Razón Española, nº 115; ¿Dónde va el cristianismo?

pag. principal Razón Española

LIBROS: ¿Dónde va el cristianismo?. nº 115

Comentarios de Dalmacio Negro al libro de Bruno Forte.

LIBROS: Amalur. Del átomo a la mente indice LIBROS: Chateaubriand o un espíritu incorrecto

LIBROS: ¿Dónde va el cristianismo?

Forte, Bruno: ¿Dónde va el cristianismo? Trad. P.A. Urbina. Madrid, Ediciones Palabra, 2001. 138 págs.



El tema es de suyo sugerente. Si por una parte el cristianismo protestante da la sensación de estar desfondado e ir a la deriva, y en lo que respecta al cristianismo ortodoxo, después de la gran prueba del marxismo es preciso estar a la expectativa, en lo que concierne al cristianismo católico, a pesar de la gran figura de Juan Pablo II, no por cierto indiscutida, la sensación es de desconcierto y alguna -o bastante- desilusión. El cristianismo, por definición, encarna en las Iglesias -fuera del cristianismo no se puede hablar de Iglesia-, pero, a juzgar por los síntomas, en términos temporales su porvenir rebosa incertidumbre.

Así pues, un escrito de Bruno Forte sobre el tema tiene asegurado el éxito. Bruno Forte, italiano napolitano, es uno de los teólogos importantes del momento, que no está sobrado de ellos, aunque sobreabundan los aficionados, que parece que dan el tono. En Forte concurre además otra característica: está en la estela del italo-alemán Romano Guardini y del suizo Hans Urs von Balthasar, dos de los mayores renovadores, o reinnovadores si se permite la expresión, de la teología tradicional.

Una peculiaridad de Forte, conocido en España por su Teología de la historia, es, precisamente, la introducción de la historicidad en la teología: esta debe ser un comentario trinitario sobre el modo en que la Trinidad se revela en la historia. Con ello empalma por cierto con su remoto compatriota y casi paisano Joaquín de Fiore. Otra, destacada por J.L. Lorda en su breve prólogo a la obra, es que para este aún joven teólogo, autor de una ya famosa Simbólica ecclesiale en ocho volúmenes, la belleza, el pul-chrum, es el camino intuitivo e inmediato para aprehender la palabra de Dios, que, como en Balthasar, quien tomó la idea de su compatriota protestante Karl Barth, constituye su principio. Se trata de hacer teología desde arriba, desde la revelación.

Forte comienza examinando el estado del cristianismo al final del siglo XX. Al norte, se registra en Europa una «concentración de teología» en la que predominan sistemas abiertos, alerta frente a la posible ideologización de la religión; en Norteamerica predominan teologías de la praxis. En el sur, destaca en América la conciencia crítica de la revelación cn su resistencia a la privatización del mensaje cristiano; la teología se orienta en Africa a los problemas específicos de su contexto histórico; y en Asia presta especial atención al diálogo interreligioso. En el ámbito de la fe ortodoxa se ha redescubierto la patrística, y en el de la relación entre la Iglesia e Israel se va perfilando como tema central que Jesucristo «sería el anillo de unión entre las dos comunidades». Finalmente, examina el «desafío» de otras fes como la islámica y las grandes religiones asiáticas, anotando la importancia de los debates sobre la «teología de las religiones», no exenta del peligro de interpretar la salvación en sentido no cristocéntrico sino teocéntrico; el inclusivismo, la firme necesidad de Cristo y su mediación sin perjuicio de la posibilidad universal de la salvación según diversas modalidades, resulta ser la actitud más coherente. Considera Forte a continuación los problemas inherentes a la globalización y la exigencia de respetar en todo caso la relación entre teología y espiritualidad, ecumenismo y catolicidad, así como el compromiso por la justicia, la paz y la salvaguarda de lo creado.

En el capítulo II se aborda la recepción del Vaticano II. La renovada conciencia del primado de la Palabra de Dios sobre la Iglesia, supera la doctrina de las dos fuentes, la Escritura y la Tradición, que serían sólo una. El Concilio, que presta especial atención al presente, aparece hoy más «como un inicio que como un cumplimiento». Concilio abierto, exhorta a la «audacia misionera de todo el pueblo de Dios»; precisa la relación entre Verdad e historia: esta última es «el lugar de la mediación hermenéutica de la verdad» «no la verdad misma en su hacerse»; e insiste en la vía de la belleza «De lo que hay ahora urgente necesidad… es de un cristianismo que recupere rigorosamente la centralidad y la relevancia de lo bello».

En los otros capítulos examina Forte los modos de hablar de Dios en el mundo posmoderno, convergentes en la necesidad de «una teología que sea más teológica» y el tema, tan discutible, del «humanismo cristiano», pues siempre deja la impresión de una acomplejada e innecesaria componenda apologética y no deja de contradecir la aspiración a una teología más teológica.

El autor concluye que hay tres prioridades en la tarea de hacer operativa la «reserva escatológica» de la fe cristiana: la martyria -la Verdad no consiste en algo que se posee sino en Alguien del que dejarse poseer-, la koinonía- la nostalgia de la unidad, la comunión eclesial- y la diakonía de la caridad.



Dalmacio Negro



 

LIBROS: Amalur. Del átomo a la mente indice LIBROS: Chateaubriand o un espíritu incorrecto


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.