La política
Crisis
de la Transición. Hace un cuarto de siglo, en España
triunfó un nuevo régimen. Entre los principios visibles
estaban el multipardisimo, la monarquía y el
parlamentarismo. Entre los invisibles están la
aceptación de las exigencias de los nacionalismos
periféricos, la sumisión ante Marruecos y la entrega de
la cultura y la educación a la izquierda. A cambio, se
nos prometió que tendríamos paz y felicidad y que
Europa se convertiría en nuestra amiga sincera. Este
verano se ha comprobado que todos los sacrificios han
fracasado. Se cedió el Sáhara Occidental para proteger
a Ceuta y Melilla, y Marruecos planea la invasión de
más territorio español. Se concedieron amplios
estatutos de autonomía a los nacionalistas vascos y
catalanes para, en palabras de un político nefasto,
«hacer que se sintieran cómodos en España» y sólo se
ha conseguido que muchos vascos y catalanes hayan huido
de esas regiones. Al Pnv y a Ciu les sigue molestando
España. Concluyamos que en la Transición los agentes
implicados en ella se limitaron a ganar tiempo para
asentar el régimen. Los problemas aplazados siguieron
creciendo hasta que el traje constitucional no los pudo
contener. Y ahora la derecha, entonces excluida de los
pactos, es la que se enfrenta a ellos.
Ha llegado la hora de la verdad. La Constitución de
1978, como ya predijo hace años Fernández de la Mora, y
repetía hace pocas fechas Jorge de Esteban en el diario
«El Mundo», nos lleva ineluctablemente a la división
de España. El regionalismo vasco, que la actual
Constitución elevó a nacionalidad, amparado en la
actitud vergonzante del gobierno central y las numerosas
ambigüedades de la Constitución y el Estatuto (que han
transformado al Tribunal Constitucional en una cámara
constituyente permantente) acaba de proclamar la muerte
de España. La lucha entre la institución autonómica
del País Vasco y el gobierno central, amparados ambos en
la Ley, aunque con una interpretación distinta, y ambos
apoyados en sus respectivas mayorías, es el primer
terreno en el que se dirime seriamente la entidad de la
actual Constitución. El escenario que consideramos más
probable exigirá el uso de la fuerza por parte del
Gobierno central para respaldar la vigencia de la Ley
frente a unas instituciones autonómicas declaradas en
rebeldía, no sabemos si sólo de hecho o también de
derecho. Ese día, ¿podrá mantenerse la Constitución
de 1978, siquiera de modo formal, aunque muerta en su
espíritu? o ¿entraremos en un proceso de cambio
institucional que hoy no podemos prever?
La reconquista de Perejil. El 11 de julio, la víspera de
las fiestas por la boda del rey Mohamed VI, un grupo de
gendarmes marroquíes desembarcaron en el islote de
Perejil, territorio español cercano a Ceuta y a unos 200
metros de la costa africana. Fue la primera agresión
territorial que sufría España desde la Marcha Verde.
Rabat afirmó que el peñasco era marroquí y se había
descolonizado al retirarse España del Protectorado, en
1956. Después de unos días de vacilaciones, con media
docena de ministros bisoños, y ante la política de
hechos consumados marroquí, José María Aznar ordenó
la recuperación por la fuerza de Perejil, cosa que se
hizo en la madrugada del 17 de julio. Las Fuerzas Armadas
españolas mostraron que servían no sólo para desfilar
y dirigir el tráfico en Kosovo.
