Razón Española, nº 115; La política

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La política

Por J. F. Peñalba

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La política

Crisis de la Transición. Hace un cuarto de siglo, en España triunfó un nuevo régimen. Entre los principios visibles estaban el multipardisimo, la monarquía y el parlamentarismo. Entre los invisibles están la aceptación de las exigencias de los nacionalismos periféricos, la sumisión ante Marruecos y la entrega de la cultura y la educación a la izquierda. A cambio, se nos prometió que tendríamos paz y felicidad y que Europa se convertiría en nuestra amiga sincera. Este verano se ha comprobado que todos los sacrificios han fracasado. Se cedió el Sáhara Occidental para proteger a Ceuta y Melilla, y Marruecos planea la invasión de más territorio español. Se concedieron amplios estatutos de autonomía a los nacionalistas vascos y catalanes para, en palabras de un político nefasto, «hacer que se sintieran cómodos en España» y sólo se ha conseguido que muchos vascos y catalanes hayan huido de esas regiones. Al Pnv y a Ciu les sigue molestando España. Concluyamos que en la Transición los agentes implicados en ella se limitaron a ganar tiempo para asentar el régimen. Los problemas aplazados siguieron creciendo hasta que el traje constitucional no los pudo contener. Y ahora la derecha, entonces excluida de los pactos, es la que se enfrenta a ellos.

Ha llegado la hora de la verdad. La Constitución de 1978, como ya predijo hace años Fernández de la Mora, y repetía hace pocas fechas Jorge de Esteban en el diario «El Mundo», nos lleva ineluctablemente a la división de España. El regionalismo vasco, que la actual Constitución elevó a nacionalidad, amparado en la actitud vergonzante del gobierno central y las numerosas ambigüedades de la Constitución y el Estatuto (que han transformado al Tribunal Constitucional en una cámara constituyente permantente) acaba de proclamar la muerte de España. La lucha entre la institución autonómica del País Vasco y el gobierno central, amparados ambos en la Ley, aunque con una interpretación distinta, y ambos apoyados en sus respectivas mayorías, es el primer terreno en el que se dirime seriamente la entidad de la actual Constitución. El escenario que consideramos más probable exigirá el uso de la fuerza por parte del Gobierno central para respaldar la vigencia de la Ley frente a unas instituciones autonómicas declaradas en rebeldía, no sabemos si sólo de hecho o también de derecho. Ese día, ¿podrá mantenerse la Constitución de 1978, siquiera de modo formal, aunque muerta en su espíritu? o ¿entraremos en un proceso de cambio institucional que hoy no podemos prever?



La reconquista de Perejil. El 11 de julio, la víspera de las fiestas por la boda del rey Mohamed VI, un grupo de gendarmes marroquíes desembarcaron en el islote de Perejil, territorio español cercano a Ceuta y a unos 200 metros de la costa africana. Fue la primera agresión territorial que sufría España desde la Marcha Verde. Rabat afirmó que el peñasco era marroquí y se había descolonizado al retirarse España del Protectorado, en 1956. Después de unos días de vacilaciones, con media docena de ministros bisoños, y ante la política de hechos consumados marroquí, José María Aznar ordenó la recuperación por la fuerza de Perejil, cosa que se hizo en la madrugada del 17 de julio. Las Fuerzas Armadas españolas mostraron que servían no sólo para desfilar y dirigir el tráfico en Kosovo.

