La decadencia estratégica de España

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La decadencia estratégica de España nº 83

Por E. Fuentes

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La decadencia estratégica de España

 

1. INTRODUCCION



La palabra estrategia es una de las afectadas por la ambigüedad moderna. De origen específico militar -ciencia del jefe, arte de proyectar y dirigir las operaciones militares- su uso se ha generalizado asimilándola a planificación previa. Así, se habla de estrategias políticas, económicas o empresariales llegándose, incluso, a denominar «jugadas de estrategia» a los lanzamientos de faltas a balón parado en un partido de fútbol. Ello obliga, para evitar confusiones, a partir de una previa delimitación conceptual si se pretende utilizar el término en su sentido originario castrense.

Desde que Clausewitz presentó la guerra como una continuación de la política con medios distintos a los normales, la mayoría de los tratadistas modernos, entre los que merece citarse el General Beaufre, consideran la estrategia como «el arte de hacer concurrir la fuerza para alcanzar los objetivos de la política». Por lo que en esta concepción, la actividad estratégica de una nación no debe ser competencia de un General de muchas estrellas sino de quien ejerce el poder político supremo, único que puede señalar los objetivos deseables, orientar hacia ellos los esfuerzos económicos, diplomáticos o de cualquier otro género necesarios, y preparar la fuerza para hacerla concurrir como, cuando y donde convenga. Así, la fuerza debe contemplarse como uno de los instrumentos de la estrategia, nunca el único.

Sentadas estas premisas, cabe afirmar que toda nación soberana establece su propia estrategia acomodándola a las circunstancias de cada momento histórico. Para ello, determina sus intereses esenciales, externos e internos. Tiene en cuenta la situación general, las estrategias de los países que pueden disputárselos y la capacidad de sus propios recursos. Y analizados estos factores, calcula, organiza y mantiene sus instituciones armadas para hacerlas intervenir según lo exija la coyuntura.

Con criterios ortodoxos, al Jefe del Estado o del Gobierno, según su poder constitucional, corresponde la responsabilidad estratégica suprema siendo sus principales colaboradores en la materia los Departamentos de Asuntos Exteriores, de Interior y de Defensa. El primero como encargado de las relaciones internacionales que, con el ejercicio de la diplomacia, debe neutralizar amenazas y concertar alianzas. El Departamento de Interior porque es responsable del orden constitucional y cívico y dispone de una parcela de la fuerza armada encuadrada en los Cuerpos de Seguridad. Y el de Defensa porque tiene a su cargo los Ejércitos, última «ratio regis» aplicable cuando las amenazas pasan a convertirse en riesgos inminentes para el ser nacional, tanto si proceden de fuera como si surgen dentro.

Ahora bien, los planteamientos estratégicos se suceden en el tiempo al ritmo de los cambios políticos propios y ajenos. Las posiciones de hoy son, en buena medida, prolongación de las de ayer y están condicionadas por las que adoptan la comunidad internacional, en general, y los vecinos en particular. En consecuencia, para evaluar la realidad actual no basta examinar los factores estratégicos del momento como si de una fotografía instantánea se tratase. Es conveniente considerar, primero, la evolución estratégica registrada en los últimos decenios a nivel mundial, europeo y español. Después, procede examinar las características del presente estratégico general. Y, solo luego, cabrá considerar comparativamente el valor de la estrategia española, tratándola como resultante de las líneas de acción seguidas por sus tres grandes componentes: exterior, interior y Defensa.





2. TENDENCIAS ESTRATEGICAS RECIENTES



La II Guerra Mundial y el proceso de descolonización de los Imperios desplazaron a Europa de la hegemonía mundial que pasó a ser disputada por los colosos ruso y norteamericano. Las dos superpotencias, encabezando respectivamente los Bloques Oriental y Occidental, establecieron, sucesivamente, sus propias estrategias a las que hubieron de amoldarse las de los correspondientes aliados.



a) Planteamientos en la postguerra mundial. En principio, tomó la iniciativa la URSS desencadenando una agresiva política expansionista respaldada por gigantescas Fuerzas Armadas convencionales. Frente a ella, los Estados Unidos adoptaron una estrategia defensiva apoyada en reducidas Fuerzas Armadas convencionales y en el monopolio del arma nuclear. La amenaza de utilizar ésta sin posibilidades de réplica, la supremacía económica de USA y la organización desde
Washington de la NATO y la SEATO como embrionarias organizaciones bélicas aliadas permitieron un precario equilibrio inicial, favorable al Este por la tremenda presión ideológica y militar de los soviéticos.