El 18 de julio, todos los diarios españoles y muchos
europeos abrieron sus portadas con la foto de la agencia
AP de dos soldados españoles junto a una bandera
nacional izada en el islote, salvo «El Periódico de
Cataluña» y «Deia». «El País» llevaba esa foto,
pero el interior contenía un editorial que reñía al
Gobierno por la decisión. El grupo Prisa ha sido una
quintacolumna opinativa de Marruecos. En «El País» se
han publicado artículos y cartas en los que se
reprochaba a España soberbia y actitud colonialista, se
negaba la soberanía sobre el islote (lo afirmó la
profesora María del Mar Madariaga, inflada de
satisfacción ante sus descubrimientos). No faltó Juan
Goytisolo, que considera propiedad de sus anfitriones
marroquíes el Sáhara. A la Ser, que entrevistó varias
veces al ministro de Exteriores Mohamed Benaissa, el
periodista Pablo Sebastián la llamó Radio Rabat. El
Psoe, con el que tanta relación tiene Prisa, no fue
unánime en su apoyo al Gobierno. José Luis Rodríguez
Zapatero mostró su respaldo a Aznar, pero la poderosa
vieja guardia (Felipe González, Manuel Marín, Jerónimo
Saavedra, Pascual Maragall) se burló de la operación o
la consideró efecto de un patrioterismo trasnochado. La
izquierda clásica demuestra así que le impulsa más el
odio a España que su grandeza. Como les definió
Francisco Umbral, «los progres de fracaso y naftalina
ven ahí un sesgo del viejo imperialismo español, que
les parece una cosa algo así como fascista» («El
Mundo», 24-7-2002). El empresariado, por boca de sus
portavoces (CEOE, Círculo de Empresarios, Confebask,
etc.) se reveló como una casta sin un átomo de
patriotismo; sólo pedía el retorno a la paz para que
siguiesen los negocios. En ningún momento se
pronunciaron a favor de la postura gubernamental.
España contó con el sostén de Argelia y el Polisario,
para lo que no les ha arredrado enfrentarse al resto del
mundo árabe-musulmán. Y en Europa, con Italia, Portugal
y Francia. Francia se opuso a que la Unión Europea
reprochara a su protegido, Marruecos, y Gran Bretaña
enredó al presentar en esos días un nuevo plan sobre
Gibraltar, que justificaba las reivindicaciones
marroquíes. De esta manera, la UE se mantiene como una
simple alianza económica, sin futuro político. Estados
Unidos dio a España lo que, imprudentemente, ésta
había pedido, el retorno al statu quo, pero desplaza a
Francia en el Magreb.
El pueblo ha aprobado la respuesta militar contra la
agresión de una tiranía que nunca ha cumplido sus
compromisos internacionales y que se lucra con la
emigración de sus súbditos. El 75 por 100, según una
encuesta del CIS, y más del 90 por 100 en algunas
encuestas por Internet. Además, se ha comprobado la
necesidad de contar con un ejército preparado y de tener
una política exterior al margen de la UE. Por último,
todos los amigos de Marruecos se han desenmascarado.
El Sáhara. Los analistas fiables de la crisis señalan
el deseo marroquí de anexionarse el Sáhara como origen
de la crisis. Recordemos que el Gobierno presidido por el
socialista Abderramán Yusufi no se ha dignado explicar
las razones de la retirada de su embajador en octubre.
Para forzar un cambio de postura de España, que reclama
la aplicación de las resoluciones de la ONU sobre la
consulta a los saharauis, emplean la fuerza y la amenaza
sobre las ciudades españolas del norte de Africa. Otra
explicación a tener en cuenta es el objetivo de
desacreditar el modelo de transición española. Cuando
Mohamed VI sucedió a su padre, muerto en 1999, la
oposición ansiaba que hiciera en política lo mismo que
hizo el rey Juan Carlos. Al sultán le habría supuesto
renunciar a sus amplios poderes y reducir sus funciones a
las representativas protocolarias. Desde hace meses, en
Marruecos nadie pondera el antecedente español.
Marruecos, dirigido por el Majzén (la corte o el
establishmen), está jugando muy fuerte. Las
consecuencias en caso de que pierda pueden derrocar a la
monarquía. Por de pronto, el ridículo hecho en Perejil
y la ratificación el 31 de julio por el Consejo de
Seguridad de la ONU del derecho a la autodeterminación
de los saharauis han supuesto sendos fracasos y el
consiguiente aumento de la tensión, con el riesgo para
Rabat de una derrota aún mayor. ¿Cuántos golpes podrá
aguantar el régimen alauí?
Sin embargo, Mohamed cuenta con un sorprendente aliado:
El Psoe. ¿Qué le impulsa al Psoe a cambiar de posición
en el asunto del Sáhara y aceptar el plan marroquí de
autonomía para el Sáhara?
Ultimátum nacionalista. El 8 de julio, los diputados de
Pnv, Ea e Iu en el Parlamento autonómico vasco
aprobaron, con la abstención de Batasuna, el dictamen de
la comisión de autogobierno para exigir las
transferencias que considera pendientes y autorizó al
Gobierno de Vitoria a apoderarse de ellas en septiembre.
