LIBROS: La hoz y
la cruz.
De la
Cierva, Ricardo: La hoz y la cruz, ed. Fénix, Madrid
1996, 794 págs.
En 1995, el autor inició la publicación de una
monumental historia de la Iglesia contemporánea cuyo
primer volumen tituló Las puertas del infierno (Vid.
«Razón Española», núm. 76, págs. 239-240). Este
segundo tomo se inicia donde concluyó el anterior, es
decir, en 1965, fecha de la clausura del Concilio
Vaticano II. Entonces se produjo lo que el autor describe
como «asalto a la Iglesia por todos los frentes»; pero
muy especialmente desde su propia retaguardia. Hubo
resistencias a la descomposición como las del arzobispo
Lefebvre y la de monseñor Escrivá de Balaguer (la
primera más radical y menos operativa concluyó en
cisma, mientras que la segunda en expansión y éxito);
pero, en general, la Iglesia padeció la deserción
doctrinal y disciplinar de instituciones tan
tradicionales como la Compañía de Jesús y el abandono
de decenas de miles de sacerdotes y religiosos. Al propio
tiempo, se introdujo el pluralismo teológico y moral,
como ya había acontecido entre los protestantes con los
negativos efectos bien conocidos.
El autor señala la sistemática infiltración de
permisivismo moral y de disidencias doctrinales en el
seno de la Iglesia a cargo de agnósticos, masones,
marxistas y otras corrientes anticatólicas. Fue lo que,
tardíamente, denunció el dubitativo Pablo VI como
«humo de Satanás». Algunos países merecen un
capítulo especial, así los Estados Unidos, Holanda,
Brasil, México, Nicaragua o El Salvador. Con trazo firme
y sin concesiones timoratas, el autor describe
apostasías, traiciones y debilidades que provocan el
«hundimiento» en los Países Bajos, la pérdida de las
universidades católicas en Estados Unidos, y la
marxistización liberacionista en Hispanoamérica. En
fín, una de las crisis más graves de la Iglesia
universal, y una aceleración del proceso de
descristianización de Occidente.
El caso español es objeto de dos reveladores capítulos,
que son lo más aleccionador del libro y que merecerían
desarrollo y publicación en un pequeño volumen
independiente. En esas páginas queda al descubierto la
penosa política española de Pablo XI y de su nuncio
Dadaglio cuyo objetivo principal fue situar en el
episcopado a los sectores «progresistas» que tornaron
sus navajas contra las espaldas del Estado confesional
que les había salvado de la aniquilación en 1939. Las
maniobras, inconfesables, del Nuncio, apoyado en su
agente Tarancón, son descritas a partir de documentos
inéditos de primera mano, alguno procedente de los
archivos secretos vaticanos. Una política, que resultó
suicida, fue colocando en el episcopado a gentes de
escaso espíritu religioso y fuertemente politizadas que
vaciaron los seminarios, sembraron el desconcierto entre
los fieles, perdieron una parte importante del clero,
animaron la secularización y aún el terrorismo y,
finalmente, apoyaron decisivamente un «cambio»
constitucional que en 1978 oficializaría la
descristianización de las escuelas, de las instituciones
y de los medios de comunicación en España. Esa
Jerarquía, todavía a finales de 1995, se felicitaba por
el «éxito» de la nueva Constitución. Y en algunas
regiones, esa Jerarquía ha alentado la ruptura de la
unidad nacional.
Excepcionales figuras como la del cardenal Marcelo
González Martín o el obispo José Guerra Campos
ejemplifican la minoritaria resistencia al
desmantelamiento llevado a cabo durante el pontificado
paulino. El autor, que, con posible hipérbole, califica
a Juan Pablo II como el «Papa más grande de la
Historia», atribuye justamente al pontífice reinante el
esfuerzo de frenar el proceso de descomposición
institucional y doctrinal, y éxitos memorables como el
desplome del marxismo y del socialismo real en casi todo
el mundo.
Obra extraordinariamente valerosa en la que personas,
hechos y doctrinas son valorados con rotunda claridad y
que, si de algo peca, es de caritativa benevolencia con
personajes nefastos para el catolicismo. Y obra
documentadísima donde los hechos externos son sacados de
la expresa ocultación y encuentran su sentido en la
evolución de las doctrinas. La sólida preparación
humanística del autor le permite trazar un constante
paralelismo entre las ideas teológicas y sus frutos
históricos. Los grandes conflictos de la Humanidad,
antes que en los campos de batalla y en los mercados, se
libran en las academias; es en éstas donde la Iglesia ha
sufrido las grandes derrotas contemporáneas.
El autor, que tiene puesta su confianza en el pontífice
reinante, cree que se inicia una salida de la gran crisis
del catolicismo postconciliar. Y probablemente es así;
pero, desde el punto de vista cristiano, el siglo XXI,
será una centuria de misión, sin duda también en
España, hondamente descristianizada por el cambio
entusiásticamente fomentado por Tarancón y sus
colaboradores, muchos de ellos aún activos y
empecinados.
Una obra de inexcusable lectura para el católico que no
quiera practicar la letal táctica del avestruz.
A. Maestro
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