Los "Libertadores" de Stalin

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Los "libertadores" de Stalin nº 82

Por J.A: Cepeda

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Los "Libertadores" de Stalin

La carta del comunista André Marty, responsable en la plaza de Albacete, de las Brigadas Internacionales, no puede ser más elocuente para darse una idea de la clase de individuos que como brigadistas acudieron a España en octubre de 1936 procednetes de distintos países europeos, EE.UU y alguno hispanoamericano. En la carta, Marty informa al Comité Central del PCF el 15 de noviembre de 1937:

«En España, mezclados con magníficos militantes comunistas, socialistas, antifascistas italianos, emigrados, alemanes y anarquistas (sic) de diversa condición y raza, hemos recibido a muchos centenares de elementos criminales internacionales, y mientras algunos de ellos se han limitado a vivir anchamente sin hacer nada y combatir, muchos han iniciado, aprovechándose de los primeros días, una innumerable serie de delitos abominables: estupros, violencias, robos, homicidios por simple perversión, hurtos, secuestros de personas, etc. No contenso con eso, fomentan sangrientas rebeliones contra las autoridades de Valencia, y no ha faltado alguno que se ha dedicado a ser espia de Franco. A media que la Policia de Valencia se hacia dueña de la situación, tales elementos eran perseguidos y enviados a Albacete, centro de la BI a mis ordenesl. Y así como ciertos de los aludidos han redimido sus culpas combatiendo valientemente y cayendo en los encuentros más encarnizados que las Brigadas han sostenido por la salvación de Madrid, otros dan pruebas de ser incorregibles».

Andre Marty, «El Carnicero de Albacete», «Le Boucher», «Il Macelaio» o «The Butcher», agrega: «Pretendían continuar en Albacete las criminales empresas que habían llevado a cabo en otras partes. Una vez cetenidos, se escapaban del campo de concentración, agrediendo y matando a los centinelas. En vista de esto, no he dudado en ordenar las ejecuciones necesarias. Esas ejecuciones, en cuanto han sido dispuestas por mí no pasan de quinientas, todas ellas fundadas en la calidad criminal de los condenados».

Que el lector deduzca cus conclusiones. «El carnicero» ejecutó a quinientos, epro también señala que otros han redimido sus culpas combatiendo. una vez más se comprueba, como la hitoria más creible y seria advierte, que en las Brigadas Internacionales los perores individuos del hampa, salvo una confundidad minoría de idealistas que pagaron con sus vidas el error cometido.

Marty no dice lo que sucedio en las batallas de La Granja (mayo 1937) ni en la de Brunete (julio del mismo año), en las que soldados de las Brigadas se negaron a avanzar contra el adverario y fueron ejecutados al estidlo soviético: un golpe en la espalda y un tiro en la nuca. Una de las Brigadas en la retaguardia de Brunete, tuvo que ser reducida por guardias de Asalto, con blindados, enviados desde madrid.

La carta de Marty, termina: «la situación española es seria, pero no grave. Con el traslado del Gobierno de Valencia a Barcelona ha quedado eliminado el equívoco de la Generalidad catalana, y a partir de ahora toda la España roja esta exclusivamente gobernada pro mandos comunistas». De esto se trataba: de dominar a España mediante mandos comunistas para hacer de ella un satélite sovietico de acuerdo con las instrucciones de la Komintern. Hay que señalar que representantes de tal organismo internacional de expansión del comunismo staliniano, habían visitado España antes del 18 de julio de 1936, según señala Jesús Hernández, miembro del Buró del PCE.

Pero existe otro dato definitivo sobre la penetración soviética en España: Walter Krivitski, general responsable de los Servicios Secretos de la URSS en Europa Occidental, denuncia posteriormente en los Estados Unidos, libre ya de la locura vesánica de Stalin: «Yagoda, por su parte, se reune en la Lubianka y siguiendo las órdenes de Stalin (14 de septiembre de 1936) decide instalar en España una sucursal de la N.K.V.D. con el fin de coordinar el Partido Comunista de España, vigilar secretamente el movimiento revolucionario y seguir los pasos del POUM».

Nada impide que un buen poteta, muy bueno, pueda llegar a la tontería por reblandecimiento del cerebro. Por esto Antonio Machado canta, mientras la Komintern extiende su influencia en España:

«¡Oh, Rusia, noble Rusia, Santa Rusia,
cien veces noble y santa
desde que roto el báculo y el centro,
empuñas el martillo y la guadaña!»



Dan ganas de exclamar, cual un chulo o manolo de La Latina: ¡Qué tío!.

Martínez Bande, en su libro La intervención comunista en la Guerra de España apunta: «La sovietización del Ejército Popular comienza a ser un hecho. Y nada tiene de particular desde el punto de vista comunista. Jorge Dimitrov, en una arenga a la VII asamblea de la Internacional, dice: «Un ejército de millones de hombres, dirigido por la Internacional Comunista y con timonel tan grande y tan sabio como el camarda Stalin…».

El más destacado centro reclutador de las Brigadas se encontraba en la rue Lafayette, del PC frnacés. Thorez, Marty y Longo, se encargaron del reclutamiento, auxiliados por Nino Nanetti y Giusseppe di Vitorio; próximo a esta calle, en la de Chabroi, estaba situada la Oficina Técnica Militar, asesorada por el general ruso Walter. José Broz, el famoso Tito, tenía su oficina de expedición de billetes ferroviarios y marítimos, en un hotel de la «riva gauche».

El gobierno repulbicano nombró a Martínez Barrios, grado 33 de la masonería, representante cívico-político y al general Martínez Monje, como autoridad militar «embajadores» de tal gobierno en Albacete cerca de las Brigadas. Y Azaña finge no enterarse. ¿Cómo es posible que su hermano del Gran Oriente no le informara?

Cuando la ignorancia, la mentira, el oportunismo, la cobardía o la estupidez se unen en la mente de los llamados padres de la Patria, se producen situaciones que conducen a la indignidad. Es falso de toda falsedad, que las Brigadas viniesen a luchar por la libetad de España, como es igualmente falso que salvasen a Madrid. Al llegar la primera Brigada a la capital, el 8 de noviembre de 1936, los combates ás definitivos ya se habían producido en el Puente de los Franceses y el denominado Puente Nuevo o de la Carretera de Castilla. La XI Brigada al mando del comunista Kleber, con 1.400 hombres que gritaban en la Gran Vía «¡Les soviets partou!», sólo sirvió de relleno. Y la XII, con 1.500 hombres al mando de Lukàcs, un oficial húngaro comuista y mediocre novelista, casi deshecha en el Cerro de los Angeles, se consumió en la Universitaria frnete a los legionarios.

Ahora, el Parlamento español ha premiado tanta miseria.



José A. Cepeda



 

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