En esta fase, que se extendió hasta el fin de los años 50, los países europeos quedaron relegados al papel de meros comparsas del nuevo conflicto aceptando en sus territorios, muchos de ellos, la presencia de fuerzas militares expedicionarias de la correspondiente potencia líder. La extenuada Europa occidental, agotadas sus fuerzas, se acogió a la protección de su socio ultramarino que, con las inyecciones económicas de los planes Marshall, sacó de la ruina a los postrados vencedores y vencidos en la contienda anterior.

España, planteó una hábil estrategia. Haciendo valer la importancia de la Península Ibérica como bastión esencial en el supuesto de una invasión de Europa desde el Este, coordinó adecuadamente los clásicos esfuerzos. A través del Ministerio de Asuntos Exteriores, logró establecer pactos bilaterales con Estados Unidos que, además de acabar con el aislamiento internacional, proporcionaron recursos para modernizar los armamentos sin excesivos costos. Así pudo disminuirse la asignación presupuestaria de las FAS hasta un 2,5 por 100 del PIB, casi la mitad que la de los restantes países europeos. El orden interno se mantuvo sólidamente sobre la base de Fuerzas de Seguridad centralizadas y militarizadas. Y las Fuerzas Armadas, articuladas en tres Ministerios Militares de gran peso en el Gobierno, constituyeron un voluminoso y sólido instrumento desplegado con criterios defensivos que garantizaba el dominio territorial del valioso espacio hispano.



b) Crisis de Cuba y estrategias de disuasión. Al comenzar la década de los sesenta, un error de cálculo de Moscú provocó un importante cambio en el proceso de la que venía llamándose guerra fría. Los soviéticos, creando el Pacto de Varsovia como réplica a la NATO, contando como aliados a los comunistas de los países occidentales, y con influencia creciente en el Tercer Mundo, consideraron oportuno incrementar la presión. Envalentonados por su poder y por la aparente debilidad de su principal oponente en Vietnam, decidieron colocar rampas de lanzamiento de proyectiles en Cuba con alcance sobre el corazón de Estados Unidos. Pero Kennedy, paradójicamente el más pacifista de los Presidentes USA, amenazó con em-plear sus medios nucleares si los transportes rusos no regresaban a sus bases, y el Kremlin se vió obligado a desistir y a emprender una vertiginosa carrera de armamento nuclear.

Antes de terminar los años sesenta, el panorama mundial había cambiado al disponer la URSS de un arsenal de armas nucleares tan poderoso como el norteamericano. A partir de ese momento, los dos líders adoptaron la llamada estrategia de la disuasión o de la «destrucción mutua asegurada» (MAD) para lo cual desplegaron sus respectivos dispositivos nucleares en tierra, mar y aire de forma que cualquier tentación agresiva entrañase la seguridad de una réplica con resultados de holocausto total. Ante tal actitud, se estrecharon las alianzas en ambos bandos, fortaleciéndose las estructuras militares de las naciones miembros de cada uno.

Los países occidentales europeos, asociados al Pacto Atántico, perfilaron sus estrategias. El Reino Unido y Francia crearon sus propias estructuras nucleares integrándose con distintos matices en una NATO dirigida y sostenida por USA. A ella se sumaron, con sólo ejércitos convencionales, Italia, Alemania y las restantes naciones signatarias del Tratado de Roma. Así, tras el escudo de las unidades norteamericanas desplegadas en Europa y el espacio mediterráneo, agruparon esfuerzos quienes compartían el temor a la amenazadora superioridad local de la URSS, contribuyendo a mantener un equilibrio regional todavía precario.

España siguió la misma línea estratégica anterior que le llevó a alcanzar una sólida posición. Alejada de la NATO por causas políticas, prolongó los Pactos Bilaterales con USA y estableció en 1970 un ventajoso Acuerdo Preferencial con la naciente Comunidad Económica Europea. A cambio de conceder bases de utilización conjunta hispano-norteamericanas, encontró la posibilidad de seguir sosteniendo sus FAS. Esto le permitió disminuir progresivamente los gastos presupuestarios militares y volcar gran parte de los recursos destinables a Defensa en espectaculares planes de desarrollo económico civil.

El equilibrio general se sustentó sobre el terror nuclear, pero ya con mucha mayor estabilidad que en la anterior etapa por existir una comunidad occidental crecientemente recuperada y una comunidad oriental progresivamente afectada de graves problemas económicos.



c) Derrumbamiento del imperio rojo y nuevo orden mundial. Posiblemente la preocupación económica interna impulsó a los estrategas del Kremlin, en la frontera de los años 80, a provocar una nueva crisis desplegando rampas de lanzamiento nuclear con misiles SS-20 que no tenían alcance sobre USA, pero sí sobre la casi totalidad de Europa Occidental. La alarma hizo que, a petición de los amenazados, el Pentágono estudiase la instalación de misiles análogos a los rusos en el territorio de los aliados, armas que desde los nuevos emplazamientos permitían batir el centro de la URSS. Y esto enfureció a los jerarcas comunistas que se retiraron de todos los foros de desarme amenazando con emprender una nueva carrera de armamento nuclear y espacial que abrió una nueva fase en las relaciones estratégicas.

