El liberalismo
europeo
1. Auge
del liberalismo. El liberalismo flota actualmente en el
ambiente europeo, igual que antes el socialismo. Así, la
televisión de los diversos países europeos atestigua
que la privatización está a la orden del día en todos
ellos. Sin embargo, como demuestra el mapa político
occidental, el pensamiento liberal ha estado vegetando
desde la última Guerra. Los partidos políticos llamados
liberales apenas si han constituido pequeñas formaciones
bisagra que, según las circunstancias, cuando no existe
una mayoría parlamentaria cualificada, pueden coaligarse
con los conservadores o con los socialistas. Hasta hace
apenas quince años, parecía que la única solución
viable para los problemas políticos era el socialismo,
hasta el punto de que los mismos dirigente que se
declaraban liberales practicaron un "socialismo
rampante" una vez que hubieron alcanzado el poder.
La repetición de los fracasos del conservadurismo y del
socialismo en el poder y la persistencia de la depresión
económica de los años 1980, acrecentó el interés por
el pensamiento liberal. Al menos, el liberalismo empezó
a ser considerado sin el desdén que, hasta ese momento,
era habitual. Pero la revitalización de la doctrina
liberal en Europa no estuvo acompañada por avances
electorales sustanciales de los partidos liberales, ya
que las formaciones políticas dominantes, las
socialistas y las conservadoras, supieron aprovecharse de
la reactualización del pensamiento liberal.
¿Cómo se explica este desfase entre las expectativas y
los resultados? Las razones hay que buscarlas en el
propio pensamiento liberal, que, por ignorancia de su
tradición, adoptó la fórmula ideológica corriente.
Soy perfectamente consciente del descaro de esta
afirmación que, no obstante, se corresponde con un
análisis razonado del movimiento de las ideas desde hace
dos siglos. Aún a riesgo de agravar esta posición
aparentemente iconoclasta, añadiré, por si los
liberales europeos o extraeuropeos quieren tenerlo en
cuenta, que la ideología liberal moderna no es una
invención del liberalismo, sino del socialismo, ante
cuya presión terminaron cediendo. El liberalismo actual
es, en gran parte, infiel a sus principios. Mas, ¿cómo
puede alguien desarrollar unas ideas dándole la espalda
a sus raíces? El neoliberalismo europeo, en mi opinión,
puede no ser más que una moda pasajera si renuncia a
considerarse conforme a la tradición liberal, no para
restituirla tal cual, sino para consolidar su proyecto
manteniendo sus intuiciones originarias.
2. Liberalismo económico y liberalismo político. La
cuestión fundamental concierne a la amalgama entre
liberalismo económico y liberalismo político, doctrinas
que, a falta de un conocimiento pertinente de la
tradición liberal, todos-no me excluyo-tenemos tendencia
a confundir. No siendo posible entrar aquí en detalles,
me limitaré a señalar un único aspecto, aunque ello
pueda inquietar a quienes tengan prejuicios. La
expresión "economía liberal" no pertenece a
los liberales, sino a los socialistas de comienzos de
nuestro siglo, en realidad, según el monumental
diccionario Geschichtliche Grundbegriffe de Koselleck
(1982), a los socialistas de finales del siglo XIX. Estos
últimos acuñaron la expresión economía liberal para
contraponer la idea de la economía dirigista,
planificada y sometida a los imperativos políticos de la
esperada revolución, con la economía del mercado, de la
que esperaban ser los enterradores.
Los socialistas de principios de siglo creyéronse, en
efecto, los precursores de un nuevo sistema económico,
el socialismo, a cuya medida fabricaron la imagen del
enemigo a batir, la "economía liberal".
Cualquiera que se tome interés lo podrá verificar
fácilmente. Bastan para confirmarlo unas pocas notas.
3. La economía de librecambio. El Tratado de Economía
política de Leroy-Beaulieu, que constituía una
autoridad en la época, ignora totalmente la noción de
economía liberal-me refiero a la tercera edición de
1900. Sin embargo, Leroy-Beaulieu, que únicamente
manejó las nociones de librecambio y de mercado, pasa
por ser el gran economista "liberal" de su
tiempo. Por otro lado, los economistas de esta época,
que hoy calificamos como liberales, se alzaron
categóricamente contra quienes les querían designar
como economistas liberales. A sus ojos, o la economía
moderna es librecambista o, simplemente, no es economía.
