Woytila desde Estados Unidos

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Woytila desde Estados Unidos

Por A. Figueroa

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Woytila desde Estados Unidos

Un autor de la reciente biografía deJuan Pablo II es el norteamericano ganador del premio Pulitzer, Carl Bernstein. El otro autor, el italiano Marco Politi es asiduo colaborador en los periódicos «Messagero» y «República».

El libro1, muy denso, es una biografía del actual Papa, muy relacionado con la Historia contemporánea en la cual ha tomado parte tan activa y decisiva.

Desde su infancia en la pequeña ciudad de Wabowice cerca de Cracovia, hijo de un antiguo oficial de Intendencia del Ejército Austriaco ya que Cracovia fue parte del Imperio Austro-Húngaro casi 200 años-, y después del recién creado ejército del Estado polaco resurrecto, Carlos Woytila dio muestras de inteligencia y gran capacidad de trabajo y su carácter fue siempre franco y abierto, serio, pero cortés y cordial. Gran atleta desde su temprana juventud como piragüista, escalador y esquiador.

La pequeña ciudad de unos 10.000 habitantes en tiempos de la infancia del actual Papa era, como todo el sur de Polonia, una comunidad con gran porcentaje de población judía. El propio Woytila vivía en una casa propiedad de un judío rico de la localidad el cual tenía un taller de cristalería en los bajos del edificio. La familia tenía buenas relaciones con los judíos sin prejuicio alguno, aunque eran devotos católicos, muy piadosos. Era, además, futbolista y en su equipo jugaban niños judíos y católicos.

Woytila fue, desde sus tiempos de bachillerato, un actor que llegó a actuar de profesional en alguna ocasión. Como era un apuesto mozo, las muchachas le miraban con gran simpatía. No tenía ninguna animadversión a las mujeres y su trato con ellas fue siempre natural.

Estudiante de Letras en la Universidad Cracoviana despertó por su inteligencia y piedad la atención del Arzobispo, el Príncipe Sapieha, un aristócrata de origen Lituano al igual que la madre de Carol. Le preguntó a Woytila cuáles eran sus aspiraciones y le contestó que la de ser un gran intelectual polaco y un patriota. «¡Lástima que no quiera ser sacerdote, sería un buen sacerdote!» No eran esas las intenciones del joven Woytila; pero, ya ocupado su país por los alemanes, se le despertó la vocación en los momentos más difíciles pues los nazis habían cerrado todos los seminarios. Pero el Arzobispo Sapieha había organizado uno clandestino donde ingresó Carlos Woytila. Para no ser deportado a Alemania trabajó en una cantera y en la fábrica solway de productos químicos en Cracovia.

Con los estudios y algunas obras de teatro en las que trabajaba de actor y director y alternaba colaboraciones en la prensa de Poesía y Filosofía. Su intelecto se inclinaba al teatro, a la filosofía y a la poesía. Si bien su respeto a la filosofía tomista fue constante, su filósofo moderno preferido fue
Husserl sobre el cual publicaría más adelante varios estudios excelentes.

Ordenado en 1948 a los 28 años, fue cura rural. Vio al comunismo como el gran enemigo, pero su actitud fue la de un sacerdote sin mezclarse en la política activa.

Sus relaciones con el Primado Wyszynski no fueron nunca cordiales. Wyszynski era un activista nada intelectual, de origen campesino y, había tomado parte en las luchas de los partisanos siendo su capellán y hasta empuñando las armas si hacía falta.

Fue propuesto para obispo auxiliar de Cracovia sin entusiasmo por parte de su arzobispo. Woytila dijo que encantado y que dónde estaba su oficina para ir a trabajar. Sucedía en el año 1958. Los comunistas estaban contentos pues pensaban que Woytila era un místico fuera de las realidades del mundo. Pronto se dieron cuenta de su error pues, una vez obispo, Woytila fue un luchador incansable contra el comunismo, sin concesiones y con una valentía y arrojo juveniles. Asistió al Concilio Vaticano II en el que demostró no muy gran entusiasmo por las reformas y el tono conciliador con el marxismo. Sus lecturas favoritas en esa época eran Teresa de Avila y Juan de la Cruz.

