Razón Española, nº 115; El liberalismo europeo

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El liberalismo europeo

Por Julien Freund

Monarquía y nacionalidad indice Una defensa de principios premodernos a fines del siglo XX. Los aspectos positivos de la aristocracia tradicional

El liberalismo europeo

1. Auge del liberalismo. El liberalismo flota actualmente en el ambiente europeo, igual que antes el socialismo. Así, la televisión de los diversos países europeos atestigua que la privatización está a la orden del día en todos ellos. Sin embargo, como demuestra el mapa político occidental, el pensamiento liberal ha estado vegetando desde la última Guerra. Los partidos políticos llamados liberales apenas si han constituido pequeñas formaciones bisagra que, según las circunstancias, cuando no existe una mayoría parlamentaria cualificada, pueden coaligarse con los conservadores o con los socialistas. Hasta hace apenas quince años, parecía que la única solución viable para los problemas políticos era el socialismo, hasta el punto de que los mismos dirigente que se declaraban liberales practicaron un "socialismo rampante" una vez que hubieron alcanzado el poder. La repetición de los fracasos del conservadurismo y del socialismo en el poder y la persistencia de la depresión económica de los años 1980, acrecentó el interés por el pensamiento liberal. Al menos, el liberalismo empezó a ser considerado sin el desdén que, hasta ese momento, era habitual. Pero la revitalización de la doctrina liberal en Europa no estuvo acompañada por avances electorales sustanciales de los partidos liberales, ya que las formaciones políticas dominantes, las socialistas y las conservadoras, supieron aprovecharse de la reactualización del pensamiento liberal.

¿Cómo se explica este desfase entre las expectativas y los resultados? Las razones hay que buscarlas en el propio pensamiento liberal, que, por ignorancia de su tradición, adoptó la fórmula ideológica corriente. Soy perfectamente consciente del descaro de esta afirmación que, no obstante, se corresponde con un análisis razonado del movimiento de las ideas desde hace dos siglos. Aún a riesgo de agravar esta posición aparentemente iconoclasta, añadiré, por si los liberales europeos o extraeuropeos quieren tenerlo en cuenta, que la ideología liberal moderna no es una invención del liberalismo, sino del socialismo, ante cuya presión terminaron cediendo. El liberalismo actual es, en gran parte, infiel a sus principios. Mas, ¿cómo puede alguien desarrollar unas ideas dándole la espalda a sus raíces? El neoliberalismo europeo, en mi opinión, puede no ser más que una moda pasajera si renuncia a considerarse conforme a la tradición liberal, no para restituirla tal cual, sino para consolidar su proyecto manteniendo sus intuiciones originarias.



2. Liberalismo económico y liberalismo político. La cuestión fundamental concierne a la amalgama entre liberalismo económico y liberalismo político, doctrinas que, a falta de un conocimiento pertinente de la tradición liberal, todos-no me excluyo-tenemos tendencia a confundir. No siendo posible entrar aquí en detalles, me limitaré a señalar un único aspecto, aunque ello pueda inquietar a quienes tengan prejuicios. La expresión "economía liberal" no pertenece a los liberales, sino a los socialistas de comienzos de nuestro siglo, en realidad, según el monumental diccionario Geschichtliche Grundbegriffe de Koselleck (1982), a los socialistas de finales del siglo XIX. Estos últimos acuñaron la expresión economía liberal para contraponer la idea de la economía dirigista, planificada y sometida a los imperativos políticos de la esperada revolución, con la economía del mercado, de la que esperaban ser los enterradores.

Los socialistas de principios de siglo creyéronse, en efecto, los precursores de un nuevo sistema económico, el socialismo, a cuya medida fabricaron la imagen del enemigo a batir, la "economía liberal". Cualquiera que se tome interés lo podrá verificar fácilmente. Bastan para confirmarlo unas pocas notas.



