Razón Española, nº 116; Un dorado Gulag para Lenin

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Un dorado Gulag para Lenin

Por Angel Maestro

El neoliberalismo, la derecha y lo político indice «Maritornes», una nueva revista para una nueva Hispanidad

Un dorado Gulag para Lenin

Lenin y el terror.-La fuerza inexorable de los hechos ha impuesto en su verdadera dimensión, a pesar de la manipulación sistemática y sostenida, la realidad del papel desempeñado por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, en la aplicación del terror. Desarrollado de forma científica, profunda e implacable contra el sufrido pueblo ruso, y posteriormente contra otros pueblos, a escala desconocida tanto por su meticulosidad como por su extensión, desde el triunfo de la revolución bolchevique de octubre de 1917.

No sólo la historiografía oficial comunista postestaliniana, sino en grado muy considerable los pseudohistoriadores «progresistas» occidentales han tratado, durante años y con una amplitud extensa de diferentes escuelas y países, de exculpar a Lenin en la aplicación y el desarrollo del terror. Arrojando sobre Stalin, incluso muchos de sus anteriores aduladores y exégetas, la responsabilidad de la génesis del terror, su desarrollo y posterior aplicación.

Hoy a la luz de los hechos, de una documentación abrumadora y exhaustiva, no resulta posible la exculpación leninista. La creación del terror en magnitudes y profundidades desconocidas fue obra de Lenin, desde el mismo triunfo de la revolución. Sus consignas de exterminio, no ya de individuos opuestos al bolchevismo, sino de clases sociales enteras se contemplan en multitud de consignas, decretos, órdenes, y «ukases» de todo tipo. El terror aplicado como una de las premisas básicas, contra los opuestos al nuevo orden. El decreto de creación de la Cheka, data de 1918, sólo a los pocos meses del triunfo revolucionario, y el primer campo de concentración, embrión del futuro Gulag, de 1919.

Stalin pudo ser un criminal mayor, si nos atuviésemos a una estadística fría de la represión y del número de víctimas, gobernando desde 1924, aunque con poderes absolutos podríamos fijar 1927, hasta 1953, mientras que Lenin gobierna desde octubre de 1917 a enero de 1924, desde 1923 sin poder ejecutivo y prácticamente paralizado por los ataques cerebrales que le llevarían a la muerte. Por lo tanto en duración de su tiranía, avances tecnológicos en la represión, número de víctimas, etc. Stalin, si resulta superior a Lenin en magnitud del terror. Pero el creador, diseñador y ejecutor del terror hasta las últimas consecuencias es Lenin; Stalin, eso sí, un discípulo aventajado.



La prisión.-El 9 de diciembre de 1895, según el antiguo calendario ruso, 22 de diciembre conforme al gregoriano, la policía, que había detenido a Lenin regresado no hace mucho del extranjero, con su salud bastante deteriorada, y al que se controlaba como sospechoso, ingresa en prisión preventiva. Su experiencia en la lucha clandestina le cogía sumamente preparado para hacer frente a la nueva situación, conociendo al dedillo la forma en que se desarrollaba la situación de un preso político: como mantener el contacto con otros presos, con los camaradas del exterior, utilizar tinta invisible por procedimientos sencillos para sus comunicaciones, por ejemplo escribir con leche entre los renglones, de modo que al calentar el papel, lo así escrito se oscurecía permitiendo la lectura del mensaje. Utilizar claves para soslayar la vigilancia de los guardianes, marcando las letras de los libros que recibían con puntos minúsculos, un largo manual demostrativo de su conocimiento de la estancia en prisión, y como seguir desarrollando desde dentro la actividad revolucionaria. Asimismo había previsto de qué forma debería repartir el empleo de su tiempo, tanto en lo que se refería a la actividad intelectual como en lo relativo al ejercicio físico para encontrarse en buenas condiciones. Avisa a un compañero revolucionario, Cheboratev, de su detención pidiéndole se lo comunique a su madre, y traiga de su casa ropa y artículos de primera necesidad.

