseaba mantener el acta de
diputado; la democracia cristiana, que no tenía nada que
perder en la confrontación, acudía a la elección
complementaria con el único objetivo de mejorar
posiciones.
La inesperada victoria socialista provocó el alarmismo
en las fuerzas de la derecha, que veían en la
candidatura de Salvador Allende un peligro inminente.
Esta situación provocará el apoyo del Partido
Conservador y el Partido Liberal (aliados del Partido
Radical en el Frente Democrático) al candidato
demócrata cristiano sin ningún tipo de
contraprestaciones.
Jorge Prat, por su parte, fue el único de los candidatos
en liza que retiró su postulación. Prat no deseaba bajo
ningún concepto la victoria allendista, pero tampoco
podía solicitar el voto de sus seguidores para alguno de
los demás candidatos. Prat recordaba a sus partidarios
que él había sostenido que era un error pretender
derrotar a una candidatura marxista con el planteamiento
de candidaturas partidistas, excluyentes y fragmentarias;
creía firmemente en que sólo una candidatura nacional e
independiente (como lo fueron en su momento las de Carlos
Ibáñez del Campo y Jorge Alessandri) podía enfrentar
con éxito el proceso electoral, para procurar más
adelante la unidad de todas las clases sociales y del
trabajo; sólo de esta forma, al decir de Prat, se
lograría una mayor justicia y progreso para todos. Sus
creencias le impedían solicitar el voto para Eduardo
Frei, que había adquirido el apoyo de la mayor parte de
los componentes del Frente Democrático 23. No obstante,
algunos de sus partidarios se decicieron a crear la
Unión Nacional Independiente, plataforma política de
apoyo al candidato demócrata cristiano; entre los
promotores de esta agrupación se encontraban Jaime
Sanfuentes Irarrázaval y Arturo Domínguez.
En 1965 Jorge Prat volvió a ser noticia. Ese año
debían celebrarse elecciones parlamentarias y Acción
Nacional presentaba al Senado (por la circunscripción de
Santiago de Chile) la candidatura de Prat, quien iba
acompañado por Hugo Gálvez. La pequeña agrupación
nacionalista también presentó treinta candidatos a la
Cámara de Diputados, entre los que destacaban las
figuras de María de la Cruz Toledo 24 y Rodolfo Ibáñez
Letelier 25 .
Los resultados de esas elecciones fueron realmente
desastrosos, no sólo para Acción Nacional (obtuvo
15.173 votos al Congreso y 55.287 26 al Senado, no
logrando elegir a ninguno de sus candidatos) sino
también para la derecha. El Partido Conservador y el
Partido Liberal, en su conjunto, apenas lograron nueve
diputados; ninguno de ellos logró senador alguno, aunque
conservaban los senadores elegidos en 1961 ( el Senado se
elegia por un período de ocho años y se renovaba por
mitades cada cuatro).
VII. PRAT Y EL PARTIDO NACIONAL
La situación creada por las elecciones de 1965 va a
provocar la unificación del Partido Conservador, el
Partido Liberal y Acción Nacional; de la fusión de
estas tres colectividades renacería un nuevo Partido
Nacional. La nueva agrupación ve la luz pública el 16
de Junio de 1966. Su primer presidente será el
independiente Víctor García Garzena y sus
vicepresidentes Sergio Onofre Jarpa (por el nacionalismo
pratista), Tomás Puig Casanova (por los conservadores) y
Domingo Godoy Matte (por el liberalismo); actuando como
secretario general (el también nacionalista) Sergio
Miranda Carrington 27. Entre los miembros de la directiva
se encontraba Jorge Prat, que ocupaba un cargo en el
tribunal supremo del nuevo partido.
Los principios doctrinales del Partido Nacional, pese a
la presencia de conservadores y liberales, se van a ver
fuertemente influenciados por los sectores provenientes
del pratismo: nacionalismo, corporativismo, laicismo.28
En otros muchos aspectos, inclusive el nombre, recordaba
al montt-varismo 29 del siglo XIX, tan combatido por los
liberales y conservadores.
