LIBROS: Estudios
sobre Gibraltar
J. Uxó
et al.: Estudios sobre Gibraltar, ed. incipe, Madrid
1996, 334 págs.
J. Uxó estudia la situación interna de la colonia desde
sus orígenes hasta las elecciones de 1996, es decir, el
proceso de institucionalización de los ocupantes bajo la
protección militar británica, y les niega capacidad de
autodeterminación y personalidad internacional. F.
Olivié resume el Libro Rojo de 1966 y complementos; es
partidario de «no aislar a Gibraltar». A. Fernández y
J. Uxó analizan el valor económico de la zona y
concluyen que su desarrollo dependerá de la
colaboración hispano-británica. El almirante A. Liberal
afirma que ha disminuido la capacidad militar de
Gibraltar, pero sigue siendo de interés estratégico
para Inglaterra; propone que España tome las medidas
necesarias para ejercer un real control militar de la
zona.
S. del Campo aporta una visión original, la sociológica
de un territorio español víctima del contrabando, de la
contaminación y del parasitismo británicos. No olvida
el Plan de Desarrollo del Campo de Gibraltar elaborado
por López Rodó y que inició la industrialización de
la zona. Pero el esfuerzo se interrumpió a la muerte de
Franco. «El Gobierno español ha desmontado
concienzudamente todas las estructuras políticas y de
gestión capaces». «La Mancomunidad puede darse por
fracasada y no funciona». Y propone que la zona se
constituya en entidad autónoma. En resumen, los
campogibraltareños «abandonados a su suerte por el
Gobierno español», y su problema «puesto al mismo
nivel que la recogida de basuras» municipal.
El contralmirante J. Salgado, muy realista, propone la
creación de un Organo de Dirección y Coordinación de
Gibraltar y «una clara estrategia de presión», incluso
la reanudación del «aislamiento».
Desde las fracasadas operaciones militares del siglo
XVIII, la única acción seria para la recuperación de
Gibraltar es la que llevó a cabo Franco en los foros
internacionales y que desembocó en el cierre de toda
comunicación terrestre el 6 de junio de 1969, y en el
paralelo bloqueo aéreo y marítimo. Esta importante
decisión, mantenida sin la menor fisura por los
ministros Castiella, López-Bravo, López-Rodó, Cortina
y Areilza, convirtió el pingüe negocio gibraltareño en
una pesada carga económica para Inglaterra.
Desgraciadamente, la II Restauración recayó en el
entreguismo del siglo XIX, y el 10 de abril de 1980 el
entonces ministro ucedista de Asuntos Exteriores, Oreja,
acordó con el inglés «el restablecimiento de
comunicaciones directas en la región», o sea, el
levantamiento del bloqueo. Era el principio del fin,
rematado por el ministro socialista, Morán, en la
primera reunión del gobierno González el 15 de
diciembre de 1982 que decidió la supresión unilateral y
sin contrapartida alguna de todas las restricciones.
Desde aquel humillante abandono, la reivindicación
española se ha convertido en mediocre retórica.
Aunque en este volumen se dispensan ditirámbicos elogios
al «modélico» cambio a la muerte de Franco, lo cierto
es que, desde entonces, España se ha rendido sin
condiciones e innecesariamente a las demandas británicas
como en nuestros peores tiempos. Retroceso triste y
vergonzoso, que quizás prosiga (la cuestión de la NATO
y la libertad comunitaria de tránsito). Afirmar que
Inglaterra devolverá el usurpado Peñón mediante
argumentos jurídicos y buena voluntad persuasiva es de
un infantilismo o de una hipocresía insuperables.
Recordemos a los que anunciaban que al establecerse el
régimen de partidos, se nos devolvería la Roca como
prueba de solidaridad democrática. Sólo rotundas
medidas de presión, como las adoptadas por Franco, y un
negociado respaldo de los Estados Unidos podrían
arrancar esa infamante espina de la frente de España.
Lo ocurrido en torno a Gibraltar desde la rendición de
Oreja es para llorar.
F.M.
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