El 18 de julio, todos los diarios españoles y muchos europeos abrieron sus portadas con la foto de la agencia AP de dos soldados españoles junto a una bandera nacional izada en el islote, salvo «El Periódico de Cataluña» y «Deia». «El País» llevaba esa foto, pero el interior contenía un editorial que reñía al Gobierno por la decisión. El grupo Prisa ha sido una quintacolumna opinativa de Marruecos. En «El País» se han publicado artículos y cartas en los que se reprochaba a España soberbia y actitud colonialista, se negaba la soberanía sobre el islote (lo afirmó la profesora María del Mar Madariaga, inflada de satisfacción ante sus descubrimientos). No faltó Juan Goytisolo, que considera propiedad de sus anfitriones marroquíes el Sáhara. A la Ser, que entrevistó varias veces al ministro de Exteriores Mohamed Benaissa, el periodista Pablo Sebastián la llamó Radio Rabat. El Psoe, con el que tanta relación tiene Prisa, no fue unánime en su apoyo al Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero mostró su respaldo a Aznar, pero la poderosa vieja guardia (Felipe González, Manuel Marín, Jerónimo Saavedra, Pascual Maragall) se burló de la operación o la consideró efecto de un patrioterismo trasnochado. La izquierda clásica demuestra así que le impulsa más el odio a España que su grandeza. Como les definió Francisco Umbral, «los progres de fracaso y naftalina ven ahí un sesgo del viejo imperialismo español, que les parece una cosa algo así como fascista» («El Mundo», 24-7-2002). El empresariado, por boca de sus portavoces (CEOE, Círculo de Empresarios, Confebask, etc.) se reveló como una casta sin un átomo de patriotismo; sólo pedía el retorno a la paz para que siguiesen los negocios. En ningún momento se pronunciaron a favor de la postura gubernamental.

España contó con el sostén de Argelia y el Polisario, para lo que no les ha arredrado enfrentarse al resto del mundo árabe-musulmán. Y en Europa, con Italia, Portugal y Francia. Francia se opuso a que la Unión Europea reprochara a su protegido, Marruecos, y Gran Bretaña enredó al presentar en esos días un nuevo plan sobre Gibraltar, que justificaba las reivindicaciones marroquíes. De esta manera, la UE se mantiene como una simple alianza económica, sin futuro político. Estados Unidos dio a España lo que, imprudentemente, ésta había pedido, el retorno al statu quo, pero desplaza a Francia en el Magreb.

El pueblo ha aprobado la respuesta militar contra la agresión de una tiranía que nunca ha cumplido sus compromisos internacionales y que se lucra con la emigración de sus súbditos. El 75 por 100, según una encuesta del CIS, y más del 90 por 100 en algunas encuestas por Internet. Además, se ha comprobado la necesidad de contar con un ejército preparado y de tener una política exterior al margen de la UE. Por último, todos los amigos de Marruecos se han desenmascarado.



El Sáhara. Los analistas fiables de la crisis señalan el deseo marroquí de anexionarse el Sáhara como origen de la crisis. Recordemos que el Gobierno presidido por el socialista Abderramán Yusufi no se ha dignado explicar las razones de la retirada de su embajador en octubre. Para forzar un cambio de postura de España, que reclama la aplicación de las resoluciones de la ONU sobre la consulta a los saharauis, emplean la fuerza y la amenaza sobre las ciudades españolas del norte de Africa. Otra explicación a tener en cuenta es el objetivo de desacreditar el modelo de transición española. Cuando Mohamed VI sucedió a su padre, muerto en 1999, la oposición ansiaba que hiciera en política lo mismo que hizo el rey Juan Carlos. Al sultán le habría supuesto renunciar a sus amplios poderes y reducir sus funciones a las representativas protocolarias. Desde hace meses, en Marruecos nadie pondera el antecedente español. Marruecos, dirigido por el Majzén (la corte o el establishmen), está jugando muy fuerte. Las consecuencias en caso de que pierda pueden derrocar a la monarquía. Por de pronto, el ridículo hecho en Perejil y la ratificación el 31 de julio por el Consejo de Seguridad de la ONU del derecho a la autodeterminación de los saharauis han supuesto sendos fracasos y el consiguiente aumento de la tensión, con el riesgo para Rabat de una derrota aún mayor. ¿Cuántos golpes podrá aguantar el régimen alauí?

Sin embargo, Mohamed cuenta con un sorprendente aliado: El Psoe. ¿Qué le impulsa al Psoe a cambiar de posición en el asunto del Sáhara y aceptar el plan marroquí de autonomía para el Sáhara?



