LIBROS: El
bastardo real. Memorias del hijo no reconocido de Alfonso
XIII
Ruiz
Moragas, Leandro Alfonso: El bastardo real. Memorias del
hijo no reconocido de Alfonso XIII, La Esfera, 2002, 282
páginas.
Se acaba de cumplir el centenario de la jura como rey de
Alfonso XIII. Como en los últimos años, los
aniversarios de los acontecimientos históricos se usan
para reescribir éstos a gusto del poder o de las
ideologías dominantes, varios historiadores cortesanos,
como Carlos Seco Serrano y Javier Tusell (y su señora),
han publicado sendas biografías sobre el monarca que
difunden una leyenda rosa. Seco llegó a decir que
«España fue injusta con Alfonso XIII» (La Razón, 24
de mayo de 2002). Entre Manuel Azaña, por ejemplo, y el
rey, uno siempre preferirá a éste, al menos por su
patriotismo, pero eso no supone que se olviden o
manipulen sus comportamientos más discutibles (la
destitución de Antonio Maura, la intervención en la
guerra de Marruecos, la participación en la farsa de la
Restauración, la huida el 14 de abril, el trato a su
familia). No creo que por casualidad, la editorial La
Esfera ha publicado las memorias de uno de los hijos
ilegítimos de Alfonso XIII. A sus 73 años de edad, Ruiz
Moragas no quiere morirse sin recibir el reconocimiento
de los que considera sus iguales. Hasta ahora, dice, ha
sido discreto sobre sus orígenes, bastante conocidos por
otra parte, pero, añade, no está dispuesto a seguir
callando.
Su madre fue la actriz Carmen Ruiz Moragas, una mujer
bellísima y parecida a la reina Victoria Eugenia. A
diferencia de otros romances, la Moragas no fue una
aventura pasajera. Alfonso XIII le buscó un chalet en el
barrio de Moncloa y se dice que María Cristina se
acercaba para ver, a través de la verja, a sus dos
nietos sanos, Leandro y su hermana María Teresa. Que el
rey hubiera engendrado hijos sanos demostraba que la
hemofilia provenía de Victoria Eugenia. Con estas
pruebas, sostienen los historiadores Gerard Noel y
Ricardo de la Cierva, Alfonso XIII y su íntimo cortesano
el marqués de Viana pensaron en solicitar la nulidad del
matrimonio real al Vaticano. Miserias de las monarquías
hereditarias.
Aunque su padre se preocupó de él y de su hermana
(fallecida en Italia en 1965), los Borbones legítimos
han preferido que se mantuviera oculto. Leandro se queja
de que en los últimos años se le han retirado los
escasos reconocimientos concedidos (audiencias, saludos,
felicitaciones). Aunque de algunas personas recibió
gestos de cariño y aprecio, otras en cambio le trataron
con odio. Del conde de Los Andes, albacea de Alfonso XIII
y administrador de los fondos que éste dejó a Leandro,
su hermana y a otra hija bastarda, Alfonsa Milans, cuenta
que le dijo que no estaba de acuerdo con la existencia de
ellos. ¿Qué habría preferido el aristócrata: el
aborto, el infanticidio, la inclusa? También acusa al
entorno de su hermano don Juan de no haberle permitido
despedirse de él poco antes de su muerte.
El libro es agradable de leer y describe con naturalidad
y honradez una época que cada vez se nos aleja más. Los
juicios sobre el caos de República y sobre el franquismo
no se ajustan a los considerados académicos en la
actualidad. El autor reconoce que esperó en la cola en
el Palacio de Oriente para despedir el cadáver de
Franco. También conmueve la desazón de Ruiz Moragas
primero por conocer sus orígenes y luego por ser
aceptado.
La comprensible reclamación de don Leandro nos lleva a
hacernos la siguiente pregunta: la rama borbónica que
gobierna en España ¿puede quedar al margen de la
Constitución promulgada por don Juan Carlos que impone a
todos los demás españoles la igualdad absoluta de los
hijos, legítimos o no, en derechos familiares? Como
respuesta, recordemos que la sucesión al trono, al igual
que a los títulos nobiliarios, ya se encuentra por
encima de las leyes y sentencias que obligan a los
plebeyos.
Pedro MarÍa Fernández
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