LIBROS: La
identidad etnolingüística de Valencia
Mourelle
de Lema, Manuel: La identidad etnolingüística de
Valencia, ed. Crugalma, Madrid 1996, 596 págs.
La reciente fragmentación de España en un mosaico de
dicisiete autonomías no sólo ha difuminado la unidad
nacional, sino que está planteando o radicalizando la
cuestión de precisar la identidad de cada una de dichas
comunidades, salvo la de Madrid que todavía no ha caído
en la tentación de presentarse como un sujeto étnico,
lingüístico o simplemente histórico, contrapuesto a
las otras regiones.
Algunos catalanes del romántico siglo XIX protagonizaron
la reconstrucción de una lengua catalana a partir de sus
diferentes formas dialectales y, paralelamente, la
reconstrucción de una Cataluña con personalidad
histórica independiente de Francia, de Aragón y del
resto de España. Este voluntarista movimiento se ha
agudizado con la Constitución autonómica de 1978, y a
los procesos de «autoidentificación» se están sumando
los de «expansión». Por ejemplo, ahora algunos vascos
reclaman Navarra, y algunos catalanes reclaman el
Rosellón, las Islas Baleares y Valencia. A estos
movimientos anexionistas han respondido tendencias
opuestas. Es, entre otros, el caso de Valencia donde se
enfrenta, en las academias y en el ágora, la corriente
catalanista con la valencianista.El libro de Mourelle se
inserta plenamente en esta última línea
historiográfica.
A lo largo de más de medio millar de documentadas
páginas el autor trata de demostrar dos tesis
principales. La primera es que Valencia posee, desde la
prehistoria, caracteres étnicos propios. La segunda es
que, durante los siglos de dominio musulmán, en Valencia
se hablaba un romance vernáculo, que es el antecedente
del valenciano actual. Como corolario de esta última
tesis el autor añade que cuando Jaime I conquista
Valencia no habla catalán y se encuentra ya con el
valenciano, con importantes nú-
cleos mozárabes, y con una estructura eclesial que
había sobrevivido a la islamización.
Niega pues, Mourelle, dos tópicos bastante extendidos
entre los modernos historiadores catalanes: que los
almohades extinguieron todo vestigio de cultura cristiana
en Valencia, y que el valenciano es el producto del
catalán aportado por Jaime I al conquistar la ciudad.
La argumentación de Mourelle es histórica y
lingüística, esta última más elaborada que la primera
puesto que su especialidad es la filología románica.
Pero, entre los argumentos de mayor peso, figura el de la
primera reconquista de valencia por el Cid, que era
castellano, y que se encontró en la ciudad del Turia con
una estructura étnica, idiomática, y religiosa
claramente afín, mucho antes de que llegara Jaime I con
unas tropas en las que figuraban aragoneses y algunos
catalanes que hablaban bajo la influencia del occitano
francés.
En el fondo de la discusión, late el problema de si lo
decisivo en la formación de España fue la
romanización, la germanización o la islamización.
Mourelle, en unión de la inmensa mayoría de los
historiadores, suscribe la primera interpretación, en
cuyo caso hay que aceptar que bajo la minoría árabe y
bereber se mantuvo durante siglos una población
hispanorromana de cuyo bajo latín fueron surgiendo el
español, el gallego, el catalán, el valenciano, etc.
Roma borró las primitivas lenguas autóctonas, como el
ibérico; pero los godos y los musulmanes no pudieron
borrar ni el latín ni sus derivaciones. Por eso en
España no se habla ni una lengua germánica ni una
semítica. En suma, un romance ya estaba en Valencia
cuando llegó Jaime I.
Obra muy erudita, y fuertemente polémica por el tema y
por las conclusiones.
A. Landa
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