3. La economía de librecambio. El Tratado de Economía política de Leroy-Beaulieu, que constituía una autoridad en la época, ignora totalmente la noción de economía liberal-me refiero a la tercera edición de 1900. Sin embargo, Leroy-Beaulieu, que únicamente manejó las nociones de librecambio y de mercado, pasa por ser el gran economista "liberal" de su tiempo. Por otro lado, los economistas de esta época, que hoy calificamos como liberales, se alzaron categóricamente contra quienes les querían designar como economistas liberales. A sus ojos, o la economía moderna es librecambista o, simplemente, no es economía.

La distinción entre economía liberal y economía social no constituye, en opinión de todos ellos, un contrasentido económico. No obstante, la economía de mercado podía ir acompañada de una política social acentuada, sin que dicha política tuviese relación con una economía liberal o socialista.

La lectura no ideológica de Marx y de Lenin confirma todo esto, al menos indirectamente. Marx nunca razonó según los términos de una economía socialista, sino en los de una economía de la concurrencia y del mercado. Aunque pueda parecer extraño, Marx tampoco utilizó el término capitalismo; únicamente habló de "producción capitalista". Conviene, por tanto, interpretar a Marx según su propio vocabulario y no a través de las glosas posteriores. Marx no ambicionó la fundación de una nueva economía, pues su proyecto, que tenía carácter político, consiste en el combate contra las injusticias de la "producción capitalista" en nombre de la igualdad, mediante una revolución en el modo de producción. Para conseguirlo se hacía necesaria la abolición de la desigualdad entre las clases, a través de una lucha entre las mismas clases, cuya infraestructura es, en su opinión, económica y social. Es cierto que Marx hizo una crítica feroz de la economía de la concurrencia pero tuvo que reconocer su buen fundamento económico, hasta el punto de recomendar a los revolucionarios de Rusia y a los de las colonias la introducción previa de la producción capitalista, sin la que no podrían conducir la lucha revolucionaria de clases engendrada por la producción capitalista. Dicho de otra manera, los marxistas de nuestro siglo han prestado a Marx unas ideas que no fueron las suyas. Uno de los pocos que permaneció fiel a Marx fue Lenin. En El impuesto en especie, ¡un escrito de mayo de 1921!, Lenin se burló, con su acostumbrado genio sarcástico, de la "generosa indignación" de los socialistas occidentales que no comprendían que la economía soviética era un "capitalismo de Estado", cuya originalidad consistía en transferir al Estado, es decir, a la autoridad política considerada como un empresario colectivo, la carga de conducir la economía, sustituyendo a los empresarios individuales.



4. La política liberal. La expresión "política liberal" pertenece al lenguaje de los autores liberales de finales del siglo XVIII, y sobre todo, al de los de principios del siglo XIX, como afirmación de su fidelidad al ideal de libertad de la Revolución Francesa. Por ello, no debe sorprender encontrar en la pluma de Napoléon y, así mismo, en sus discursos, frecuentes elogios de las "ideas liberales". No obstante, Benjamin Constant fue el teórico principal de una doctrina que gira en torno a la instauración de un "sistema representativo" o de un "sistema constitucional". En 1819 apareció en Francia un periódico llamado Le Libéral y, en 1822, en Inglaterra, una revista titulada The Liberal. La política liberal adquirió desde ese momento carta de ciudadanía. Los escritores políticos, a diferencia de los economistas, enarbolaron abiertamente la bandera del liberalismo. Me parece capital insistir en que, desde el punto de vista de la tradición liberal, los economistas que hoy denominamos liberales rechazaron formalmente el calificativo de liberal, mientras que los políticos se jactaban de serlo.

El pensamiento político liberal, a pesar de su difusión, rara vez conquistó el poder, y cuando lo hizo fue de una manera transitoria, como sucedió en Francia bajo el reinado de Luis Felipe. Los liberales tan sólo tuvieron un éxito duradero en Inglaterra, donde, a pesar de algunos eclipses, dominaron durante casi tres cuartos de siglo, primero bajo la denominación de Whigs y, desde 1847, como Liberal Party o, simplemente, Liberals. La cuestión de fondo, en todo caso, estriba en que la estructura del Estado apenas si se ajusta a la experiencia liberal, trátese del Estado jacobino en Francia, del Estado prusiano en Alemania o de otras fórmulas estatales. Los objetivos de este artículo excluyen, no obstante, que tenga que referirme al liberalismo de América del Norte.