Los vientos de la crisis chocaron esta vez con una NATO mucho más sólida y compacta y con unos Estados Unidos dirigidos por la enérgica Administración Reagan. Esta aprovechó la amenaza de su oponente para proponer la creación de una especie de gigantesco paraguas en el espacio que garantizase la integridad del territorio metropolitano en caso de ataque con misiles intercontinentales. La propuesta, con el nombre de Iniciativa de Defensa Estratégica (IDS) fue aprobada por el Congreso USA que la dotó con fondos fabulosos propiciadores de una verdadera revolución en la investigación científica, sin precedentes en la Historia, que fue popularmente bautizada como el inicio de la «guerra de las galaxias».

Desplazado con la IDS el esfuerzo principal de la confrontación al plano de la economía, los efectos resultaron tan insospechados como espectaculares. Porque Moscú se encontró abocado a elegir entre tres opciones. Una, la de seguir el ejemplo inversor americano lo que llevaría fatalmente a la ruina total de las maltrechas economías comunistas. Otra, la de ir a la guerra total mientras las fuerzas estuviesen equilibradas, con todas sus consecuencias inevitablemente desastrosas. Y la tercera, la de renunciar definitivamente a la lucha por la hegemonía. Providencialmente, el equipo Gorbachov eligió el último camino y lo siguió con una rapidez inusitada. Así, la Humanidad contempló, atónita, el simbólico derribo del muro de Berlín y, tras él, la caída del telón de acero y la descomposición de la URSS en múltiples fragmentos.

El repentino derrumbamiento provocó la ruptura del equilibrio que había condicionado el orden internacional universal durante cuatro decenios. Del cataclismo político que sacudió al planeta entero, surgió una nueva situación confusa en la que sólo quedaba clara la aparición de una única superpotencia, los Estados Unidos, con superioridad absoluta en los planos político, económico y militar.

Los espacios antes dominados por la URSS, desolados y arruinados, desaparecido el poder que los cohesionaba, quedaron afectados por una epidemia separatista que provocó múltiples focos de crisis locales. Rusia emergió como cabeza de la desconcertada familia de pueblos orientales pero sin el antiguo poderío. Los fabulosos arsenales atómicos creados por Moscú quedaron fraccionados y sometidos a un peligroso y grave descontrol. Y el fuego disgregador de los viejos nacionalismos se propagó a los Balcanes y a las riberas del Mediterráneo potenciando las tensiones en la ya convulsa área de los pueblos islámicos y del Oriente Próximo.

Europa Occidental, teóricamente partícipe del triunfo de su principal aliado, se vió también afectada por el terremoto. Sumida en un lento y difícil proceso de integración política y económica, la repentina desaparición de la amenaza común que antes aglutinaba esfuerzos obligó a replantear las estrategias de sus miembros. Ante la disminución del peligro inmediato, la mayoría de los países europeos optaron por reducir sus fuerzas militares manteniendolas integradas en la NATO que subsistió robustecida. En un afán de paliar la excesiva influencia de USA, se intentó crear estructuras paralelas, como la Unión Europea Occidental y la Unión Europea, capaces de coordinar las políticas militares de sus socios. Pero la falta de unificación de las políticas de asuntos exteriores de las naciones-miembros y la general disminución de potencia militar, hicieron perder al conjunto europeo influencia en el plano de las relaciones internacionales, lo que quedó patente en el vacilante papel desempeñado en el conflicto balcánico.

España, en período de plena y eufórica transición política interna durante esta fase, adoptó, en buena parte por razones demagógicas, una serie de medidas que repercutieron sensiblemente en su potencial estratégico. Así, prescindió de los Pactos Bilaterales con los Estados Unidos obligándoles a abandonar las Bases de utilización conjunta con lo que perdió la condición de aliado preferente del nuevo árbitro mundial y la fuente de recursos materiales que por esa vía llegaban a sus FAS. Se integró en la NATO, pero con una serie de condicionantes que la hicieron participar en todas sus cargas sin disfrutar de las ventajas de los restantes socios. Disminuyó la asignación de recursos presupuestarios militares hasta límites cercanos al 1 por 100 de su PIB, dejando a aquellos en condiciones de inanidad material y en inferioridad manifiesta respecto de sus nuevos aliados que venían dedicando a la materia entre el 3 y el 4 por 100 de sus respectivos PIB. En la esfera de Interior, las Fuerzas de Seguridad fueron en gran parte desmilitarizadas y adoptaron una actitud tolerante para colaborar positivamente en la transición, a pesar de aparecer durante la misma serias tensiones disgregadoras. En el área de la Defensa, los tres antiguos Ministerios se fundieron en uno con pérdida notable de influencia política. Y bajo una cúpula civil con criterios extramilitares, se procedió a una paulatina y profunda reforma militar con importantes variaciones en su estructura. Con intenciones de modernización y adaptación a las nuevas alianzas, se modificó la formación profesional de los cuadros de mando al tiempo que se reducía su cuantía numérica. Paralelamente, se rebajó la edad y el tiempo de servicio de sus contingentes de reclutamiento forzoso aceptando la consiguiente pérdida de potencia combativa. Con lo cual su capacidad estratégica real quedó sensiblemente mermada aunque con apariencias de mayor modernidad.