Jorge Prat no tardaría mucho tiempo (mediados de 1969)
en abandonar la colectividad arriba mencionada; creía
que la estructura partidista y los usos parlamentarios
deformaban la ilusión patriótica creada en torno al
Partido Nacional. En 1971, junto a algunos de sus más
directos colaboradores, entre los que se encontraba el
ex-radical Arturo Olavarría, pasa a fundar una nueva
formación política: la Unión Cívica Democrática.
Dicha agrupación contaba con el apoyo de relevantes
militares, como Máximo Errázuriz y Green Baquedano.
Más que un nuevo partido político la Unión Cívica
constituía una agrupación de ciudadanos que proponían
la organización de una sociedad orgánica que superase
los esquemas estructurales del sistema politico
imperante, una regionalización de Chile que procurase el
desarrollo económico de las zonas más alejadas de los
centros del poder y, finalmente, la necesidad de
restablecer el principio portaliano de la autoridad 30.
Precisamente cuando Prat volvía de realizar diversas
actividades tendentes a la propagación de los principios
de este movimiento ciudadano, muy similar al poujadismo
francés, un triste accidente de tráfico segó
inesperadamente su vida. Era un 21 de diciembre de 1971.
VIII. PENSAMIENTO POLITICO DE JORGE PRAT
El presente artículo estaría incompleto si no se
dedicaran, al menos, unas líneas al pensamiento
político de Jorge Prat; éste se halla disperso en
multitud de artículos de prensa, cartas a los amigos y
colaboradores, discursos e intervenciones públicas,
etc... Mario Arnello recogió en un libro, El fracaso de
la democracia, las propuestas realizadas por Prat ante a
las elecciones presidenciales de 1964; esta obra, junto a
las editoriales del Estanquero, es la mejor fuente de
referencia para el análisis del pensamiento político de
nuestro personaje.
Aunque ya se ha apuntado, el ideario de Jorge Prat se
presentaba como el regenerador de la figura de Diego
Portales; baste para ello recordar que el semanario
arriba mencionado adoptó el nombre con el que se
conocía a los partidarios del impulsor de la
Constitución de 1833. Efectivamente, la figura de
Portales era toda una referencia para Prat, quien tomó
al citado personaje como símbolo y ejemplo de una
política auténticamente nacional :«Queremos un
portalismo contemporáneo que repita la creación del
gran Ministro estanquero con los muy diversos materiales
del Chile de hoy». Se recordaba que Portales tuvo el
acierto de «prescindir de los ideólogos y edificar un
gobierno sobre lasfuerzas sociales y los intereses reales
en juego en su momento» 31.
Prat, como Portales, va a proponer una regeneración
política que evitase la «subordinación del interés
nacional a las ambiciones de partido, de clase o de
grupo»; se rebela así contra la partitocracia, en la
que ve «la utilización de la demagogia y la
satisfación de apetitos de las clientelas
electorales».32 Prat llegó, incluso, a solicitar el
saneamiento de la cosa pública, excluyendo de la
participación en la misma a todos aquellos que no
tuvieran las manos ,limpias y hubieran aprovechado sus
puestos de responsabilidad política para su beneficio
particular 33.
Esta denuncia del actuar de los políticos y de las
agrupaciones que les respaldan tiene su continuación en
la crítica que Prat realiza de la democracia y el
parlamentarismo. En relación a la democracia Prat
advierte que ésta sólo se preocupa del «simple
mantenimiento de las libertades públicas y el ejercicio
del derecho electoral» 34; tolerando, e incluso
admitiendo, el florecer de determinados grupos que
disponen «a su antojo delpresupuesto nacional;
favoreciendo a correligionariosy hermanos» 35.