El 2 de enero, de 1896, siempre según nuestro calendario, es sometido a interrogatorio en la prisión, por un oficial de la gendarmería y en presencia de un sustituto del procurador del Imperio. Interrogatorio que afronta fríamente y sin temor alguno, pues en su domicilio la policía no había recogido sino dos hojas de propaganda clandestina con llamadas a la huelga, un informe sobre la misma, y una nota con títulos y precios de algunos libros. Con absoluta desfachatez manifiesta que no se muestra culpable de pertenecer al partido socialdemócrata ni a ningún otro, ignorando toda clase de propaganda antigubemamental, y que los papeles encontrados en su casa se encontraban allí por casualidad, tomados para ser leídos en casa de una persona cuyo nombre no recordaba, etc. Al preguntarle por una maleta que había traído con libros al regresar a San Petersburgo de su viaje al extranjero, pero de la que se había desecho, contestó que la había dejado en casa de su madre, logrando avisar por clave a su familia de que comprasen una idéntica. Se observa que la vigilancia en la prisión y en las comunicaciones de los presos con el exterior adolecía de bastante tolerancia.

Lenin permanecería en la prisión de San Petersburgo donde fue confinado, catorce meses, y sometido a interrogatorios los días 11 de abril, 19 de mayo, y 8 de junio. Los reglamentos de dicha cárcel eran de una suavidad innegable, pues a los presos preventivos se les permitía aparte de dos visitas semanales, lunes y jueves, recibir libros y alimentos varias veces por semana. Llega a disponer de tantos libros que, comentó, tenía su celda atestada, y sin que los carceleros cuidasen excesivamente la vigilancia respecto al contenido de los libros De esta forma Lenin recibía en la prisión todo tipo de publicaciones, incluso las prohibidas, manteniendo así el contacto con las organizaciones revolucionarias exteriores. Por medio de la escritura invisible con el empleo de leche entre los renglones de su correspondencia, como hemos visto legible al calentar el papel, daba instrucciones a los miembros de la «Liga para la liberación de los trabajadores». Moldeaba los tinteros con pan negro, de forma que en caso de urgencia podía tragárselos. «Hoy he tenido que comerme seis tinteros», comunicaba en una carta a su hermana Anna. Orgulloso de su ingenio, le informaba de que no existía ningún ardid que no se pudiese vencer con astucia. En uno de sus múltiples mensajes cifrados pide a la que luego sería su mujer Nadiezna Krupskaia y a otra revolucionaria Apolinaria Yakubova- con la que parece que Lenin había tenido intención de contraer matrimonio- fuesen a una calle donde Lenin las podría ver durante uno de sus paseos por los corredores de la prisión.

Cuida su salud, antes resentida durante su libertad, y paradójicamente restablecida en esa especie de balneario carcelario. Dispone de alimentos y bebidas proporcionados por su familia, «Con el té de que dispongo podría abrir una tienda», llegaría a decir a sus hermanas. «Duermo nueve horas diarias y sueño con diferentes capítulos de mi próximo libro», les diría en otra misiva. «Hoy hemos hablado una hora entera con Volodia; sigue invariablemente de buen humor», comentaría su hermana Anna. Para mantenerse mentalmente en forma Lenin practica las traducciones, especialmente las traducciones directa e inversa, es decir de un idioma extranjero al ruso y de éste a aquel. «He comprobado por experiencia que éste es el mejor método para aprender racionalmente una lengua... Después de cenar, para relajarme, me dedicaba a las belles lettres y en ningún sitio había disfrutado tanto con ellas como en la cárcel». A su hermana María le explicaría más tarde lo conveniente que resultaba para la salud alternar la lectura seria y la ligera, las traducciones y la gimnasia. Hace ejercicio físico, practica la gimnasia. Situación radical y absolutamente antitética con las de los reclusos en las prisiones leninistas.