3. EL MOMENTO ESTRATEGICO ACTUAL



El escenario mundial ofrece los rasgos característicos de la etapa posterior a un cataclismo. Al derrumbarse uno de los dos pilares en los que se basaba el equilibrio, las naciones del bando hundido empiezan a salir de la confusión y a buscar puestos en el nuevo orden con las consiguientes fricciones. Los focos de crisis más activos aparecen en la geografía de la antigua URSS, donde, además, continúan existiendo arsenales nucleares poco controlados que agravan la potencialidad de los eventuales choques.

Pero no sólo allí existe confusión. Zonas de por sí conflictivas como los Balcanes, Oriente Medio y el área dominada por el Islam registran convulsiones de consideración convirtiendo el Mediterráneo en el centro de un cinturón de volcanes políticos contagiosos. Fuertes tensiones disgregadoras se aprecian en Italia y España, menores en Francia, subsistiendo latentes en Bélgica y Reino Unido (Ulster).

En el territorio hispano, soporte de un Estado de las Autonomías todavía vacilante, el País Vasco ofrece las hogueras violentas más preocupantes. En él, no sólo la actividad clandestina de la banda terrorista ETA se muestra cada día más arrogante, sino que su acción violenta es complementada por la de grupos juveniles afines que llevan la intimidación y el desorden a las calles.

En medio de este paisaje, Estados Unidos ha consolidado su papel de árbitro en el naciente orden internacional como una nueva Roma cuya influencia se ejerce ahora a escala planetaria. Su lengua es, a nivel mundial, lo que fue el latín en el espacio del Mare Nostrum. Sus modelos políticos, económicos y sociales se imponen en todas las latitudes. Su política exterior no se recata en intervenir decisivamente en las crisis regionales -como las balcánicas, centroamericanas y de Oriente Medio- para imponer acuerdos pacificadores. En lo militar, aparte de conservar íntegro su despliegue nuclear, realizó en la Guerra del Golfo una impresionante demostración de poderío. Medio millón de hombres fueron trasladados en plazos inverosímiles al otro extremo de la Tierra, mantenidos durante meses en áreas desérticas para lanzarlos al fin contra un enemigo numeroso y aguerrido arrollándolo en horas. Todo ello con sólo un par de decenas de bajas en acción. Se hizo evidente que su potencia, hoy, es incontestable tanto para naciones aisladas como para cualquiera de las coaliciones previsibles. Su estrategia, en consecuencia, está orientada en la misma línea de hacer valer su condición de primera potencia. Juega, a tal fin, con una vigilante e intervencionista política exterior. Domina los mercados con el concurso de las empresas multinacionales. Y respalda su acción diplomática con la fuerza depositada en el dispositivo nuclear y en unas Fuerzas Armadas que cuentan con un núcleo permanente, totalmente profesionalizado y listo para la intervención inmediata, y un eficaz sistema de reservas movilizables capaz de ampliarlo cuando las circunstancias lo requieren.

Europa Occidental avanza lentamente hacia la unificación política, entorpecida por una larga crisis económica generalizada. La NATO continua siendo la organización político-militar más poderosa de la región, sigue estando bajo dirección estadounidense y amplía continuamente su radio de influencia con la incorporación de nuevos miembros. Los tímidos intentos de constituir organizaciones autónomas estables de coordinación militar, primero en la UEO y luego en la UE, así como la idea de crear un Ejército europeo independiente no acaban de cristalizar. Tampoco han logrado coordinarse las políticas de asuntos exteriores de los socios comunitarios lo que originó fracasos como el de Bosnia e impidió acrecentar la influencia internacional del conjunto. Por todo esto, no cabe considerar la existencia de una verdadera estrategia conjunta de Europa, salvo en la línea de continuidad con USA de la NATO. Cada nación plantea sus estrategias particulares respaldando las posturas diplomáticas con distintos modelos de Fuerzas Armadas.