Sorprendió en el Concilio como gran políglota. Nació se puede decir bilingüe pues su madre era de habla alemana y su padre dominaba el polaco, el francés y el alemán. Sabida es la habilidad de los eslavos para las lenguas y Woytila desde su juventud dominó el francés, el alemán, el italiano, el ruso y, por supuesto, el latín y el griego clásicos y el inglés. Conocía algo de árabe y de chino.

En 1963 fue nombrado arzobispo de Cracovia con mala acogida por los comunistas. La situación en Polonia para la Iglesia Católica fue siempre un poco mejor que en los demás países del otro lado del telón de acero. Las actividades religiosas en Polonia se celebraban con una relativa libertad.

Ya cardenal en 1964, la oposición de Woytila al régimen comunista fue cada vez más inflexible y sabía que el diálogo con el comunismo era un diálogo de sordos o un intercambio de monólogos. Mucho sufrió en el ambiente de entrega al marxismo del débil Papa Pablo VI, espíritu opuesto al de Woytila en casi todos los aspectos, pues Woytila era valiente y Montini tímido y dubitativo. Woytila siempre supo lo que se proponía sin concesiones a la galería.

Los Estados Unidos no despertaron en el Cardenal atracción aunque pensaba que el consumismo hedonista occidental y la democracia pluripartidista son mejores que el comunismo.

Fue siempre un místico; pero al mismo tiempo un realista que nunca se hizo grandes ilusiones. Conforme iba ascendiendo su desconfianza de los demás se fue acentuando. No fue nunca un ingenuo.

Siempre fue un gran negociador y un político prudente pero resuelto cuando la ocasión lo requería. Fue siempre muy independiente de criterio y a veces un original en el buen sentido de la palabra no exento de rasgos de buen humor. Siendo Cardenal de Cracovia colaboró con la filosofa Polaca Anna Teresa y Tymieniccka afincada en Estados Unidos, en publicaciones sobre Husserl que acabaron en un libro conjunto (año 1976) que tuvo gran difusión. Los periodistas chismosos especularon sobre la relación entre el futuro Papa y la bella profesora de Filosfía. La señora polaca era una católica prácticamente casada con un judío, y de conducta intachable.

Elegido Papa sucedió al efímero Juan Pablo I y al Papa Montini de infeliz recordación. El panorama que encontró Woytila en la Iglesia Católica era desolador. En el primer contacto con los cardenales les hizo sentir su autoridad y que la Iglesia Católica es una monarquía electiva nada democrática.

No permitió la desviación doctrinal y destituyó de sus cátedras a los que se decían filósofos católicos y eran herejes más o menos declarados. Se opuso al aborto, al divorcio y a la eutanasia y a la exacerbada sexualidad del mundo actual no siendo nada pactado, pues escribió un libro sobre la sexualidad fruto de su experiencia en el confesionario en el que llama al pan pan y al vino vino y su lenguaje es clarísimo y, a veces, hasta brutal.