Su actividad revolucionaria en prisión llegó al punto de redactar en la misma un panfleto con motivo de la huelga de 35.000 trabajadores textiles, declarada por inspiración de Lenin; panfleto titulado «Al gobierno del Zar» difundido posteriormente por la citada Liga. Además tiene tiempo para empezar a escribir su primer libro importante: «El desarrollo del capitalismo en Rusia», para cuya redacción adquirió 299 obras teóricas y 38 estudios en alemán, francés e inglés1 Hoy sabemos que también trabajó en el manuscrito «Compendio de economía política a principios del siglo XIX», obra posteriormente desaparecida. La estancia de Lenin en sus catorce meses en la cárcel, y las condiciones de vida en las prisiones comunistas hace superflua cualquier comparación.



El destierro siberiano.-El 10 de febrero de 1897, un decreto gubernamental, concretamente del Ministro de Justicia, resuelve la detención de Lenin por la vía administrativa, y tomando en consideración los informes del Departamento de Policía ordena desterrar a Lenin y a sus conmilitones revolucionarios a tres años de destierro en Siberia oriental. Unicamente entre ellos, Zaporojetz es deportado por cinco años. El anuncio del veredicto es acogido por la familia Ulianov con alegría, pués esperaban una pena más dura. El 26 de febrero es puesto en libertad pasando el día con su madre y sus dos hermanas, así como con la Yakubova, no con la Krupskaia, su futura mujer, por encontrarse detenida. Antes, el día 22 su madre había solicitado que le fuese permitido el viaje hasta Siberia, no con el convoy reglamentario de desterrados, sino por cuenta propia, autorizándoselo rápidamente, el 24 de febrero. Pero además -resulta casi increíble- solicita que dada la mala salud de su hijo se le cambie el lugar primitivo de destierro por otra región de la inmensa geografía siberiana donde el clima era relativamente más benigno. Por si no fuera bastante se le concede un permiso guberamental para permanecer en San Petersburgo hasta el 1 de marzo.

Mas las tolerancias de la «feroz represión zarista» no acaban aquí; al abandonar San Petersburgo el 1 de marzo camino del destierro, y gracias a otra petición materna, se le perrnite detenerse en Moscú, donde llega el día 2, visita a la familia, y permanece hasta el día 6 de marzo, dos días más de lo permitido. Asombrosamente presenta una petición a la policía política, la Ojrana, de Moscú solicitando le sea prorrogada su estancia en la ciudad. Pero es rechazada, y Lenin se compromete a abandonar Moscú. El día 7 de marzo, a las 14,30 parte de la estación moscovita de Kursk despidiéndole su hermano Dimitri, y en la ciudad de Tula se despide de su madre, de sus hermanas María y Anna, y del marido de esta, Mark Yelisarov, quienes le han acompañado hasta dicha ciudad. Curiosa manera de comenzar una deportación; más bien se diría estar asistiendo a un festejo familiar. El 9 de marzo llega a Samara, el 14 a Ob, donde adquiere un billete para Krasnoiark a donde arriba el 16 de marzo. El 18 de marzo solicita al gobernador de Irkutsk que en espera del lugar definitivo de confinamiento se le conceda permanecer en Krasnoiark, y «en vista de mi delicado estado de salud me sea asignado un lugar de residencia en la provincia de Yenisseisk, a ser posible en el distrito de Krasnoiark o Minussinsk». Estamos ante un destierro a la carta.

Mientras permanece en Krasnoiark, se entera de que el riquísimo comerciante local, Judin, posee una espléndida biblioteca con colecciones completas de las más importantes revistas rusas desde el siglo XVIII. Es recibido cordialmente por el millonario, y en la biblioteca municipal lee los periódicos y revistas de San Petersburgo y Moscú, quejándose en carta a su madre de que debido a las enormes distancias no puede acostumbrarse a leer los diarios con once días de retraso. Sería dudoso en la época comunista el que los prisioneros de los campos de concentración del Gulag recibiesen periódicos y revistas.

