Un dorado Gulag
para Lenin
Lenin y
el terror.-La fuerza inexorable de los hechos ha impuesto
en su verdadera dimensión, a pesar de la manipulación
sistemática y sostenida, la realidad del papel
desempeñado por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, en la
aplicación del terror. Desarrollado de forma
científica, profunda e implacable contra el sufrido
pueblo ruso, y posteriormente contra otros pueblos, a
escala desconocida tanto por su meticulosidad como por su
extensión, desde el triunfo de la revolución
bolchevique de octubre de 1917.
No sólo la historiografía oficial comunista
postestaliniana, sino en grado muy considerable los
pseudohistoriadores «progresistas» occidentales han
tratado, durante años y con una amplitud extensa de
diferentes escuelas y países, de exculpar a Lenin en la
aplicación y el desarrollo del terror. Arrojando sobre
Stalin, incluso muchos de sus anteriores aduladores y
exégetas, la responsabilidad de la génesis del terror,
su desarrollo y posterior aplicación.
Hoy a la luz de los hechos, de una documentación
abrumadora y exhaustiva, no resulta posible la
exculpación leninista. La creación del terror en
magnitudes y profundidades desconocidas fue obra de
Lenin, desde el mismo triunfo de la revolución. Sus
consignas de exterminio, no ya de individuos opuestos al
bolchevismo, sino de clases sociales enteras se
contemplan en multitud de consignas, decretos, órdenes,
y «ukases» de todo tipo. El terror aplicado como una de
las premisas básicas, contra los opuestos al nuevo
orden. El decreto de creación de la Cheka, data de 1918,
sólo a los pocos meses del triunfo revolucionario, y el
primer campo de concentración, embrión del futuro
Gulag, de 1919.
Stalin pudo ser un criminal mayor, si nos atuviésemos a
una estadística fría de la represión y del número de
víctimas, gobernando desde 1924, aunque con poderes
absolutos podríamos fijar 1927, hasta 1953, mientras que
Lenin gobierna desde octubre de 1917 a enero de 1924,
desde 1923 sin poder ejecutivo y prácticamente
paralizado por los ataques cerebrales que le llevarían a
la muerte. Por lo tanto en duración de su tiranía,
avances tecnológicos en la represión, número de
víctimas, etc. Stalin, si resulta superior a Lenin en
magnitud del terror. Pero el creador, diseñador y
ejecutor del terror hasta las últimas consecuencias es
Lenin; Stalin, eso sí, un discípulo aventajado.
La prisión.-El 9 de diciembre de 1895, según el antiguo
calendario ruso, 22 de diciembre conforme al gregoriano,
la policía, que había detenido a Lenin regresado no
hace mucho del extranjero, con su salud bastante
deteriorada, y al que se controlaba como sospechoso,
ingresa en prisión preventiva. Su experiencia en la
lucha clandestina le cogía sumamente preparado para
hacer frente a la nueva situación, conociendo al dedillo
la forma en que se desarrollaba la situación de un preso
político: como mantener el contacto con otros presos,
con los camaradas del exterior, utilizar tinta invisible
por procedimientos sencillos para sus comunicaciones, por
ejemplo escribir con leche entre los renglones, de modo
que al calentar el papel, lo así escrito se oscurecía
permitiendo la lectura del mensaje. Utilizar claves para
soslayar la vigilancia de los guardianes, marcando las
letras de los libros que recibían con puntos
minúsculos, un largo manual demostrativo de su
conocimiento de la estancia en prisión, y como seguir
desarrollando desde dentro la actividad revolucionaria.
Asimismo había previsto de qué forma debería repartir
el empleo de su tiempo, tanto en lo que se refería a la
actividad intelectual como en lo relativo al ejercicio
físico para encontrarse en buenas condiciones. Avisa a
un compañero revolucionario, Cheboratev, de su
detención pidiéndole se lo comunique a su madre, y
traiga de su casa ropa y artículos de primera necesidad.
