Razón Española, nº 115; Amalur. Del átomo a la mente

pag. principal Razón Española

LIBROS: Amalur. Del átomo a la mente. nº 115

Comentarios de Eduardo Arroyo al libro de Ignacio Martínez y Juan Luis Arsuaga.

LIBROS: La masonería invisible indice LIBROS: ¿Dónde va el cristianismo?

LIBROS: Amalur. Del átomo a la mente

Martínez Ignacio, Arsuaga, Juan Luis. Amalur. Del átomo a la mente. Temas de Hoy, Madrid, 2002, 373 págs.



Una de las características de la época en que vivimos es el imperialismo de la ciencia. Creo que fue en un artículo de ABC en el que leí por primera vez esta expresión a Ignacio Sánchez Cámara, precisamente motivada por las ridículas declaraciones de uno de los autores de éste libro: según Juan Luis Arsuaga, la filosofía «había fracasado» por desconocer la teoría de la evolución.

El libro Amalur tiene la característica esencial de un tratado evolucionista, pero en el sentido del progresismo del siglo XIX: optimismo feliz y fe en el progreso científico. A juzgar por los autores, la ciencia es la última palabra en todo, y como según el dogma del célebre genetista Teodosius Dobzhansky «en biología nada tiene sentido si no es a través de la evolución», los autores concluyen que la evolución es el prisma con el que hay que interpretar toda la vida en su sentido más amplio. Martínez y Arsuaga añaden otro factor muy peligroso y absolutamente indemostrado: la evolución disteleológica, es decir, la evolución sin causa final, la idea de que el puro azar genera las especies de manera que el panorama de la vida que vemos hoy podría ser cualquier otro. Podía haber en vez de humanos, lagartos pensantes. Esta última idea es mucho más manifiesta en otra de sus obras, «La especie elegida», pero también está presente en este libro. Los autores no hacen con esto sino recoger las ideas de otros científicos de renombre mundial como Richard Dawkins, Carl Sagan o el recientemente fallecido Stephen Jay Gould.

Por todo eso, si lo que el lector busca es un relato de biología evolucionista de carácter divulgativo, pocos libros habrá mejores que éste. Martínez y Arsuaga han perfeccionado enormemente su técnica de divulgación de ideas que en tratados especializados ocupan decenas de páginas. Por el contrario, llama la atención la alegría y frivolidad con la que despachan ciertos problemas que ellos sin duda ignoran. Pretender que la historia del pensamiento puede encerrarse entre las paredes de la biología es de una pretenciosidad enorme. Ni siguiera conciben la idea de que la ciencia tenga que dar cuentas de ella misma o la imposibilidad de que la ciencia sea en sí un sistema cerrado, como demostró Kurt Gödel con su «teorema de incompletitud». Los autores pasan de largo ante dificultades terribles no por mala fe sino por optimismo inconsciente. El enorme problema que supone para la evolución el salto en el registro fósil desde las primeras formas de vida unicelulares hasta los organismos altamente avanzados de Burgess Shale o Ediacara Hills queda sin tocar en el libro. También queda obviada la terrible cuestión del origen de la vida, que pese a lo que se diga, hoy se mueve en el campo de la más absoluta especulación, una vez pasada la euforia de los experimentos de Stanley L. Miller. Por supuesto, los mismísimos problemas que enfrenta hoy la teoría de la evolución son totalmente desconocidos por los autores: la teoría del «diseño inteligente» estructurada por el matemático norteamericano William B. Demski en su libro «The design inference» (Cambridge University Press), pone en serios apuros la evolución disteleológica, tan de moda en la ciencia moderna, y que llevó al genetista y materialista Richard Dawkins a afirmar que la evolución hoy permite ser «un ateo intelectualmente satisfecho». Pero esto son sólo algunos apuntes críticos. Una lectura más atenta llegaría mucho más lejos.

Los autores, especialmente Arsuaga, se han dejado llevar en muchas de sus declaraciones y escritos por el peso de una fama que le ha sido dada en su mayor parte gracias al yacimiento de Atapuerca, un hecho al cabo fortuito. Eso no da pié para opinar de todo. Sin minusvalorar las evidentes cualidades intelectuales y científicas de ambos autores, sería necesario para ambos una reflexión autocrítica acompañada de una apertura de miras y, en definitiva, una mayor formación que supiera avanzar por caminos hasta ahora no hollados. En cuanto al libro, es de lectura amena y recomendable pero, eso sí: en lo que concierne a las afirmaciones más radicales no se lo crean mucho.



Eduardo Arroyo



 

LIBROS: La masonería invisible indice LIBROS: ¿Dónde va el cristianismo?


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.