Por fin el 16 de abril llega a Krasnoiark el convoy carcelario, donde sus compañeros los futuros bolcheviques o mencheviques, como Martov, no viajaban por su cuenta, ni podían disponer de ese mes de vacaciones en Krasnoiark. Se le comunica el lugar de destierro, la aldea de Shushénskoie, en el distrito de Minussinsk, ceca del curso superior del Yenisei, uno de los pedidos por Lenin, en la deportación a la carta. En misiva a su familia dice poseer muy buenas referencias del lugar de confinamiento, donde parece alabar el clima y el bajo coste de vida de la aldea. Solicita que con cargo a los honorarios de sus artículos, firmados como K. T-n. en la revista de los marxistas legales «Novoie Slovo» -Nueva Palabra- le sean enviados libros y revistas. Y el 11 de mayo solicita del gobernador que se le conceda un subsidio por carecer de medios de susbsistencia. El 12 de mayo con sus companeros Krshishanovski y Starkov embarca en el vapor «Svatoi Nikolai«, y remontando el enorme río Yenisei hasta Minussinsk, y desde allí en el carro de un campesino, llega el 20 de mayo al lugar asignado, Shushénskoie, donde los dos gendarmes que le escoltaban le entregaron al único policía local. El gobierno le asignó mensualmente siete rublos y cuarenta kopecks, como afirmaba a su familia, lo justo para su alojamiento, manutención y lavado de ropa. Pero el dinero no suponía algo insalvable para Vladimiro Ilich, pues antes de dejar San Petersburgo, el marxista Struve le ofrece colaboraciones fijas muy bien pagadas en su nueva revista marxista legalizada: 100 a 200 rublos por artículo. Se le prometen traducciones bien retribuidas de obras extranjeras, y además nunca faltaría la ayuda constante de su madre.

La contemplación de los casi mil días que durará su destierro siberiano ofrecen una visión de la deportación que escapa no ya a la comparación con los campos de la época comunista, sino oferente de tal imagen de relax y de tranquilidad, que resulta de incompatibilidad antitética con cualquier idea de castigo. Unicamente las enormes distancias siberianas con sus magnitudes tan dificiles de asimilar, podían representar un concepto sancionador para los deportados. «Shushénskoie no es un mal pueblo», informaría a su familia.. «Ayer recorrí doce verstas, cazando patos y becadas. Hay caza abundante, pero sin perro resulta dificil cobrar piezas, máxime para un tirador tan malo como yo...» Se hace muy amigo del campesino Stroganov, el mejor cazador de la aldea, quien posteriormente le regalaría un perro. Se había hecho mandar desde San Petersburgo y Moscú muchos libros a utilizar para sus futuros trabajos, pero ansiosamente solicita se le envíen periódicos y revistas, aunque lleguen con enorme retraso. Aparte de Lenin sólo hay dos deportados: un intelectual polaco, acompañado de su esposa e hijos, y un obrero de San Petersburgo. En agosto se le autoriza a visitar en Tessinskoie, aldea a setenta verstas -medida rusa de longitud equivalente a 1.067 metros-, a sus compañeros allí deportados, volviendo en octubre. Si no fuese por sus propias afirmaciones su situación resultaría increible :«...he engordado durante el verano, me he puesto moreno y parezco un auténtico campesino siberiano. ¡Hay que ver lo que logra la caza y la vida en el campo!» Sus propias palabras obvian cualquier comentario.