Prat consideraba que la democracia chilena estaba
manejada por manos egoístas y regada por instituciones
añejas, que servían para proteger privilegios y
perpetuar desigualdades, para dilapidar recursos y alejar
la esperanza y la alegría de prosperar a una muy
cuantiosa porción de chilenos. Para evitar dicha
situación habría que cambiar la base de representación
popular, disminuir el papel relevante de los partidos
políticos y sustituir, o al menos compaginar, el
sufragio universal con otras formas de representación
que tuvieran en cuenta las organizaciones del trabajo,
«la familia y las entidades regionales». 36
Prat creía que la vida política del país debía ser
«un reflejo auténtico de la nación», y este reflejo
debía plasmarse en la
creaci
n de un parlamento funcional, que procurase la llegada a
él de «hombres especializados en todo orden de
materias, para estar en condiciones de juzgar con
conocimiento de causa»; hombres y mujeres apolíticos,
silenciosos, despegados de todo tipo de ambiciones
personales, amantes de su familia y de su Patria.37
En el plano económico Prat se definía como «liberal en
la producción, socialista en la distribución». Abogaba
por salarios mínimos vitales que guardaran relación
exacta con el esfuerzo que cada hombre realizaba en sus
funciones laborales; al mismo tiempo proponía
«establecer una participación efectiva y real del
trabajador en su empresa, tanto en sus utilidades, en
relación directa con su productividad, como en la
propiedad de aquel, a través de la acción del trabajo
». Con ello el, líder nacionalista chileno buscaba unir
al trabajador con su empresa a través de un capitalismo
popular y redistributivo de la riqueza; respetuoso con la
propiedad privada, Prat llegaba a defender tesis y
planteamientos cercanos a la co-gestión.38
Finalmente, cabría hacer un breve apunte sobre la
concepción nacionalista de Prat, concepción ésta que a
su vez entronca con sus postulados hispanoamericanistas y
anti-imperialistas. Afirmaba que Chile constituía una
«comunidad . . . un quehacer histórico permanente»
cuyos valores «de la sangre y del pasado» se
encontraban enraizados «a España, al occidente
cristiano y a Roma». Continuaba aseverando que estos
valores eran un signo permanente y continuado, un todo
natural y orgánico; en definitiva, la Patria. 39
La defensa de estos valores se practicaba no sólo con el
recuerdo del pasado y de las glorias nacionales, sino
además como el motor del presente, y aún del futuro, en
una acción, en el plano continental y americanista, de
luc,ha contra el imperialismo soviético y el
neo-colonialismo anglosajón. El nacionalismo chileno
sólo encontrarla su auténtica dimensión en la lucha
por la integración y unidad de los pueblos americanos
cuyas raíces se hallan vinculadas a España y Portugal;
naciones, que al decir de Prat, compartían un destino
histórico (recuérdese el papel de Prat en la X
Conferencia Iberoamericana de Caracas) 40 .
Por último, el nacionalismo de los estanqueros se
vincula con los diversos movimientos tercermundistas: con
el movimiento iranio de Mossadegh, el panarabismo de
Nasser, con el M.N.R. de Paz Estensoro y su revolución
bolivariana, con el peronismo argentino... Era el
reconocimiento de todos aquellos que, desde diferentes
frentes, luchaban por alejarse de las interferencias
extranjeras (de Estados Unidos y la URSS, principalmente)
en sus políticas nacionales 4l .
IX. NOTA FINAL
Los breves apuntes realizados sobre la acción y el
pensamiento político de Jorge Prat confirman que éste
no era un profesional de la política; tampoco muestran a
alguien que pudiera ser clasificado como un hombre de
derechas o izquierdas. Por el contrario, nuestro
personaje trató tan sólo de ser un servidor público,
preocupado del bienestar popular y la regeneración de su
Patria. Prat fue un incomprendido por la mayor parte de
la clase política chilena, cuyas intrigas y desprecios
fueron causa sin duda de que se le relegara a un segundo
plano durante las presidencias de Ibáñez del Campo y
Jorge Alessandri, presidentes con los que, llegó a
colaborar. Hoy su obra y su ejemplo es continuado y
defendido por su hijo Francisco Prat Alemparte, actual
senador de Renovación Nacional.
José Díaz Nieva
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