La distinción entre economía liberal y economía social
no constituye, en opinión de todos ellos, un
contrasentido económico. No obstante, la economía de
mercado podía ir acompañada de una política social
acentuada, sin que dicha política tuviese relación con
una economía liberal o socialista.
La lectura no ideológica de Marx y de Lenin confirma
todo esto, al menos indirectamente. Marx nunca razonó
según los términos de una economía socialista, sino en
los de una economía de la concurrencia y del mercado.
Aunque pueda parecer extraño, Marx tampoco utilizó el
término capitalismo; únicamente habló de
"producción capitalista". Conviene, por tanto,
interpretar a Marx según su propio vocabulario y no a
través de las glosas posteriores. Marx no ambicionó la
fundación de una nueva economía, pues su proyecto, que
tenía carácter político, consiste en el combate contra
las injusticias de la "producción capitalista"
en nombre de la igualdad, mediante una revolución en el
modo de producción. Para conseguirlo se hacía necesaria
la abolición de la desigualdad entre las clases, a
través de una lucha entre las mismas clases, cuya
infraestructura es, en su opinión, económica y social.
Es cierto que Marx hizo una crítica feroz de la
economía de la concurrencia pero tuvo que reconocer su
buen fundamento económico, hasta el punto de recomendar
a los revolucionarios de Rusia y a los de las colonias la
introducción previa de la producción capitalista, sin
la que no podrían conducir la lucha revolucionaria de
clases engendrada por la producción capitalista. Dicho
de otra manera, los marxistas de nuestro siglo han
prestado a Marx unas ideas que no fueron las suyas. Uno
de los pocos que permaneció fiel a Marx fue Lenin. En El
impuesto en especie, ¡un escrito de mayo de 1921!, Lenin
se burló, con su acostumbrado genio sarcástico, de la
"generosa indignación" de los socialistas
occidentales que no comprendían que la economía
soviética era un "capitalismo de Estado", cuya
originalidad consistía en transferir al Estado, es
decir, a la autoridad política considerada como un
empresario colectivo, la carga de conducir la economía,
sustituyendo a los empresarios individuales.
4. La política liberal. La expresión "política
liberal" pertenece al lenguaje de los autores
liberales de finales del siglo XVIII, y sobre todo, al de
los de principios del siglo XIX, como afirmación de su
fidelidad al ideal de libertad de la Revolución
Francesa. Por ello, no debe sorprender encontrar en la
pluma de Napoléon y, así mismo, en sus discursos,
frecuentes elogios de las "ideas liberales". No
obstante, Benjamin Constant fue el teórico principal de
una doctrina que gira en torno a la instauración de un
"sistema representativo" o de un "sistema
constitucional". En 1819 apareció en Francia un
periódico llamado Le Libéral y, en 1822, en Inglaterra,
una revista titulada The Liberal. La política liberal
adquirió desde ese momento carta de ciudadanía. Los
escritores políticos, a diferencia de los economistas,
enarbolaron abiertamente la bandera del liberalismo. Me
parece capital insistir en que, desde el punto de vista
de la tradición liberal, los economistas que hoy
denominamos liberales rechazaron formalmente el
calificativo de liberal, mientras que los políticos se
jactaban de serlo.
El pensamiento político liberal, a pesar de su
difusión, rara vez conquistó el poder, y cuando lo hizo
fue de una manera transitoria, como sucedió en Francia
bajo el reinado de Luis Felipe. Los liberales tan sólo
tuvieron un éxito duradero en Inglaterra, donde, a pesar
de algunos eclipses, dominaron durante casi tres cuartos
de siglo, primero bajo la denominación de Whigs y, desde
1847, como Liberal Party o, simplemente, Liberals. La
cuestión de fondo, en todo caso, estriba en que la
estructura del Estado apenas si se ajusta a la
experiencia liberal, trátese del Estado jacobino en
Francia, del Estado prusiano en Alemania o de otras
fórmulas estatales. Los objetivos de este artículo
excluyen, no obstante, que tenga que referirme al
liberalismo de América del Norte.