En Shushénskoie escribe numerosos trabajos, entre ellos, ese mismo 1897, Las tareas de la socialdemocracia rusa, en que aún defendiendo el marxismo ortodoxo, apunta ya el papel dirigente del partido en la revolución. Terminaría también El desarrollo del capitalismo en Rusia, donde se analizaba la transformación de la tradicional sociedad rusa semifeudal, a pasos agigantados, hacia el moderno capitalismo industrial; obra que se editaría legalmente en 1899, con uno de sus múltiples pseudónimos, V. Ilin. Entre marzo y agosto de 1898 traducirá el primer tomo de una obra de los socialistas fabianos ingleses, el matrimonio Sidney y Beatriz Webb, que se publicará también legalmente en ruso en 1899.

1898 supondrá un año muy importante en la vida de Ulianov. Contraerá matrimonio con Nadiezda Konstantinova Krupskaia, quien después de su detención en San Petersburgo había sido condenada a tres años de destierro en la provincia de Ufá, en los Urales. La Krupskaia solicita a las autoridades, y ¡lo obtiene¡, permiso para cumplir ese destierro en Shushénskoie aduciendo su noviazgo con Lenin, quien había suplicado telegráficamente al jefe de policía de San Petersburgo dicha autorización. Y el 7 de mayo de 1898 Krupskaia y su madre llegan a la aldea. Muy desmejorada, nunca fue una mujer atractiva, más bien de fealdad cierta; de «delgada como una sardina» la calificaría su futura cuñada Anna. El matrimonio se celebró en ceremonia oficiada por el pope del lugar, ya que el matrimonio religioso era el único reconocido oficialmente en Rusia. Los ya esposos se trasladan a una casa, donde Krupskaia, además de su intenso trabajo como ayudante y secretaria de Lenin, realiza las tareas domésticas

1898 políticamente también tendrá su influencia en la vida de Lenin, ya que, aunque con su forzada ausencia, se celebra en Minsk, Bielorrusia, el I Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Hasta el fin de la era comunista todos los Congresos se contarían a partir de dicho I Congreso. Lenin al recibir la noticia diría: «A partir de ahora soy miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia».

Lenin con la colaboración de la Krupskaia, ya su mujer, sigue realizando traducciones, escribiendo artículos políticos, económicos, elaborando las bases de nuevos libros. La tolerancia de la administración penitenciaria zarista sigue dando pruebas, no ya de buen trato, sino de permisividad sorprendente, y entre finales de septiembre y primeros de octubre de 1898 permanece en Krasnoiark, con permiso para ser tratado por el dentista. Sigue la «crueldad represiva». Allí en dicha importante ciudad siberiana, se reúne con otros desterrados, toma notas en la biblioteca pública, juega al ajedrez, y va de compras, regresando bien cargado de paquetes, ropa, utensilios caseros... y también compra unos patines. De vuelta a Shushénskoie, Krupskaia en carta dirigida a la madre de Lenin el 9 de octubre le informa que para ayudarse en las tareas domésticas ¡ han contratado una asistenta! «Por fin tenemos una asistenta, una muchacha de 15 años, que recibe dos rublos y medio, y además unas botas».

Mientras tanto, avanzado el mismo mes de octubre, bajo el pseudónimo de Vladimir Ilin aparece en Rusia el primer volumen antológico de escritos de Lenin bajo el título Estudios y artículos económicos, con una tirada de 1.200 ejemplares. Cuando al llegar la tarde se cansa de escribir se distrae tallando figuras de ajedrez con cortezas de árbol como le había enseñado un amigo polaco, el desterrado ingeniero Krjijanovski, y el 10 de diciembre escribe a su madre y a su hermano Dimitri, comunicándoles que ya ha terminado la mitad de su libro, infomándoles de la nueva distracción, el patinaje sobre el hielo, «lo que me distrae bastante de la caza».