El 2 de enero, de 1896, siempre según nuestro
calendario, es sometido a interrogatorio en la prisión,
por un oficial de la gendarmería y en presencia de un
sustituto del procurador del Imperio. Interrogatorio que
afronta fríamente y sin temor alguno, pues en su
domicilio la policía no había recogido sino dos hojas
de propaganda clandestina con llamadas a la huelga, un
informe sobre la misma, y una nota con títulos y precios
de algunos libros. Con absoluta desfachatez manifiesta
que no se muestra culpable de pertenecer al partido
socialdemócrata ni a ningún otro, ignorando toda clase
de propaganda antigubemamental, y que los papeles
encontrados en su casa se encontraban allí por
casualidad, tomados para ser leídos en casa de una
persona cuyo nombre no recordaba, etc. Al preguntarle por
una maleta que había traído con libros al regresar a
San Petersburgo de su viaje al extranjero, pero de la que
se había desecho, contestó que la había dejado en casa
de su madre, logrando avisar por clave a su familia de
que comprasen una idéntica. Se observa que la vigilancia
en la prisión y en las comunicaciones de los presos con
el exterior adolecía de bastante tolerancia.
Lenin permanecería en la prisión de San Petersburgo
donde fue confinado, catorce meses, y sometido a
interrogatorios los días 11 de abril, 19 de mayo, y 8 de
junio. Los reglamentos de dicha cárcel eran de una
suavidad innegable, pues a los presos preventivos se les
permitía aparte de dos visitas semanales, lunes y
jueves, recibir libros y alimentos varias veces por
semana. Llega a disponer de tantos libros que, comentó,
tenía su celda atestada, y sin que los carceleros
cuidasen excesivamente la vigilancia respecto al
contenido de los libros De esta forma Lenin recibía en
la prisión todo tipo de publicaciones, incluso las
prohibidas, manteniendo así el contacto con las
organizaciones revolucionarias exteriores. Por medio de
la escritura invisible con el empleo de leche entre los
renglones de su correspondencia, como hemos visto legible
al calentar el papel, daba instrucciones a los miembros
de la «Liga para la liberación de los trabajadores».
Moldeaba los tinteros con pan negro, de forma que en caso
de urgencia podía tragárselos. «Hoy he tenido que
comerme seis tinteros», comunicaba en una carta a su
hermana Anna. Orgulloso de su ingenio, le informaba de
que no existía ningún ardid que no se pudiese vencer
con astucia. En uno de sus múltiples mensajes cifrados
pide a la que luego sería su mujer Nadiezna Krupskaia y
a otra revolucionaria Apolinaria Yakubova- con la que
parece que Lenin había tenido intención de contraer
matrimonio- fuesen a una calle donde Lenin las podría
ver durante uno de sus paseos por los corredores de la
prisión.
Cuida su salud, antes resentida durante su libertad, y
paradójicamente restablecida en esa especie de balneario
carcelario. Dispone de alimentos y bebidas proporcionados
por su familia, «Con el té de que dispongo podría
abrir una tienda», llegaría a decir a sus hermanas.
«Duermo nueve horas diarias y sueño con diferentes
capítulos de mi próximo libro», les diría en otra
misiva. «Hoy hemos hablado una hora entera con Volodia;
sigue invariablemente de buen humor», comentaría su
hermana Anna. Para mantenerse mentalmente en forma Lenin
practica las traducciones, especialmente las traducciones
directa e inversa, es decir de un idioma extranjero al
ruso y de éste a aquel. «He comprobado por experiencia
que éste es el mejor método para aprender racionalmente
una lengua... Después de cenar, para relajarme, me
dedicaba a las belles lettres y en ningún sitio había
disfrutado tanto con ellas como en la cárcel». A su
hermana María le explicaría más tarde lo conveniente
que resultaba para la salud alternar la lectura seria y
la ligera, las traducciones y la gimnasia. Hace ejercicio
físico, practica la gimnasia. Situación radical y
absolutamente antitética con las de los reclusos en las
prisiones leninistas.
