CRONICA: La diplomacia. Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia. nº 84

Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia

Euroclima. Puede calificarse de calamitoso. Ha sido un mes de mayo que, más que primaveral, ha sido de azotes otoñales, con vientos que sobrepasan lo normal en esta época del año. y ese desorden atmosférico se ha traducido en confusionismos, temores y claudicaciones en la marcha hacia el euro.

El comienzo del mes se abrió con las elecciones en Gran Bretaña. un prolongado gobierno conservador ha dado paso a un gobierno socialista que, por lo menos, es tan crítico para la moneda única como lo era su predecesor. De las declaraciones de sus dirigentes puede deducirse que seguirá con la política mantenida respecto a Europa; pero esto no es una declaración suficientemente clara como no era clara la actitud de los conservadores al respecto. En todo caso, el cambio ha traído consigo un compás de espera que, por lo menos, durará tanto como sigan fluctuantes las políticas comunitarias en la Europa continental.

Al Este del canal de la Mancha, las reticencias y críticas se multiplican. ya no es sólo Dinamarca, sino que la propia Suecia, recién entrada en la UE, acuerda abstenerse de una eventual integración en la moneda única. El gesto es importante porque refuerza la tendencia escandinava a no dejarse arrastrar a un abandono de soberanía política y monetaria.

Luego fue lo de Francia. Unas inesperadas e inútiles elecciones
que, además, nada las exigía- han dado la victoria a un partido socialista difunto, barrido del espectro político hace tan sólo dos años y que ahora reaparece poderoso, intransigente y vindicativo. Y, lo que es peor, ha renacido de sus cenizas -ave fenix incombustible- el Partido Comunista que parecía, tras los diez últimos años de historia, definitivamente desaparecido del arco político francés. Ambos partidos unidos -reconstituido, sin proponerselo, el Frente Popular- se caracterizan por un inconformismo a la hora del euro. Sus ministros en el nuevo contubernio gubernamental son ferozmente anti-moneda única. Y, para apoyarles, contarán con el evidente apoyo del «partido verde» que por primera vez alcanza las alturas del poder. En el panorama político francés sorprendía la veleta de su gobierno agitada por las fuertes ventiscas primaverales de este mayo; apunta ahora contra el euro. Y ha dejado sólo en las alturas a un Presidente de la República muy desprestigiado y sin fuerza para hacer frente al vendaval político que hace temblar los fundamentos de la construcción económica europea simbolizada en la adopción del euro.

Pero no era la última calamidad. Ni la más grande. Porque, a renglón seguido, el Ministro alemán de Hacienda y el Presidente del Bundesbank se enzarzaron en violenta dialéctica que afecta a la base fundacional del euro. El déficit alemán es tan grande que sólo una revaluación de las reservas de oro del Banco Federal podrían paliarlo y poner así en límites razonables el coeficiente de déficit previsto en Mastrique como condición para ser aceptado en la moneda única.Pero no contaban con la rígida disciplina del Banco, que se negó a participar en una operación de cirugía plástico-financiera. Y esto, porque el tratado de Mastrique niega taxativamente a los gobiernos la posibilidad de mediatizar a los bancos nacionales.

Ahora se busca fórmulas de compromiso para no interrumpir la marcha hacia el euro.

Hasta se alzan voces autorizadas criticando el euro y su adopción. Milton Friedman, premio Nobel de Economía, descarta el euro como instrumento de unión continental. Para él, la unión monetaria debe ir precedida de la unión política, de una homogeneización de las estructuras y, sobre todo, de ser cada Estado capaz de enfrentar sus propias crisis sin arrastrar a los demás países amparándose en una moneda única. Que puede ser eficaz vehículo para extender crisis y no para contenerlas.

La reunión socialista de Malmoe ha resuelto que la Europa social debe primar sobre la Europa monetaria y que la política debe jugar un papel primordial para evitar unos costes sociales demasiados elevados. Es que los sondeos de opinión pública de los países afectados dan clara preferencia a caminar con prudencia hacia el euro, bien mediante un replanteamiento, bien mediante aplazamientos.