Los primeros días de 1899 Lenin y su mujer acuden a Minusinsk para visitar a otros deportados, que soportaban una parecida vida de privaciones y sacrificios en tan duro destierro, juega al ajedrez especialmente con un buen jugador, el ex funcionario de Hacienda Lepechinski, tambien patinan sobre el hielo. Lenin le había tomado verdadera afición a tal ejercicio y lo practicará asiduamente en el largo invierno siberiano, al punto de darse un golpe fuerte en el brazo que le impedirá escribir durante unos días. Terminará a mediados de febrero su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, y pide a su familia que le envíen urgentemente 200 rublos. Lenin, consciente de las debilidades de su formación filosófica, leía por lo general obras de filosofía: Kant, Hegel, los materialistas franceses, Holbach, Helvetius y cuando estaba fatigado a Puchkin, Lemmontov y Nekrasov. En el desarrollo de su vida particular, y a pesar de todo lo expuesto anteriormente, el asombro ante las particularidades de la misma aún está lejos de agotarse.

Los domingos sostenía consultas jurídicas, pues si bien como deportado no tenía derecho a ejercer su teórica profesión de abogado, después de ayudar a un campesino empleado en una mina de oro a ganar un pleito, los campesinos le consultaban sus problemas, aunque en un recurso los jueces locales sospecharon al estar los escritos demasiado bien redactados para un modesto campesino. Este terminó confesando, y el tribunal falló en contra. A mediados de marzo, en carta de su mujer a su cuñada María Ulianova, al describirle el principio del fin del invierno, le comenta cómo: «Volodia -diminutivo familiar ruso de Vladimir- habla cada vez con más frecuencia de su fusil y de sus botas de cazador». También le informa de que para «celebrar intensamente el carnaval» llegan a su casa seis compañeros desterrados. «De pronto hubo barullo y vida en nuestro pacífico Susha» -se refiere a Shushénskoie-. Y más adelante, el 16 de abril, en carta de Lenin a su madre y a su hemmana Anna, les dice: «La caza es aquí la única diversión y posibilidad de procurarse movimiento, cosa muy necesaria en esta vida sedentaria». Extrañas preocupaciones para un desterrado, tan diferentes a las que experimentarían posteriommente los deportados por el leninismo.

Siguen sus actividades político-propagandísticas, y en San Petersburgo, bajo el pseudónimo Vladimir Ilin, aparece ese mismo mes de abril su libro. El desarrollo del capitalismo en Rusia -480 páginas, 2 rublos 50 kopecks-. El editor le paga 1.500 rublos, cifra considerable en 1899. El libro, a pesar de su contenido abiertamente marxista, aparece sin que la censura zarista oponga ningún reparo. Continúa recibiendo periódicos y revistas, que leía por riguroso orden cronológico sin salirse nunca de dicha norma, y cuando al también desterrado Krijijanovski se le ocurre leer en voz alta las noticias más recientes, Ulianov se tapa los oidos. En lo relativo a los escritos y cartas que recibían tanto familiares, como de otros deportados en Siberia: Martov, -Zederbaun- el futuro lider menchevique, desde Turujansk, Potresov desde Orlov, otros compañeros desterrados en lugares relativamente cercanos a Shushénskoie, etc., la policía local se mostraba tan bien dispuesta con Lenin que ni siquiera censuraba su correspondencia.

Transcurren los meses de 1899 en ese estilo de vida que hemos visto, con la adaptabilidad en las distracciones conforme a las estaciones del año, visitas, patinaje, caza, excursiones. Y en lo político ataca virulentamente a sus opositores, y en general a los que discrepaban de su unívoca visión del marxismo, a Struve, a Bulgakov, al profesor Tugan-Baranovski, a los marxistas «legales». Con violencia contra uno de los teóricos más documentados sobre Marx, el intelectual marxista alemán Bernstein, verdadero santón de la izquierda, al que califica, al criticar una de sus obras, de «teórico increíblemente débil, lleno de frases hueras, de retórica oportunista». El fanatismo en sus actitudes sería la característica esencial en la personalidad de Lenin, probablemente la personalidad más influyente del pasado siglo XX, quien realizaría en el tan sufrido y castigado pueblo ruso, y posteriormente sus seguidores a escala mundial, el más terrible, trágico e inhumano experimento social en la historia de la humanidad. Estaba convencido ya antes de su destierro siberiano, cuando era un revolucionario tan poco conocido, de que la «rueda de la historia» jugaba en su dirección, y para ello aplicaba el fanatismo y la decisión más drástica, por crueles y terribles que fuesen sus consecuencias. El doctrinarismo no dejaba espacio a la duda: «Cuando una persona quiere comer, lo quiere de verdad; cuando desea dormir, no le importa que la cama sea blanda o dura, y cuando odia, odia con toda su alma», diría Lenin a su amigo Krijijanovski.

