LIBROS: Albert
Speer. Memorias
Speer,
Albert: Albert Speer. Memorias. El Acantilado, Barcelona,
noviembre de 2001 (segunda reimpresión, diciembre de
2001). 932 páginas.
Estamos ante un libro inédito, tanto en lo editorial
como en lo público; inédito también el embrujo de su
lectura fácil y extremadamente sencilla en un hombre
complicado, culto, refinado, formado, pero mediatizado
por su abierta -y no arrepentida-, participación en el
régimen nacionalsocialista que llevó a su país a una
de las más trágicas guerras de todos los tiempos.
También inédito por lo conciso de sus descripciones de
hechos o personajes a los que conoció en primera
persona, junto a Hitler, al que finalmente trata como un
amigo pero al que sirvió fielmente como Canciller del
Reich alemán, como un auténtico técnico al que se le
piden servicios.
Se echa de menos en esta primera edición un prólogo
independiente del que el propio autor propone, firmado el
11 de enero de 1969, a poco de la finalización del
cautiverio de 20 años de prisión a que fue sentenciado
durante el proceso de Nuremberg, junto con otros jerarcas
alemanes. Probablemente no ha habido historiador que haya
querido plasmar con su firma un prólogo sincero, que
tendría que llevar irremediablemente palabras de
desprecio hacia el autor, arquitecto personal de Hitler y
finalmente Ministro de Armamentos del Reich alemán.
Speer, uno de los personajes realmente ilustrados entre
la corte personal que rodeaba a Adolfo Hitler y al que le
unió amistad personal -el mismo Speer denuncia que entre
la cincuentena de mandos del aparato del partido de
Hitler apenas 8 ó 9 eran personas cultivadas-, nació en
Mannheim, en 1905, y fue considerado el arquitecto
predilecto del régimen, habiendo estudiado arquitectura
en Karlsruhe, Munich y Berlín. En 1931 entró en el
Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP) y en 1937 fue
declarado Inspector General de Edificación de la Capital
del Reich, sobre la que planificó una impresionante
remodelación de su centro histórico, con nuevas
avenidas sobre áreas de moderna expansión y la
remodelación de un centro político en el vértice del
poder alemán, en torno a la Cancillería, sobre la que
también se decidió colocar la residencia del Führer.
La mayor parte de estos proyectos, sobre los que Speer
puso todo su buen hacer como arquitecto, quedaron sobre
el papel ante el advenimiento de la II Guerra Mundial,
generando en Speer una gran frustración porque lo que a
él le animaba a estar junto al Führer, aparte de su
singular magnetismo que ataba a todos a su alrededor, era
la capacidad que Hitler tenía de crear, lo que para un
arquitecto suponía una oportunidad única para imprimir
un sello personal a las realizaciones de todo un
Régimen, finalmente malogrado por la ambición y el
deseo irracional de una expansión sin fin.
Todas esas obras gigantescas estaba previsto que fueran
inauguradas por Hitler en 1950, e incluso se llegó a
acuerdos con el Embajador del Reino Unido y otras
naciones para trasladar la Embajada a un nuevo e inmenso
solar de la gran avenida transversal que Speer había
diseñado para Berlín.
Albert Speer fue nombrado Ministro de Armamento y
Munición del Ejército en 1942 y, un año más tarde,
Ministro de Armamento y Producción Bélica. Desde este
puesto lideró la asombrosa máquina de producción
bélica germana, manteniendo su eficacia hasta las
últimas semanas previas a la derrota. El Tribunal de
Nüremberg le condenó a 20 años de cárcel por su
participación en el gobierno de Hitler, y estuvo
recluido en Spandau hasta 1966, falleciendo en Londres en
1981.
José Luis Barceló
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