Francia, en su permanente aspiración de predominio siquiera regional, mantiene una política exterior propia y a veces discrepante de la de USA pero en los conflictos generalizados, como el del Golfo, se apresuró a participar activamente con el envío de fuerzas relevantes. Después, ha robustecido su arsenal nuclear arrostrando críticas generalizadas por las pruebas de Mururoa. Y simultáneamente anunció la supresión del servicio militar obligatorio para crear unas FAS basadas en un núcleo permanente profesionalizado, combinado con Reservas. Ultimamente, parece inclinada a una mayor integración en la NATO.

El Reino Unido mantiene su estrategia tradicional basada en una política exterior paralela, en general, a la de los Estados Unidos y unas FAS compuestas de un reducido arsenal nuclear y unos Ejércitos totalmente profesionalizados siguiendo el modelo USA, con variantes.

Alemania, Bélgica y Holanda han emprendido reformas militares profundas siempre orientadas a profesionalizar sus FAS suprimiendo el reclutamiento forzoso. Italia conserva las antiguas estructuras militares más atenta a sus problemas políticos internos que a la participación activa en los asuntos internacionales.

La mayoría de los países europeos antes satélites de la URSS aspiran a su incorporación a la NATO lo que choca con el recelo de Rusia. Esta, inmersa en una grave crisis política, sigue padeciendo la descomposición de su viejo y enorme aparato militar mientras parte de su poderoso arsenal nuclear se lo disputan algunas de las nuevas Repúblicas.

A tenor de las circunstancias reseñadas, a nivel planetario no existen condiciones objetivas favorables a un conflicto generalizado porque la gran superioridad de la superpotencia norteamericana le confiere capacidad sobrada para sofocar en sus orígenes cualquier iniciativa de este género. Sólo un imprevisible debilitamiento interno de los Estados Unidos permitiría romper el equilibrio general establecido.

En cambio, el lento proceso de instalación del nuevo orden mundial favorece la aparición de crisis locales provocadas por el choque de los contradictorios intereses particulares. Tales crisis pueden degenerar en conflictos de gran envergadura potenciados por el débil control de los arsenales nucleares y la gran capacidad de destrucción de las armas modernas.

4. POSICION ESTRATEGICA DE ESPAÑA



Finalizada la confrontación de los grandes bloques, el territorio tanto peninsular como insular español ha perdido parte de su anterior valor estratégico intrínseco. Al no existir para Europa la grave amenaza invasora del Este, España ha dejado de representar el bastión que, junto con Portugal y el Reino Unido, permitía montar la última posición fuerte de resistencia y la plataforma ideal para la contraofensiva. Sin embargo, su sólida posición geográfica sigue siendo importante porque cierra el espacio mediterráneo por Occidente, cubre el flanco Sur europeo de las remotas aunque posibles amenazas integristas y de las corrientes migratorias africanas, y conserva todo su interés como plataforma clave para las comunicaciones aeronavales con América y Africa.

Sobre este importante solar se levanta el edificio estratégico del Estado español construido día a día con la labor desarrollada en cada uno de los tres planos esenciales.



a) Las relaciones exteriores. En el plano diplomático, las relaciones de España con el líder mundial, Estados Unidos, son positivas y de cooperación fluida especialmente en el terreno económico. En el político, se caracterizan por las permanentes manifestaciones públicas de amistad con reticencias coyunturales casi siempre movidas por deseos de complacer a sectores de la opinión pública interna, como en los casos de oposición a la actitud de USA respecto de Cuba. En la línea de cooperación militar es en la que se acusa un progresivo distanciamiento. Porque evacuadas las Bases conjuntas, España se limitó a aportaciones testimoniales en el conflicto del Golfo y ha negado el uso de sus aeropuertos a aviones USA en misiones bélicas. En conjunto, puede considerarse que España se alejó de la esfera de los aliados preferentes del Pentágono aunque procura mantenerse en el círculo de sus países amigos.

El distanciamiento militar de los Estados Unidos ha tratado de compensarse mediante aproximaciones progresivas a las organizaciones europeas de carácter castrense. A través de referéndum se decidió la incorporación a la NATO, pero con una fórmula compleja que exige contribuir a la gran mayoría de las operaciones sin poder participar, a cambio, en las esferas de dirección. El mayor grado de acercamiento práctico se consiguió al recaer la Secretaría General de la Organización en la persona de un destacado socialista español. Y ya con su presencia, que condiciona favorablemente la actitud de las fuerzas políticas de oposición izquierdista, el nuevo Gobierno conservador parece aspirar a la plena integración. Mientras tanto, contingentes españoles, siempre reducidos y compuestos por personal exclusivamente profesional o voluntario, han contribuido a la pacificación de focos conflictivos en América Central, Angola, los Balcanes y Albania con resultados destacados. Estas intervenciones, bajo banderas de la ONU y la NATO, económicamente costosas, han reportado un reconocimiento español cada día mayor en los foros internacionales.