En septiembre se reúnen en otra población, la aldea de Yemmakovskoie, con 17 deportados socialdemócratas del distrito de Minussinsk, entre los que se encontraban Krijijanovski, Lepeshinski, Starkov, Shapovalov, Lengnik, y tras vivos debates aprueban la protesta de Lenin contra el «Credo» de los economistas, regresando posteriommente a Shushénskoie, donde inicia con su mujer la traducción del segundo tomo de la obra de los socialistas fabianos ingleses, el matrimonio formado por Sydney y Beatriz Webb. Siguen de nuevo sus invectivas feroces y radicales contra Bernstein, escribe varios artículos para «Gaceta Obrera», órgano oficial del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, entre ellos el titulado Nuestro Programa, donde dice :«Nos mantenemos totalmente en el campo de la teoría de Marx; sólo ella ha convertido el socialismo de utopía en ciencia...» Por dificultades la «Gaceta» no pudo publicarse, y el artículo no aparecería hasta 1925, ya muerto Lenin.

Termina 1899, y comienza 1900; sólo le queda muy poco tiempo para finalizar el destierro, el cómodo y fecundo destierro siberiano, donde pergeñaría las futuras bases del partido revolucionario que más tarde desarrollaría en dos de sus obras clave: ¿Qué hacer? y Carta a un camarada. Ante la perspectiva de la marcha viviría las últimas semanas del destierro en un estado febril de agitación, y según su mujer comenzó a perder el sueño y a «adelgazar espantosamente». Diríase que estamos leyendo a Jardiel Poncela o a Fernández Flórez.

El 31 de enero escribe a su madre anunciándole el fin del destierro, y el 10 de febrero, con la Krupskaia y la madre de ésta, abandonan Shuséhenskoie. Desde allí a Minussinsk, cientos de kilómetros por el caudaloso Yenisei, y después en carretas hasta la estación de ferrocarril de Achinsk. Aquí toman el tren hasta Ufá, donde Krupskaia había de terminar su destierro impuesto de tres años aún no cumplido y como a Lenin le estaba prohibido permanecer en ciudades importantes, con centros obreros, sigue a Pskov. Desde allí viajará primero a Moscú y luego clandestinamente a San Petersburgo .

Dorado exilio el destierro siberiano de Lenin y de sus compañeros revolucionarios. Diametralmente opuesto al de los millones de víctimas, futuros ocupantes forzosos del «Gulag».

Lenin no pudo esgrimir en defensa de la represión contra los enemigos o simplemente adversarios de su régimen, sus antecedentes y sufrimientos personales, durante los años de opositor y feroz adversario del régimen zarista. Su prisión en San Petersburgo entre 1895 y 1896 y su destierro siberiano entre 1897 y 1900, representan una oposición abismal entre la experiencia personal y su diseño y aplicación del terror, no contra las «clases explotadoras», sino contra el sojuzgado pueblo ruso, respecto al cual, si utilizásemos la fraseología y jerigonza leninista, la peculiar «lengua de madera», colegiríamos sin duda en calificar a Lenin como el más feroz «enemigo del pueblo».


Angel Maestro


1 Dato exacto dado por el muy documentado historiador Falcionelli, y no recogido por otros de sus numerosos y prolijos biografos: Fisher, Shub, Walter, Blov, Ulam, Possony, Betizza, Krugl, etc



 

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