EN MEMORIA DE
GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA*
Antes
de entrar en el orden del día de esta reunión del
Consejo, permítanme que dedique unos minutos al recuerdo
de nuestro compañero don Gonzalo Fernández de la Mora,
fallecido hace poco más de un mes.
Gonzalo fue un hombre de múltiples saberes y
actividades, que destacó por su inteligencia desde edad
muy temprana. A los veinte años se había licenciado en
Filosofía y Derecho, con premio extraordinario, en la
Universidad de Madrid, ampliando estudios en las de Bonn
y Colonia. A los veintitrés ingresó en la Escuela
Diplomática con el número uno de su promoción.
Fue un intelectual de vasta cultura que brilló con luz
propia como diplomático, escritor y ensayista, político
y académico.
Como diplomático, estuvo destinado en Alemania, Francia
y Grecia y fue embajador extraordinario en Chile, Bolivia
y Turquía. En el Ministerio de Asuntos Exteriores
ostentó, entre otros, los cargos de Subdirector de
Relaciones Culturales y Subsecretario de Asuntos
Exteriores. Fue además profesor y director de la Escuela
Diplomática. Cuando se jubiló en la Carrera ostentaba
el rango de Embajador de España.
Su talla de gran intelectual ha quedado patente en su
obra escrita. Es autor de 22 libros, el primero,
Paradoja, elogiado por Azorín, fue publicado cuando
tenía 19 años y el último, Sobre la felicidad, a los
77 años. Entre ambos, cabe citar -por estar entre los
más conocidos y haberlos escrito en épocas históricas
diferentes- Ortega y el 98 ( 1961), El crepúsculo de las
ideologías (1965), Pensamiento español (1970), La
envidia igualitaria (1987) y Río arriba (1995).
Desarrolló también una intensa actividad periodística
como colaborador y editorialista del diario ABC. Su obra
fue galardonada con numerosos premios, entre los que
destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional
de Crítica, el Premio Espejo de España y los premios
periodísticos Mariano de Cavia, Luca de Tena y Julio
Camba. En 1983 fundó la revista de pensamiento «Razón
Española» que dirigió hasta su muerte. Asimismo,
destacó como brillante conferenciante tanto dentro como
fuera de España.
Inició el desarrollo de su vocación politica en sus
años de estudiante universitario, dentro de las
Juventudes Monárquicas, organización clandestina que en
aquellos tiempos luchaba por el regreso del Rey. Fue
miembro del Consejo privado de don Juan de Borbón. Entre
1970 y 1974 fue Ministro de Obras Públicas; de esa
época proceden las primeras autopistas, la estación
ferroviaria de Chamartín, la ampliación de las redes de
metro en Madrid y Barcelona e importantes obras para el
abastecimiento de agua a Madrid. En la transición hacia
la democracia, fue elegido diputado por Pontevedra en las
primeras elecciones y formó parte de la Junta
preautonómica de Galicia.
Gonzalo era también académico numerario y bibliotecario
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y
miembro de varias instituciones culturales.
En 1964 se incorporó como Consejero al Consejo de
Administración del Popular, después de haber
desempeñado durante cuatro años la Secretaría de la
Sindicatura de Accionistas del Banco. Durante más de 37
años ha dejado constancia de su inteligencia, su
cultura, su capacidad dialéctica, su exquisita
educación y su leal colaboración en sus frecuentes
intervenciones en las reuniones del Consejo.
Recordarán ustedes que en la penúltima reunión del
Consejo tuvo la atención de dedicarnos a cada uno de los
consejeros su último libro, Sobre la felicidad, que
acababa de ser editado. Haciendo gala de una gran
erudición y de sus capacidades de análisis y de
síntesis, remonta su investigación a las sabidurías
orientales hasta llegar a nuestros días. Tras el
exhaustivo análisis, saca sus propias conclusiones y
propone soluciones.
En esta obra filosófica de madurez, considera la
felicidad, con «una definición subjetiva y meramente
formal» como el «sentimiento de equilibrio entre lo que
se desea y se posee ». Aclara que «tal posesión no es
necesariamente física: quien disfruta de un paisaje o de
una melodía no suele ser su dueño». Tras el detenido
análisis de ese equilibrio, desde luego inestable,
concluye que «el término que permanece siempre bajo
control del sujeto es el deseo. El recurso principal para
eludir la desdicha e incrementar los sentimientos felices
es el autodominio». La receta del autodominio es
aplicable, desde luego, a numerosísimos problemas
personales y profesionales de la compleja condición
humana.
Sobre la felicidad termina con un epílogo para jóvenes.
No me resisto a citar una frase del epílogo: «La
presión social y la fatalidad suelen ser excusas, más
bien pueriles, no razones de una conducta». En
coherencia con su pensamiento y con su trayectoria de
intelectual, íntegro e independiente, no se doblegó
ante las presiones ni necesitó justificar su conducta
con excusas más o menos pueriles.
Gonzalo Fernández de la Mora fue de los hombres que
dejan huella por donde pasan. En el Consejo de
Administración del Popular destacó, como en todas
partes, por su inteligencia y su cultura, pero sobre todo
quiero resaltar su lealtad al Banco y su apoyo en todo
momento. Estuvo con nosotros desde el principio y siempre
tuvimos su valioso consejo y su afecto.
Descanse en paz.
Por Javier Valls Taberner
*
Palabras pronunciadas en la reunión del Consejo de
Administración del Banco Popular Español celebrada el
14 de marzo de 2002.
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