LIBROS: Guerras
de América del Sur en la formación de los Estados
Nacionales
González
Espul, Cecilia: Guerras de América del Sur en la
formación de los Estados Nacionales. Presentación de
Alberto González Arzac. Ediciones Theoria. Buenos Aires.
2001. 205 páginas.
La historia de los Virreinatos americanos, es decir, la
de las Españas transoceánicas, nunca ha interesado
demasiado al público lector español, pese a los
esfuerzos denodados de unos pocos investigadores para
poner en valor aquel legado. Cuesta trabajo comprender,
todavía hoy, la vastedad de ese mundo espanol y su
delicada articulación interna. ¿Acaso no tiene un valor
extraordinario que, ratificados en 1778 por Floridablanca
los acuerdos de San Ildefonso del año anterior, sobre la
cesión portuguesa de Annobón, Fernando Poo y «los
puertos y costas opuestos a la isla», la expedición
para posesionarse de aquellas tierras, al mando del Conde
de Argelejo, la fletase el Virrey del Río de la Plata?
De este modo, entre la incomprensión y la sorpresa, debe
hoy añadirse a las falsificaciones contemporáneas de la
historia de España, particularmente de su historia
política desde la traición socialista a la República
en octubre de 1934 hasta la defección de buena parte de
las elites del régimen de Franco entre el 4 de enero y
el 15 de junio de 1977, el lastre de la amputación
hispanoamericana. Pero igualmente descorazonador resulta
nuestro desconocimiento de los hechos más significativos
de la historia de las nuevas repúblicas americanas. La
tristeza se ve aquí doblada por las consecuencias de la
ignorancia o la incuria españolas durante el siglo XlX,
pues la expulsión de España del hemisferio occidental
bien puede verse como el acto final de la balcanización
del subcontinente. Precisamente sobre este último
asunto, la Klein-Staaterei como modelo de la formación
de los Estados nacionales en Hispanoamérica, versa este
libro de Cecilia González, investigadora de la
Universidad de Buenos Aires e intelectualmente próxima
al Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan
Manuel de Rosas.
Partiendo de la evidencia de una conciencia
hispanoamericana común, siempre referida a Bolívar y
San Martín, la autora sostiene consecuentemente que las
guerras de las que se ocupa -todas ellas relacionadas con
la desmembración del Virreinato del Río de la Plata- no
fueron internacionales, sino más bien interestatales.
También, por tanto, guerras civiles, prolongación, cabe
añadir, de la que originalmente enfrentó a criollos y
peninsulares. Dejando a un lado los errores de los
gobernantes americanos, cegados frecuentemente, en su
emulación de los grandes próceres, por ambiciones
geopolíticas y económicas absurdas, en las páginas de
este libro se ofrecen buenos argumentos para demostrar,
una vez más, la influencia del imperialismo anglosajón,
primero británico y luego Yanqui, sobre el proceso de
estatificación hispanoamericano. En las guerras
examinadas, desde la argentinobrasilera de 1825 hasta el
conflicto del Chaco boreal de 1932, se pone de manifiesto
particularmente la imposibilidad de consolidar un gran
Estado bioceánico (Provincias Unidas de Sud América)
sobre la demarcación del Virreinato rioplatense. Una de
las escisiones más dolorosas, mirando, no hace falta
decirlo, desde el lado argentino, fue la de la margen
izquierda del río Uruguay, origen de la República
Oriental del Uruguay en 1828. El problema se remonta a la
ocupación portuguesa en 1816 y al vuelo que después
tomaron las pretensiones de Pedro de Braganza, Emperador
de Brasil. Tuvo también enorme trascendencia la guerra
de Chile y Argentina contra la Confederación
Peruano-Boliviana (1836-1839), también conocida como la
I Guerra del Pacífico. El movimiento federador del Perú
y Bolivia, impulsado por el Mariscal Andrés de Santa
Cruz, fue visto con malos ojos por Chile, preocupado por
su predominio comercial en el océano de Núñez de
Balboa, pero también por Argentina, que tenía
aspiraciones sobre el Chaco central. Debe tenerse en
cuenta que el antiguo virreinato rioplatense se asomaba
al Pacífico por Atacama y Tarapacá. Mas para González
Espul la causa última de esta guerra no fue económica
ni territorial; en realidad se libró «contra la
existencia misma de la Confederación, que amenazaba
absorber a los Estados vecinos» (pág. 117). En el juego
de las alianzas y de los intereses, Santa Cruz encarnó
en esta ocasión el ideal federativo; por su parte, Chile
y Argentina vinculáronse con los proyectos localistas
del Estado-nación. Aquel simpatizaba empero con las
fuerzas liberales e ilustradas, mientras que Portales y
Rosas representaban la «mentalidad tradicional,
hispánica y premoderna, que fue la que configuró la
idiosincrasia de los pueblos americanos, plasmada en la
matriz indígena» (pág. 119). Del conflicto entre estas
dos mentalidades se nutrió también la Guerra de la
Triple Alianza (1865-1870), que enfrentó a Argentina,
Uruguay y Brasil con Paraguay. Su motivo inmediato fue la
negativa argentina a reconocer la independencia paraguaya
proclamada en 1840. Con esta guerra se consuma
definitivamente la balcanización de Hispanoamérica.
Guerras posteriores como la del salitre o la II Guerra
del Pacífico(1879 1883), entre Chile, Perú y Bolivia, o
la ya mencionada del Chaco boreal, entre Bolivia y
Paraguay, tienen que ver más bien con los intereses
económicos (el guano y los salitres de Atacama; el
petróleo del Chaco) y con la rectificación de fronteras
de Estados ya consolidados.
En suma, González Espul ofrece en este libro una
sintética y selecta revisión de un siglo de guerras
civiles hispanoamericanas, para mejor resaltar sus
efectos: la creación de «20 débiles repúblicas, en un
espacio geográfico que había sido gobernado en tres
divisiones administrativas por un solo rey» (pág. 68).
Los lectores que esta obra merece agradecerían a la
autora, sin duda, una investigación equivalente que
apuntase al norte y alcanzase hasta el Río Grande.
Jerónimo Molina
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