Barbarie contra
las imágenes
Estaba
leyendo un hermoso libro, sin la menor intención de
escribir algo, cuando la indignación me hizo coger la
pluma. No por el texto sino porque él me trajo a la
mente lo que es mercancía de venta diaria en todos los
medios de comunicación: las supuestas atrocidades del
ejército nacional en nuestra pasada guerra civil.
No voy a hablar del martirio de las personas, que daría
lugar no a un breve artículo sino a libros. Sólo me
referiré al martirio de las cosas y, concretamente, de
las imágenes de la Virgen. Tomo los datos, que me
parecen irrebatibles, de la Guía para visitar los
santuarios marianos de Castilla-La Mancha, que ha
publicado en el año 1995 Ediciones Encuentro.
Castilla-La Mancha tiene en su región cinco diócesis.
Tres de ellas de rancia solera: Toledo, Cuenca y
Sigüenza, hoy Sigüenza-Guadalajara, otra de fines del
siglo pasado, ciudad Real, y una muy reciente, Albacete.
José Sánchez Ferrer estudia las advocaciones marianas
de esta última sede episcopal, dedicando especial
atención a trece de ellas.
La Virgen de los Llanos, patrona de la ciudad de Albacete
y de la nueva diócesis, era una imágen barroca del
siglo XVII, que sustituyó a otra anterior. Eran de talla
la cabeza y las manos de la Virgen y la figura del Niño,
siendo el resto un armazón de madera que se cubría con
trajes y mantos. En 1936 destrozaron la imagen. Se salvó
una mano de la Virgen y el cuerpo del Niño que alguien,
seguramente con riesgo de la propia vida, ocultó hasta
el fin de la guerra. Entonces se pudo hacer un nuevo
rostro y otra mano de María pudiendo volver a venerar
los albaceteños la imagen.
La Virgen de Cortes, patrona de Alcaraz, es una talla de
fines del siglo XII o comienzos del XIII que unas
clarividentes monjas emparedaron en un sótano y gracias
a ello, puede seguir siendo venerada por los habitantes
de aquel hermoso pueblo.
La Virgen de Belén, patrona de Almansa, fue quemada en
1936, al igual que su santuario. Después de la guerra
los almanseños mandaron realizar otra imagen de su
patrona.
La Virgen de la Cabeza, patrona de Casas Ibáñez,
pereció igualmente en 1936. Lo mismo que la Virgen de
Gracia, patrona de Caudete. Mejor suerte le cupo a la
Virgen de las Nieves, patrona de Chinchilla de
Montearagón, talla gótica de alabrastro, que tal vez
debido a su pequeño tamaño, 25 centímetros de altura,
pudo ser salvada de la barbarie.
La Virgen de los Remedios, patrona de Fuensanta y La
Roda, fue también destruida en 1936. Pereció asimismo
al año siguiente la Virgen del Rosario, patrona de
Hellín, aunque pudo salvarse la cabeza del Niño. La
Virgen de Cubas, patrona de Jorquera, fue quemada en
1936. La del Carmen, patrona de Liétor, atribuida a
Salzillo, parece que consiguió salvarse de aquella
hecatombe artística.
La Virgen de la Consolación, patrona de Montealegre del
Castillo, sufrió la misma suerte que la mayoría de las
albaceteñas y fue destruida en la guerra civil. Se
salvó, en cambio, la Virgen de la Fuente, patrona de
Munera, aunque sufrió grandes destrozos su santuario.
Fue también quemada la Virgen de la Caridad, patrona de
Villarrobledo. Debemos suponer que otras imágenes
marianas de localidades más humildes corrieron igual
suerte, pero no se ocupa de ellas nuestro autor.
La diócesis de Ciudad Real, cuya descripción se debe a
José Jimeno, corrió parecidas vicisitudes. La Virgen
del Prado, patrona de la capital, fue destruida en 1936.
Era una talla gótica, del siglo XIV, «de gran mérito
artístico». Lo mismo le ocurrió a la Virgen de las
Nieves, patrona de Almagro. Y a la de Peñarroya, patrona
de Argamasilla de Alba y La Solana. Y a la del Monte,
patrona de Bolaños de Calatrava, si bien en este caso
una devota, seguramente también a riesgo de su vida,
pudo salvar la cabeza de la Virgen. Del siglo XIV era la
Virgen de Criptana, patrona de Campo de Criptana;
pereció asimismo en 1936.
De la Virgen de la Encarnación, patrona de Carrión de
Calatrava, se salvaron la cara y las manos. También la
cabeza de la Virgen y el Niño de Nuestra Señora de las
Cruces, patrona de Daimiel, talla sedente de piedra,
posiblemente del siglo XIV; el resto quedó destruido
aquel malhadado año de 1936.
Se salvó la Virgen gótica de Zuqueca, patrona de
Granátula de Calatrava. No tuvo igual suerte la Virgen
de los Santos, patrona de Pozuelo de Calatrava. Nada dice
el texto que venimos siguiendo de la Virgen de Gracia,
patrona de Puertollano, aunque sí se refiere que su
ermita fue incendiada en 1936, por lo que, seguramente,
la imagen pereció también entre las llamas. Asimismo
destruida fue la Virgen de las Virtudes, patrona de Santa
Cruz de Mudela, aunque se salvaron las cabezas de la
Madre y el Niño.