Ultimátum nacionalista. El 8 de julio, los diputados de Pnv, Ea e Iu en el Parlamento autonómico vasco aprobaron, con la abstención de Batasuna, el dictamen de la comisión de autogobierno para exigir las transferencias que considera pendientes y autorizó al Gobierno de Vitoria a apoderarse de ellas en septiembre. ¡Qué paradoja que el lendakari Juan José Ibarretxe exija el cumplimiento del Estatuto cuando a la vez lo quiere derogar! Con varios argumentos se puede replicar a las pretensiones nacionalistas y comunistas (Iu apoya en todo al Pnv), pero baste citar los siguientes: el Estatuto no es una norma superior ni aislada del resto del ordenamiento, por lo que debe someterse a la Constitución y a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional: hay otras leyes orgánicas, como la que regula el uso de las banderas, que el Gobierno vasco incumple; por último, el Parlamento tiene tasadas sus competencias y no puede declarar roto ningún pacto con España que no existe.

El Gobierno nacional ha declarado que está dispuesto a hacer cumplir la ley incluido el uso del artículo 155, que permite la sanción a una comunidad que incumpla el interés general. Si así ocurriera, tal vez lo adecuado sería que el recurso a este artículo lo solicitasen los parlamentarios y concejales del Pp y del Psoe y el Parlamento navarro, ya que Navarra ha sido citada en el dictamen de la cámara vasca.

Otra medida que sería muy eficaz es el fomento de la objeción fiscal de los vascos no nacionalistas. ¿Cómo puede recaudar impuestos una Administración que pretende vulnerar la ley que le otorga autoridad?

Recordemos que los últimos desafíos presentados por el Pnv han fracasado: la aprobación de la Ley de Partidos y la negociación del Concierto Económico.

No podemos omitir la pastoral Preparar la paz, que difundieron el 30 de mayo los obispos vascos (y asimilados, como el pusilánime Ricardo Blázquez). En ella, los clérigos situaban como su mayor preocupación «la fractura social» por delante del terrorismo, que pasaba al segundo lugar. Como desde hace casi treinta años el terrorismo ha asesinado, mutilado y exiliado a gente, cabe pensar qué ha cambiado en los tiempos recientes que perturba las conciencias episcopales. Y los únicos elementos nuevos son que ahora las víctimas protestan y exigen reconocimiento, que asocia nacionalismo y terrorismo (vínculo que molesta a los obispos, pero es que Eta mata en nombre de Euzkadi) y que los no nacionalistas tratan de sustituir en el gobierno al Pnv. Los obispos, en su absolución de las poco conmovidas conciencias abertzales, escribieron en su pastoral (en la que no mencionan ni a Dios, ni a Cristo ni a la Virgen) que no era conveniente la ilegalización de Batasuna, fueran cuales fueran sus relaciones con Eta. Es decir, la doctrina de la verdad y la justicia, anulada por la doctrina del mal menor. Ahora que el Papa pide perdón por infinidad de hechos pasados, sería conveniente que lo pidiese por sucesos actuales, como las prédicas nacionalistas en púlpitos y seminarios y la presencia de sacerdotes en Eta. Es una sugerencia.



Pujol, en segunda línea. Jordi Pujol es uno de los políticos más inteligentes de España. Con su máscara de hombre tranquilo, a diferencia del exaltado Javier Arzallus, y con su oficina de relaciones públicas en Madrid, ha obtenido mucho más que el Pnv. Sin embargo, ya es un hombre mayor. Ha anunciado su retirada y presentado a su heredero, pese a lo cual no se resiste a hablar, aunque sea inoportuno o contrario a sus intereses.

Pujol desempeñó en la crisis el papel de un agente de Marruecos. Ha pedido que se use el diálogo para zanjar las agresiones marroquíes, ha culpado de la enemistad a Aznar, ha visitado Rabat y ha reconocido sus aspiraciones sobre el Sáhara. Hasta tal punto están satisfechos con él en Rabat (que a un político que ha hecho gloria propia su lucha contra una dictadura le felicite una tiranía es sarcástico), que el ministro marroquí de Medio Ambiente, Mohamed el Yazghi, declaró en la revista «El Siglo» que «el camino que ha trazado Cataluña con Marruecos es el que debería escoger toda España».

