Razón Española, nº 115; Albert Speer. Memorias

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LIBROS: Albert Speer. Memorias. nº 115

Comentarios de José Luis Barceló al libro de Albert Speer.

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LIBROS: Albert Speer. Memorias

Speer, Albert: Albert Speer. Memorias. El Acantilado, Barcelona, noviembre de 2001 (segunda reimpresión, diciembre de 2001). 932 páginas.



Estamos ante un libro inédito, tanto en lo editorial como en lo público; inédito también el embrujo de su lectura fácil y extremadamente sencilla en un hombre complicado, culto, refinado, formado, pero mediatizado por su abierta -y no arrepentida-, participación en el régimen nacionalsocialista que llevó a su país a una de las más trágicas guerras de todos los tiempos. También inédito por lo conciso de sus descripciones de hechos o personajes a los que conoció en primera persona, junto a Hitler, al que finalmente trata como un amigo pero al que sirvió fielmente como Canciller del Reich alemán, como un auténtico técnico al que se le piden servicios.

Se echa de menos en esta primera edición un prólogo independiente del que el propio autor propone, firmado el 11 de enero de 1969, a poco de la finalización del cautiverio de 20 años de prisión a que fue sentenciado durante el proceso de Nuremberg, junto con otros jerarcas alemanes. Probablemente no ha habido historiador que haya querido plasmar con su firma un prólogo sincero, que tendría que llevar irremediablemente palabras de desprecio hacia el autor, arquitecto personal de Hitler y finalmente Ministro de Armamentos del Reich alemán.

Speer, uno de los personajes realmente ilustrados entre la corte personal que rodeaba a Adolfo Hitler y al que le unió amistad personal -el mismo Speer denuncia que entre la cincuentena de mandos del aparato del partido de Hitler apenas 8 ó 9 eran personas cultivadas-, nació en Mannheim, en 1905, y fue considerado el arquitecto predilecto del régimen, habiendo estudiado arquitectura en Karlsruhe, Munich y Berlín. En 1931 entró en el Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP) y en 1937 fue declarado Inspector General de Edificación de la Capital del Reich, sobre la que planificó una impresionante remodelación de su centro histórico, con nuevas avenidas sobre áreas de moderna expansión y la remodelación de un centro político en el vértice del poder alemán, en torno a la Cancillería, sobre la que también se decidió colocar la residencia del Führer. La mayor parte de estos proyectos, sobre los que Speer puso todo su buen hacer como arquitecto, quedaron sobre el papel ante el advenimiento de la II Guerra Mundial, generando en Speer una gran frustración porque lo que a él le animaba a estar junto al Führer, aparte de su singular magnetismo que ataba a todos a su alrededor, era la capacidad que Hitler tenía de crear, lo que para un arquitecto suponía una oportunidad única para imprimir un sello personal a las realizaciones de todo un Régimen, finalmente malogrado por la ambición y el deseo irracional de una expansión sin fin.

Todas esas obras gigantescas estaba previsto que fueran inauguradas por Hitler en 1950, e incluso se llegó a acuerdos con el Embajador del Reino Unido y otras naciones para trasladar la Embajada a un nuevo e inmenso solar de la gran avenida transversal que Speer había diseñado para Berlín.

Albert Speer fue nombrado Ministro de Armamento y Munición del Ejército en 1942 y, un año más tarde, Ministro de Armamento y Producción Bélica. Desde este puesto lideró la asombrosa máquina de producción bélica germana, manteniendo su eficacia hasta las últimas semanas previas a la derrota. El Tribunal de Nüremberg le condenó a 20 años de cárcel por su participación en el gobierno de Hitler, y estuvo recluido en Spandau hasta 1966, falleciendo en Londres en 1981.



José Luis Barceló



 

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