LIBROS: En busca de un mundo mejor. nº 95

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LIBROS: En busca de un mundo mejor. nº 95

Comentarios de A. Landa al libro de Karl Popper

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LIBROS: En busca de un mundo mejor

Popper, Karl: En busca de un mundo mejor, trad. esp. ed. Paidos, Barcelona 1995, 314 págs.



Carlos Popper, nacido en 1902, es uno de los intelectuales más valiosos del siglo XX. Nunca ha cesado de autodefinirse como «racionalista» y «liberal», y de negar su adscripción al neopositivismo lógico de Viena. Sus obras capitales están traducidas al español (La sociedad abierta y sus enemigos, 1957; La lógica de la investigación científica, 1962; La pobreza del historicismo, 1973; Conocimiento objetivo, 1974; Busqueda sin término, 1977; Conjeturas y refutaciones, 1983, etc). Ahora se vierte del inglés Insearch of a better world (Londres, 1992) que recoge dieciséis trabajos escalonados a lo largo de tres décadas. No hay en ellos ninguna revelación esencial; pero en todos se manifiesta un carácter independiente y una inteligencia poderosa.

Como es hábito del autor, en cada tesis asoma la cortés intención polémica; es, sobre todo, el caso del ensayo «Contra las grandes palabras» donde ridiculiza a los herméticos y es demoledor con Habermas. En 1975, llegó a escribir: «La filosofía profesional no ha hecho demasiado bien», «no considero verdadero filósofo a Fichte o a Hegel». Wittgenstein es «la mosca incapaz de salir de la botella». Esta es su prescripción: «lo peor que pueden hacer los intelectuales -el pecado cardinal- es intentar establecerse como grandes profetas ante sus congéneres e impresionarles con filosofías desconcertantes».

Además de ratificarse en su realismo racionalista y en su criterio de la «falsabilidad», reitera sus ideas políticas. La más significativa fue su desmitificación de la democracia: «la opinión pública es peligrosa como árbitro del gusto, e inaceptable como árbitro de la verdad»; «la diferencia entre una democracia y una tiranía es que en la primera es posible sacarse de encima el gobierno sin derramamiento de sangre» (Vid. G. Fernández de la Mora: «Popper y la democracia mínima» en Razón Española, marzo de 1988, núm. 28, págs. 185-191).

En el importante ensayo «La opinión pública y los principios liberales» (1954) redujo éstos a ocho postulados. El primero, que como un eco de Ockham podría denominarse la «navaja liberal», dice así: «El Estado es un mal necesario y sus poderes no deben multiplicarse». El último postulado no es menos aleccionador: «Entre las tradiciones que debemos considerar más importantes está el marco moral que contiene el sentido de justicia de una sociedad. Su destrucción conduce al cinismo y al nihilismo, es decir, al desprecio y la disolución de todos los valores humanos». Las víctimas del socialismo real padecieron tal degradación, ensayada y en parte lograda por los socialistas españoles en casi tres lustros de gobierno.

Estudiar a Popper es una cura de sentido común, de respeto a los datos, de lucha contra los prejuicios, y, en suma, de ejercicio de la razón.



A. Landa



 

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