Globalmente, España en los veinte últimos años, ha conseguido una sustancial mejora de su imagen internacional y una audiencia superior en los grandes foros occidentales. Pero esto lo ha logrado por un camino que le ha llevado a perder su carácter de aliado preferencial de los Estados Unidos -aunque no su condición de país amigo- y, con ello, una fuente de recursos antes vitales para sus Fuerzas Armadas que, además, han tenido que atender con sus fondos presupuestarios los costosos gastos de las expediciones al exterior.

Merece destacarse, de cualquier modo, que ni en los últimos tiempos se han registrado amenazas externas inmediatas que hayan obligado a poner a prueba la verdadera entidad de la Fuerza disponible, ni tampoco cara al futuro próximo se vislumbran peligros inmediatos aunque si altas probabilidades de tener que intervenir en coaliciones militares con las naciones aliadas.



b) La seguridad interna. El establecimiento del Estado de las Autonomías provocó tensiones disgregadoras que fueron tratadas con tolerancia. Consecuentemente, a las Fuerzas de Seguridad se les exigió un menor esfuerzo de control limitándoseles su capacidad de intervención.

Los Cuerpos policiales dependientes del Poder Central perdieron competencias en beneficio de las nuevas Policías Autónomas y Municipales planteándose frecuentes problemas de coordinación. La Policía Nacional se desmilitarizó y la Guardia Civil sufrió un serio desgaste. Como consecuencia de los escándalos provocados en torno a su Director Roldán y a la «guerra sucia» del GAL. Así, las Fuerzas de Seguridad del Estado no sólo han perdido potencia por su fraccionamiento e interna descoordinación, sino que se han visto obligadas, bajo fuertes presiones políticas y judiciales, a dedicar buena parte de sus esfuerzos a defender su imagen ante la opinión pública, en detrimento de su labor específica.

La debilidad policial queda patente por el creciente auge del terrorismo registrado en el País Vasco. En él, la banda ETA no sólo subsiste planteando exigencias cada día más radicales y arrogantes, sino que su acción se ve complementada por la de grupos juveniles que promueven desórdenes callejeros con técnicas violentas próximas a las clásicas de la guerrilla urbana.

La fuerza del Estado dedicada al frente interno, aquejado de amenazas serias, ha perdido paulatinamente capacidad y potencia. Y no se observan indicios de que esta tendencia pueda invertirse bajo gobiernos de coalición poco estables.



c) Las Fuerzas Armadas. El núcleo principal de la fuerza del Estado constituido por los tres Ejércitos tradicionales ha evolucionado notablemente.

Funcionalmente, hasta los años 70, las FAS constituían un bloque con tres cabezas militares que le representaban en el Consejo de Ministros, una estructura muy jerarquizada y autónoma (los Capitanes Generales poseían amplia jurisdicción) y una fuerte cohesión interna basada en la disciplina tradicional de las viejas Ordenanzas. El Presupuesto se distribuía de forma que aproximadamente el 50 por 100 se aplicaba al Ejército de Tierra y el otro 50 por 100 se repartía entre Marina y Aire.

A partir de la transición, se creó un único Ministerio de Defensa de titularidad civil, se limitó la autonomía castrensereduciéndose la competencia de la jurisdicción y modificándose muy sustancialmente el Código Penal Militar y las Ordenanzas y, se estableció un nuevo reparto de recursos de modo que el Presupuesto se dedicó en un 20 por 100 a sostener el macroorganismo ministerial distribuyéndose el resto, por partes iguales, a los tres Ejércitos. Con ello se produjo un debilitamiento de la cohesión disciplinaria, y una pérdida de recursos para las esferas operativas especialmente acusada en el Ejército de Tierra.

En el aspecto organizativo y material el gran volumen adquirido por el Ministerio, unido al riguroso centralismo administrativo practicado, ha incrementado notoriamente la burocratización del conjunto. Pese a ello, los tres Ejércitos se han esforzado en ajustar sus particulares estructuras a los modelos establecidos por la NATO modernizándolas sensiblemente, aunque con dotaciones materiales diferentes derivadas de la cuantía de los recursos recibidos. Aire y Marina disponen de medios escasos, pero cuentan con equipos de armas modernos aptos para la colaboración en un plano de igualdad con homólogos extranjeros. Por el contrario, el Ejército de Tierra, perdida la anterior ayuda norteamericana y fuertemente reducidas las asignaciones presupuestarias, se encuentra en estado de profunda postración material con equipos anticuados y gravemente desgastados que imponen un costoso y difícil mantenimiento a pesar de haber liquidado buena parte de sus valiosas instalaciones patrimoniales.

En el plano de los recursos humanos merecen distinguirse tres componentes que influyen sensiblemente en la capacidad del conjunto: el personal directivo, los cuadros de mando y la tropa.