5. El ultraliberalismo actual. ¿Qué ha sido del
liberalismo europeo? Como ya he señalado, los partidos
liberales tan sólo constituyen pequeñas organizaciones
bisagra. En general, estos partidos son víctimas del uso
que una de las tendencias del socialismo -la
socialdemocracia y también el laborismo del Labour Party
- y los partidos conservadores han hecho de las ideas
liberales del siglo pasado. Si se toma el ejemplo del
partido liberal alemán, puede comprobarse lo difícil
que resulta, frecuentemente, precisar su identidad, pues
no está claro en qué se diferencia de la derecha de la
SPD o de la izquierda de la CDU. Ello es debido a que, en
esencia, la ideología democrática ha suplantado a las
ideas liberales en el espíritu de la ciudadanía. En
efecto, la ideología democrática es lo suficientemente
vaga y genérica como para permitir la cohabitación de
principios propios del liberalismo, como son el
individualismo o el respeto por los derechos del hombre,
con las reivindicaciones sociales, el igualitarismo
socialista, el activismo de las asociaciones cristianas,
las aspiraciones federalistas, las exigencias culturales
de las minorías y los regímenes totalitarios del Este.
A pesar de todo, hay un mal interno que corroe el
liberalismo europeo. Podría recurrir a los ejemplos del
liberalismo austríaco, italiano o belga, cada uno con
sus problemas específicos, pero tomaré el caso del
liberalismo francés. El gobierno francés se decidió en
1986 por la vía liberal de la privatización y de la
desreglamentación estatal, pero chocó con la
impaciencia militante de sus propias filas. En efecto, en
ciertos ambientes liberales, a veces recién incorporados
a estas ideas, se constituyeron asociaciones para
controlar la aplicación de la doctrina. Se tuvo la
osadía de definir la pureza liberal, actuando, además,
como vigilantes, exactamente según el espíritu de los
jacobinos. Ese ultraliberalismo, debido a su radicalismo
inquisitorial, se compagina con el jacobinismo que
pretende denunciar. Los extremos se tocan.
6. Liberalismo económico y economía de librecambio.
Pueden hacerse, empero, otro tipo de observaciones
referidas a los principios. En la medida en que el
liberalismo tiende a ser individualista o utilitarista,
los amigos de la libertad no siempre son adeptos del
liberalismo. En este sentido, dado que los griegos y los
romanos estuvieron ligados a su libertad, o que en la
Edad Media se luchó por las franquías, debe reconocerse
que el liberalismo es una doctrina moderna. Lo que llama
la atención es el éxito contemporáneo del liberalismo
económico, cuya formulación primitiva, sin embargo, fue
socialista. La economía de mercado puede no ser liberal
y ser aplicada por gobiernos que no se adhieren al
liberalismo económico, ni siquiera al liberalismo
político integral. Lo que importa, pues, es no confundir
el liberalismo económico con la economía del
librecambio, error que puede llevar a combatir la
doctrina del mercado con el pretexto de combatir la
doctrina del liberalismo económico. Por todo ello, me
parece necesario reflexionar atentamente sobre las
razones que llevaron a los economistas del siglo pasado a
rechazar la etiqueta del liberalismo económico.
La economía de mercado es un sistema económico que se
diferencia del sistema mercantilista o dirigista en
virtud de sus propios mecanismos. Podemos preguntarnos si
el liberalismo económico es verdaderamente un sistema
económico sui generis o, más bien, la versión social
de la economía de mercado opuesta a la versión
socialista. La U.R.S.S. participó de la economía de
mercado en sus transacciones internacionales, aunque
luego la rechazase en el interior de sus fronteras. Si la
Rusia soviética adoptó el régimen de la propiedad
colectiva, no lo hizo por motivos derivados directamente
de la economía, sino en virtud de una elección
política. El hecho de que los países occidentales vivan
bajo un régimen de propiedad privada es, del mismo modo,
una cuestión de elección política y no económica.
Sería deseable que el debate que tiene lugar actualmente
en Europa sobre los méritos respectivos del socialismo y
del liberalismo no se enlodase en una polémica
ideológica accesoria, sino que pudiese contribuir a
plantear el fondo del delicado problema de las relaciones
entre la economía y la política.
Julien Freund
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