Barbarie izquierdista

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Barbarie izquierdista

Por D. Arnedo

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Barbarie izquierdista

El XVII Salón del Libro de París, la más importante feria bibliográfica de Francia y una de las más destacadas de Europa, ha registrado una manifestación típicamente izquierdista, la destrucción de la caseta en la que se exponían las novedades de la editorial del Frente Nacional que lidera Le Pen. Grupos de jóvenes izquierdistas atacaron al servicio de orden y, después de derribarlo, redujeron a escombros la caseta y las publicaciones que exhibía.

Hasta poco antes de su fallecimiento, Jules Monnerot1, uno de los intelectuales más valiosos de la Francia de la segunda mitad del siglo XX, era el inspirador de la línea de pensamiento de la editorial agredida. Y los libros de tal sello han alcanzado brillantes tiradas, superiores a la media francesa.

Desde su aparición con la Revolución de 1789, la izquierda se ha asociado frecuentemente con la violencia. Nació bajo el signo del Terror y culminó su ciclo con los «gulags» soviéticos. En España, la izquierda fue protagonista de todos los golpes de Estado del siglo XIX, de las matanzas de frailes en tiempos de Isabel II, de la quema de conventos de 1931, de la revolución de Asturias, y de la persecución religiosa en la zona roja, así como de genocidios como el de Paracuellos; y ahora, del terrorismo etarra. La izquierda, de hecho, nunca ha renunciado a la estrategia leninista de acusar cínicamente de violentas a las corrientes políticas adversarias, generalmente tachadas con el mote de «ultraderechistas».

El primer derecho fundamental de la inteligencia es el de la libertad de expresión. Ese es el que ha violado un grupo de izquierdistas franceses en el Salón del Libro. Perdedores de votos en las urnas, recurren a la brutal estrategia de romper la cacharrería. Lo más grave es que tal acción delictiva y antidemocrática ha sido respaldada por el otorgante silencio del partido socialista y del comunista, y ha sido apoyada por la editorial democristiana Seuil y por la socialdemócrata Fayard, entre otras, las cuales han amenazado con no volver a concurrir al Salón del Libro si se permite la presencia del Frente Nacional. Algún caricaturista ha retratado a estos editores como portadores de mordazas para reducir al silencio a quienes no comparten sus ideologías.

Esa es la libertad que las izquierdas defienden, la del monopolio. Sólo les ha faltado repetir el dislate nacionalsocialista de quemar los libros discrepantes, esta vez, en la parisiense Plaza de la Concordia donde, hace dos siglos, se alzó la poco «concordataria» guillotina.



Diego Arnedo



 

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