En la actualidad, los directivos que ocupan los cargos de responsabilidad en el Ministerio proceden mayoritariamente de las esferas políticas civiles y su permanencia, por lo general, es temporalmente corta. Aportan a las FAS una supuesta mayor preparación en tareas administrativas pero, fuera de éstas, adolecen de experiencia específica por lo que cuando deben decidir en temas operativos son proclives a la aplicación de criterios extraprofesionales, alejados en tiempo y esencia de las necesidades funcionales reales.

Los cuadros de mando en activo, que en todos los tiempos y latitudes constituyen la espina dorsal de los ejércitos, ofrecen en España una sólida y moderna preparación profesional, un notable grado de subordinación y disciplina, y una consistente moral basada en valores espirituales transcendentes. Pese a estar sometidos a continuas reducciones de plantillas y a discutidos sistemas de promoción profesional, conservan una alta capacidad tanto para obtener el debido rendimiento de los medios puestos a su disposición como para secundar con eficacia reformas futuras. La bolsa de cuadros de reserva, sustancial para su utilización en caso de crisis, se ve negativamente afectada por normas que, para incentivar el aligeramiento de los escalafones, permiten la evasión de especialistas de alta cualificación sin establecer compromiso alguno de aprovechamiento futuro.

La tropa o conjunto masivo de combatientes sin especial cualificación para el mando es un factor personal indispensable para la acción bélica que, hoy, plantea la más grave y honda problemática. A nivel mundial, domina la tendencia a la profesionalización de las tropas por las necesidades de especialización y dedicación que impone la tecnificación de los ejércitos. En España, sin embargo, se sigue utilizando el reclutamiento forzoso a una edad inmadura (18 años), con una permanencia en filas reducida a nueve meses que no permite adquirir la menor instrucción especializada y con unas limitaciones operativas tan serias que han llegado a impedir, por acciones políticas y sindicales, la utilización de unidades para el cumplimiento de misiones bélicas aprobadas por el Gobierno. La figura del soldado profesional (MTP en la terminología vigente) existe, pero con un carácter provisional poco delimitado, y los efectivos en servicio están dispersos de manera que no puede hablarse de unidades operativas plenamente profesionalizadas.

Las medidas adoptadas tras el último cambio de Gobierno, en 1996, resultan especialmente alarmantes y colocan a la Fuerza de España en el punto más bajo de su descendente trayectoria.

Por si fuera poco reducir a seis meses el servicio militar, el nuevo Gobierno, sin el apoyo de estudios previos sobre el tema ni de programas para el desarrollo de sus ideas, anunció la plena profesionalización de las Fuerzas Armadas. De forma vaga e imprecisa declaró, después, que la transformación debería estar terminada en los años 2001 o 2003 manifestando que, hasta entonces, se seguirán utilizando los contingentes anuales de extracción forzosa, complementados con las bolsas formadas por quienes tienen prórrogas legales para su incorporación a filas. Con lo cual, tácitamente, se aceptó sobrevivir al menos un quinquenio con Fuerzas Armadas de modelo y medios obsoletos, especialmente en su componente de Tierra.

Pero aún quedó más de manifiesto el desinterés del Poder Ejecutivo por la Defensa con sus tres primeras decisiones de: mantener los Presupuestos militares en el 1 por 100, escaso, del PIB; confiar el diseño de las futuras FAS a una Comisión de Parlamentarios encabezada por políticos practicantes de la objeción de conciencia, algunos defensores de la insumisión juvenil; y asumir el crecimiento numérico vertiginoso de los objetores de conciencia.

Se ha entrado, por tanto, en una fase de 5 a 8 años en la que el Gobierno de España acepta continuar con una Fuerza Armada cada vez más débil en medios, armamento y material; dependiente de criterios políticos partidistas para su obligada reorganización; y con una tropa de mínima preparación y de dudosa disponibilidad en caso de conflicto armado.





5. CONCLUSIONES



La Humanidad está en trance de constitución de un nuevo orden mundial. En él, la hegemonía corresponde a los Estados Unidos que actúan como gendarme de una comunidad internacional en la que se multiplican las crisis locales dando oportunidad a frecuentes intervenciones de coaliciones militares. La mayoría de las naciones adaptan sus estrategias a la nueva situación y lo hacen organizando su respectiva Fuerza para atender tanto a su defensa territorial como a la posibilidad de intervenir en las coaliciones. Lo que obliga a una acusada homogenización de las estructuras militares que en los países occidentales se está basando en la total profesionalización de los ejércitos.