Su actividad revolucionaria en prisión llegó al punto
de redactar en la misma un panfleto con motivo de la
huelga de 35.000 trabajadores textiles, declarada por
inspiración de Lenin; panfleto titulado «Al gobierno
del Zar» difundido posteriormente por la citada Liga.
Además tiene tiempo para empezar a escribir su primer
libro importante: «El desarrollo del capitalismo en
Rusia», para cuya redacción adquirió 299 obras
teóricas y 38 estudios en alemán, francés e inglés1
Hoy sabemos que también trabajó en el manuscrito
«Compendio de economía política a principios del siglo
XIX», obra posteriormente desaparecida. La estancia de
Lenin en sus catorce meses en la cárcel, y las
condiciones de vida en las prisiones comunistas hace
superflua cualquier comparación.
El destierro siberiano.-El 10 de febrero de 1897, un
decreto gubernamental, concretamente del Ministro de
Justicia, resuelve la detención de Lenin por la vía
administrativa, y tomando en consideración los informes
del Departamento de Policía ordena desterrar a Lenin y a
sus conmilitones revolucionarios a tres años de
destierro en Siberia oriental. Unicamente entre ellos,
Zaporojetz es deportado por cinco años. El anuncio del
veredicto es acogido por la familia Ulianov con alegría,
pués esperaban una pena más dura. El 26 de febrero es
puesto en libertad pasando el día con su madre y sus dos
hermanas, así como con la Yakubova, no con la Krupskaia,
su futura mujer, por encontrarse detenida. Antes, el día
22 su madre había solicitado que le fuese permitido el
viaje hasta Siberia, no con el convoy reglamentario de
desterrados, sino por cuenta propia, autorizándoselo
rápidamente, el 24 de febrero. Pero además -resulta
casi increíble- solicita que dada la mala salud de su
hijo se le cambie el lugar primitivo de destierro por
otra región de la inmensa geografía siberiana donde el
clima era relativamente más benigno. Por si no fuera
bastante se le concede un permiso guberamental para
permanecer en San Petersburgo hasta el 1 de marzo.
Mas las tolerancias de la «feroz represión zarista» no
acaban aquí; al abandonar San Petersburgo el 1 de marzo
camino del destierro, y gracias a otra petición materna,
se le perrnite detenerse en Moscú, donde llega el día
2, visita a la familia, y permanece hasta el día 6 de
marzo, dos días más de lo permitido. Asombrosamente
presenta una petición a la policía política, la
Ojrana, de Moscú solicitando le sea prorrogada su
estancia en la ciudad. Pero es rechazada, y Lenin se
compromete a abandonar Moscú. El día 7 de marzo, a las
14,30 parte de la estación moscovita de Kursk
despidiéndole su hermano Dimitri, y en la ciudad de Tula
se despide de su madre, de sus hermanas María y Anna, y
del marido de esta, Mark Yelisarov, quienes le han
acompañado hasta dicha ciudad. Curiosa manera de
comenzar una deportación; más bien se diría estar
asistiendo a un festejo familiar. El 9 de marzo llega a
Samara, el 14 a Ob, donde adquiere un billete para
Krasnoiark a donde arriba el 16 de marzo. El 18 de marzo
solicita al gobernador de Irkutsk que en espera del lugar
definitivo de confinamiento se le conceda permanecer en
Krasnoiark, y «en vista de mi delicado estado de salud
me sea asignado un lugar de residencia en la provincia de
Yenisseisk, a ser posible en el distrito de Krasnoiark o
Minussinsk». Estamos ante un destierro a la carta.
Mientras permanece en Krasnoiark, se entera de que el
riquísimo comerciante local, Judin, posee una
espléndida biblioteca con colecciones completas de las
más importantes revistas rusas desde el siglo XVIII. Es
recibido cordialmente por el millonario, y en la
biblioteca municipal lee los periódicos y revistas de
San Petersburgo y Moscú, quejándose en carta a su madre
de que debido a las enormes distancias no puede
acostumbrarse a leer los diarios con once días de
retraso. Sería dudoso en la época comunista el que los
prisioneros de los campos de concentración del Gulag
recibiesen periódicos y revistas.
