LIBROS:
Españolas reinas de Francia
Beladíez,
Emilio: Españolas reinas de Francia. Ed. Palabra,
Madrid, 2001, 485 páginas.
Los herederos de Emilio Beladíez han reeditado su libro
sobre las reinas españolas de Francia, en la versión
corregida y aumentada que dejó preparada el ilustre
embajador colaborador de «Razón Española» antes de su
fallecimiento. Se trata «en cuanto a la presentación»
de una edición muy digna y apropiada para un libro de
Historia. Respecto de la forma, decir que está muy bien
escrito no puede sorprender a nuestros lectores,
familiarizados con su estilo, ya que durante más de un
lustro llevó la sección de «La diplomacia», donde
hizo gala de sus saberes internacionales y de su
capacidad de prospección, ya que muchas de sus
predicciones se han cumplido. Finalmente, en lo que hace
al contenido, pasa revista -según anuncia el título- a
las españolas que ocuparon por matrimonio el trono de
Francia. Desde Bruquenilda, hija del rey visigodo
Atanagildo, que se desposó con el rey merovingio
Sigiberto en 566, hasta Eugenia de Montijo, enlazada con
Napoleón III en 1853, pasando por Constanza y Blanca de
Castilla, Isabel de Aragón, Juana y Blanca de Navarra,
Leonor de Habsburgo y Ana y María Teresa de Austria.
Incluye también el embajador Beladíez a Violante de
Aragón, pues, aunque nunca ciñó la corona, sí fue
duquesa de Anjou, madre de reina y siempre muy
influyente, hasta el punto de que Carlos VII la sentaba
junto a él en el trono.
Constanza de Castilla es la primera española que durante
la Edad Media se casa con un rey francés, Luis VII, y en
ella resume Beladíez la entrega de las princesas
hispanas a sus nuevos reinos: «Constanza, como todas las
españolas que le siguieron en el trono francés, dio
pruebas de adopción al país, de amor a su marido y de
dedicación a los intereses supremos de Francia. Ni ella,
ni ninguna otra, jugaron jamás un papel dudoso y siempre
pusieron lo mejor de sí mismas para el bien de su pueblo
adoptivo». De Blanca de Castilla, casada con Luis VIII
en el alborear del siglo XIII, destaca su belleza y
formación. Fue madre de Luis IX, San Luis. A la
siguiente generación perteneció Isabel de Aragón, hija
de Jaime I el Conquistador, que casaría con el hijo de
San Luis, Felipe III. El matrimonio, cuando lo
acompañaban hacia la II Cruzadam, pudo oír de labios
del santo rey: «Querido hijo, te doy todas las
bendiciones que un buen padre debe dar a su hijo. Que
Dios te de la gracia de hacer siempre Su voluntad y que
tú y yo podamos, tras esta vida mortal, estar juntos con
Él y alabarlo sin fin». Juana de Navarra fue la mujer
de Felipe IV, el Hermoso, con la evocadora carga de los
nombres, comunes a los de la hija de la reina Isabel de
Castilla y su esposo. Aunque la navarra aventaja en
talento y valor a la hija de los reyes Católicos, pues
en ausencia de su marido aquélla llegó a ganar batallas
al frente de sus tropas. Tras Blanca de Navarra, casada
con Felipe VI, el primer Valois, entran en las princesas
de la Casa de Austria. la primera, Leonor de Habsburgo,
hermana de Carlos I, que había sido reina de Portugal, y
que tras su viudez casó con Francisco I, el tantas veces
derrotado por su cuñado el emperador Carlos. De esta
misma casa son Ana de Austria, hija de Felipe III, que
casa con Luis XIII, la reina firme e inteligente que
gobernó con los cardenales Richelieu y Mazarino por
primeros ministros; y María Teresa de Austria, la mujer
de Luis XIV. Termina el libro con Eugenia de Montijo,
desposada con Napoleón III. Es la biografía más
extensa, verdadera monografía, bien documentada, y de la
que es curioso señalar la parte que toca al trato de la
emperatriz con la destronada hija de Fernando VII,
Isabel, durante el período de su exilio parisino.
Período del que también ha sacado mucho partido el
historiador Ricardo de la Cierva en su celebrada
trilogía sobre la llamada reina de los tristes destinos.
Así pues, excelente libro de historia, ameno y
documentado, que se lee con facilidad e interés y que
recomendamos vivamente a nuestros lectores.
Benedicto Martín Amores
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