En el libro que glosamos hay algunas revelaciones sacadas de archivos hoy abiertos, del imperio Soviético y de Estados Unidos. Es muy interesante la relación estrecha entre Reagan y Woytila, hombres que se entendieron bien. Reagan fue bautizado en la Iglesia católica y su madre protestante, más tarde le indujo para ingresar en su secta. Reagan aunque protestante siempre mantuvo un gran respeto por la Iglesia a la que habían pertenecido sus antepasados irlandeses; los de su madre eran escoceses calvinistas. Reagan y Woytila son dos ex actores y grandes comunicadores. Más o menos Reagan le dijo al Papa desde 1980 «Yo con mi guerra de las galaxias y los demás y su Santidad con su guerra espiritural, nos cargaremos el muro de Berlín y el Imperio del Mal.» La colaboración estrecha entre ambos fue a través del General Vernon Walters un católico ferviente anticomunista. Y Walters como Woytila un consumado políglota conocedor a la perfección de diez lenguas. El Papa indicó a Reagan que el apoyo a Walessa y su sindicato solidaridad era decisivo como sucedió y que Jaurezlsezki, si bien un comunista convencido había sido educado como católico y era un patriota polaco antes que nada. Todo eso se conoce; pero los detalles de la relación amistosa estrecha entre Reagan y el Papa no son tan conocidos y se nos revelan en ese libro de manera clara y definitiva. El Papa tiene gran estima por Reagan y escasa por su sucesor Busch, al que consideraba un político estrecho de miras. Con Clinton no está de acuerdo en casi nada, pero se lleva bien ya que los dos son «profesionales».

Clinton ha tenido graves roces por su política abortista y hasta partidaria de la eutanasia pero siempre ha reconocido la autoridad moral del Papa y de la Iglesia Católica y además tiene casi un tercio de los votantes norteamericanos católicos. Gran valedor del Papa ha sido el Cardenal O'Connor de Nueva York uno de sus más entusiastas, hombre a su vez de gran valía y gran orador y escritor, y de agallas, no en vano es Almirante de la Armada Norteamericana y en sus tiempos de capellán en Vietnam demostró su valor. Otra muestra de la clarividencia del Papa fue su visión de Gorbachof cuando todo el mundo pensaba que era un comunista clásico que engañaba, dijo «Este hombre es sincero y sabe que el marxismo es inviable y quiere de veras reformas.» Se entendió bien con Gorbachof.

Una vez caído el muro de Berlín no se quiso adornar con plumas ajenas y siempre dijo que él había puesto su granito de arena, pero que el comunismo se derrumbó solo porque es un sistema que simplemente no funciona. A propósito de la teología de la liberación y las aproximaciones al comunismo de algunos católicos siempre dijo bien claro que entre el marxismo y el catolicismo no cabe entendimiento posible.

Una carta íntima de la personalidad del Papa es la de su actual ancianidad que nos muestran los autores como un hombre que sufre graves padecimientos físicos y morales, extenuado por sus 16 horas de trabajo al día y sus contínuos viajes, algunos tan peligrosos y agotadores, y su amarga desilusión por el curso de la política en su Polonia natal que en vez de entrega a un hombre tan ejemplar como Walessa vuelve a votar a los excomunistas y ve su país inmerso en el consumismo y la droga lacras que el no creía que arraigarían en su adorada tierra natal. Pero es un hombre muy orgulloso de su condición de polaco.

Recalcan los autores que el Papa, por la vejez, ha perdido bastante de su tradicional buen humor y a veces se muestra impaciente. Son los años y las enfermedades y los balazos que tiene en el cuerpo, ya no es el atleta entusiasta sino el anciano ejemplar, el político consumado y el místico y filosófo. Su cuerpo envejecido y débil no le responde como hasta hace pocos años.

Cuentan los autores su entrevista con una señora pakistaní abortista. La entrevista fue muy tensa y el Papa no dejó de mostrar su total desacuerdo con las ideas llenas de negativismo de la feminista que en varias declaraciones ha llegado hasta insultar al Papa.

Su reacción ante los ataques de los grupos «gays» de USA y de un colectivo de monjas lesbianas fue de gran contundencia.

El Papa ha puesto orden en la desorganizada Iglesia que le dejaron sus predecesores desde Juan XXIII. Grande ha sido su tarea.

El libro es de gratísima lectura y de estilo muy claro y contundente y de un gran respeto por la figura del Papa. A veces, los autores se muestran disconformes de sus directrices. Reportaje veraz y respetuoso, muy ameno sobre una de las figuras más interesantes de este siglo XX que se acaba.



A. Figueroa



 

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