LIBROS: ¿Dónde
va el cristianismo?
Forte,
Bruno: ¿Dónde va el cristianismo? Trad. P.A. Urbina.
Madrid, Ediciones Palabra, 2001. 138 págs.
El tema es de suyo sugerente. Si por una parte el
cristianismo protestante da la sensación de estar
desfondado e ir a la deriva, y en lo que respecta al
cristianismo ortodoxo, después de la gran prueba del
marxismo es preciso estar a la expectativa, en lo que
concierne al cristianismo católico, a pesar de la gran
figura de Juan Pablo II, no por cierto indiscutida, la
sensación es de desconcierto y alguna -o bastante-
desilusión. El cristianismo, por definición, encarna en
las Iglesias -fuera del cristianismo no se puede hablar
de Iglesia-, pero, a juzgar por los síntomas, en
términos temporales su porvenir rebosa incertidumbre.
Así pues, un escrito de Bruno Forte sobre el tema tiene
asegurado el éxito. Bruno Forte, italiano napolitano, es
uno de los teólogos importantes del momento, que no
está sobrado de ellos, aunque sobreabundan los
aficionados, que parece que dan el tono. En Forte
concurre además otra característica: está en la estela
del italo-alemán Romano Guardini y del suizo Hans Urs
von Balthasar, dos de los mayores renovadores, o
reinnovadores si se permite la expresión, de la
teología tradicional.
Una peculiaridad de Forte, conocido en España por su
Teología de la historia, es, precisamente, la
introducción de la historicidad en la teología: esta
debe ser un comentario trinitario sobre el modo en que la
Trinidad se revela en la historia. Con ello empalma por
cierto con su remoto compatriota y casi paisano Joaquín
de Fiore. Otra, destacada por J.L. Lorda en su breve
prólogo a la obra, es que para este aún joven teólogo,
autor de una ya famosa Simbólica ecclesiale en ocho
volúmenes, la belleza, el pul-chrum, es el camino
intuitivo e inmediato para aprehender la palabra de Dios,
que, como en Balthasar, quien tomó la idea de su
compatriota protestante Karl Barth, constituye su
principio. Se trata de hacer teología desde arriba,
desde la revelación.
Forte comienza examinando el estado del cristianismo al
final del siglo XX. Al norte, se registra en Europa una
«concentración de teología» en la que predominan
sistemas abiertos, alerta frente a la posible
ideologización de la religión; en Norteamerica
predominan teologías de la praxis. En el sur, destaca en
América la conciencia crítica de la revelación cn su
resistencia a la privatización del mensaje cristiano; la
teología se orienta en Africa a los problemas
específicos de su contexto histórico; y en Asia presta
especial atención al diálogo interreligioso. En el
ámbito de la fe ortodoxa se ha redescubierto la
patrística, y en el de la relación entre la Iglesia e
Israel se va perfilando como tema central que Jesucristo
«sería el anillo de unión entre las dos comunidades».
Finalmente, examina el «desafío» de otras fes como la
islámica y las grandes religiones asiáticas, anotando
la importancia de los debates sobre la «teología de las
religiones», no exenta del peligro de interpretar la
salvación en sentido no cristocéntrico sino
teocéntrico; el inclusivismo, la firme necesidad de
Cristo y su mediación sin perjuicio de la posibilidad
universal de la salvación según diversas modalidades,
resulta ser la actitud más coherente. Considera Forte a
continuación los problemas inherentes a la
globalización y la exigencia de respetar en todo caso la
relación entre teología y espiritualidad, ecumenismo y
catolicidad, así como el compromiso por la justicia, la
paz y la salvaguarda de lo creado.
En el capítulo II se aborda la recepción del Vaticano
II. La renovada conciencia del primado de la Palabra de
Dios sobre la Iglesia, supera la doctrina de las dos
fuentes, la Escritura y la Tradición, que serían sólo
una. El Concilio, que presta especial atención al
presente, aparece hoy más «como un inicio que como un
cumplimiento». Concilio abierto, exhorta a la «audacia
misionera de todo el pueblo de Dios»; precisa la
relación entre Verdad e historia: esta última es «el
lugar de la mediación hermenéutica de la verdad» «no
la verdad misma en su hacerse»; e insiste en la vía de
la belleza «De lo que hay ahora urgente necesidad
es de un cristianismo que recupere rigorosamente la
centralidad y la relevancia de lo bello».
En los otros capítulos examina Forte los modos de hablar
de Dios en el mundo posmoderno, convergentes en la
necesidad de «una teología que sea más teológica» y
el tema, tan discutible, del «humanismo cristiano»,
pues siempre deja la impresión de una acomplejada e
innecesaria componenda apologética y no deja de
contradecir la aspiración a una teología más
teológica.
El autor concluye que hay tres prioridades en la tarea de
hacer operativa la «reserva escatológica» de la fe
cristiana: la martyria -la Verdad no consiste en algo que
se posee sino en Alguien del que dejarse poseer-, la
koinonía- la nostalgia de la unidad, la comunión
eclesial- y la diakonía de la caridad.
Dalmacio Negro
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