Por fin el 16 de abril llega a Krasnoiark el convoy
carcelario, donde sus compañeros los futuros
bolcheviques o mencheviques, como Martov, no viajaban por
su cuenta, ni podían disponer de ese mes de vacaciones
en Krasnoiark. Se le comunica el lugar de destierro, la
aldea de Shushénskoie, en el distrito de Minussinsk,
ceca del curso superior del Yenisei, uno de los pedidos
por Lenin, en la deportación a la carta. En misiva a su
familia dice poseer muy buenas referencias del lugar de
confinamiento, donde parece alabar el clima y el bajo
coste de vida de la aldea. Solicita que con cargo a los
honorarios de sus artículos, firmados como K. T-n. en la
revista de los marxistas legales «Novoie Slovo» -Nueva
Palabra- le sean enviados libros y revistas. Y el 11 de
mayo solicita del gobernador que se le conceda un
subsidio por carecer de medios de susbsistencia. El 12 de
mayo con sus companeros Krshishanovski y Starkov embarca
en el vapor «Svatoi Nikolai«, y remontando el enorme
río Yenisei hasta Minussinsk, y desde allí en el carro
de un campesino, llega el 20 de mayo al lugar asignado,
Shushénskoie, donde los dos gendarmes que le escoltaban
le entregaron al único policía local. El gobierno le
asignó mensualmente siete rublos y cuarenta kopecks,
como afirmaba a su familia, lo justo para su alojamiento,
manutención y lavado de ropa. Pero el dinero no suponía
algo insalvable para Vladimiro Ilich, pues antes de dejar
San Petersburgo, el marxista Struve le ofrece
colaboraciones fijas muy bien pagadas en su nueva revista
marxista legalizada: 100 a 200 rublos por artículo. Se
le prometen traducciones bien retribuidas de obras
extranjeras, y además nunca faltaría la ayuda constante
de su madre.
La contemplación de los casi mil días que durará su
destierro siberiano ofrecen una visión de la
deportación que escapa no ya a la comparación con los
campos de la época comunista, sino oferente de tal
imagen de relax y de tranquilidad, que resulta de
incompatibilidad antitética con cualquier idea de
castigo. Unicamente las enormes distancias siberianas con
sus magnitudes tan dificiles de asimilar, podían
representar un concepto sancionador para los deportados.
«Shushénskoie no es un mal pueblo», informaría a su
familia.. «Ayer recorrí doce verstas, cazando patos y
becadas. Hay caza abundante, pero sin perro resulta
dificil cobrar piezas, máxime para un tirador tan malo
como yo...» Se hace muy amigo del campesino Stroganov,
el mejor cazador de la aldea, quien posteriormente le
regalaría un perro. Se había hecho mandar desde San
Petersburgo y Moscú muchos libros a utilizar para sus
futuros trabajos, pero ansiosamente solicita se le
envíen periódicos y revistas, aunque lleguen con enorme
retraso. Aparte de Lenin sólo hay dos deportados: un
intelectual polaco, acompañado de su esposa e hijos, y
un obrero de San Petersburgo. En agosto se le autoriza a
visitar en Tessinskoie, aldea a setenta verstas -medida
rusa de longitud equivalente a 1.067 metros-, a sus
compañeros allí deportados, volviendo en octubre. Si no
fuese por sus propias afirmaciones su situación
resultaría increible :«...he engordado durante el
verano, me he puesto moreno y parezco un auténtico
campesino siberiano. ¡Hay que ver lo que logra la caza y
la vida en el campo!» Sus propias palabras obvian
cualquier comentario.
En Shushénskoie escribe numerosos trabajos, entre ellos,
ese mismo 1897, Las tareas de la socialdemocracia rusa,
en que aún defendiendo el marxismo ortodoxo, apunta ya
el papel dirigente del partido en la revolución.