¡Qué paradoja que el lendakari Juan José Ibarretxe
exija el cumplimiento del Estatuto cuando a la vez lo
quiere derogar! Con varios argumentos se puede replicar a
las pretensiones nacionalistas y comunistas (Iu apoya en
todo al Pnv), pero baste citar los siguientes: el
Estatuto no es una norma superior ni aislada del resto
del ordenamiento, por lo que debe someterse a la
Constitución y a la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional: hay otras leyes orgánicas, como la que
regula el uso de las banderas, que el Gobierno vasco
incumple; por último, el Parlamento tiene tasadas sus
competencias y no puede declarar roto ningún pacto con
España que no existe.
El Gobierno nacional ha declarado que está dispuesto a
hacer cumplir la ley incluido el uso del artículo 155,
que permite la sanción a una comunidad que incumpla el
interés general. Si así ocurriera, tal vez lo adecuado
sería que el recurso a este artículo lo solicitasen los
parlamentarios y concejales del Pp y del Psoe y el
Parlamento navarro, ya que Navarra ha sido citada en el
dictamen de la cámara vasca.
Otra medida que sería muy eficaz es el fomento de la
objeción fiscal de los vascos no nacionalistas. ¿Cómo
puede recaudar impuestos una Administración que pretende
vulnerar la ley que le otorga autoridad?
Recordemos que los últimos desafíos presentados por el
Pnv han fracasado: la aprobación de la Ley de Partidos y
la negociación del Concierto Económico.
No podemos omitir la pastoral Preparar la paz, que
difundieron el 30 de mayo los obispos vascos (y
asimilados, como el pusilánime Ricardo Blázquez). En
ella, los clérigos situaban como su mayor preocupación
«la fractura social» por delante del terrorismo, que
pasaba al segundo lugar. Como desde hace casi treinta
años el terrorismo ha asesinado, mutilado y exiliado a
gente, cabe pensar qué ha cambiado en los tiempos
recientes que perturba las conciencias episcopales. Y los
únicos elementos nuevos son que ahora las víctimas
protestan y exigen reconocimiento, que asocia
nacionalismo y terrorismo (vínculo que molesta a los
obispos, pero es que Eta mata en nombre de Euzkadi) y que
los no nacionalistas tratan de sustituir en el gobierno
al Pnv. Los obispos, en su absolución de las poco
conmovidas conciencias abertzales, escribieron en su
pastoral (en la que no mencionan ni a Dios, ni a Cristo
ni a la Virgen) que no era conveniente la ilegalización
de Batasuna, fueran cuales fueran sus relaciones con Eta.
Es decir, la doctrina de la verdad y la justicia, anulada
por la doctrina del mal menor. Ahora que el Papa pide
perdón por infinidad de hechos pasados, sería
conveniente que lo pidiese por sucesos actuales, como las
prédicas nacionalistas en púlpitos y seminarios y la
presencia de sacerdotes en Eta. Es una sugerencia.
Pujol, en segunda línea. Jordi Pujol es uno de los
políticos más inteligentes de España. Con su máscara
de hombre tranquilo, a diferencia del exaltado Javier
Arzallus, y con su oficina de relaciones públicas en
Madrid, ha obtenido mucho más que el Pnv. Sin embargo,
ya es un hombre mayor. Ha anunciado su retirada y
presentado a su heredero, pese a lo cual no se resiste a
hablar, aunque sea inoportuno o contrario a sus
intereses.
Pujol desempeñó en la crisis el papel de un agente de
Marruecos. Ha pedido que se use el diálogo para zanjar
las agresiones marroquíes, ha culpado de la enemistad a
Aznar, ha visitado Rabat y ha reconocido sus aspiraciones
sobre el Sáhara. Hasta tal punto están satisfechos con
él en Rabat (que a un político que ha hecho gloria
propia su lucha contra una dictadura le felicite una
tiranía es sarcástico), que el ministro marroquí de
Medio Ambiente, Mohamed el Yazghi, declaró en la revista
«El Siglo» que «el camino que ha trazado Cataluña con
Marruecos es el que debería escoger toda España».