España, asentada sobre territorios que han perdido importancia posicional pero conservan un alto interés geopolítico, ha ido modificando su estrategia prestando más atención a sus problemas internos que a la realidad externa. Ha volcado sus esfuerzos en la esfera de las relaciones exteriores buscando el reconocimiento de los países europeos occidentales aún a costa de alejarse de su antiguo socio bilateral norteamericano. Y como consecuencia del complicado proceso interno de transición política, desatendió paulatinamente las exigencias de su Defensa. Sus Fuerzas de Seguridad están muy debilitadas y las Militares, muy escasas de medios, disponen de una tropa -factor humano fundamental para el combate- de mínima preparación y disponibilidad, lo que puede llevar al colapso operativo en caso de conflicto.

Dentro del conjunto castrense, el Ejército del Aire es el menos afectado por la problemática de la tropa y dispone, aunque escasos, de materiales modernos, capaces de permitir la participación en coaliciones. La Armada, en cantidad reducida, cuenta con medios también modernos, pero las limitaciones de la tropa disponible afectan gravemente al cumplimiento de misiones operativas que exijan larga dedicación. El Ejército de Tierra se encuentra especialmente dañado puesto que buena parte de sus materiales están obsoletos y la importancia de la tropa, con sus graves problemas, resulta decisiva para el cumplimiento de todas las misiones que la competen. El único factor positivo común a los tres Ejércitos se encuentra en la existencia de unos cuadros de mando bien preparados que han dado constantes pruebas de serenidad, subordinación y moral en la adversidad.

Las perspectivas de futuro no son halagüeñas puesto que no se proporciona recursos a la Fuerza Armada para sacarla de su postración, se acepta que durante un mínimo de cinco años subsista el grave problema de la tropa y, definitivamente, se ha politizado cuanto a Defensa se refiere al dejarse en manos de los partidos enfrentados el diseño de la futura Fuerza Armada.

En consecuencia, España está practicando una estrategia de puras apariencias. En el exterior, sus dirigentes parecen disfrutar participando en todas las instituciones y conferencias de carácter militar ofreciéndose para aquellas misiones pacificadoras que exijen escaso volumen. En el interior se procura reducir al máximo las intervenciones de unas Fuerzas de Seguridad muy fraccionadas, al tiempo que se debilita la personalidad tradicional de la Institución Militar argumentándose que su desnaturalización es necesaria para una mejor integración social. Y detrás de esas actitudes, se permite la progresiva pérdida de potencia real de la Fuerza hasta límites alarmantes.

La postergación de la Defensa no acarrea desastres inmediatos por falta de amenazas externas acuciantes, pero puede resultar trágica si estas aparecen en el inestable espacio del Magreb o se alzan en el interior donde la posibilidad de conflictos armados civiles, sobre todo en el País Vasco, no es desdeñable.

Acabar con este proceso degenerativo resulta básico y prioritario para la supervivencia de España como nación soberana capaz de defender su integridad y de ser respetada y atendida como corresponde a su situación en la comunidad internacional. Proseguir en decadencia es, simplemente, suicida.

La crisis económica y la debilidad política consecuente al último resultado electoral hacen ilusoria la posibilidad de dedicar recursos a la Fuerza en proporción suficiente para levantarla de la humillante posición a que se la ha dejado llegar.

En estas condiciones, sin intenciones rupturistas o radicales, que no serían respaldadas por la sociedad española, partiendo de la situación actual, teniendo en cuenta la experiencia del pasado inmediato y las perspectivas del futuro internacional, una posible maniobra a desarrollar podría ajustarse a las siguientes pautas:

En el plano de las relaciones exteriores, proseguir hacia la integración plena en las estructuras de la NATO y, paralelamente, restablecer vínculos prioritarios con Estados Unidos para, a través de ellos, obtener ventajas diplomáticas y ayudas que permitan la mejora material de la Fuerza sin recurrir a cargas presupuestarias adicionales.

En el plano de la seguridad interna, incrementar la coordinación de los múltiples Cuerpos existentes mediante una Ley de Seguridad y Orden Público que deslinde competencias, defina misiones y establezca fórmulas de cooperación mutuamente eficaces.

En el plano específico de la Defensa, acelerar la profesionalización de los núcleos permanentes de los Ejércitos, comenzando por concentrar en las unidades de intervención inmediata los efectivos ya existentes de soldados profesionales o METPs, actualmente dispersos, a fin de disponer desde ahora de unidades completamente profesionalizadas. Hacer que en las Comisiones parlamentarias encargadas de diseñar los Ejércitos del futuro figuren adecuadas representaciones militares para que sus criterios sean suficientemente atendidos. Y establecer un sistema de Reservas que permita reforzar con oportunidad y eficacia, en caso necesario, los núcleos permanentes de las Fuerzas Armadas.

La maniobra apuntada admite múltiples variantes y exige el respaldo de una firme voluntad política. Solo la actual pasividad y marginación de la Defensa resultan inaceptables.



Eduardo Fuentes Gómez de Salazar



 

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