Terminaría también El desarrollo del capitalismo en
Rusia, donde se analizaba la transformación de la
tradicional sociedad rusa semifeudal, a pasos
agigantados, hacia el moderno capitalismo industrial;
obra que se editaría legalmente en 1899, con uno de sus
múltiples pseudónimos, V. Ilin. Entre marzo y agosto de
1898 traducirá el primer tomo de una obra de los
socialistas fabianos ingleses, el matrimonio Sidney y
Beatriz Webb, que se publicará también legalmente en
ruso en 1899.
1898 supondrá un año muy importante en la vida de
Ulianov. Contraerá matrimonio con Nadiezda Konstantinova
Krupskaia, quien después de su detención en San
Petersburgo había sido condenada a tres años de
destierro en la provincia de Ufá, en los Urales. La
Krupskaia solicita a las autoridades, y ¡lo obtiene¡,
permiso para cumplir ese destierro en Shushénskoie
aduciendo su noviazgo con Lenin, quien había suplicado
telegráficamente al jefe de policía de San Petersburgo
dicha autorización. Y el 7 de mayo de 1898 Krupskaia y
su madre llegan a la aldea. Muy desmejorada, nunca fue
una mujer atractiva, más bien de fealdad cierta; de
«delgada como una sardina» la calificaría su futura
cuñada Anna. El matrimonio se celebró en ceremonia
oficiada por el pope del lugar, ya que el matrimonio
religioso era el único reconocido oficialmente en Rusia.
Los ya esposos se trasladan a una casa, donde Krupskaia,
además de su intenso trabajo como ayudante y secretaria
de Lenin, realiza las tareas domésticas
1898 políticamente también tendrá su influencia en la
vida de Lenin, ya que, aunque con su forzada ausencia, se
celebra en Minsk, Bielorrusia, el I Congreso del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia. Hasta el fin de la era
comunista todos los Congresos se contarían a partir de
dicho I Congreso. Lenin al recibir la noticia diría: «A
partir de ahora soy miembro del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia».
Lenin con la colaboración de la Krupskaia, ya su mujer,
sigue realizando traducciones, escribiendo artículos
políticos, económicos, elaborando las bases de nuevos
libros. La tolerancia de la administración penitenciaria
zarista sigue dando pruebas, no ya de buen trato, sino de
permisividad sorprendente, y entre finales de septiembre
y primeros de octubre de 1898 permanece en Krasnoiark,
con permiso para ser tratado por el dentista. Sigue la
«crueldad represiva». Allí en dicha importante ciudad
siberiana, se reúne con otros desterrados, toma notas en
la biblioteca pública, juega al ajedrez, y va de
compras, regresando bien cargado de paquetes, ropa,
utensilios caseros... y también compra unos patines. De
vuelta a Shushénskoie, Krupskaia en carta dirigida a la
madre de Lenin el 9 de octubre le informa que para
ayudarse en las tareas domésticas ¡ han contratado una
asistenta! «Por fin tenemos una asistenta, una muchacha
de 15 años, que recibe dos rublos y medio, y además
unas botas».
Mientras tanto, avanzado el mismo mes de octubre, bajo el
pseudónimo de Vladimir Ilin aparece en Rusia el primer
volumen antológico de escritos de Lenin bajo el título
Estudios y artículos económicos, con una tirada de
1.200 ejemplares. Cuando al llegar la tarde se cansa de
escribir se distrae tallando figuras de ajedrez con
cortezas de árbol como le había enseñado un amigo
polaco, el desterrado ingeniero Krjijanovski, y el 10 de
diciembre escribe a su madre y a su hermano Dimitri,
comunicándoles que ya ha terminado la mitad de su libro,
infomándoles de la nueva distracción, el patinaje sobre
el hielo, «lo que me distrae bastante de la caza».
Los primeros días de 1899 Lenin y su mujer acuden a
Minusinsk para visitar a otros deportados, que soportaban
una parecida vida de privaciones y sacrificios en tan
duro destierro, juega al ajedrez especialmente con un
buen jugador, el ex funcionario de Hacienda Lepechinski,
tambien patinan sobre el hielo. Lenin le había tomado
verdadera afición a tal ejercicio y lo practicará
asiduamente en el largo invierno siberiano, al punto de
darse un golpe fuerte en el brazo que le impedirá
escribir durante unos días. Terminará a mediados de
febrero su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, y
pide a su familia que le envíen urgentemente 200 rublos.