El colmo llegó cuando Pujol afirmó que el Rey podía
haber mediado en el conflicto e insinuó que el Gobierno
español no se lo había permitido. ¡Lo que le faltaba a
la monarquía después de que «El Mundo» publicara en
la misma portada que daba la noticia de la recuperación
de Perejil que el Príncipe Felipe, oficial de los tres
Ejércitos, había pasado la noche del ataque cenando con
Eva Sannum en Copenhague! El Rey tiene sus funciones
asignadas en la Constitución.La dirección de la
política es competencia exclusiva del Gobierno ya a
éste sólo le controlan las Cortes. Reconocer al Jefe de
Estado un papel que no le compete es retroceder a las
monarquías de Alfonso XIII o de Guillermo II. Si el Rey
pudiera intervenir en la política exterior en lugar del
Gobierno estaríamos en un régimen no democrático.
Unos días después, cuando el Ministerio de Cultura se
negó a desmembrar el Archivo de la Guerra Civil de
Salamanca, Pujol dijo (28-7-2002) que Cataluña podría
romper el pacto constitucional. ¿Se le explicó a los
españoles antes del referéndum de 1978 que iba a
refrendar un pacto en vez de una Constitución
democrática?
Crisis de Gobierno. El día 10 de julio, entre el final
de la presidencia española de la UE y el comienzo del
debate sobre el estado de la nación, Aznar hizo una
crisis de Gobierno. Mariano Rajoy, que vuelve a cambiar
de ministerio, se afianza como uno de los principales
candidatos a suceder a Aznar. Javier Arenas mantiene la
secretaría general del Pp y recibe un asiento en el
Consejo de Ministros. Rodrigo Rato y el sector económico
no se mueven. No entra Jaime Mayor Oreja, lo cual ha sido
un acierto, pues de haber dejado la comunidad vasca, el
Pp se había desmoralizado y su electorado desfondado.
Para el importantísimo cargo de ministro de Asuntos
Exteriores escogió a Ana Palacio, hermana de la actual
vicepresidenta de la Comisión Europea y ex ministra de
Agricultura, Loyola. Con este nombramiento, ambas
hermanas pasan a ocupar un lugar único en la Historia,
no sólo de España y deEuropa, sino quizá también del
mundo, ya que no conocemos ningún precedente de que dos
hermanas hayan llegado al Consejo de Ministros. Ana
Palacio es una mujer de reconocido talento, gran
capacidad de trabajo, con una bien ganada fama de jurista
y una amplia experiencia como parlamentaria en Bruselas.
Estos antecedentes no le han ayudado, sin embargo, a la
hora de mantener la dignidad de España en la crisis de
Perejil. El comunicado conjunto España-Marruecos, tras
la reunión de Rabat, se remitía, literalmente, a la
situación anterior «de acuerdo con la interpretación
del secretario de Estado de EE.UU.» Para aquellos
españoles que todavía recordamos el posicionamiento de
Estados Unidos en la crisis de Ifni, y el más reciente
sobre el antiguo Sáhara español, esta frase no puede
leerse sin un escalofrío. Pero lo más importante no es
lo que EE.UU. decida hacer sobre Perejil. Lo esencial es
que España, en un punto que afecta de modo directo a su
soberanía, ha entregado la decisión a una potencia
extranjera. Todo parece indicar que, frente a Marruecos,
Ana Palacio cree que necesitamos protección, que debemos
situarnos bajo el paraguas americano, aunque ello limite
nuestra soberanía y nos haga renunciar al Tribunal de La
Haya.
Ana Palacio completó el comunicado conjunto con unas
declaraciones en las que ensalzaba las reformas
democratizadoras del sultán de Marruecos, pocas fechas
antes de que éste reivindicase Ceuta, Melilla, los
peñones e islas adyacentes y quién sabe si también las
Islas Canarias. Parece como si la ministra siguiera
inmersa en el ambiante cuasi versallesco de Bruselas,
donde Francia y Alemania votan y dan la bienvenida a un
presidente de la comisión luxemburgués, y muy lejana de
las formas y las mentalidades de nuestro vecino del sur.
Afortunadamente, unas frases posteriores, comparando la
toma de Perejil por Marruecos con los bombardeos
israelíes nos hacen concebir esperanzas. ¿Podrá Ana
Palacio asimilar, a la velocidad requerida, la compleja
realidad del mundo no europeo que está a nuestras
puertas? A pesar de su bisoñez y su grave traspiés
inicial, ¿su talento y su entrega le permitirán dominar
el importantísimo Ministerio que ocupa?
Francisco Javier Peñalba
|