A esta crisis de la idea de Europa se unen conflictos internos del reparto de poder entre los Estados miembros en el seno de la Comisión, donde se contraponen los puntos de vista de Estados pequeños y grandes Aquellos defendiendo su posición de fuerza imponiendo dos comisarios por Estado, dejando a los pequeños sólo uno por su país. Incluso, para evitar la burocracia gigantesca que ya se prevé privando de representantes a algún pequeño Estado. No es de imaginar la indignación levantada. Como de costumbre, la solución buscada en Nordwyck en mayo -el mes aciago- ha sido aplazada a la reunión de Amsterdam.

No hay que hacerse ilusiones: en vísperas de tantos problemas a debatir y con la presencia de crisis ya estalladas -conflcito de pesca con la Gran Bretaña y guerra de camioneros en los Pirineos- será difícil poder seguir con la mirada sólo puesta en Mastrique.

Otan. El esfuerzo ha sido grande. Las posiciones parecían irreductibles e irreconciliables. Pero el milagro se ha hecho: Rusia y la OTAN han firmado el «acta» -que no acuerdo, ni convenio y, por eso, sin necesidad de refrendos parlamentarios- en virtud de la cual se crea una dirección tripartita -Secretario General de la OTAN, Rusia y un representante de los países ya integrados e la OTAN. Se prevé la máxima reducción posible de armas convencionales y, respecto a las nucleares, se renuncia a nuevos despliegues o instalaciones.

El Rey, en protocolaria visita a Moscú, se centró principalmente en temas de cooperación económica, dificultada por los problemas económicos de Rusia y la cauta política inversionista del capital español en un país que aún está en fase de reformas legislativas que permitirán una mayor libertad económica.



Marruecos. Las relaciones con nuestro vecino del Sur deben ser siempre objeto de especial atención. También para Marruecos es primordial la buena relación. En este marco de evidencias, la presencia del Príncipe heredero del Trono alauita durante cuatro días al lado del Príncipe de Asturias por diferentes lugares de la geografía española es significativa porque, como el visitante decía «no se puede cambiar la geografía». Es de subrayar que el marroquí pidió una intensificación cultural de España en su país «que ahora es insuficiente», teniendo en mente que se habla español «en el Norte y el Sur» (Sahara) de Marruecos. También insistió en la cooperación económica, pero no se hizo referencia a los temas conflictivos, como la pesca y el tráfico de hachís.

A los pocos días de la visita, transcurrida en los cordiales términos, España anunció que condonará a Marruecos 1.500 millones de su deuda para que invierta en obras públicas y convertir otros 5.000 millones en nuevas inversiones. Esta concesión fue obtenida en el curso de su visita a Madrid por el primer ministro marroquí Sr. Filali.



Ley del servicio exterior. Vuelve a ser actualidad la publicación de tal ley. Sus normas principales habrán de ser: restablecer la pérdida de autoridad de Embajadores haciendo de ellos verdaderos jefes de la acción en el exterior, quedando más formal y realmente subordinados al jefe de misión los representantes en el extranjero de variados ministerios u organismos de España que ahora se atribuyen a facultades sin respaldo alguno. Hay que volver al principio de la unidad de acción internacional, con la integración orgánica de las embajadas de todos los representantes de organismos al margen del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Ello llevará consigo la adecuación de nuestros servicios exteriores a las necesidades y compromisos derivados de la moderna estructuración de relaciones internacionales, especialmente tras la incorporación a tantos organismos internacionales.

Al parecer, la nueva ley regulará objetivamente el sistema, siempre conculcado, de la designación de Embajadores, algo que, no determinado en texto agluno, venía aplicándose -con más o menos rigor y según los tiempos- desde siempre. Es de esperar que convertida la costumbre en ley, su aplicación permite acabar, en lo posible, con caprichosas designaciones que tantas veces han redundado en perjuicio de España. Parece que siempre quedará abierto el recurso al «embajador político», una práctica universal que va en contra de la profesionalización de algo tan técnico como debe ser la diplomacia. El «embajador político» sólo puede ser una solución de última instancia y cuando los cuadros de la Carrera carezcan de personal idóneo para un puesto muy concreto. Pero esta circunstancia no tiene por qué darse.




Emilio Beladíez

Embajador de España.




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