Lenin, consciente de las debilidades de su formación
filosófica, leía por lo general obras de filosofía:
Kant, Hegel, los materialistas franceses, Holbach,
Helvetius y cuando estaba fatigado a Puchkin, Lemmontov y
Nekrasov. En el desarrollo de su vida particular, y a
pesar de todo lo expuesto anteriormente, el asombro ante
las particularidades de la misma aún está lejos de
agotarse.
Los domingos sostenía consultas jurídicas, pues si bien
como deportado no tenía derecho a ejercer su teórica
profesión de abogado, después de ayudar a un campesino
empleado en una mina de oro a ganar un pleito, los
campesinos le consultaban sus problemas, aunque en un
recurso los jueces locales sospecharon al estar los
escritos demasiado bien redactados para un modesto
campesino. Este terminó confesando, y el tribunal falló
en contra. A mediados de marzo, en carta de su mujer a su
cuñada María Ulianova, al describirle el principio del
fin del invierno, le comenta cómo: «Volodia -diminutivo
familiar ruso de Vladimir- habla cada vez con más
frecuencia de su fusil y de sus botas de cazador».
También le informa de que para «celebrar intensamente
el carnaval» llegan a su casa seis compañeros
desterrados. «De pronto hubo barullo y vida en nuestro
pacífico Susha» -se refiere a Shushénskoie-. Y más
adelante, el 16 de abril, en carta de Lenin a su madre y
a su hemmana Anna, les dice: «La caza es aquí la única
diversión y posibilidad de procurarse movimiento, cosa
muy necesaria en esta vida sedentaria». Extrañas
preocupaciones para un desterrado, tan diferentes a las
que experimentarían posteriommente los deportados por el
leninismo.
Siguen sus actividades político-propagandísticas, y en
San Petersburgo, bajo el pseudónimo Vladimir Ilin,
aparece ese mismo mes de abril su libro. El desarrollo
del capitalismo en Rusia -480 páginas, 2 rublos 50
kopecks-. El editor le paga 1.500 rublos, cifra
considerable en 1899. El libro, a pesar de su contenido
abiertamente marxista, aparece sin que la censura zarista
oponga ningún reparo. Continúa recibiendo periódicos y
revistas, que leía por riguroso orden cronológico sin
salirse nunca de dicha norma, y cuando al también
desterrado Krijijanovski se le ocurre leer en voz alta
las noticias más recientes, Ulianov se tapa los oidos.
En lo relativo a los escritos y cartas que recibían
tanto familiares, como de otros deportados en Siberia:
Martov, -Zederbaun- el futuro lider menchevique, desde
Turujansk, Potresov desde Orlov, otros compañeros
desterrados en lugares relativamente cercanos a
Shushénskoie, etc., la policía local se mostraba tan
bien dispuesta con Lenin que ni siquiera censuraba su
correspondencia.
Transcurren los meses de 1899 en ese estilo de vida que
hemos visto, con la adaptabilidad en las distracciones
conforme a las estaciones del año, visitas, patinaje,
caza, excursiones. Y en lo político ataca virulentamente
a sus opositores, y en general a los que discrepaban de
su unívoca visión del marxismo, a Struve, a Bulgakov,
al profesor Tugan-Baranovski, a los marxistas
«legales». Con violencia contra uno de los teóricos
más documentados sobre Marx, el intelectual marxista
alemán Bernstein, verdadero santón de la izquierda, al
que califica, al criticar una de sus obras, de «teórico
increíblemente débil, lleno de frases hueras, de
retórica oportunista». El fanatismo en sus actitudes
sería la característica esencial en la personalidad de
Lenin, probablemente la personalidad más influyente del
pasado siglo XX, quien realizaría en el tan sufrido y
castigado pueblo ruso, y posteriormente sus seguidores a
escala mundial, el más terrible, trágico e inhumano
experimento social en la historia de la humanidad. Estaba
convencido ya antes de su destierro siberiano, cuando era
un revolucionario tan poco conocido, de que la «rueda de
la historia» jugaba en su dirección, y para ello
aplicaba el fanatismo y la decisión más drástica, por
crueles y terribles que fuesen sus consecuencias. El
doctrinarismo no dejaba espacio a la duda: «Cuando una
persona quiere comer, lo quiere de verdad; cuando desea
dormir, no le importa que la cama sea blanda o dura, y
cuando odia, odia con toda su alma», diría Lenin a su
amigo Krijijanovski.