5. El ultraliberalismo actual. ¿Qué ha sido del liberalismo europeo? Como ya he señalado, los partidos liberales tan sólo constituyen pequeñas organizaciones bisagra. En general, estos partidos son víctimas del uso que una de las tendencias del socialismo -la socialdemocracia y también el laborismo del Labour Party - y los partidos conservadores han hecho de las ideas liberales del siglo pasado. Si se toma el ejemplo del partido liberal alemán, puede comprobarse lo difícil que resulta, frecuentemente, precisar su identidad, pues no está claro en qué se diferencia de la derecha de la SPD o de la izquierda de la CDU. Ello es debido a que, en esencia, la ideología democrática ha suplantado a las ideas liberales en el espíritu de la ciudadanía. En efecto, la ideología democrática es lo suficientemente vaga y genérica como para permitir la cohabitación de principios propios del liberalismo, como son el individualismo o el respeto por los derechos del hombre, con las reivindicaciones sociales, el igualitarismo socialista, el activismo de las asociaciones cristianas, las aspiraciones federalistas, las exigencias culturales de las minorías y los regímenes totalitarios del Este.

A pesar de todo, hay un mal interno que corroe el liberalismo europeo. Podría recurrir a los ejemplos del liberalismo austríaco, italiano o belga, cada uno con sus problemas específicos, pero tomaré el caso del liberalismo francés. El gobierno francés se decidió en 1986 por la vía liberal de la privatización y de la desreglamentación estatal, pero chocó con la impaciencia militante de sus propias filas. En efecto, en ciertos ambientes liberales, a veces recién incorporados a estas ideas, se constituyeron asociaciones para controlar la aplicación de la doctrina. Se tuvo la osadía de definir la pureza liberal, actuando, además, como vigilantes, exactamente según el espíritu de los jacobinos. Ese ultraliberalismo, debido a su radicalismo inquisitorial, se compagina con el jacobinismo que pretende denunciar. Los extremos se tocan.



6. Liberalismo económico y economía de librecambio. Pueden hacerse, empero, otro tipo de observaciones referidas a los principios. En la medida en que el liberalismo tiende a ser individualista o utilitarista, los amigos de la libertad no siempre son adeptos del liberalismo. En este sentido, dado que los griegos y los romanos estuvieron ligados a su libertad, o que en la Edad Media se luchó por las franquías, debe reconocerse que el liberalismo es una doctrina moderna. Lo que llama la atención es el éxito contemporáneo del liberalismo económico, cuya formulación primitiva, sin embargo, fue socialista. La economía de mercado puede no ser liberal y ser aplicada por gobiernos que no se adhieren al liberalismo económico, ni siquiera al liberalismo político integral. Lo que importa, pues, es no confundir el liberalismo económico con la economía del librecambio, error que puede llevar a combatir la doctrina del mercado con el pretexto de combatir la doctrina del liberalismo económico. Por todo ello, me parece necesario reflexionar atentamente sobre las razones que llevaron a los economistas del siglo pasado a rechazar la etiqueta del liberalismo económico.

La economía de mercado es un sistema económico que se diferencia del sistema mercantilista o dirigista en virtud de sus propios mecanismos. Podemos preguntarnos si el liberalismo económico es verdaderamente un sistema económico sui generis o, más bien, la versión social de la economía de mercado opuesta a la versión socialista. La U.R.S.S. participó de la economía de mercado en sus transacciones internacionales, aunque luego la rechazase en el interior de sus fronteras. Si la Rusia soviética adoptó el régimen de la propiedad colectiva, no lo hizo por motivos derivados directamente de la economía, sino en virtud de una elección política. El hecho de que los países occidentales vivan bajo un régimen de propiedad privada es, del mismo modo, una cuestión de elección política y no económica.

Sería deseable que el debate que tiene lugar actualmente en Europa sobre los méritos respectivos del socialismo y del liberalismo no se enlodase en una polémica ideológica accesoria, sino que pudiese contribuir a plantear el fondo del delicado problema de las relaciones entre la economía y la política.



Julien Freund



 

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