El colmo llegó cuando Pujol afirmó que el Rey podía haber mediado en el conflicto e insinuó que el Gobierno español no se lo había permitido. ¡Lo que le faltaba a la monarquía después de que «El Mundo» publicara en la misma portada que daba la noticia de la recuperación de Perejil que el Príncipe Felipe, oficial de los tres Ejércitos, había pasado la noche del ataque cenando con Eva Sannum en Copenhague! El Rey tiene sus funciones asignadas en la Constitución.La dirección de la política es competencia exclusiva del Gobierno ya a éste sólo le controlan las Cortes. Reconocer al Jefe de Estado un papel que no le compete es retroceder a las monarquías de Alfonso XIII o de Guillermo II. Si el Rey pudiera intervenir en la política exterior en lugar del Gobierno estaríamos en un régimen no democrático.

Unos días después, cuando el Ministerio de Cultura se negó a desmembrar el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, Pujol dijo (28-7-2002) que Cataluña podría romper el pacto constitucional. ¿Se le explicó a los españoles antes del referéndum de 1978 que iba a refrendar un pacto en vez de una Constitución democrática?



Crisis de Gobierno. El día 10 de julio, entre el final de la presidencia española de la UE y el comienzo del debate sobre el estado de la nación, Aznar hizo una crisis de Gobierno. Mariano Rajoy, que vuelve a cambiar de ministerio, se afianza como uno de los principales candidatos a suceder a Aznar. Javier Arenas mantiene la secretaría general del Pp y recibe un asiento en el Consejo de Ministros. Rodrigo Rato y el sector económico no se mueven. No entra Jaime Mayor Oreja, lo cual ha sido un acierto, pues de haber dejado la comunidad vasca, el Pp se había desmoralizado y su electorado desfondado.

Para el importantísimo cargo de ministro de Asuntos Exteriores escogió a Ana Palacio, hermana de la actual vicepresidenta de la Comisión Europea y ex ministra de Agricultura, Loyola. Con este nombramiento, ambas hermanas pasan a ocupar un lugar único en la Historia, no sólo de España y deEuropa, sino quizá también del mundo, ya que no conocemos ningún precedente de que dos hermanas hayan llegado al Consejo de Ministros. Ana Palacio es una mujer de reconocido talento, gran capacidad de trabajo, con una bien ganada fama de jurista y una amplia experiencia como parlamentaria en Bruselas. Estos antecedentes no le han ayudado, sin embargo, a la hora de mantener la dignidad de España en la crisis de Perejil. El comunicado conjunto España-Marruecos, tras la reunión de Rabat, se remitía, literalmente, a la situación anterior «de acuerdo con la interpretación del secretario de Estado de EE.UU.» Para aquellos españoles que todavía recordamos el posicionamiento de Estados Unidos en la crisis de Ifni, y el más reciente sobre el antiguo Sáhara español, esta frase no puede leerse sin un escalofrío. Pero lo más importante no es lo que EE.UU. decida hacer sobre Perejil. Lo esencial es que España, en un punto que afecta de modo directo a su soberanía, ha entregado la decisión a una potencia extranjera. Todo parece indicar que, frente a Marruecos, Ana Palacio cree que necesitamos protección, que debemos situarnos bajo el paraguas americano, aunque ello limite nuestra soberanía y nos haga renunciar al Tribunal de La Haya.

Ana Palacio completó el comunicado conjunto con unas declaraciones en las que ensalzaba las reformas democratizadoras del sultán de Marruecos, pocas fechas antes de que éste reivindicase Ceuta, Melilla, los peñones e islas adyacentes y quién sabe si también las Islas Canarias. Parece como si la ministra siguiera inmersa en el ambiante cuasi versallesco de Bruselas, donde Francia y Alemania votan y dan la bienvenida a un presidente de la comisión luxemburgués, y muy lejana de las formas y las mentalidades de nuestro vecino del sur. Afortunadamente, unas frases posteriores, comparando la toma de Perejil por Marruecos con los bombardeos israelíes nos hacen concebir esperanzas. ¿Podrá Ana Palacio asimilar, a la velocidad requerida, la compleja realidad del mundo no europeo que está a nuestras puertas? A pesar de su bisoñez y su grave traspiés inicial, ¿su talento y su entrega le permitirán dominar el importantísimo Ministerio que ocupa?



Francisco Javier Peñalba



 

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