En septiembre se reúnen en otra población, la aldea de
Yemmakovskoie, con 17 deportados socialdemócratas del
distrito de Minussinsk, entre los que se encontraban
Krijijanovski, Lepeshinski, Starkov, Shapovalov, Lengnik,
y tras vivos debates aprueban la protesta de Lenin contra
el «Credo» de los economistas, regresando
posteriommente a Shushénskoie, donde inicia con su mujer
la traducción del segundo tomo de la obra de los
socialistas fabianos ingleses, el matrimonio formado por
Sydney y Beatriz Webb. Siguen de nuevo sus invectivas
feroces y radicales contra Bernstein, escribe varios
artículos para «Gaceta Obrera», órgano oficial del
Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, entre ellos el
titulado Nuestro Programa, donde dice :«Nos mantenemos
totalmente en el campo de la teoría de Marx; sólo ella
ha convertido el socialismo de utopía en ciencia...»
Por dificultades la «Gaceta» no pudo publicarse, y el
artículo no aparecería hasta 1925, ya muerto Lenin.
Termina 1899, y comienza 1900; sólo le queda muy poco
tiempo para finalizar el destierro, el cómodo y fecundo
destierro siberiano, donde pergeñaría las futuras bases
del partido revolucionario que más tarde desarrollaría
en dos de sus obras clave: ¿Qué hacer? y Carta a un
camarada. Ante la perspectiva de la marcha viviría las
últimas semanas del destierro en un estado febril de
agitación, y según su mujer comenzó a perder el sueño
y a «adelgazar espantosamente». Diríase que estamos
leyendo a Jardiel Poncela o a Fernández Flórez.
El 31 de enero escribe a su madre anunciándole el fin
del destierro, y el 10 de febrero, con la Krupskaia y la
madre de ésta, abandonan Shuséhenskoie. Desde allí a
Minussinsk, cientos de kilómetros por el caudaloso
Yenisei, y después en carretas hasta la estación de
ferrocarril de Achinsk. Aquí toman el tren hasta Ufá,
donde Krupskaia había de terminar su destierro impuesto
de tres años aún no cumplido y como a Lenin le estaba
prohibido permanecer en ciudades importantes, con centros
obreros, sigue a Pskov. Desde allí viajará primero a
Moscú y luego clandestinamente a San Petersburgo .
Dorado exilio el destierro siberiano de Lenin y de sus
compañeros revolucionarios. Diametralmente opuesto al de
los millones de víctimas, futuros ocupantes forzosos del
«Gulag».
Lenin no pudo esgrimir en defensa de la represión contra
los enemigos o simplemente adversarios de su régimen,
sus antecedentes y sufrimientos personales, durante los
años de opositor y feroz adversario del régimen
zarista. Su prisión en San Petersburgo entre 1895 y 1896
y su destierro siberiano entre 1897 y 1900, representan
una oposición abismal entre la experiencia personal y su
diseño y aplicación del terror, no contra las «clases
explotadoras», sino contra el sojuzgado pueblo ruso,
respecto al cual, si utilizásemos la fraseología y
jerigonza leninista, la peculiar «lengua de madera»,
colegiríamos sin duda en calificar a Lenin como el más
feroz «enemigo del pueblo».
Angel Maestro
1 Dato exacto dado por el muy documentado historiador
Falcionelli, y no recogido por otros de sus numerosos y
prolijos biografos: Fisher, Shub, Walter, Blov, Ulam,
Possony, Betizza, Krugl, etc
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