Pereció también, el año del inicio de la guerra, la
Virgen de Carrasa, patrona de Villahermosa. Se salvó, en
cambio, la Virgen de la Antigua de Villafranca de los
Infantes, preciosa talla gótica al parecer del siglo
XIV, aunque algunos le atribuyen más antigüedad. Su
pequeño tamaño, por eso la llaman «la Chiquitilla»,
tal vez permitiera que algún devoto la ocultara. No le
cupo igual fortuna a la Virgen de la Sierra, sobre cuyo
origen dudan los historiadores pues unos la atribuían al
siglo XI y otros a comienzo del XIII, pues fue destruida
en 1936.
Pasemos a la diócesis de Cuenca, según nos lo refiere
Dimas Pérez Ramírez. La Virgen de las Angustias,
patrona de la provincia, talla de Carmona en los días de
Carlos III, fue quemada en 1936. La misma suerte corrió
la Virgen de la Consolación, patrona de Iniesta, aunque
se salvó su cabeza.
Todo desapareció, en cambio, de Nuestra Señora de los
Desamparados, de Buendía. Se salvó la Virgen de Gracia,
de Belmonte. Pero no la Inmaculada de Horcajo de
Santiago, de la escuela de Salzillo, que, pese a la
impresionante fiesta del «Vitor», no pudieron conservar
sus devotos en 1936. Consiguio no perecer Nuestra Señora
de la Luz, patrona de Cuenca. Pero no la Virgen de
Manjavacas, patrona de Mota del Cuervo. Sí sobrevivió,
en cambio, o al menos el texto que seguimos no dice nada
en contrario, la Virgen de la Misericordia, de Puebla de
Almenara. Y parece ser que también se salvó la de
Altarejos, de Campillos de la Sierra. Pereció la de
Riánsares, patrona de Tarancón, imagen de los tiempos
de la repoblación. Solamente profanada fue la Virgen de
Rus, de San Clemente. Con la imagen de la Virgen de
Tejada, patrona de Garaballa y de su tierra, acabaron los
milicianos en agosto de 1936.
En la diócesis de Sigüenza-Guadalajara -seguimos el
relato de Epifanio Herranz Palazuelos-, se salvó Nuestra
Señora de la Salud de Barbatona. Y casi milagrosamente
Nuestra Señora de la Mayor, de Sigüenza, pese a los
destrozos que sufrió la catedral. La Virgen de la
Antigua, patrona de Guadalajara, salvó su «vida»
gracias a la de la santera, Luisa Megina, que la perdió
por defenderla a las puertas del santuario. Parece ser
que también sobrevivió Nuestra Señora de la Hoz,
patrona del Señorío de Molina. Y también, aunque
desapareció el Niño, la Virgen de la Peña, patrona de
Brihuega, debido a que fue escondida en el cementerio. De
este modo una preciosa imagen, según el autor románica
y en nuestra opinión algo posterior, y la hermosa
leyenda de la princesa mora Elima, han perdurado hasta
nuestros días.
De Nuestra señora de la Estrella, de Atienza, apenas
dice nada nuestro relator. Me da la impresión de que
debió «caer» en zona nacional. Francisco Franco, no
quemaba Vírgenes ni detruía obras de arte. No le cupo
igual suerte a Nuestra Señora del Madroñal, de Auñón.
Estaba en la «otra» zona. Y pereció en 1936. También
se salvó, al parecer, nuestra Señora del Carmen, de
Molina de Aragón. ¿Fue tal vez el Señorío zona
nacional? Y la Virgen del Montesino de Cobeta.
Pereció la Virgen de Mirabueno, del pueblo de igual
nombre. Y la imágen románica de la Virgen de Valbuena,
de Cendejas del Padrastro. Y Nuestra Señora de la Luz,
patrona de Almonacid de Zorita. No dice el texto que
seguimos que perecieran la Virgen del Saz, patrona de
Alhóndiga ni la de los Enebrales, patrona de Tamajón,
aunque no es seguro que el silencio del autor confirme
que no hubieran desaparecido. Sí, en cambio, destruyeron
la Virgen de la Esperanza, «Esperanza de Durón».
Desaparecío, entre las llamas, la Virgen de la Granja,
patrona de Yunquera de Henares.
Concluimos con la pronto liberada archidiócesis primada,
de la mano de Luis Moreno Nieto. Fue profanada, pero se
salvó de la destrucción la imagen de la Virgen del
Sagrario, del siglo XIII, patrona de Toledo. Y también
la Virgen de Guadalupe porque estuviera en «zona
nacional». Y la del Prado, de Talavera, aquella que,
«en la catedral de las ermitas», amansa al Tajo porque
el río «no la quiere despertar».
También se salvaron Nuestra Señora del Valle, de
Toledo, la Virgen de los Remedios, de Ocaña, Nuestra
Señora de los Dados, de Maqueda, la Virgen de la
Esperanza, de Toledo, la Virgen de la Caridad, de
Illescas y la Virgen de Ronda, de Carpio de Tajo. Al
menos eso dice Moreno Nieto. De ser cierto fue una
diócesis realmente privilegiada. Pero mucho nos tememos
que este autor, tal vez llevado por el irenismo de la
moda, haya preferido pasar por alto el «nimio» detalle
de la destrucción de las imágenes.
Perecieron otras Vírgenes: Nuestra Señora de Gracia, de
Ajofarín, la Virgen de la Pera, de La Guardia, Nuestra
Señora del Aguila, de Ventas con Peña Aguilera, Nuestra
Señora del Castillar, de Villarrubia de Santiago
Creemos, que todo comentario sobra. Ahora se escribe que
los bárbaros fueron Franco y sus afectos; los otros,
hermanitas de la Caridad. Parece mentira que a estas
alturas, a más de sesenta años de la guerra civil, aún
siga habiendo falsarios de aquella historia.
Francisco José Fernández de la Cigoña
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